Joaquín Prieto

Sobre el autor

, periodista moderadamente francófilo y excorresponsal en París, actualmente es editorialista de EL PAÍS.

Eskup

TWITTER

Joaquín Prieto

Archivo

junio 2012

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30  

Rojos e "indignados"

Por: | 17 de abril de 2012

 

Fotosx

Foto: AP

Que nadie espere del socialista François Hollande una suerte de Sarkozy de izquierdas, esto es, un férreo jefe, con autoridad indiscutible sobre todo su campo político. Cuenta con el apoyo de los diferentes sectores del Partido Socialista, lo cual ya es una novedad en la reciente historia de esta formación; pero habrá de componérselas con las energías electorales que se han despertado entre comunistas, extrema izquierda e "indignados", al hilo de la candidatura del antiguo trotskista y exsocialista Jean-Luc Mélenchon.

Hollande pide el voto útil, el voto "de la razón". No ataca a su oponente de izquierda, cuyo apoyo necesitará para la segunda vuelta, como Mélenchon tampoco se bate en exceso con los socialistas, aunque ayer calificó a Hollande de "bastante timorato". El candidato de los izquierdistas se mantiene firme y desafiante, como se observa a través de una carta dirigida a los franceses que se encuentran fuera del país, a los que pide el voto fustigando "la sumisión de los Estados a los mercados financieros y a sus agencias de notación". Afirma que el librecambio "mina las normas sociales y ecológicas", denuncia que el poder financiero ha tomado el poder político e invita a despegarse de Estados Unidos, esa "potencia declinante y belicista".

Y recuerda su propuesta clave, la refundación de la República: para ello argumenta que toda su campaña se orienta a "devolver el poder al pueblo", como "única solución para acabar con la deriva oligárquica del país", lo cual alumbrará la Sexta República. Se acabaría así con el régimen actual, fundado por el general De Gaulle, como ya propuso hace muchos años el socialista Arnaud Montebourg (hoy en el equipo de Hollande), deseoso de dar paso a un sistema político mucho menos presidencialista.

¿Qué posibilidades reales tiene el Frente de Izquierda? Las encuestas le conceden entre el 14% y el 15% de los votos. No mucho más de lo que sumaron los sufragios comunistas y de las facciones de extrema izquierda en anteriores elecciones, con la diferencia de que ahora casi todos se han unido en torno a un líder. La dinámica creada se alimenta del voto de protesta, del "no" de Francia a la Constitución Europea en el referéndum de 2005 y de la persistencia de ciertos elementos de la cultura comunista en la sociedad, por más que el Partido Comunista sea ya poco más que un recuerdo en la historia. Mélenchon está intentando integrar en todo eso a los "indignados", dando así la oportunidad de canalizar hacia las urnas la protesta de un movimiento que en Francia, como en España, no se había organizado políticamente.

Un hecho parece indiscutible: la dinámica creada ha servido para ampliar el espacio global de la izquierda. Llegado el caso (es decir, si el domingo pasa a la segunda vuelta), François Hollande tendrá que manejar todo ese conjunto de indignaciones, más fácil de lanzar "contra Sarkozy" que de transformarse en un movimiento político coherente, capaz de resistir a los eternos partidarios del orden establecido y a los especuladores agazapados a la espera de morder otra vez al euro.

Los mercados contra Francia

Por: | 16 de abril de 2012

Nico-sako

Después de España, ¿será Francia la próxima víctima de los especuladores? Así lo temen los principales candidatos a la presidencia de este país, que intentan protegerse de tal eventualidad. Desde luego es consciente de ello el aspirante socialista, François Hollande, que quiere renegociar el Tratado de disciplina presupuestaria, en fase de ratificación por los países de la UE. Pero de repente esa inquietud aparece también en el presidente-candidato, Nicolas Sarkozy, que el domingo lanzó un órdago sobre las reglas disciplinarias del Tratado de Maastricht y para que el Banco Central Europeo sea menos ortodoxo y apoye el crecimiento.

Pensábamos que Sarkozy la había tomado solo con España y que estaba haciéndole un flaco favor a Mariano Rajoy, pero eso no es cierto: su campaña alancea a otros países y a instituciones europeas. Por ejemplo, se ha cebado con Reino Unido, y eso sí que es significativo en una persona que se presentó a la elección de 2007 como el político más cercano al liberalismo económico que es capaz de dar un país como Francia, ceñudamente estatista y crítico con la globalización.

No solo David Cameron y Sarkozy están en desacuerdo sobre el euro, sino que el presidente francés ha replicado directamente a los análisis del Financial Times sobre sus promesas rotas: "El FT nos explica que debemos hacer exactamente como Gran Bretaña, que está en una situación económica mucho peor que Francia", dijo en la televisión pública. "Yo acepto gustosamente que se nos dé lecciones, pero no de ellos, y no de este modo". La contrarréplica de la biblia del liberalismo económico ha sido mofarse del presidente francés por tratar de recuperar "los cruciales votos anti-FT".

Sarkozy se ha pasado la campaña agitando el fantasma del peligro de la izquierda, pero ahora denuncia otro riesgo. Hace menos de un mes criticaba al socialista Hollande por la propuesta de no ratificar el tratado de disciplina presupuestaria de la UE. Ahora, con los sondeos mordiéndole los tobillos, Sarkozy ya está criticando la ortodoxia del Banco Central Europeo y la rigidez de las reglas sobre el déficit fijadas en Maastricht. Una advertencia en toda regla a Alemania, defensora a ultranza de la independencia del BCE, aunque Sarkozy no haya mencionado por su nombre a la canciller Angela Merkel.

El presidente-candidato teme la derrota y esto le convierte en una fiera herida, que arremete contra todo y contra todos, incluidos socios y aliados. Cierto que no es un espectáculo edificante desde el punto de vista de la solidez y de la coherencia europeas, pero el 6 de mayo se habrán acabado las elecciones presidenciales en Francia y entonces empezarán las cosas serias. Si cualquiera de los dos candidatos que pueden gobernar el país vecino se cuestionan la rigidez de la disciplina presupuestaria y (en el fondo) hasta Sarkozy añora un Banco Central al estilo de la Reserva Federal Americana, puede que ayude a España.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal