Profesionalismo y dopaje sobre ruedas

Por: | 18 de agosto de 2012

Miguel Indurain cerró su excelsa carrera con la medalla de oro contrarreloj en los Juegos de Atlanta 96. Muy pocos de los grandes ciclistas de la historia subieron a lo más alto del podio olímpico. La apertura a los profesionales les pilló tarde y si no ganaron en sus primeros tiempos de aficionados perdieron las medallas para siempre. Jacques Anquetil, por ejemplo, sólo fue 12º en Helsinki, 1952.  Eddy Merckx acabó en el mismo puesto en Tokio, 1964. Un año después pasaba a profesional. Quizá por eso ahora se ha atrevido a ir a Londres pedaleando desde Bélgica para vivir la experiencia olímpica. En los últimos años, como en el tenis, el oro olímpico es ya un trofeo preciado.

Merckx, con el primer historial más completo del ciclismo, ya tuvo sus coqueteos con el dopaje. En 1969 le echaron del Giro en el que arrasaba, pero quedó en eso, en un gran escándalo, por las irregularidades del control. Como si no hubiera ocurrido. De hecho, él lo negó siempre. Incluso corrió el Tour de ese año. Pero después, como a muchos, le pillaron en dos ocasiones más con estimulantes “puntuales”. Los de la época. Ha confesado que tomaba “lo que todos” y “por lo que le decían los médicos”. No llegó a declarar públicamente: “Nos pinchábamos nosotros mismos”, como hizo el sincero José Manuel Fuente, el “Tarangu”, escalador de leyenda. Pero solo recordar la farmacia, casi una clínica, que el masajista del campeón belga, rigurosamente vestido de negro, tenía en un hotel de Calpe, en 1972, daba repelús. De la ciudad alicantina salió la Vuelta a España de aquel año, que ganó, a su estilo habitual, arrasando con seis etapas y 3m 46s de ventaja sobre Luis Ocaña, el hombre tantas veces atormentado, hasta su final.

Eran otros tiempos, pero la alargada sombra del dopaje ha alcanzado todo y el olimpismo no iba a ser una excepción. Toda persona tiene derecho a la reinserción, pero no destila la misma gloria un oro ‘virgen’, que el del sábado pasado en la prueba de ruta de Alexander Vinokúrov, sancionado dos años por dopaje sanguíneo tras el Tour de 2007. El mérito de conseguirlo a los 39 años, edad récord y 12 después de su plata en Sidney 2000, quedará siempre empañado por la sospecha de toda su carrera. 
Pero dentro de la pandemia dopante siempre quedará alguna esperanza que impida el cierre definitivo de la ya antigua farsa. Hoy se disputa la contrarreloj y Bradley Wiggins, la última gran estrella del pelotón internacional, tiene su tercera oportunidad de oro, la primera fuera de la pista. Porque el británico es de los pocos que ha pasado de rey del velódromo en la persecución a monarca de la carretera. Ha hecho el camino distinto a todos y tiene ya la mayor cosecha de medallas entre los grandes. Media docena de medallas, igualando en número total como mejor británico al remero Steve Redgrave, aunque  con menos calidad en los metales.  Incluso sumó un bronce en Madison, la prueba por parejas similar a la de puntos, en las que el español Joan Llaneras fue otro rey.

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Vinokúrov se impone en la prueba olímpica de ciclismo en ruta en Londres (GETTY)


Por algo fue obligada deferencia con el primer ganador británico del Tour su presentación especial en la ceremonia de apertura para tocar la campana de salída. Con el maillot amarillo sin publicidad, el de la pureza olímpica hipócrita solo dentro de los estadios. Tras el disgusto por no haber podido lanzar a Mark Cavendish en la carrera de ruta, le favoreció la caída del otro enorme especialista, Fabien Cancellara. El suizo, campeón olímpico en Pekín 2008, y que también fue plata en la prueba de fondo tras el desafortunado Samuel Sánchez, casi  acaba como él. Hoy se verá cuánto se ha recuperado.
Wiggins sucedió en Atenas 2004 y Pekín 2008 a su compatriota Chris Boardman, que llegó a doblar al alemán Jens Lehman en la final de Barcelona 92, algo nunca visto entre las medallas de oro y plata en solo los cuatro kilómetros de distancia. Su modelo de bicicleta quizá ayudó, pero ya no pudo con Indurain y Abraham Olano en la contrarreloj de Atlanta. Fue en cabeza las dos primeras vueltas, pero cada vez le costó más mover el enorme plato único que llevaba, se resintió en las subidas y los españoles le superaron al final por 31 y 19 segundos.


Al menos, ganó un bronce indiscutible, no como empezó a ocurrir con las medallas siguientes. En Sidney 2000, el alemán Jan Ullrich, ya ganador del Tour de 1997 y que coqueteó con  el dopaje hasta llegar a la cumbre de la Operación Puerto, no solo se impuso en la prueba de ruta ante el “prometedor” Vinokurov, sino que ganó la plata en la contrarreloj por una vez delante de su ‘muro’, Lance Armstrong. El estadounidense, rey de todas las sospechas casi confirmadas, venía de ganar el segundo de sus siete Tour. A ambos los sorprendió el especialista ruso Vyacheslav Ekimov.
Aquel bronce fue la única medalla olímpica de Armstrong, solo sexto en Atlanta 96, a 2m 23s de Indurain, y dos meses antes de que le detectaran el cáncer, que curó en apenas un año. Nunca bajó del décimo puesto en las pruebas de ruta olímpicas, aunque un año después de Barcelona 92, donde fue 14º, ganó en Oslo el título mundial profesional. Y justamente delante del corredor navarro, sorprendido por el ataque de aquel jovencito que iba a dar tanto que hablar.

Paradojas de la vida, un apellido Armstrong sí fue oro contrarreloj en Pekín 2008, a los 35 años. Kristin, campeona del mundo en 2006, pero sin nada que ver con Lance. Y lo ha vuelto a ser en Londres con 39.


En Atenas 2004 fue aún peor. Ganó contra el crono el estadounidense Tyler Hamilton, convicto y confeso de todo dopaje, y uno de los acusadores de Armstrong. Al final salió indemne, pero devolvió su medalla en 2011. Al menos no quedó como los oros vergonzantes de la RDA.
El dopaje pasó incluso en los Juegos de Roma 1960 una factura con tragedia, al estilo de la sucedida al británico Tom Simpson en el Tour. Era la segunda muerte tras la del portugués Francisco Lázaro en el maratón de Estocolmo 1912, que colapsó con los poros tapados por una crema antisolar. Los 33 grados romanos, unidos al Ronicol que ingirió, un medicamento para mejorar la circulación de la sangre indicado en la arterioesclerosis, derrumbaron al danés Knud Enemark Jensen. Fue durante la contrarreloj por equipos de 100 kilómetros, prueba desaparecida del programa después de Barcelona 92.


Aquel caluroso 26 de agosto integró el cuarteto sueco, que acabó quinto, Gosta Pettersson. Cuatro años después, con dos hermanos más, Erik y Sture, logró la medalla de bronce en Tokio 64. Ocho más tarde, con el cuarto, Tomas, subió a una plata histórica, completamente fraterna. La familia Pettersson quedó detrás de Holanda, que le sacó casi minuto y medio con un componente que prometía llamado Hendrik Gerardes Jozef (Joop)  Zoetemelk. El que fue gran segundón histórico por culpa de Merckx e Hinault (con lo que llegó a amenazar  el récord de Raymond Poulidor, el sufrido “súbdito” anterior de Jacques Anquetil), acabaría consiguiendo su redención, el auténtico oro profesional, con el Tour de 1980 y la Vuelta a España de 1979. 

El rodador Ercole Baldini, uno de los grandes italianos de la historia, también logró el título olímpico de fondo en carretera en Melbourne, 1956. Completó así una temporada gloriosa tras ser campeón mundial de persecución y batir el récord de la hora. Sacó dos minutos en la meta al francés Arnaud Geyre y al británico Alan Jackson. Pero sus delegaciones presentaron una protesta insólita, que no prosperó. Según ellos, le favoreció la sombra del coche con la cámara que filmaba tomas para ‘Cita en Melbourne’, la película de los Juegos. Fue un año antes de pasar a profesional, donde  ganaría un Giro y un Mundial en 1958, otro año mágico para él.

 


Quinto en esa final australiana fue el alemán oriental Gustav-Adolf Schur, uno de los muchos ciclistas del Este que pasarían a dominar los Juegos con la hipocresía amateur. Su compatriota Olaf Ludwig, de los pocos que llegó a ser un aceptable profesional, ganó en Seúl 88, al borde de la caída del Muro. Sergei Sukhoruchenkov, la gran estrella soviética, se impuso antes, en Moscú 80, lanzando un ataque brutal a 30 kilómetros de la meta y ganando escapado con tres minutos, la mayor ventaja desde hacía medio siglo. Corrían en los Juegos y solo la llamada Carrera de la Paz, que alternaba los trazados por sus países, o el Tour del Porvenir, creado para aficionados (y supuestos) en Francia. Pero ellos eran tan profesionales como los del Oeste. Simplemente iban disfrazados de militares o profesores de educación física, pero estaban dedicados a tiempo completo al deporte.  Juan Antonio Samaranch acabó con esa mentira a partir de 1984.

Hay 11 Comentarios

Si he hiciera dopaje a muchos atleta seguramente se acabarían los juegos olimpicos http://goo.gl/fb/t8LM2

Merckx dio positivo en controles antidopaje hasta en tres ocasiones. Y encima su hermano realizó una tesis doctoral sobre corticoides.

Yo no sabía que Induráin había sido medalla de oro en unos Juegos... la verdad es que tiene un palmarés excelente y nadie habla mucho de él, porqué? Es por miedo a que se descubra que también se dopaba? yo creo que en esa época quien no lo hacía era el raro.

Jefferson, la EPO ayuda por igual a los corredores altos y bajos, a los pesados y a los ligeros. Conseguir mantener la potencia bajando de peso no tiene nada que ver con el dopaje sanguíneo.
No digo que Indurain no tomara EPO, tampoco digo que lo hiciera. Eso sólo lo sabe él.

indurain y el doctor padilla.. el secreto era disminuir el peso al mínimo y mantener fuerza con la gasolina proporcionada por el hematocrito vía epo. MÍNIMO PESO PERO TODA LA FUERZA. INDURAIN CON SU ALTURA Y PESO NORMAL NO HUBIERA PODIDO NUNCA CON LAS GRANDES CUMBRES DEL TOUR- FUE UN FRAUDE DE PROPORCIONES GIGANTESCAS. HUBIERA SIDO UN GRAN RODADOR Y CONTRARRELOJISTA, PERO NUNCA HUBIESE GANADO UN TOUR. SR. FERNANDEZ Y SR.MORA USTEDES LO SABEN Y SILBAN Y MIRAN PARA OTRO LADO. QUEREMOS SABER EL HACER DEL DR.PADILLA EN TODO ESTE TIEMPO. ¿ Y LA OPERACIÓN PUERTO.? SEGUIMOS SILBANDO....

¿Lo de Vinokourov vergonzoso? ¿Si hubiera ganado Cav ayudado por Millar hubiera sido vergonzoso? ¿Y si gana Valverde?
¿Quién decide que Armstrong es sospechoso pero Boardman no lo es?
Los reglamentos son para todos. No carguéis contra los deportistas, cargad contra las normas. Eso sí, hacedlo con antelación, antes de conocer los resultados.

Otra cosa, fue el TAS quien impidió la aplicación de la regla Osaka. Mezclar opinión con errónea información queda muy feo.

Terroristas, asesinos y criminales de todo tipo tienen reconocido su derecho a la reinserción. Los ciclistas dopados no.

Oye Juan-José, guapo y todo lo que quieras, si tu metes a escribir sobre el ciclismo, antes hay que hacer los deberes... Escribir que Merckx nunca dio positivo a un control antidopaje, hombre, no jodas...

Oye, que curioso, en este artículo todos son culpables a excepción de dos Españoles, Induráis y Olano.
Y aún mas curioso es que haya habido doping antes y después, pero entre el 91 y el 96 no hubo dóping. Anda que... no hay que mirarse tanto al ombligo

Merckx sí dio positivo en un control antidopaje. Fue en el Giro de 1969. http://elpais.com/diario/1999/06/06/deportes/928620002_850215.html

Lo del otro día de Vinokourov fue vergonzoso y lamentable. Las sanciones por dopaje deberían ser de por vida, y así nos ahorraríamos este bochornoso espectáculo; este tío, además, ya se ha visto envuelto en el escándalo de comprar una de las carreras más prestigiosas del ciclismo, la Lieja-Bastogne-Lieja. El COI, hasta estas olimpiadas, no dejaba competir a deportistas que hubiesen cumplido sanciones por dopaje, pero la presión del inglés Millar (otro ciclista dopado) les ha hecho cambiar de opinión.
Aunque den positivo, les encuentran una farmacia en casa o les pillen traficando, nunca hablan, nunca cuentan qué toman, cuándo y cómo, ni quién les suministra. Silencio absoluto, vía para volver a competir 2 años después.
http://pasosypedales.blogspot.com.es/

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Memorias Olímpicas

Sobre el blog

Sobre el autor

Juan-José Fernández ha estado en 13 Juegos Olímpicos, seis de verano, desde Los Ángeles 84 hasta Atenas 2004, y siete de invierno, desde Sarajevo 84 a Turín 2006. Pero le ha interesado el deporte y el olimpismo desde mucho antes de ver por televisión las imágenes de Tokio 64. Ha escrito en EL PAÍS desde su fundación, en 1976.

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