Metroscopia

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“No creo en las encuestas”. Mal empezamos... Es tanto como decir “no creo en los termómetros”. Las encuestas, como los termómetros, no son una cuestión de fe, pertenecen al mundo más humilde y pragmático de la medición. Si están bien hechas, son una herramienta para medir, y así describir, los estados de opinión de una sociedad en un momento determinado. Los datos están ahí y son los mismos para todos. Otra cosa es cómo se analizan e interpretan...

Menos respeto a los que mandan

Por: | 04 de septiembre de 2011

"Toda confianza es peligrosa si no es completa": la máxima de La Bruyère parece especialmente adecuada para aquellas instituciones y grupos sociales que se sitúan en el pelotón de cola de la escala de confianza ciudadana. Es el caso, entre otros, de políticos y partidos políticos, Gobierno, sindicatos, bancos y obispos. En ellos la ciudadanía dice confiar poco... o casi nada, lo cual les coloca en una posición ciertamente delicada. Cabrá decir que, en casi cualquier país, políticos y partidos suelen estar en los lugares últimos de este tipo de escalas, pero no con el plus de irritación que se observa ahora. Sin duda un ingrediente básico en la actual desconfianza ciudadana en políticos, Gobierno, entidades financieras y sindicatos es que, a pesar de sus diferentes estrategias, la situación económica no logra recuperarse. Según los datos del último clima social de Metroscopia, el 92% de los ciudadanos considera que la situación económica es mala y el 85% cree que no hay atisbos de mejoría. Este último es el registro más pesimista desde que empezó la crisis.

Se acostumbra a decir que la confianza cuesta mucho ganarla, pero poco perderla. Después de que buena parte de los ciudadanos creyera al Gobierno cuando habló de ralentización -y de que algunos defendieran esa opinión en sobremesas acaloradas-, la "contumaz ralentización" transformó la fe en descreimiento. Ahora, solo uno de cada cuatro aprueba su gestión. Y lo peor: en el momento actual es una de las instituciones que menos confianza inspiran.

También el recelo hacia políticos y partidos políticos ha alcanzado niveles alarmantes. Algo más de ocho de cada diez españoles tienen la impresión de que los partidos piensan solo en lo que les beneficia y que no tienen en cuenta a la gente. Además, muchos ponen en cuestión la forma en que ahora funciona nuestro sistema político: una amplia mayoría teme que la crisis esté erosionando la calidad de nuestra democracia (67%) y sospecha que quien realmente manda en el mundo no son ya los Estados, sino "los mercados" (79%). La ciudadanía quiere más transparencia, más honradez, más búsqueda del interés común. Y no son pocos -tres de cada cuatro- quienes añoran el abandonado espíritu de pacto y consenso de la Transición. La situación es grave. La clase política es percibida como un problema por sectores cada vez más amplios de nuestra sociedad, más que como una solución. Independientemente del resultado que arrojen las elecciones del próximo 20 de noviembre, los políticos deberán intentar revertir esta tendencia o pechar con sus consecuencias.

El desencanto político ha terminado alcanzando a los Ayuntamientos. Por su cercanía al ciudadano, la tónica tradicional ha sido una mejor evaluación de los Gobiernos locales en comparación con otros niveles de la Administración. Tras tantas informaciones sobre mala gestión o corruptelas, la ciudadanía los sitúa ahora, junto con Gobiernos de Comunidades Autónomas, por debajo incluso de las empresas multinacionales en lo que a credibilidad se refiere.

El ciudadano de a pie tiene la percepción de estar pagando una crisis originada por otros -principalmente por los bancos- y que no han sabido solventar ni políticos ni sindicatos. Esa percepción se ha agudizado en estos últimos meses y ya ha bajado en veinte puntos, desde principios de este año, la credibilidad que la población general deposita en bancos y cajas. Los españoles no quieren ni oír hablar de ayudas al sector financiero: siete de cada diez creen que se debería prohibir cualquier tipo de asistencia con dinero público a los bancos o cajas que tengan problemas y que, en ese caso, deberían ser nacionalizados. Y son hasta nueve de cada diez quienes exigen a estas entidades la devolución del dinero público recibido y quienes estarían a favor de la dación en pago de la vivienda para cancelar las hipotecas. Las entidades financieras parecen tomar conciencia de este estado de ánimo: de ahí, por ejemplo, que el mayor banco español haya ofrecido una carencia de tres años a los hipotecados que estén en paro. Su consejero delegado ha admitido incluso que esta medida se debe a la pérdida de imagen del sector provocada, según él, por movimientos como el 15-M.

En el caso de los sindicatos, cuya existencia nuestra ciudadanía considera imprescindible para la defensa de los derechos de los trabajadores, es su modo de actuar lo que parece obsoleto. No se comparte ni su retórica de confrontación -la huelga general del pasado septiembre resultó un fracaso en opinión del 65% y un éxito solo para el 11%- ni su intento de pacto escenificado el pasado día 2 de febrero. Los motivos para desconfiar de ellos difieren según la ideología: entre el electorado de derechas son percibidos como frenos a las reformas que necesita el país; entre los votantes de izquierdas se duda de su efectividad.

En cuanto a la Iglesia católica, su credibilidad disminuye a medida que el foco se acerca a su jerarquía. O, lo que es lo mismo, aumenta cuando se aleja de ella: la evaluación de Cáritas está por encima de la que se hace de la Iglesia en su conjunto, y esta última, por encima de la de sus obispos. Uno de cada tres evalúa con cero sobre diez el grado de confianza que le inspiran los prelados -el peor registro entre las instituciones analizadas-. ¿Anticlericalismo visceral? Parece dudoso: una amplia mayoría de los españoles se definen como "católicos" (con más o menos matices), y las otras dimensiones de la Iglesia cuentan con una clara mejor imagen social. La escasa confianza en la jerarquía eclesial probablemente se deba a la no aceptación, por sectores amplios de la ciudadanía, de unos planteamientos que se perciben alejados de la sociedad actual y a una propensión excesiva a intervenir en la vida política. En la actualidad, apenas uno de cada cinco españoles se considera "católico practicante", la cifra más baja de los últimos 50 años.

Finalmente, en el apartado de medios de comunicación, la televisión. Con menor credibilidad que la radio y la prensa escrita, congrega, sin embargo, la mayor audiencia: casi nueve de cada diez españoles la ven todos los días. La amplia gama de programas televisivos, desde informativos hasta entretenimiento, y su muy variable calidad hace que su credibilidad media sea baja. No mantiene, pero entretiene.

 

Tabla del Barometro de Confianza Ciudadana de Metroscopia  

Cuarta entrega del barómetro de confianza ciudadana de Metroscopia para EL PAÍS, publicado el 28/08/2011

Hay 3 Comentarios

Es el triunfo del objetivismo. La constatacion que por naturaleza somos individuos racionales primero, y miembros de un colectivo segundo.

Desde la revolucion francesa, la declaracion de los derechos del hombre o la declaración de independencia Americana, los derechos del individuo a usar (o no) su racionalidad para buscar su felicidad.

Que prestigio van a tener los lideres cuando llega la crisis y les tengo que prestar dinero yo, una hormiguita que se ha esforzado por tener unos ahorros.

Viva el epicurismo, positivismo y objetivismo. Viva el Neoliberalismo, de derechas y de izquierdas. Vivan los internautas que consensuan individualmente basados en su racionalidad y movemos a la sociedad.

Tengan un poco de proyeccion historica y de futuro, el positivismo y objetivismo es la filosofia tras el Neoliberalismo, la filosofia de Allan Greenspan, Anonymous y el 15M.

Un bipartidismo que poco a poco se fue fusionando hasta convertirse casi que en un mismo partido, que arrastran las mismas políticas, los mismos desaciertos, las mismas mentiras. En latinomérica, especialmente en Venezuela, los dos grandes partidos políticos llegaron ese punto, por allá en los años 90; l gente se decepcionó de la política, d los partidos políticos. La gente no confió más en los arcaicos lideres políticos, y de repente, ¡susto!, apareció Chávez. Miren y estudien lo procesos políticos de latinomrica, quizás puedan aprender algo.

No es de extrañar esta desconfianza. Se lo merecen. De hecho, lo inquietante sería que se confiase en todas estas instituciones.

Sin embargo, creo que la demonización de los sindicatos, tan apoyada por algunos, es muy pero que muy contraproducente.

En Estados Unidos ha habido una auténtica campaña antisindical, con apoyo de muchos políticos, de la prensa y de los economistas. El resultado ha sido un gran incremento de la desigualdad salarial. Además, la tasa de disminución de la sindicalización es paralela a la contracción de ingresos de clase media.

Fuente: http://thinkprogress.org/economy/2011/08/01/284143/study-deunionization-a-leading-factor-behind-increasing-income-inequality/

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Sobre los autores

Este Blog es obra colectiva del equipo técnico de Metroscopia. Los responsables de sus análisis y comentarios son , , Silvia Bravo, Susana Arbas, Mar Toharia, Marcos Sanz, Ignacio Urquizu, Antonio López Vega, Francisco Camas y Gumersindo Lafuente.

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Metroscopia combina la experiencia de su equipo profesional en estudios de la opinión de la sociedad española con una actitud de curiosidad permanente. Referente en sondeos políticos y estimaciones electorales, aborda investigaciones sobre todos los ámbitos de la vida social. Este blog aporta algunos de los datos públicos de estudios de Metroscopia, así como reflexiones sobre opinión pública en general.

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Pulso Social de España 2 (enero 2011-mayo 2012)

Pulso Social de España 2 (enero 2011-mayo 2012)

Toda realidad ignorada prepara su venganza», advierte Ortega en uno de los párrafos finales del «Epílogo para ingleses» de su Rebelión de la masas. Y no hay realidad que, en democracia y sobre todo en tiempos de crisis, resulte más arriesgado ignorar que la opinión pública. El objetivo de esta serie de estudios es poner a disposición general datos de opinión solventes, relevantes y acerca de una amplia variedad de temas. Porque cuanto mejor conozcamos nuestro estado de ánimo colectivo menor será el riesgo de tener que afrontar las consecuencias de haberlo ignorado.

Pulso de España 2010

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Intentando ser fiel a uno de los lemas orteguianos («vivir de claridades y lo más despierto posible»), el Departamento de Estudios de Opinión Pública de la Fundación Ortega-Marañón (FOM), con la colaboración de Metroscopia, y gracias al patrocinio de Telefónica, ha elaborado el presente "Pulso de España 2010", que aspira a ser el primero de una serie de informes periódicos sobre la realidad social española desde un planteamiento sosegado, independiente y plural.

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