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“No creo en las encuestas”. Mal empezamos... Es tanto como decir “no creo en los termómetros”. Las encuestas, como los termómetros, no son una cuestión de fe, pertenecen al mundo más humilde y pragmático de la medición. Si están bien hechas, son una herramienta para medir, y así describir, los estados de opinión de una sociedad en un momento determinado. Los datos están ahí y son los mismos para todos. Otra cosa es cómo se analizan e interpretan...

Cataluña y Escocia: realidades comparadas

Por: | 26 de septiembre de 2014

Cataluña Escoia

 Autor: Antonio López Vega*

Estos días, numerosos observadores están llamando la atención sobre el efecto que el “No” en el referéndum sobre la independencia de Escocia puede producir en Cataluña. Algunos se afanan en mostrar que nada tiene que ver una situación con la otra, aunque, como siempre, si se analizan las cuestiones con cierta distancia, la realidad es mucho más compleja y diversa de lo que a priori parece y las respuestas casi nunca suelen ser categóricas.

En términos históricos, la Monarquía Hispánica que alumbró el reinado de los Reyes Católicos y que llegaría hasta la muerte de Carlos II en 1700 era, como ya explicó John Elliott, una Monarquía Compuesta similar a la británica. Es decir, aunque compartían un mismo monarca, los diferentes reinos y territorios que la componían tenían sus propios ordenamientos jurídicos, fiscales e institucionales, independientes unos de otros, de manera que el rey necesitaba del entendimiento con las clases privilegiadas de cada reino para gobernar –lo que solía conllevar el reconocimiento de privilegios locales-. Escocia, que había sido un reino independiente desde el siglo IX, no vio unido su destino al de Inglaterra hasta 1603, cuando Jacobo VI heredó ambas Coronas.

En el nuevo orden internacional surgido tras la paz de Westfalia (1648), las Monarquías Compuestas fueron modificando su constitución para adaptarse al nuevo escenario en el que la Francia de Luis XIV ejerció la hegemonía. Así, Inglaterra y Escocia acordaron en 1707 la Union Act, por la que nacía el Reino Unido de Gran Bretaña: se integraba el parlamento escocés en el inglés y se fomentaba la incorporación económica y cultural escocesa en la inglesa, si bien, al mismo tiempo, Escocia conservaba, además de su propia Iglesia (presbiteriana reformada), buena parte de sus leyes e instituciones, su propio sistema de educación, tradiciones y fiestas distintas, o regimientos militares separados dentro del ejército del Imperio Británico. Por su parte, la Monarquía Hispánica, sumida en una profunda crisis de todo orden, se vio envuelta en una Guerra de Sucesión que duraría quince años y que fracturaría sus Reinos y territorios en partidarios de los Austrias y de los Borbones. En este sentido, no deja de ser sorprendente que al inicio del proceso que actualmente estamos viviendo en Cataluña, algunas personalidades relevantes –incluso historiadores- hayan tratado de hacer ver la Guerra de 1700-1714 como una guerra de secesión y no como lo que realmente fue: una guerra dinástica en la que, finalmente, los intereses de la dinastía Borbón se impusieron sobre los de los Austrias. Llegados a este punto, la posición Austracista de los territorios de la Corona de Aragón hizo que Felipe V aboliese sus leyes e instituciones propias mediante los Decretos de Nueva Planta –medida que, por otra parte, era correlativa, en cierto modo, a las que aplicaban otras monarquías europeas, no solo la británica aquí tratada, también la de los Habsburgo, entre otras.

Terminada la Guerra de Sucesión, los Borbones impulsaron el modelo centralizador y burocratizado que caracterizó el XVIII español y cuyo cénit fue el reinado de Carlos III. Fruto de las políticas reformistas de sus ministros ilustrados, aquella centuria fue un siglo positivo para el desarrollo de España y, muy especialmente, de Cataluña –sobre todo a partir de la paulatina liberalización del tráfico comercial con América-. Escocia también asistió a un siglo XVIII enormemente beneficioso. Sin embargo, mientras la elaboración literaria de la identidad posterior a 1707 supuso la redefinición de una identidad dual –escocesa y británica-, este fue un período de “invierno” para el catalanismo –imagen empleada por Prat de la Riba para expresar el retroceso de las manifestaciones culturales e identitarias catalanas en ese tiempo-.

Con el cambio de siglo, la crisis del Antiguo Régimen dio paso al liberalismo político que hizo de los súbditos ciudadanos libres e iguales ante la ley, con independencia de su cuna o territorio de origen. Había llegado el Estado de Derecho Liberal, cuyo apogeo se vivió en la segunda mitad de la centuria. También a comienzos del XIX, el romanticismo, de una manera u otra, dio lugar a la irrupción de los nacionalismos tal y como los hemos entendido en los últimos doscientos años y en sus diferentes vertientes: legalistas, etnicistas o culturales.

Fue entonces cuando se asistió a un renacimiento de la cultura y lengua catalanas –a partir de la reinaxença-, un resurgir literario, historiográfico y de costumbres. En términos ideológicos, el catalanismo del XIX fue, en líneas generales, conservador, tradicionalista –tuvo una importancia fundamental el obispado de Vic- y, en lo económico, proteccionista –en defensa de aranceles que protegieran los productos catalanes-.

En Escocia, el desarrollo económico ligado a la revolución industrial, junto a la religión y a la aportación militar escocesa al Imperio, fueron factores decisivos para la consolidación de la integración de Escocia en el Reino Unido. Culturalmente, la Ilustración escocesa (David Hume o Adam Smith, entre otros), supuso una contribución sustantiva al pensamiento inglés y europeo. Con el siglo XIX, Walter Scott convirtió Escocia en la región romántica del imaginario británico. En lo político, la reina Victoria hizo, por ejemplo, del castillo de Balmoral su residencia de verano; la reina Isabel II, además de pasar largas temporadas allí, al casarse en 1947 hizo a su marido –Philip Mountbatten- duque de Edimburgo, ha residido oficialmente algún tiempo al año en esa ciudad e, incluso, ha presidido en diferentes ocasiones la Asamblea General de la Iglesia de Escocia; eso por no mencionar los diferentes primeros ministros de origen escocés, como, por ejemplo, Tony Blair o Gordon Brown. De esta manera, el triunfo de lo angloescocés en la realidad británica ha sido evidente a lo largo de los siglos XIX y XX.

Fue en torno a finales de siglo XIX cuando creció la pulsión del catalanismo político. La debilidad estructural del Estado español durante el siglo no ayudó a la consolidación y vertebración de un proyecto nacional cohesionado. Mientras, la industrialización catalana contribuyó al desarrollo de una sociedad urbana y burguesa. Las diferencias con otras regiones de España se fueron acentuando, y así, ya en el periodo de la Restauración, Valentí Almirall, siguiendo a Pi i Margall, defendió por vez primera de manera estructurada la opción federalista como la mejor para el encaje de Cataluña en España. Él estuvo entre los promotores fundamentales del Memorial de Greuges –o de agravios- (1885), que, tras una crisis dentro del catalanismo, se vio completado pocos años después por las Bases de Manresa (1892), de facto, el acta de nacimiento del catalanismo político conservador. La crisis de la conciencia nacional española que se desató tras el desastre de 1898 dio paso a la participación y reivindicación del catalanismo en la arena política.

En Escocia, al mismo tiempo, la industrialización produjo un cambio demográfico y social que hizo que sus problemas fueran, fundamentalmente, los problemas propios de este tipo de sociedad. Por el contrario, en Cataluña, aunque se trataba de una sociedad también industrializada, ese pulso político, en lugar de venir marcado por el socialismo o el laborismo –en sus diversas variantes-, estaría caracterizado, indefectiblemente, por el nacionalismo.  De esta manera, si el ritmo político escocés estuvo definido a lo largo de todo el siglo XX  por el laborismo (fue el partido más votado en 17 de las 20 elecciones generales celebradas en el Reino Unido entre 1922 y el fin de siglo), en Cataluña, tras la creación de la Lliga Regionalista en 1901, la alternancia de partidos no fue la propia del Turno (es decir, partido conservador-partido liberal), sino Lliga-partido conservador/partido liberal (en su caso, Lliga-partido republicano lerrouxista).

Paralelamente, en esos albores del siglo XX, el modernismo, y un poco más tarde, el noucentisme, que aunó cultura y política, plasmaron lo que era una realidad histórica: Cataluña como entidad propia y diferenciada. De entonces a hoy, en el contexto de uno de los grandes problemas de nuestra contemporaneidad, la vertebración territorial de España, la cuestión del encaje catalán en España fue, sencillamente, el factor decisivo.

* Antonio López Vega dirige el Pulso de España 2014 de Metroscopia con patrocinio de Telefónica  y de próxima publicación en Ediciones El País.

Foto de Albert Gea (Reuters)

Artículo en la web de Metroscopia

Hay 8 Comentarios

Bastante buen análisi. Pero el autor obvia, cuando habla de las luchas políticas en S. XIX, la gran importancia del movimiento obrero catalán, sobretodo representado por el anarquismo (CNT). La lucha nio fue solo en el clivaje oprigen, sinó también (dentro de catalunya) de origen social. Obviar esto es un grave error. La lucha obrera en Catalunya fue de primer ordren (semana trágica, el pistolerismo, bombardeos a la ciudad de bcn,...)

La única vez que me ha gustado ir a lo de "pasión por el fútbol". Ay tunantes, ya os enfrentaréis al Atléti, ya.

Se comprende la desazón de quienes se han imaginado por encima de la realidad personal de mucha gente.
Gente sencilla, familias normales.
Que buscan afirmar su idiosincrasia, su cultura y su identidad, pero que para nada quieren poner en riesgo ni romper su normalidad diaria.
Ni comprometer su futuro con adivinanzas y propuestas en estos tiempos de frenazos económicos.
A nivel mundial.
Con un mundo globalizado e interrelacionado, a todos los niveles, donde la gente se siente democrática, sensata, colaboradora y participativa.
Paro para nada quiere meterse en camisas de once varas donde no se ve el final del túnel.
Con los pies en el suelo.
Las familias, y las personas mayores con sus casas y sus patrimonios de toda la vida.
Las aventuras y los inventos si se hacen, como mucho solo con gaseosa.
No con nuestro futuro.
Que se ha de explicar todo, y no solo la fachada.
Sin mezclar las churras con las merinas, una cosa es la identidad, la lengua, la cultura y el derecho a ser y sentirse respetados, y otra muy diferente es iniciar un salto al vacío
sin contar antes con los recursos y los desencuentros que nos jugamos en el envite.
Para seguir después en el mismo sitio.
Primero hay que decir todo lo que se esconde detrás de la ilusión de marcharse del solar patrio, y luego si se quiere preguntar con la responsabilidad de comerse el marrón llegado el caso.
Siguiendo estando en el mismo sitio al este del río Ebro.


Yo no veo que sean comparables, en absoluto. Además allí no hay los odios que se han generado aquí. Miren este artículo llamado "El odio a Cataluña": http://goo.gl/wCqRW1

He seguido de cerca el voto escoces por que tengo amigos escoceses que han votado por el SI. Lo de Cataluña es diferente ¿por que ?.
Nunca en la historia de Cataluña ha sido una nación independiente, esto quiere decir que nunca los catalanes han existido como nación ni dentro de fuera.
En cambio los escoceses SI formaron parte de Inglaterra por voto y se votaba volver a la situación inicial.
A partir de esto todo lo que hace el gobierno catalán es ilegal y la ilegalidad no esta reconocida por ninguna nación que se estime democrática INTERNACIONALMENTE.
Volviendo a Escocia cuando salió el NO, los que votaron por el SI lo aceptaron porque era un referéndum democrático y sobre todo LEGAL.
Este tipo de comportamientos de la autonomía catalana es propio de países tercermundistas en vías de desarrollo lo vemos en África principalmente.

Realidades comparadas: Escocia le ha dado al mundo el whisky, Sherlock Holmes, Adam Smith, Robert Louis Stevenson, Sean Connery, Walter Scott, James Watt, James Clerk Maxwell, Alexander Fleming, la oveja Dolly, el monstruo del Lago Ness, David Hume, Mark Knopfler, Livingstone, Alexander Graham Bell, etc, etc, etc. De catalanes universales sólo me viene a la cabeza Dalí, que fue franquista.

Sean o no parecidas, lo cierto es que despues de las elecciones parece que nuestros politicos siguen igual

http://alicantegusta.com/actualidad-de-alicante/1-actualidad-de-alicante/1215-y-por-fin-llego-el-dia-de-no-si-no-es-representativo.html

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Este Blog es obra colectiva del equipo técnico de Metroscopia. Los responsables de sus análisis y comentarios son , , Silvia Bravo, Susana Arbas, Mar Toharia, Marcos Sanz, Ignacio Urquizu, Antonio López Vega, Francisco Camas y Gumersindo Lafuente.

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Pulso Social de España 2 (enero 2011-mayo 2012)

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Toda realidad ignorada prepara su venganza», advierte Ortega en uno de los párrafos finales del «Epílogo para ingleses» de su Rebelión de la masas. Y no hay realidad que, en democracia y sobre todo en tiempos de crisis, resulte más arriesgado ignorar que la opinión pública. El objetivo de esta serie de estudios es poner a disposición general datos de opinión solventes, relevantes y acerca de una amplia variedad de temas. Porque cuanto mejor conozcamos nuestro estado de ánimo colectivo menor será el riesgo de tener que afrontar las consecuencias de haberlo ignorado.

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Intentando ser fiel a uno de los lemas orteguianos («vivir de claridades y lo más despierto posible»), el Departamento de Estudios de Opinión Pública de la Fundación Ortega-Marañón (FOM), con la colaboración de Metroscopia, y gracias al patrocinio de Telefónica, ha elaborado el presente "Pulso de España 2010", que aspira a ser el primero de una serie de informes periódicos sobre la realidad social española desde un planteamiento sosegado, independiente y plural.

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