29 jun 2010

¡En cuartos de final iremos con Mzwandile!

Por: Médicos Sin Fronteras

“Para mí, el virus es algo similar a un monstruo. Tiene muchos ojos, tiene cuernos y hace un sonido como ‘Bruaaaagh’. Creo que está en mi corazón”. Quien dice estas palabras es Mzwandile Mabusela, uno de los 152.000 niños infectados por el virus en Zimbabue, un país golpeado como pocos por la pandemia del SIDA.

Post Paula_Mzwandile Aunque suene extraño, podría decirse que Mzwandile tiene suerte: recibe tratamiento con antirretrovirales en un lugar en el que tan solo uno de cada seis niños enfermos de sida tiene acceso a ellos.

Sólo en 2008, nacieron cerca de 390.000 bebés infectados en todo el mundo. Y es que el sida pediátrico es sin duda el gran olvidado en este partido que se libra contra la pandemia. Se diría que hemos dejado los esfuerzos para la prórroga, cuando con el sida no hay prórroga posible: hay más de dos millones de niños menores de 15 años seropositivos y unos 280.000 mueren cada año… 45 en lo que dura un encuentro de fútbol.

Son cifras intolerables que resumen un drama más intolerable aún si cabe por su condición de evitable.

Evitable, en primer lugar, en el contagio. La transmisión del VIH de madres a hijos (que se puede producir durante el embarazo, el parto o la lactancia) es fácilmente prevenible. Basta con administrar terapia antirretroviral a la madre VIH-positiva durante el embarazo y al bebé a las pocas horas del parto, realizar cesáreas electivas y proporcionar alternativas a la leche materna. Por eso en los países ricos, donde estos programas están plenamente instaurados, apenas nacen niños con VIH y la tasa de transmisión no llega al 2%.

Sin embargo, en los países pobres, estas opciones no están al alcance de la gran mayoría de las madres, puesto que muy pocas tienen la posibilidad de recibir atención prenatal, y por lo tanto son muy pocas las posibilidades de detectar el virus a tiempo para poder administrar el tratamiento preventivo. Sin él, la transmisión del VIH se produce hasta en el 40% de los casos.

Evitable también en el desarrollo de la enfermedad. Actualmente, el diagnóstico del VIH en niños presenta importantes obstáculos. En los primeros estadios de la enfermedad los síntomas no suelen ser aparentes, lo que dificulta el diagnóstico clínico. Del mismo modo, el diagnóstico mediante detección de anticuerpos tampoco es válido, pues el bebé mantiene en su sangre los anticuerpos de la madre hasta los 18 meses de vida, sin que esto signifique que el niño sea VIH-positivo.

Para los que sí lo son, 18 meses es demasiado tiempo perdido: sin tratamiento, la mitad de los bebés muere antes de cumplir los 2 años. La única garantía de un diagnóstico inmediato y correcto –algo crucial para que el bebé comience el tratamiento lo antes posible- es detectar partículas del VIH en sangre, una prueba complicada, cara y que necesita de laboratorios bien equipados, toda una utopía en estos contextos de los que hablamos.

Pero incluso cuando niños como Mzwandile llegan al tratamiento, las dificultades persisten. Apenas existen versiones pediátricas de las combinaciones de dosis fija (CDF) es decir, cócteles de medicamentos en una sola píldora que simplifican los tratamientos y hacen más posible su seguimiento. Esto significa que tenemos que tratar a los niños con medicamentos de adultos, a menudo con pastillas troceadas a mano, cada una en porciones diferentes, con el riesgo que ello supone de que no reciban la dosis adecuada.

MSF lleva tratando a pacientes de sida pediátrico desde el año 2000 y son muchas las lecciones aprendidas desde entonces. La fundamental: que el sida pediátrico puede tratarse con éxito en contextos de pocos recursos. Pero para ello necesitamos más voluntad política para implantar programas de prevención de la transmisión materno-infantil. Necesitamos un mayor compromiso de la investigación farmacéutica. Y también necesitamos que los países donantes cumplan sus promesas financieras.

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Mzwandile es una de las muchas caras de este drama, y probablemente una de las más prometedoras pero su partido contra el sida no se ha terminado aún. Deberá medicarse durante el resto de su vida y superar una tras otra las barreras de la resistencia del virus a los medicamentos y los problemas para acceder los nuevos tratamientos.

Pero pensemos en positivo, porque así lo manda el título de este blog, y porque la historia de Mzwandile es positiva: él es la prueba de que, con tratamiento, incluso quienes reciben un gol en los primeros minutos pueden ganar el partido. La prueba de que quienes pierden el primer encuentro en un Mundial aún pueden pasar a octavos, e incluso ganarlo.
 
¡Estamos con Mzwandile!

Paula Farias, Presidenta de MSF España.

Fotos: Juan Carlos Tomasi.

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Un Mundial en Positivo

SOBRE EL BLOG

Sudáfrica es sinónimo estos días del Mundial de fútbol: 32 equipos compiten por la gloria. Pero en el país anfitrión hay seis millones de ciudadanos (un 18% de la población adulta) que viven con VIH, de los cuales 1,5 millones no tienen acceso al tratamiento. Médicos Sin Fronteras quiere proporcionar a los aficionados al fútbol una visión alternativa, un “Mundial en Positivo”, que se jugará en el terreno y en la web para informar sobre los enormes desafíos que supone la lucha contra el VIH/sida para millones de personas en el África subsahariana.

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