Sesión de control

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 27 jun 2012

4642915654_4fbb595e20

El concepto "sesión de control" al Gobierno no existe con tal literalidad ni en la Constitución Española, ni el Reglamento del Congreso de los Diputados. Es una expresión que se deduce, y puede derivarse, del artículo 66 de la Constitución que dice textualmente: “Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución”.

Es evidente que el principal control a la acción del Gobierno debería ser, especialmente, sobre el comportamiento, visión y actuación del presidente del mismo. Pues a pesar de esta conclusión, que se nutre del sentido común, el actual Reglamento no obliga al Presidente a responder ni a comparecer personalmente en las sesiones de control que tienen el formato de preguntas orales. Se trata de respuestas del Gobierno, no específicamente del Presidente aunque sean dirigidas a él, como sucede en otros parlamentos. Y su presencia se debe a una costumbre parlamentaria que puede ser obviada en cualquier momento. El Reglamento, a pesar de haber recibido modificaciones puntuales a lo largo de varias legislaturas, sigue teniendo su arquitectura casi intacta desde 1982, cuando fue aprobado. Y su configuración es más propia de un sistema presidencialista que de uno parlamentario.

Por ello, en caso de mayoría absoluta de un grupo parlamentario, por ejemplo, el Gobierno no tiene prácticamente ninguna obligación de responder, a través del Presidente, en casi ninguna circunstancia salvo la inevitable moción de censura. El Gobierno sí que está obligado a comparecer en determinados supuestos, como después de un Consejo Europeo, porque así lo establece la Ley por la que se regula la Comisión Mixta para la Unión Europea.

Hoy hay sesión de control. Rajoy responderá, por este orden, a las siguientes preguntas:

1. ¿Qué acciones piensa emprender el Gobierno para compensar a los afectados por el fraude masivo al ahorro con productos tóxicos, como preferentes? (Alfred Bosch, de ERC, del Grupo Parlamentario Mixto).

2. ¿Qué medidas va a proponer en el Consejo Europeo de esta semana para impulsar el crecimiento y la creación de empleo? (Josu Iñaki Erkoreka, del Grupo Parlamentario Vasco).

3. ¿Qué posición va a defender en el próximo Consejo Europeo? (Alfredo Pérez Rubalcaba, del Grupo Parlamentario Socialista).

Previsiblemente, y a pesar del valor político y el interés social de las preguntas y las consiguientes respuestas, es muy probable que la sesión de control acabe con un cruce de declaraciones escleoritizado y jibarizado en el famoso y primario corte televisivo de 10 segundos por intervención. Así los retos (y sus debates) se convierten en muecas y frases huecas.

No me cabe ninguna duda de que, en el hemiciclo, flotará en el ambiente la última encuesta y estudio de opinión pública publicada que asegura, nuevamente, que la ciudadanía suspende a las instituciones democráticas y que el 62% cuestiona a los responsables públicos. Cifra que llega al 70% cuando se trata de responsables políticos. Cada sesión de control puede contribuir -o no- a reducir esta brecha de desconfianza o a aumentarla.

A pesar del interés objetivo de los temas y del coste social y democrático que una determinada práctica política y parlamentaria tiene sobre el estado de ánimo cívico, es muy probable que esta sesión no contribuya ni a clarificar nuestra posición en el próximo Consejo Europeo ni a mejorar la percepción pública sobre la vida parlamentaria. Justo cuando más necesitamos debates vitales, debates propositivos y búsqueda honesta de puntos de encuentro y soluciones de amplio consenso, la aritmética electoral y un incuestionable resultado electoral del pasado #20N dejan al Parlamento con sordina. Anestesiado, y casi amordazado, como vemos en el tema de las comisiones de investigación.

La mayoría absoluta actúa como un placebo peligroso. Que sea tan fácil pasar cualquier “escollo” parlamentario no garantiza que se pase bien, evidentemente, y puede conformar a la mayoría de turno a confundir ideas con números. Legitimidades con botones de votación. Debates con trámites. Y así, aunque pasen “sin problemas importantes”, vamos dejando jirones democráticos en cada cómoda decisión. Lo confortable se ha convertido en el principal peligro para nuestra calidad democrática. La previsibilidad inhibe la calidad y la intensidad.

Por ejemplo: en esta legislatura, el Gobierno ha utilizado en muy pocos meses 19 veces la figura Decreto-Ley (DL). La media de las nueve legislaturas democráticas anteriores es de 50 DL (salvo la constituyente, con 63). Se podrá argumentar que la gravedad de la crisis y la  necesidad de tomar las medidas urgentes para las que el ejecutivo está legitimado justifican esta vía. Pero con los mismos argumentos de urgencia y gravedad podrían justificarse otras prácticas parlamentarias y políticas más inclusivas, integradoras y unitarias. La vía del DL, junto con la alergia que parece tener el Presidente a comparecer a petición propia en el Congreso, dibujan un escenario preocupante. Sin preguntas, sin ruedas de prensa y sin debates (como el del Estado de la Nación), el Gobierno toma la decisión de no aprovechar el Parlamento como un escenario para la pedagogía y la acción política, sino como un trámite democrático, engorroso y latoso que hay que superar rápidamente o evitar, si se puede. De ahí a la supresión por comodidad o urgencia solo hay un pasito.

Aunque hay otro camino: aprovechar el enorme potencial movilizador de conciencias democráticas que tiene la tribuna parlamentaria y la sociedad-red. Necesitamos gobiernos, claro está, pero más necesitamos aún que el conjunto de la ciudadanía se implique en la gobernabilidad. Justo lo contrario de lo que sucede ahora. Damos la espalda a las instituciones y estas se encierran todavía más en su bucle reverberante. La brecha crece.

Hay discursos en sesiones de control que, gracias a la red y a su difusión primero en YouTube e inmediatamente en las redes sociales, adquieren viralidad, lo que hace que sus contenidos, los políticos que los protagonizan y sus palabras y gestos alcancen gran visibilidad. Existen numerosos ejemplos, como el de Daniel Cohn-Bendit, eurodiputado verde, famoso por su discurso en el Parlamento Europeo, ya en 2010, sobre la ayuda económica a Grecia por parte de la UE. O el de Nigel Farange, en el extremo opuesto y en el mismo parlamento, muy conocido por su vehemencia retórica y que, gracias a los vídeos que circulan por Internet, ha conseguido romper la impermeabilidad autista de la institución con los electores.

Pero donde la retórica y el simbolismo de los diferentes discursos -y a veces también la viralidad de sus vídeos- adquieren toda su importancia es en el Parlamento británico, donde se puede asistir a luchas dialécticas de primer orden, como por ejemplo en esta discusión entre Gordon Brown y David Cameron de 2007. O descubrir nuevos talentos políticos, gracias a intervenciones apasionadas o desacomplejadas como las de Christopher Lauer, del Partido Pirata alemán, en su sorprendente discurso en el Parlamento regional de Berlín, en enero de 2012.

La misión de los parlamentos no es ser divertidos ni entretenidos, sino útiles y representativos. Pero pueden ser a veces tan tediosos, e incomprensibles sus lógicas y sus reglamentos, que inhiben el espíritu de la política. Tan aburridos, a veces, como necesarios e insustituibles. Si a ello se añade la previsibilidad que los contextos de mayoría absoluta comportan, el escenario de desconexión está servido. Se trata de no reducir la comunicación política a este formato exclusivamente, demasiado encorsetado que pasa también después por el túrmix estereotipado de la mayoría de los medios de comunicación. Explorar las alternativas de un uso inteligente de las plataformas audiovisuales por Internet y las redes sociales permitiría “sacar” al Parlamento del hemiciclo y favorecer el reencuentro con los lectores-electores. No hay otro camino, creo, si se quiere que las sesiones de control sean, quizás, algo más que un duelo, demasiadas veces estéril por limitado, pautado, desenfocado… y alejado.

(Fuente de la fotografía)

Hay 6 Comentarios

Después de haber leído el post, con más razón voy a pensar que la reforma que verdaderamente necesitamos en España es la de las instituciones pero, sin ninguna duda, también hay que cambiar algunas mentalidades.
Resulta paradójico que personas mayores de edad que tomamos nuestras propias decisiones tengamos que poner la confianza en otras que no han pasado ninguna prueba de aptitud, excepto la del propio partido, para que gobiernen nuestro país, cuando a lo mejor no confiamos la llave de nuestra casa al vecino más próximo al que conocemos desde hace 20 años, por muy buena persona que sea.
¿En qué momento el político elegido pierde de vista que es un servidor del pueblo y que tiene una responsabilidad que debe cumplir?… Pues en el momento en que el ciudadano no tiene conciencia de que cualquier decisión que se tome en el Senado o en el Congreso de los Diputados le afecta y no exige, o lo que es peor, decide no votar porque no se siente representado.
Partiendo de la sencillez de la lógica si un político vive de los impuestos de los ciudadanos debería tener la obligación de informar con total transparencia a través del Congreso o de los distintos medios de comunicación, de las decisiones que tome él o su partido, sobre todo si éstas afectan al futuro del país o al de los ciudadanos. Pero no solo eso también debería facilitar los medios para que cualquier persona pudiera comunicarles su acuerdo o desacuerdo y aportar ideas.
Está claro que aquello que parece lógico no se cumple entre otras cosas porque durante la transición legislaron a favor de los jueces, políticos, partidos políticos y demás autoridades… implicadas en el proceso y, claro está, lo hicieron barriendo para su casa, como vulgarmente se dice.
Tan apenas se depuran responsabilidades, no se les exige productividad, tienen privilegios exagerados, cobran sueldos desorbitados, mienten, no cumplen los programas electorales…
Sinceramente creo que algunos han hecho del juego de la democracia su medio de vida y poco más…
Y suma y sigue…


Ante la seguridad de que el legislativo, como los otros dos poderes, necesita refundación, mientras esta no se produzca, el universo de internet, interinamente, podría ayudar a ejercer de control. Mientras se utilizen los ucases, a manera de decretos-leyes, jugando de forma torticera, a mi juicio, con la mayoría absoluta, los lectores y participantes en los "post", pueden contribuir a llenar el vacío democrático.
Hay que aprovechar las intervenciones parlamentarias que merecen la pena, ponderando las "esgrimas dialécticas" que se produzcan, criticando y apoyando en su caso, nunca dar la espalda a las Instituciones. En ausencia de estas su vacío es aprovechado por discursos populistas, que desembocan o en idiocias o en nihilismos. Perniciosas las recetas que ambas situaciones nos proporcionen.
En Gran Bretaña, existe la "leal oposición al Gobierno de su Majestad", aquí, en nuestro país, se reproduce, a menudo, en las necesarias disputas políticas, la obra de Goya, en que dos paisanos se "lían" a garrotazos, tanta es la inquina y los malos modos que emplean en los debates, que las palabras se convierten en instrumentos para acabar con el contrincante.
Los que creemos en el voto, vindicamos que plataformas serias como el 15M, se organizen y elaboren un programa para presentarse a las elecciones democráticas. Hacer ascos a esta posibilidad pienso que puede coadyuvar a que más pronto que tarde se vayan disolviendo. Si creen en la razón y en la progresividad moral de las personas, como los mejores instrumentos para lograr una sociedad más justa, no existe otra fórmula distinta para conseguirlo que participar en el juego democrático.
También la red de internet ejerce un cierto control serio sobre la política regional y mundial, "bromas" aparte de algunos "dinamiteros" que con su "bisutería" dialéctica trufada de maximalismos intentan vender "la piel del oso antes de cazarlo", entre otras "lindezas".

Si la Sesión de Control es un desControl, con las huestes palmeras impuestas por disciplina, y un todo proclamado "Y tú más" ... lo que expresa Antoni en esperanza de democracias operativas, intereses generales, participación, y demás asuntos del "controlar la acción del Gobierno" ... jejeje ... queda en papel-mojado, mucho dinero y poder desplegándose en repetideras y ya ven, del Milagro Español al Desastre Español.
:
Quiero ser Alemán, y sentirme con un subidón de confianza para pasar de ser un español rescatado a un europeo de primera muy rescatador.
:
La Constitución dice que sí que el Parlamento está para controlar la acción del Gobierno, la cosa-patética es que no dice claramente lo que es controlar, y acepta "barco como animal acuático" en una España desCONTROLADA, o controlada con el ordeno y mando los poderes todos a un "rebujo" de manoseo total, y siempre discutible en el ámbito del "y tú más, y si te he visto no me acuerdo".
:
Quiero ser Alemán !!

Al Sr. Rajoy le sobra el parlamento, la constitución y una mano, para gobernar este país.Esta afirmación no es gratuita, solamente hay que revisar sus comentarios escritos en el Faro de Vigo, para ver su "catadura democrática". En España tenemos la mala costumbre de querer regularlo todo con procedimientos y protocolos; "todo lo que no está escrito" no tiene recorrido legal.A los españoles nos falta tradición democrática. Por mucho que se modifique la constitución o se desarrollen sus articulos, la vida parlamentaria no mejorará. A los parlamentos autonómicos,español y europeo, les pasa lo que a los bosques, "cuando un árbol se cae, no mete ruido". Esa falta de confianza de los ciudadanos en sus instituciones, viene de ese vacio provocado intencionadamente por nuestros póliticos. Saludos

!Qué bien ¡ ya nos hemos enterado de lo que dice la Contitución. Ahora sólo falta que nos lo creamos...
Hace unos meses un alumno me dijo " pero...ésto es sólo para el exámen ¿no?... por que no es verdad lo que dice ahí...." , y a lo mejor tenía su puntito de razón..

una preguntita... quién controla a los que controlan...? si están todos más salidos de madre, padre y jesús mio de mi vida. los q nos controlan están totalmente descontrolaos. y encima con esos humos de reinona nueva rica.

Publicar un comentario

Si tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor Inicia sesión.

Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal