De mamas & de papas

De mamas & de papas

De la comedia más almibarada al thriller más terrorífico, todo es posible en un día con hijos. En este espacio, padres y madres que a la vez son periodistas, y los lectores, comparten información y experiencias para sobrevivir a estos años apasionantes pero agotadores. Participa en los comentarios o a través de nuestro correo

La maternidad es una condena

Por: | 28 de septiembre de 2015

 

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Unos padres desesperados con el pestiño de su hija. / GETTY IMAGES

[En respuesta al artículo de Purificació Mascarell Hijos, al que ya han contestado con mucho acierto Bárbara Celis con Madres y Sergio del Molino con Padres


Solo me falta que me parta un rayo. Dios (yo también soy atea, es solo una forma de hablar) me está castigando por las veces que miré con cara de desaprobación y de superioridad a una gorda tirar de un carrito de bebé con un gurruño de pelo a modo de moño, tres dedos de raíz y una vestimenta dictada a pachas entre un daltónico y un mono loco con una bomba atómica en las manos.  Y me decía para mí: “Es tener hijos y mira cómo se abandonan”.

También me está castigando por la de veces que llamé a alguna amiga y, a la pregunta de “qué tal estás”, te soltaba una parrafada interminable sobre las eternas anginas de su hijo que nunca escuchabas porque habías desconectado nada más empezar. Y pensabas: “Te he preguntado qué tal tú, nena te estás olvidando de que existes, nunca pensé que serías de Ese Tipo de Madre”.

Y me castiga mucho, pero mucho mucho, por haber creído que lo del techo de cristal era un camelo y que mis compañeras de trabajo madres son todas unas flojas quejicas a las que se les cae el boli a la hora en punto y sus hijos, unos seres débiles que se enferman todo el rato. “Lo que pasa es que ahora tienen otra prioridad”, las censuraba mentalmente.

Pero sobre todo me castiga hasta límites insospechados por haber visto a mi amiga del alma dar el pecho a demanda a su hija meses y meses más allá de los tres de rigor y haber sentido cómo me recorría el cuerpo un horror interno similar al bicho de El grito mientras contenía mis ganas de decirle: “Pero hija, que nos hemos criado juntas, que somos mujeres liberadas del siglo XXI, que no me puedo creer que seas tan antigua, que esto es una puta esclavitud…“

Eso sí, jamás confesé nada de esto en voz alta. Y no lo hice porque intento ser respetuosa con las opciones vitales de los demás, por mucho que no las entienda ni las comparta. Allá cada uno con sus razones, allá cada uno con las mentiras que se cuenta o los embolados en los que se mete para tratar de sobrevivir. Y, sobre todo, porque pienso que hay algo importante que se me escapa, algo que no llego a comprender y que lo explica todo.

Pues bien, he tenido una epifanía de manual y AHORA LO ENTIENDO TODO, absolutamente todo. Entiendo las ojeras, entiendo el desaliño, entiendo las prisas, entiendo las prioridades (menuda expresión tramposa, ¿es que nadie entiende que no hay tribu ni abuelos ni nadie, que si tú no recoges a tu hijo de la guardería se quedaría allí para siempre?), entiendo que rechacéis ascensos, que no tengáis vida social y que no podáis hablar de otra cosa y hasta casi llego a entender que solo feisbuqueeis sobre ellos pero por favor, con cariño os lo digo, vale ya de cansinismo. Vuestros hijos van a necesitar tres vidas para borrar todas las fotos vergonzantes que circulan de ellos.

La causa de este súbito ataque de comprensión y de empatía es que he sido madre de mellizos. Sí, de mellizos, y os agradezco que os ahorres el comentario (que si son naturales, que si no te aburres, que si son iguales, que si no se parecen en nada, que si me pasa a mí y me muero… señora, quién le ha preguntado) y la compasión, porque sí, ser madre es una condena, y ser multimadre, un auténtico infierno.

Digámoslo claro de una vez, que hemos estado tantos años postergando la maternidad y tenemos una imagen tan irreal e idealizada de ella que no nos atrevemos a reconocerlo. La maternidad no es como tú la pintas, Purificació Mascarell, es mucho peor. Hace año y medio que no salgo, no me relaciono con adultos, no viajo, no voy al cine, no leo libros, no entro en mis pantalones, no acudo la primera al último local de moda, no voy a exposiciones, no escucho conferencias, no paseo por la feria del libro y no tengo tiempo ni de mirarme al espejo. Y lo que es peor, que no duermo más de dos horas seguidas. Y sin cafeína ni vino. 

Sí, tienes toda la razón, ser madre consiste en renunciar a todo lo que eras antes y me temo que para siempre. Entonces ¿por qué diablos las mujeres se siguen prestando a esta maldición bíblica que arrasa con todo, con sus vidas, sus expectativas, su carrera laboral, su manicura y sus artículos plagados de citas culturetas que ya no tienen tiempo de escribir?

Ahí es donde te equivocas, porque tener hijos es la mayor condena, pero también la mayor de las bendiciones. No hay nada, ningún triunfo profesional, ningún congreso, tesis, libro o película, fiesta con amigos, "viaje desde Moscú hasta Pekín" o "ático con vistas espectaculares" que pueda compararse ni de lejos con la emoción verdaderamente íntima, única e irrepetible de ver a un niño probar el chocolate, andar o ver el mar por primera vez.

Después de una adolescencia y de una juventud estirada al máximo, llena de contradicciones y sinsabores, fracasos vitales y algunas pequeñas victorias, dramas emocionales y desengaños de todo tipo, en las que siempre te ha faltado algo para ser feliz, llega tu hijo a volver del revés tu mundo. Cuando ves a tu hijo recién nacido salir de tu vientre, cuando te mira como si no hubiera nada más importante en el mundo, cuando aprende lo que es un beso y un abrazo y te los da cuando menos te lo esperas, cuando te reconoces en él y ves que es un ser inteligente y lleno de ambición, curiosidad y energía, en esos momentos sientes que por fin todo encaja, que estás donde tienes que estar y que la felicidad, de existir, se parece mucho a esto.

Esa es la clave, querida amiga, la verdadera verdad de las cosas. No es la pueril ilusión de ser madre porque nadie tiene ni puñetera idea de lo que realmente significa hasta que no le vomitan en modo catarata del Niágara dos veces encima y de madrugada (tienes que probarlo, es exquisitamente repugnante). Tampoco es por una presión social que yo jamás he sentido (nadie me ha hecho jamás el comentario del arroz y si me lo hubieran hecho les habría dado con la paellera en la cabeza) y que se está diluyendo porque, hoy por hoy, con cuatro millones de parados, la precariedad laboral y España yéndose a pique, nadie en su sano juicio, ni siquiera las futuras y aguerridas abuelas, se pone a recomendar a nadie que sea padre. Ni tiene nada que ver con el aburrimiento (te garantizo que mi vida en Malasaña era divertidísima) o con algo tan insondable como la “velocidad del tiempo que corre hacia la muerte”.

La razón de que la gente se siga embarcando en esta locura es, ni más ni menos, las altas dosis de felicidad que genera. La risa de un niño cualquiera es preciosa pero la risa de tu niño te coge el corazón y te lo agita tan fuerte que piensas que te va a estallar de júbilo. Y no solo dan felicidad sincera, gratis y a mansalva. Yo no me he drogado nunca, pero el nirvana que me embarga mientras amamanto a dúo a mis mellizos me resulta mucho mejor que la heroína porque no me mata de paso. 

Te aseguro que ver crecer a un bebé es mucho más interesante que toda la historia de la filosofía, la literatura y el arte juntas y dos, y siendo además niño y niña, es realmente apasionante —siempre pensé que los roles de sexo eran una patraña, pero el nene da el biberón a la muñeca de una forma muy extraña, más cercana al asesinato que a la alimentación—.  Viendo las estrategias que son capaces de desplegar para lograr sus objetivos entiendo perfectamente que el hombre haya llegado a la luna.

Y si hablamos de diversión, cualquier ocurrencia de mis bebés, y las tienen a cientos todos los días, es mejor, más real y más auténtica que todos los memes y vines juntos. Y eso que todavía no hablan ni entienden muy bien de qué les hablo cuando hago que el primer ministro húngaro sea el malo de todos los cuentos que invento. Tengo la suerte de disfrutar de una jornada continua que me permite pasar con ellos las tardes y jugar por toda la casa al escondite, enseñarles a meter la mano hasta el codo en harina, mancharse de barro y hacer todo tipo de gamberradas.  

Sobre los motivos del padre, habría que preguntarle a él por qué quiso tenerlos a pesar de no sentir la "llamada de la selva" como él dice. Yo creo que es el mayor acto de amor que nadie ha tenido ni tendrá hacia mí. En un momento de agotamiento y agobio absoluto, le pregunté si se arrepentía y se enfadó, dado que ahora no se concibe sin los bebés. Nos peleamos más, es cierto, pero también nos reímos más: de los niños, con los niños, de las cosas que llegas a hacer con tal de que coman y, sobre todo, de las situaciones surrealistas e inimaginables en las que te ves envuelto.

Si me preguntas si merece la pena la renuncia es que no has entendido nada. Mi ventaja es que yo ya he vivido tu vida y te digo que la mía ahora es mucho mejor. Por muchas veces que hayas visto "atacar naves en llamas más allá de Orión y Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser", nunca verás a tu hijo, entre atónito y fascinado, intentando atrapar el agua de la ducha con la mano. Ahora, mírate de verdad al espejo y piensa quién “se atonta y se amuerma, se vuelve prosaica y gris, envilece su mente y estanca su intelecto”.

PD: Jamás leeré poesía de Bécquer por las noches a mis bebés. Hay poetas mucho mejores.

Hay 74 Comentarios

pues sí....
soy padre de 3....! el ultimo tiene año y medio. me ha herniado (doble inguinal), y está en camino de re-herniarme...y ahí estamos...

hola?

Tal cual....y así es la vida :)

Lo que pasa es que eres mujer y tu mente y hormonas están diseñadas para sentir lo que sientes y pensar lo que piensas. Si lo ves desde lejos te das cuenta que dejar de tener vida propia para dedicarla 100% y para siempre a otros (eso llamado hijos) es absolutamente ilógico. Sólo se consigue manipulando las hormonas y sentimientos de las mujeres que si no los abandonarían y la raza humana se extinguirían. Si no, por qué todas las mujeres cambian radicalmente nada más tener un hijo. se llama madre naturaleza. asume que eres un objeto de la naturaleza y te privan de tu vida para preservar la humanidad. no te mientas.

Gracias Gracias Gracias ! Pero de verdad mil gracias!

@Sileuro: Un enfermo de depresión es un enfermo. Se supone que hablamos de personas sanas. Al decir que “odia la vida” me refiero más bien a que se da más importancia a sí mismo que a algo que es más grande que el individuo. Las molestias de tener un hijo no le compensan porque él es la medida de todas las cosas. No tengo nada, por cierto, contra este posicionamiento. Me parece perfecto que alguien me diga “no quiero hijos porque hacer lo que quiera con mi vida es lo más importante”. Oye, chapeau, nada que decir al respecto. No los tengas. Ni se te ocurra. Porque si no soportas hacer cosas que no te apetecen, vas a ser infeliz y vas a hacer infelices a tus hijos. Pocas cosas más tristes que padres o madres infelices por haberlo sido.

Gema, totalmente de acordo. Algumas pontualizações:
1- Cada mulher é um mundo, cada concepçāo, gestaçāo, parto e puerpério é diferente entre os filhos da mesma mulher e entre as diferentes mulheres deste planeta.
2- As pessoas que nāo desejam ter filhos nāo sāo mais infelizes do que as que os têm.
3-Um eclipse total da lua pode ser muito mais emocionante para uma pessoa do que ver nascer e crescer uma criança.

PS. Eu sou māe de 2 filhos e amo os bebês. O melhor cheiro do mundo é o cheiro do banho de um bebé, o segundo melhor cheiro do mundo é o cheiro do cocô daquele bebezinho que só mama leite materno, ainda nāo come fruta ou verdura.

Este artículo está hecho para ser leído por todo el que lo desee.

@no lo creo...: "Ninguna de las personas que conozco que no desea tener hijos ama menos la vida que las personas que conozco que tienen hijos o desean tenerlos". Es probable que tengas razón. Son personas que, probablemente, prefieren hacer lo que les apetece en soledad que compartir buenos momentos con otras personas si ello supone hacer algo que no les apetece tanto.

Este artículo no está hecho para las mujeres que no quieren ni desean tener hijos. Sino para las que, queriéndolos, hemos retrasado la maternidad hasta el límite. Las que no sois madres ni lo pretendéis, enhorabuena, porque vais a ser muy felices. La vida sin niños es maravillosa.
Este artículo habla de que aún queriendo esa vida sin ataduras, es alucinante ver cómo se puede cambiar de opinión cuando te viene un bebé.
Me ha gustado. Me siento identificada. Gracias

en respuesta a Telepath - Me encanta lo que dices porque es tu experiencia y se te ve feliz. Y eso es genial y me alegro mucho por ti.
Ahora, no se si alguna vez te has cruzado en tu vida con algun enfermo de depresion, que es tan jodida e incomprendida. No a todo el mundo le parece vivir un milagro. Eso para empezar y el tema daria para mucho.

Y decir que quien no desea tener hijos odia el mundo o la vida, etc no tiene logica ninguna. No se te ocurre que podemos tener sobrinos que adoramos y nuestro tiermpo con ellos lo disfrutamos?.
Yo de momento me voy a Mauricio en Navidades y cada año hago por lo menos 3 veces lo que mas me da la vida, que es viajar.

Te aseguro que me encanta mi vida y no hecho de menos la maternidad. Que de hecho es un tema que pense muy bien y decidi que no era para mi por muchos motivos de caracter y personalidad.
Es un tema que me aburre bastante, de hecho. Y eso no quita que mucha gente este enferma y odie tanto su vida que no desee tener hijos o los maltrate. Ese es otro tema tambien.

Pero que muchas y muchos y muchas parejas le dan el NO a la maternidad porque pensamos que podemos ser mujeres y hombres (sobre todo mujeres, para que engañarnos) completas sin pasar por ello, muchas. Y que ser madre no nos define, muchas.
Solo que no hablamos mucho de ello, precisamente para no tener que aturar este tipo de comentarios que cada vez mas parecen mas propios de la edad media

Yo sí me identifico contigo, aunque entiendo que haya gente que no lo haga. Por suerte no todos los seres humanos quieren tener hijos y lo ideal sería que nadie se sintiera presionado ni a tenerlos ni a no tenerlos.

Gracias Eva.

Me gusta oír y aprender de las experiencias personales y desconfío de las posturas rotundas que se sitúan tanto en un extremo como en otro.

Dicho esto, puedo decir también que sin duda alguna me siento más cercana a una persona que siente la suficiente plenitud y felicidad en su vida como para no querer alterarla con la llegada de los hijos, que con posturas que admiten que el hijo llega cuando se ha pasado por la vida sintiendo que te falta algo para ser feliz y que admiten que es con el hijo cuando todo encaja. Afortunadamente no todas las mujeres y parejas sienten así y en muchos casos los hijos se suman a una vida que uno siente como plena y feliz.

Sigo sin entender por qué razón ver a un niño comer chocolate por primera vez debe causar forzosamente más emoción que viajar en tren hasta Pekín si no es en el marco de la experiencia pura personal. Si has viajado mucho es difícil afirmar esto!

Y obviaré entrar en detalles sobre lo que se apunta a la cuestión de los roles de género!

Me ha gustado tu comentario Gema, saludos.

En total desacuerdo con tu articulo. Creo que pecas bastante de soberbia y con cierto tinte "guay"... Perdona tú no has vivido mi vida ni lo harás nunca, como para decirme que lo supremo es tener hijos... Por favor, decir que " ver crecer a un bebé es mucho más interesante que toda la historia de la filosofía, la literatura y el arte juntas" al igual que cualquier proyecto que te hace crecer vitalmente como estudiar, leer, viajar, me parece de una simpleza abrumadora, además de juntar churras con merinas... Sí, no dudo que la sonrisa de un niño o tu niño lo pueda todo, pero, todo en su justa medida y sobre todo no sentar cátedra... Nada, nada hasta que no seamos padres y madres no hay felicidad completa... Afortunadamente no todas las mamás son como tú, y por favor las que sí lo seáis absteneos de darnos lecciones a los demás, gracias.

Ninguna de las personas que conozco que no desea tener hijos ama menos la vida que las personas que conozco que tienen hijos o desean tenerlos.

Esa debe ser la clave: conocer. Vivir en distintos países y conocer a gente y modos de vida diferente.

Genial. Yo también viví esa vida, nunca tuve instinto maternal y no me gustaban los niños hasta que tuve al mío. Ahora esa vida tan libre, tan de "mujer liberada ", no la cambio por la de ahora por nada del mundo . Todas las madres tenemos momento de desesperación, de cansancio, pero claro que compensa. Es maravilloso, mi hijo es lo mejor que me ha pasado en la vida sin ninguna duda.

Yo no tuve necesidad de pensar si ser padre me iba a hacer feliz o no. Para empezar, porque la felicidad depende de uno mismo, no de los demás o de las circunstancias. Quise tener hijos porque amo la vida. Porque estar vivo me parece un milagro. Y tener hijos es, de algún modo, invitar a nuevas personas a ese milagro que es la vida. Por la misma regla de tres, me da la impresión de que quien no desea tener hijos es porque odia el mundo. O la vida. O a sí mismo. O cualquier combinación de esos tres aspectos.

A ver es difícil argumentar que la gente se embarca en la aventura de ser padres debido a las altas dosis de felicidad que genera cuando al mismo tiempo se dice que nadie tiene ni puñetera idea de lo que es ser madre hasta que no lo es.

Si no sabes lo que es ser madres hasta que lo eres y por tanto hasta ese momento no puedes saber la enorme felicidad que conlleva, cómo decir que el motivo para quedarte embarazada es la alta dosis de felicidad que procura?

Que los hijos generan altas dosis de felicidad ( y preocupación) no lo pongo en duda. Pero tampoco el que uno puede llevar una vida igual o más feliz sin hijos.

Y no, ver crecer a un bebé no forzosamente que ser más interesante que toda la historia de la filosofía, la literatura y el arte juntas. Puede serlo para muchos de nosotros, pero no es más interesante per se.

Y aunque uno recibe de los hijos emociones indescriptibles, ser madre es también renuncia. No entiendo la manía de engañarnos. No salir, no viajar, no ir al cine, no leer libros..es renuncia si te gusta hacerlo y no puedes. Otra cosa es que nos compense porque así lo hayamos elegido.

Pues yo estoy harta que se universalice la maravillosa experiencia maternal. Habrá gente para todo, que le parezca un infierno y que le parezca la mejor experiencia del mundo. Yo he visto madres realmente amargadas porque la maternidad no les ha supuesto ninguna satisfacción que se suponía que debía aparecer naturalmente. Y madres con 5 hijos que eran la persona más feliz del mundo. Tu vida no es mejor que la mía, es diferente, somos diferentes, no necesito lecciones vitales de nadie.

Según te leía... Se tía lo mismo. Mis salidas por malasaña son limitadas, y cuando me tengo que ir, voy en el taxi feliz porque voy a ver a mi hijo. Me ha encantado.

Lo has clavado...tan bueno como real, Enhorabuena

Perfecto. Sin ningún pero. Enhorabuena

¡Buenísimo tu artículo!

Pero ¡buenísimo!

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