Suárez y el Balón de Oro de otro tiempo

Por: | 19 de enero de 2014

“La autoridad de un duque, la precisión de un geómetra y la belleza de un Apolo…” Estas cualidades atribuía France Football en su número 770, del 13 de diciembre de 1960, a Luis Suárez. La portada del ejemplar la ocupaba un dibujo coloreado en el que aparecía de cuerpo completo, con su figura estilizada, vestido del Barça. Era el número especial de Navidades, el que anunciaba el Balón de Oro del año, cuyo ganador era él. Aún sigue siendo el único jugador español que lo ha conseguido.

Repasando la prensa de aquellos días, se advierte qué gran diferencia hay respecto al eco que se daba a este premio. Señal de que ha ido a más. En El Mundo Deportivo se consigna en un recuadrito de portada, en la que la principal noticia, a cinco columnas de las ocho de la página, es la previa del Condal-Baracaldo. (El Condal era el filial del Barça, en Segunda). A tres columnas, también por arriba, se anuncia el aplazamiento por la niebla del Hibernians-Barça, de la Copa de Ferias. Debajo de esta información, a dos, aparece la noticia de que la víspera France Football ha concedido el Balón de Oro, en su quinta edición, a Luis Suárez. No es más visible que otras con las que comparte las zona media y baja de la página: una gira de los Globetrotters, el fin de la temporada de Lucha Libre, el riesgo de suspensión de un Francia-España de baloncesto y el anuncio de un partido navideño en Sarriá.

Tampoco la entrega se hacía entre grandes fastos. Él lo recibió físicamente bastantes semanas después, el 8 de marzo, con ocasión del partido de cuartos de final de Copa de Europa contra el Spartak de Kralove, equipo checoslovaco. Un acto sencillo, en los prolegómenos del choque. Acudió Pierre Skavinski, subdirector de L'Equipe, que bajó al campo a hacer la entrega junto a Benito Pico, presidente de la gestora que llevaba la Federación Española. El día siguiente ocupa más espacio el partido en sí (una feliz goleada, 4-0) que la entrega. En la portada de Marca se ve a Luis Suárez alzando el trofeo, pero como segunda ilustración, debajo de la foto de uno de los goles.

Otros tiempos, otras costumbres. Y eso que el segundo había sido un madridista, Puskas. Suárez obtuvo 54 puntos, Puskas 37, Uwe Seeler 33, Di Stéfano 32 y Yachine 28. Votaban los 19 corresponsales de la revista en diversos países de Europa, y la nota de Andrés Mercé Varela, en El Mundo Deportivo, aclaraba que los tres únicos que no habían votado a Luis Suárez eran de países del otro lado del Telón de Acero.
No, no se armaba tanto lío. Tampoco en los que ganó Di Stéfano (el segundo y el cuarto) ni tampoco cuando en el tercero se le declaró oficialmente “fuera de concurso”, lo que permitió que lo ganara el francés Kopa.

Suarez

Pierre Skavinski, subdirector de L’Equipe, entrega el Balón de Oro a Luis Suárez./ diario as

Aquel de Suárez era el quinto que se concedía, y él mismo me ha dicho varias veces que entonces no concibió la importancia que llegaría a tener. “Gracias a él me siguen recordando aquí, que si no…”
Fue a caer en buenas manos. La descripción con que empieza el artículo no es hipérbole. Luis Suárez fue un grande. Apareció en el Depor en la jornada doce de la 53-54, y ya ese curso jugó la Copa con el Barça, contra el que precisamente había debutado, en Riazor. El Madrid también pensó en él, pero Ipiña fue a verle en un partido contra el Valladolid en el que los medios Ortega y Lasala consiguieron borrarle, cosa rara. Con el Barça debutó en Copa el día en que cumplió 19 años, y justamente ante su Depor. Era tan poquita cosa que el entrenador Sandro Puppo le puso un punching de boxeador para que practicara y se fortaleciera. Cuando se sintió seguro, le dijo que él había fichado para jugar al fútbol, no para boxear. Y allí se quedó siete años, jugando al fútbol y dando un magisterio que no todo el mundo quiso aceptar, porque los viejos partidarios de Kubala le veían como una amenaza para su ídolo de siempre. Ellos dos fueron muy amigos, pero el público culé se dividió esos años en dos corrientes irreconciliables.
Luis Suárez jugaba de interior izquierdo, como armador, hombre de creación en el medio campo dentro del 4-2-4 que se estilaba en los cincuenta. Tenía tanta llegada que del Barça se fue con 128 goles en 246 partidos. Regate limpio, estampa elegante, resistente, sin miedo. Pero lo que más llamaba la atención era la precisión de sus envíos largos, con un golpeo personal, cultivado para salvar los barrizales del fútbol modesto de Galicia. Elevaba un poquito el balón, un par de cuartas, para pegarle luego por abajo, dándole un efecto invertido que hacía que se frenara en el bote y fuera más fácil de alcanzar por el extremo. Al hacerlo, flexionaba de una manera muy característica y personal la rodilla izquierda, de forma que parecía casi un cosaco en su pase de baile. Aquellos balones volaban de tal forma que casi podía leerse la marca.

A principios de aquel año sesenta el Barça tuvo una eliminatoria celebérrima ante el Wolverhampton: 4-0 aquí y 2-5 allí. La exhibición fue tal que los jugadores ingleses le hicieron pasillo al Barça al marcharse. En ese mismo año 60 el Barça jugó dos eliminatorias de Copa de Europa con el Madrid: la semifinal de la 59-60, en primavera, que pasó el Madrid, y los octavos de la 60-61, ya en otoño, que pasó el Barça, con él en figura, bien es cierto también que con unos arbitrajes ingleses muy desdichados. Suárez fue figura en esa eliminatoria. Y el Barça ganó la Liga ese año. Eso hizo que sus méritos pasaran por delante de Puskas, con sus cuatro goles en la final europea contra el Eintracht y sus tres en la Intercontinental ante el Peñarol.

Y sí, seguramente le recordamos en España sobre todo por ese Balón de Oro, porque justo en el verano del 61 se fue al Inter, por 25 millones, récord mundial para la época. Su popularidad en ese momento fue tal, que La Actualidad Española, prestigiosa revista de la época, propuso en su número de diciembre a estos cuatro personajes del año 1961: Juan XXIII, Jacqueline Kennedy, Yuri Gagarin y Luis Suárez.
Pero el resto de su carrera lo hizo ya en Italia y en esos años en que no se televisaban partidos de otros países casi puede decirse que llegamos a perderle de vista, salvo por esporádicas apariciones con la selección y algunos partidos del Inter contra el Madrid. Fue de los ganadores de la Eurocopa de 1964, cuando el gol de Marcelino. En 1964 ganó, además, la Copa de Europa y la Intercontinental con el Inter, donde era il regista. Ya no marcaba tantos goles, porque el fútbol que impuso allí Helenio Herrera era mucho más cauteloso, pero era la estrella del equipo. Pese a ello, no le dieron el Balón de Oro. Quedó segundo, como en 1961. Y tercero en 1965, también tras ganar todo con el Inter. En ese tiempo se evitaba en lo posible repetir. De ahí lo del fuera de concurso de Di Stéfano en la tercera edición, aunque en la cuarta ya se levantara el veto.

Por Barcelona volvió en agosto de 1965, para un amistoso con el Inter, y todavía los kubalistas no le habían perdonado. Le pitaron tanto que se marchó dando cortes de manga, produciendo una imagen que copó los periódicos del día siguiente. No entendía ni aceptaba que le siguieran dando la bulla.
“En Barcelona me dicen que soy gallego, en Madrid, que catalán, en España, que italiano y en Italia, que español…”, se me quejaba un día medio en broma y medio en serio.

Pero no, es gallego, mantiene la retranca de aquella tierra y toda España le siente como propio. Y bien se nota cada vez que sale a relucir lo del Balón de Oro. 

Hay 3 Comentarios

Cordobés,
Lástima que no hagan test de inteligencia antes de permitir escribir en un ordenador.
Te habrías hinchado a gastar BIC.

Es curioso que jamás se haya resaltado como es debido que, hasta que FIFA se ha adueñado del trofeo, los votos españoles siempre estaban en manos de perodistas catalanes declarados seguidores del Barcelona: Mercé Varela, Paco Aguilar... Así no resulta extraño que los jugadores del Real Madrid no hayan tenido demasiado éxito en este galardón, no tanto por los votos en sí, sino por la escasísima promoción que les han hecho los corresponsales en España de France Football (los mencionados Mercé Varela y Aguilar).

Un grande Luis Suarez, pero Sr. Relaño le ha faltado explicar por qué tuvo que marcharse del Barcelona http://xurl.es/9ik46

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Sobre el blog

Este blog pretende rescatar la memoria vivida en el deporte.

Sobre el autor

Alfredo Relaño

es director de AS y antes de ello fue sucesivamente responsable de los deportes en El País, la SER y Canal +. No vio nacer el cine, como Alberti, pero sí llegó al mundo a tiempo de ver jugar a Di Stéfano y Kubala, escalar montañas a Bahamontes y ganar sus primeras carreras a Nieto. ¡Y ya no se morirá sin ver a España campeona del mundo de fútbol!

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