De mamas & de papas

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De la comedia más almibarada al thriller más terrorífico, todo es posible en un día con hijos. En este espacio, padres y madres que a la vez son periodistas, y los lectores, comparten información y experiencias para sobrevivir a estos años apasionantes pero agotadores. Participa en los comentarios o a través de nuestro correo

Si me viera mi profe de manualidades...

Por: | 07 de diciembre de 2010

Disfraz de pollo, por Clara Blanchar

La cuenta atrás ha comenzado. Sólo quedan dos semanas para las fiestas de Navidad en los coles. Y resulta que por algún motivo que no logro comprender, en vez de resolver el papelón con los primeros disfraces que encuentro en un bazar, me empeño en hacerlos con mis manitas. Esas mismas manitas que tiemblan cada vez que cogen una aguja porque le tienen pánico y no saben ni en qué dedo va el dedal, que dejan negra y arrugada la tela de tanto estrujarla, que son incapaces de cortar en línea recta aunque antes hayan pintado una raya con escuadra y cartabón. 

Esta extraña enfermedad ha ido tomando forma poco a poco. Primero, con una tarea harto desagradecida, como coser las iniciales del mayor, David, al uniforme y al baby cuando empezó la escuela infantil, antes de cumplir el año. Me rajé pronto porque descubrí las etiquetas termoadhesivas, que encargas con el nombre y apellidos e incluso un dibujito y se pegan con la plancha. Pero esa labor debió despertar una bestia oculta en mí desde parvulitos, cuando pringaba todos los trabajos manuales de pegamento.

S73F2281 Así que el año pasado, decidí que en vez del trajecito de Papá Noel del primer año, diseñaría y haría algo yo solita (igual influyó ver a casi toda la clase vestida igual). Después de arduas investigaciones en mercerías y tiendas de retales, descubrí una cosa llamada foam, que es una especie de raso pegado a una capa de algo parecido a la gomaespuma (supongo que de ahí su nombre, por espuma, en inglés). Cortar la silueta de un árbol de Navidad en doble cara, como un hombre-anuncio (uno de los hombros se abre y cierra con velcro), coserle adornos y poner pegatinas (aquí puede participar el niño), no fue demasiado complicado. El resultado, como podéis ver, dista de ser perfecto, pero por lo menos es resultón y original, lo que, dada mi torpeza habitual, me llenó del orgullo más tonto.  

Por lo visto, no es extraño que los niños, con sólo nacer, inoculen este extraño virus a sus progenitores, en forma de bricolaje, costura o manualidades varias (en Internet se pueden encontrar páginas con ideas, como ésta). Aunque algunos lo tengan mucho mejor desarrollado, como mi compañera de blog Clara Blanchar, que me ha bajado a la tierra sobre mi nivel real con varios de sus diseños. El que abre esta entrada, el disfraz de pollito con un gorro tipo verdugo, un body forrado de borreguito y dos guantes rojos me ha encantado.

Este año, seguiré mi entrenamiento con dos tareas: hacer el chaleco y los calentadores de pastor con tela de borreguito a David, que ya tiene tres años, en su primer curso en el "cole de los mayores" (igual nos tendríamos que haber presentado al casting de niño Jesús, cuyo disfraz intuyo mucho más fácil); e inventar algo para Natalia, 19 meses, que ya hizo su mili vestida de Papá Noel en su primera Navidad y ahora ya se merece un trajecito original. Me debato entre el copo y el muñeco de nieve, otra vez con foam. Por cierto, aquí es cuando lanzo la campaña a favor de las clases obligatorias de costura y cocina para todos, niños y niñas, en la secundaria. Muchos y muchas de mi generación, yo la primera, las hubiéramos agradecido...

¿Qué habilidades ocultas has descubierto al tener niños? ¿Haces algo que nunca te hubieras imaginado haciendo, y encima te gusta?

Nota: Ana me acaba de recordar en un comentario este vídeo, muy ilustrativo del tema de hoy. ¡Vale la pena!

 

Hay 11 Comentarios

La tela que compraste para el disfraz se llama foam-rasete. El foam es la llamada "goma eva", material con el que se hacen las fofuchas (entre otras manualidades). El rasete es una tela brillante, barata y muy usada en la confección de disfraces. Un saludo.

Acaba de descubrirte mi hermano, me ha pasado un post, y ya estoy enganchada.

trapostrapitosymas.blogspot.com.es

La verdad es que las manualidades, las hagas bien o mal, son muy entrenidas y a veces socorridas.

Yo publico las de mis hijas aquí: http://www.chiquiarte.com, os animo a que también lo hagáis, luego se sienten muy importantes al ver sus obras en internet.

Un saludo.

A mí me encantan las manualidades, pero este año, tenían que llevar un"juguete reciclado" al cole. No nos acordamos hasta la noche antes e improvisamos un cohte con un cartón de leche que mi hijo pintó y pegó. Cuando ví la exposición flipé: ¡eso no lo habían hecho los niños! (había cosas "soldadas" y todo). Ahora en Navidad me voy a vengar: mi hijo lleva un adorno para el arbol de clase QUE-TE-CAGAS, hecho de fieltro, que yo recorté y cosí y él pegó.

Qué buena entrada! Podría haberla escrito yo porque es tan reconocible! Pues si, yo estoy también a la tarea ahora de hacer el traje de pastora, ya está lista la falda. La verdad con un poco de ingenio, lógica y mucho amor y ganas sale uno, y la satisfacción de verlos "tan guapos" y vestidos diferentes es genial. Yo apoyo lo de que saber coser y hacer otras manualidades debería estar mejor inculcado, el problema es que cuando estábamos más jóvenes tal vez no nos interesaba aprender, pero ahora... un saludo!

Imprescindible ver este vídeo: ¡cómo somos los padres y los niños¡¡¡¡ http://www.youtube.com/watch?v=FafdmH9L0yk

tengo el problema de trabajar como una mula entre semana y a veces el fin de semana... eso sí, cuando tengo tiempo me encanta hacer manualidades y cocinar también. el primer disfraz que me pidió mi hijo mayor fue de "jirafa" y por más que intentamos disuadirle, ahí estaba yo a las 2 de la madrugada haciéndole el disfraz. utilicé un pijamita amarillo que tenía, le pegué unos parches marrones, le puse un rabo de lana, y luego con un cartón que tenía en casa pinté el cuello de la jirafa y la cara (de perfil) y un agujero en el centro por el que sacaba la cara. se lo até con unas cintas (como una máscara) y se fue tan contento al cole, ah y con unas botas de ante marrón que tenía. estaba tan contento, todo el mundo le preguntaba si era un caballo y el decía "soy una jirafa". le dejé en su clase esa mañana, mirándose en el espejo feliz, rodeado de hombres araña y murciélagos. me fui corriendo a trabajar pero tan orgullosa de mí....

yo con la costura soy una negada, pero en cambio sí le estoy cogiendo el gustillo a lo de hacer manualidades y repostería, ya que son actividades en las que puedo ponerme con la peque (de 3 años y medio). En lo que va de puente hemos hecho el belén para casa (de papel, pintado, reforzado con cartulina, recortado y apuntalado para que no se caigan las figuras), hemos decorado un calcetín para el cole y hemos hecho unas magdalenas.

Otra más que se "complica" la vida haciendo los disfraces de mis hijos para la funcion de cole.
Me gusta hacerlos, me gusta saber que estoy haciendo algo para mis nenes con todo el cariño.
Ademas, siempre nos reunimos varias mamis para hacerlos durante varias tardes y ¡lo pasamos genial!

Es cierto. La maternidad nos da la oportunidad de aprender cosas que jamas imaginamos, al menos en mi caso. Mi hija de 11 años descubrió un día que quería tocar el violín, y yo dijo que bien, una niña música, que ilusión. La llevé a una escuela de música y cual fue mi sorpresa cuando me dijeron que me tenía que quedar en clase con la niña para ayudarla en casa, yo que tengo una oreja enfrente de otra, pero que oído musical ninguno. Total que alli estaba yo pidiendo a su profesora que me diera clases a mi, porque la niña siempre me preguntaba como se hacia y yo ni idea claro. Asi que ahora se tocar un poco el violín y estoy empezando con el chelo, porque la pequeña no quiere tocar el violín, como si hermana, no a ella le va el chelo. Asi que ahí estoy yo, que menos mal que no tengo más hijos porque sino iba a parecer la mujer orquesta. Por cierto he descubierto que me encanta tocar un instrumento, aunque lo haga mucho peor que ellas.

Como buena hija única con muchas horas de ocio solitario por delante, en mi adolescencia probé con distinto éxito muchas manualidades, pero la vida adulta me fue robando tiempo y creí que las había olvidado por completo. Sin embargo, la llegada de mi hijo despertó poco a poco mis antiguas habilidades. Digo poco a poco porque el primer intento de calcetarle un jerseicito quedó en nada a la altura de la sisa. Pero los carnavales despertaron el genio reciclador que había en mí: una vieja cazadora peruana, de esas de mil rayas de colores, se convirtió en su primer disfraz, un poncho peruano con su gorrito inca incluído. Al año siguiente convertí una tela color verde quirófano en un dragón. Al otro ya me atreví a comprar tejido ex profeso, y le fabriqué una araña con su tela y todo. Las madres que compran el disfraz hecho lo miran con una mezcla de lástima, por los mediocres resultados, y envidia, pero mi hijo y yo disfrutamos como locos. Todavía hoy, que ya es todo un adolescente, confía en mí para que, con un poco de témpera y unas vendas, lo convierta en un zombi para Halloween :-)

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