De mamas & de papas

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De la comedia más almibarada al thriller más terrorífico, todo es posible en un día con hijos. En este espacio, padres y madres que a la vez son periodistas, y los lectores, comparten información y experiencias para sobrevivir a estos años apasionantes pero agotadores. Participa en los comentarios o a través de nuestro correo

Accidentes

Por: | 03 de febrero de 2011



Seguridad 

 

A veces mi mente funciona a gran velocidad -esto no es necesariamente bueno, diría que más bien al contrario-, en la dirección que le apetece -esto definitivamente no es bueno-, dando vueltas a veces inesperadas. Doy este preámbulo para explicar una asociación de ideas un tanto peculiar. Pensaba sobre un tema para el blog que tenía en la cabeza y, al recordarlo, me ha venido a la mente un pequeño accidente que tuve hace unos días y un reportaje sobre cómo proteger a los bebés y niños pequeños de los golpes y accidentes del hogar que leí hace nada en una revista.  

 

El caso es que salíamos de mi cuarto y le pillé los dedos con la puerta. Él caminaba a mi lado, a la izquierda, y yo cerré sin mirar mientras él tenía los dedos en la jamba, en el lado de las bisagras: de no haber sido porque iba cerrando con cuidado para no hacer ruido, por un tacto mayor de lo común y por sus alaridos, pude haberle destrozado los dedos. Lo tuve una hora llorando.

Unos días antes, había ojeado un artículo en <i>Mujer Hoy</i> sobre accidentes infantiles. Primero las estadísticas, y leo: un 9,6% de los niños de 0 a 4 años y un 11,01% de los de 5 a 15 habían sufrido un accidente durante el año. Los datos corresponden a la Encuesta Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad y del Instituto Nacional de Estadística de 2006, último año del que se tienen datos, dice la revista. Tras esta introducción estadística, la autora del texto enumera una serie de recomendaciones para evitar o minimizar los accidentes de los pequeños en casa. Habla de muebles resistentes y fáciles de limpiar, a poder ser con cantos redondeados, de pavimentos mullidos –no alfombras, que tropiezan-, de ventanas seguras e inaccesibles, enchufes tapados, escaleras valladas, armarios y cajones bloqueados –sobre todo los que contengan medicamentos o productos de limpieza-, protectores para puertas de horno, placas de la cocina, chimeneas, radiadores, estufas, guardacantos y cantoneras para las aristas de los muebles, topes para las puertas, alfombrillas contra los resbalones en el baño, puertas sin cerrojos en el baño, bañeras poco llenas y aparatos eléctricos alejados…

La tercera pata de este razonamiento es un dato que leí en verano en The Guardian: hoy en día, se atiende a más niños en hospitales por caídas de la cama que por caídas de árboles. Es una pieza en la que se habla del escaso contacto que actualmente tienen los niños con la naturaleza, de la escasa cantidad de tiempo que juegan siquiera al aire libre. Otro de los datos que incluye es que la distancia a la que se alejan los niños de casa por su cuenta se ha reducido un 90% desde los años 70. Esto es, los niños pasan cada vez más tiempo en casa. El miedo de los padres a que los niños sean secuestrados –la incidencia de estos sucesos es más o menos la misma desde hace decenios, pero ahora se les da mucha cobertura en los medios-, o el tráfico rodado, que ha aumentado exponencialmente, se apuntan como causas de esa reducción del tiempo de juego al aire libre y sin vigilancia. Añadamos un horario laboral excesivo. Estudios citados en esta pieza señalan ventajas del juego al aire libre: menor tasa de “obesidad, mejora en los trastornos de hiperactividad y déficit de atención, en la capacidad de aprendizaje, en la creatividad y en el bienestar mental, psicológico y emocional” y en la autoestima, etc, etc, etc.

Jon Henley, autor de este artículo, dice: “Pregunte a cualquiera con más de 40 años que enumere sus más preciados recuerdos de juego infantil y muy pocos habrán sucedido dentro de casa. En menos aún habrá un adulto implicado. El juego independiente, en el exterior y lejos de los ojos de los adultos es lo que recordamos. Según están las cosas, los niños de hoy probablemente no podrán atesorar recuerdos como esos: el 21% de los niños de hoy juegan regularmente en la calle, comparado con el 71% de sus padres”. Los datos son de Reino Unido.

¿Sobreprotegemos a los niños? ¿Los estamos criando en burbujas? Yo me respondo: Más de lo que quisiera.

Hay 6 Comentarios

Muy bueno el blog, me ha gustado mucho.
Yo también creo que:

a) les sobreprotegemos

b) ellos son rápidos, listos e imprevisibles

lo que nos lleva a:

c) hay que estar ahí, Arnidol en mano, porque si no no podemos vivir de los sustos a diario y cuando menos te lo esperas....

Por mi experiencia, cualquier precaución es poca en cuanto a seguridad con los niños. Lo que no se nos ocurra a nosotros, se les ocurre a ellos...en esto conviene pasarse que no llegar.

Buen BLog!

Pues yo creo que los topes en las puertas sobran, mis niños se han pillado un par de veces los dedos, sin demasiado daño, y hay que ver con que destreza cierran todas las puertas tanto de armarios como de habitaciones ... lo de los enchufes y lo de tener alejados los productos de limpieza o medicamentos lo veo totalmente justificado. ...

Un dato, y que cada uno lo incorpore a su vida como quiera: los accidentes son la primera causa de mortalidad infantil en los paises desarrollados... muy raros, muy poco frecuentes, afortunadamente... pero la primera causa (les sigue la leucemia, por si a alguien le interesa).

Yo tengo una niña de 14 meses que no para quieta. Tenemos puestos los tapaenchufes. Intetamos lo de las cantoneras para los picos de la mesa y durante puestos en tiempo que tardo ella en ir de esquina en esquina quitándolos, y eso que tenían adhesivo. Así al final hemos desistido. Algún golpe es inevitable, por muy pendiente que estés, así que supongo que nos pasará como a todos: ya aprenderá.

La lista de cosas para proteger a los niños es interminable. Los accidentes ocurren y yo la única solución que veo para solucionar lo que le pasó a tu nene, Javier, es usar puertas tipo la de las guardes, que tienen como un espacio libre por ambos laterales para que los bebés no se pillen los dedos... Pero, a cambio, obviamente, no aisla de los ruidos ni del frío, por ejemplo... Y yo vería absurdo cambiar todas las puertas de la casa por eso... También nos podemos pillar los adultos, lo que pasa es que lo que les duele a nuestros hijos parece que nos duele doble.

En fin, a lo que iba, que yo he puesto protectores en los enchufes y cierres de seguridad en las ventanas que podían estar a su alcance y, de momento, no hemos tenido accidentes más allá de los típicos chichones o coscorrones.

Por un lado queremos hacer una casa anti-todo para que nuestros hijos estén hiperseguros y luego defendemos que jueguen en la calle ¿¿¿???

A lo mejor lo que nos falta es admitir que tener hijos tiene un riesgo inherente de "incertidumbre" que debemos asumir como padres. Los accidentes ocurren y lo que debemos hacer es enseñar a nuestros hijos las cosas que son peligrosas y por qué, más que ocultárselas o separarlos de ellas.

¿Tú que harías, Javier? ¿Cambiarías todas las puertas de tu casa o enseñarías a tu hijo que no debe dejar los dedos puestos en la jamba de la puerta?

http://maternidaddiferente.blogspot.com/

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