De mamas & de papas

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De la comedia más almibarada al thriller más terrorífico, todo es posible en un día con hijos. En este espacio, padres y madres que a la vez son periodistas, y los lectores, comparten información y experiencias para sobrevivir a estos años apasionantes pero agotadores. Participa en los comentarios o a través de nuestro correo

10 cosas que molan y 10 que no de ser madre en Navidad

Por: | 24 de diciembre de 2012

Vaya por delante que las fiestas de Navidad me gustan. A un lado y otro tengo familias grandes (¡grandes familias!), nos vemos poco todos juntos y sentarnos una vez al año en torno a una mesa es un lujo. Nos ponemos moraos de comida y bebida y nos contamos qué fue de nuestras vidas los últimos 12 meses con tíos, primos y sobrinos. Pero con la maternidad, igual que hay cosas de estas fiestas que revives (momentos de una intensidad brutal que ya has vivido pero que ahora disfrutas desde otra óptica), hay otras situaciones de auténtica lata. Ahí van las dos listas, las cosas que molan y las que no de ser madre en Navidad.

 

Mola

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Ver cómo la de cinco y la de dos pueden mantener una ilusión y que vaya in crescendo prácticamente desde comienzos de noviembre hasta la explosión de la mañana de Reyes.

Sobresaltarse con las 47 versiones distintas de la carta a los Reyes que la mayor escribe durante todo el año para ella, su hermana y su padre y la que escribe. Las mejores son debidamente archivadas, pensando que dentro de unos años le encantará verlas.

Poder recurrir a la amenaza en cualquier circunstancia y con cualquier objetivo al grito de “mira que si no terminas las sopa, te pones los zapatos, te abrochas la chaqueta… llamo al paje del Rey”. [En este punto abro un paréntesis que demuestra mis contradicciones: un aplauso para la iniciativa “Stop al ¿has sido bueno?”]

Descojonarse cuando, al tercer día de estar enferma en casa la última semana del trimestre, aburrida de haber jugado a todo lo jugable, la mayor me suelta: “Es que no sé si lo entiendes. No pienso jugar a nada más hasta que no tenga la Nancy”.

Adornar la escalera (es lo que tiene una finca de cuatro vecinos) con las niñas, montar el Belén
(con Nacimiento, pastores y el resto de la parentela con la que convivimos el resto del año: cocodrilos, jirafas, Mortadelo vestido de torero, las tres mellizas, Gormitis….). Y desde este año, ¡¡poner el árbol!! Maromen, insuperable término acuñado por Mamá en Alemania, se ha aliado con las Black Sisters y estos días el lugar del perchero lo ocupa un pedazo de árbol con sus lucecitas y sus adornitos. De plástico, le convencí in extremis. Que yo, árbol, vale. Pero que pasaba de ir con la escoba recogiendo pinchos. Que total, son 30 euros y es para toda la vida.

Entrar en casa de mi madre, mi tía o mis cuñados, que las niñas desaparezcan y sumarme al aquelarre que se monta en la cocina antes de sentarnos a comer. No sé qué aforo tenía la de mi abuela Maria, pero nos metíamos 10 tranquilamente mientras ella gritaba que si queríamos hacer el favor de salir de allí. Ahora nos metemos en la cocina de mi tía. Y grita lo mismo. Igualico.

Intentar contener la histeria de los niños antes de los regalos (aunque en el fondo estoy como ellos de nerviosa), cuando les mandamos a la cocina a calentar los bastones con los que azotarán al Tió. Descalzos, sudados de tanto jugar, con las mejillas a punto de estallar... Inenarrable.

El momento generación Uno sección femenina contentilla cantando villancicos, y generación Dos, a la que pertenezco, riendo. Aunque me temo que al ritmo que crece la generación Tres, cualquier día nos arrancamos con mis primas y las que se ríen son nuestros vástagos.

Asistir a la complicidad entre primos, aunque se vean pocas veces al año. Mi madre les monta un cine-chiquipark en su habitación y lían la de Dios. Hace dos años rompieron la cama, no te digo más.

Ver la cara de las niñas leyendo la carta que les dejan los Reyes la noche del 6 y que es preceptivo leer por la mañana antes de abrir regalos. Pensar todo lo que esos tres ancianos saben de ellas y como les leen la cartilla les maravilla, aterra y enorgullece a partes iguales.

 

No mola

Abrics

  

Lidiar con el festival de no saber qué hacer con las niñas las casi tres semanas de vacaciones escolares. Estamos en lo de siempre: vacaciones sí. Cuantas más mejor. Pero juntos. Dos menores de vacaciones y dos adultos trabajando es un marronazo.

Recibir un solo regalo por cada tres o cuatro que se piensan y compran. A las madres también nos molaría recibir regalos de sobrinos y otros especímenes que ya tienen una edad.

Barrer restos de musgo del Belén en el rincón más remoto de la casa. Creo que este año lo desmontaré a muy tardar el miércoles. Total, están todas las figuras tumbadas en el lago de papel Albal desde hace diez días.

Cocinar (vale que este año no me toca) con la presión (¿autoimpuesta?) de qué dirán cuñadas, tías y tu propia madre. Mientras no tienes hijos, como que pasas de todo; pero a la que tienes, es como que la maternidad te coloca al mismo nivel.

Desesperarse hasta el llanto ante la avalancha de regalos para las niñas por parte de algunos familiares. Hemos asistido a auténticas orgías de paquetes que contienen juguetes que no siempre consideramos adecuados o no van con nosotros, por decirlo finamente. Este capítulo es complicado de gestionar.

Salir de casa con las niñas vestidas súper monas y conjuntadas, pero yo, chica no me da el tiempo ni la neurona para más, no alcanzar más que al uniforme del resto del invierno (botas, vaqueros los más nuevos limpios y planchados, y jersey negro) y tener que escuchar que si es que voy de excursión.

Buscar los abrigos en una montaña de abrigos, bufandas, bolsos, bolsas con regalos. Y cuando los encuentras, buscar los zapatos de una y de otra en alguno de los cuartos en los que han estado jugando con el resto de la prole. Luego, sentar a la pequeña en el carro e intentar que se mantenga
aceptablemente quieta teniendo en cuenta la excitación que lleva encima por el exceso de glucosa.

Pasada esta escena y 12 horas después de salir de casa como una persona, regresar como un transportista. Esto ocurre durante varios días sucesivos, en los que las bolsas y más bolsas se acumulan en la entrada de casa.

Ir por la calle a las tantas cargando niñas que duermen como sacos. También durante no menos de tres noches seguidas. Nochebuena, la del 25 y Sant Esteve.

Echar de menos a mi padre. Por años que pasen

Hay 13 Comentarios

Te haces mayor. Y me caes muy bien. El recuerdo de tu padre, pues...me mola mucho.

Muy buena la lista. Más de acuerdo con la de cosas que molan que en con la otra, aunque también en parte ;)

Totalmente de acuerdo en todo, pero especialmente en lo de echar de menos de nuestros respectivos padres. Por años que pasen, sí señora. Un petonàs!

Tu desgracias ya le gustaria a muchos vivirla. Y tener para poder darle a sus hijos y para ellos mismos esa montaña de regalos

La Navidad con niños es especial, son los que dan alegría. Toca currar más, pero lo hacemos con gusto, para dar felicidad y cariño. Siempre se echa en falta a los que se han ido. Muy buen artículo Clara.

lo que realmente mola es la ilusion de los más pequeños, porque para los más mayores, por lo menos en mi lugar, cada vez tiene menos miga la cosa.

Totalmente de acuerdo, yo también lo disfruto con toda la familia.
A la amargada de Sara, pues eso, que vaya a pagar su frustración en otro sitio. No se trata de tener o no, se trata de querer.
Feliz Navidad

Me parece patético hablar de madres únicamente, además si muchas siguen haciéndolo es por que QUIEREN, y me parece que cada año es más patético. Si lo haces es porque quieres, repito.
Y por cierto, publicar la orgía de regalos de los que PODÉIS disfrutar me parece igual de patético. Me quedo con mi madre, que no siente ese estrés gracias a que no pensamos que solo es su estúpida responsabilidad, y si, ella también echa de menos a su padre, pero al menos no deja de sentir que es una persona y no un burro HIPÓCRITA de trabajo.
Por cierto y si encima no te compran regalos definitivamente es lo más, más, más PATÉTICO...ya que solo te has ocupado del resto. Pero bueno sigamos pensando que las MADRES son dueñas y señoras de responsabilidades incluyendo niños y cenas, y sabes lo más triste, QUE LO HACEN POR QUE LES DA LA GANAAAAAAA...así que ocupemos el tiempo en llevar esas orgías de regalos a otras personas que no podrán tan siquiera soñar con comprar uno.
Pásalo bien, que te canses mucho por todas esas cosas tan supuestamente imprescindibles que haces.

Cada año organizamos las Navidades más sencillas y nos ponemos de acuerdo con la familia para no intercambiar regalos, pero añadimos a los regalos que hacemos los padres, una cosita en nombre de la familia.

Las cenas tienen un menú más realista (nada de 3 platazos y postre. Antes nos quedaba mucha comida que había que repartir, recalentar y comer los siguientes días o congelar y uno acababa aburrido. Ahora cada uno trae algo de casa, uno las ensaladas, otro un postre... Llegamos temprano y ayudamos a prepara la mesa y, si nos dejan, a preparar la cena.

Cenamos temprano para que los niños también lo pasen bien sin que se queden dormidos por las esquinas (se acabó ponerles el pijama antes y llevarlos dormidos a casa).

Nos arreglamos un poco más que para ir al supermercado, pero nada de conjuntadísimos...

Somos una familia normal que se reúne para cenar y para pasarlo lo mejor posible y con el menor estrés posible.

Seguramente suene aburrido, pero a nosotros nos ha resultado bien el cambio.

Felices fiestas!

Feliz Navidad y Año Nuevo Bon nadal i feliç any nou! Bon Nadal e Ano Novo Zorionak eta Urte Berri On http://fraesma.blogspot.com

Me mola ver en sus caritas la niña que fui yo .

Mola, levantarse al dia siguiente, y retozar un poquito en la cama.

Marta
www.mivibrador.es

Genial

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