Los actos políticos del futuro

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 10 jun 2013

Sillas

La liturgia política languidece. Este es otro de los síntomas que, inequívocamente, refleja el agotamiento (cultural y estético) de la oferta política tradicional. La escenografía política habitual de los actos públicos transforma a los participantes en figurantes y la jerarquización de los espacios (en el escenario y en el auditorio) consolida las nomenclaturas del poder. La mayoría de los actos políticos son incapaces de crear una atmósfera memorable y de fuerte contenido emocional que permita una implicación personal de quien asiste. Sin diseño y planificación de la experiencia emocional presencial, estos actos están pensados para el corte mediático y el impacto asociado a la noticia o a su reverberación viral en redes sociales. Se pierde con ello una gran oportunidad: vivir las ideas.

Pasar de la audiencia (mediática y digital) y la asistencia (presencial) a un concepto de protagonismo más coral y de comunicación creativa es un reto inaplazable. Se necesitan escenarios y escenógrafos… sí, pero se necesita −sobre todo− un público que sea algo más que decorado e indicador del aplausómetro. Crear las condiciones para que esto sea posible es parte de los nuevos desafíos que debe abordar lo político para recuperar las sensaciones de lo público. Estas podrían ser algunas pistas.

1. La música.
Las canciones políticas han sido sustituidas por sintonías electorales. Sin letras, música y cantantes, sin coro político no hay clima político. Todas las revoluciones han tenido sus músicas y sus canciones. Sin ellas no hay comunión, ni comunidad. El agotamiento acústico de algunas de estas sintonías es parte del cansancio de marca que padecen las grandes formaciones políticas. Lo mismo sucede con las imágenes, la señalización y las pantallas. La previsibilidad (y obsolescencia) de la mayoría de las propuestas acaban imponiéndose al mero cambio de look gráfico renovado. Lo que está agotado es la estandarización.

 

2. El nombre. El combate se reproduce y recrudece en las denominaciones de marca. El término y concepto «partido» retrocede en términos de atractivo frente a la diversa variedad de otros nuevos nombres: plataforma, alternativa, unión (y unidad, unidos, unida/o), compromiso, foro… Pareciera que todas las ofertas políticas emergentes recelan de la marca «partido» (aunque lo sean), conscientes de que la demanda social empieza a cuestionar la exclusiva ecuación «política = partido», y buscan, en sus nombres, estéticas y escenificaciones de nuevas liturgias. Lo mismo pasa con «jornada», «acto» y «mitin»… que reculan frente a taller, encuentro, festival, quedada, TED’s, maratón… y pronto llegarán el hangout y el hackathon políticos como soluciones de presencia y participación que estimulan lo activo frente a lo pasivo, alejándose de lo meramente espectador.

3. El espacio. La búsqueda de espacios nuevos, de fuerte contenido cultural, que reflejen mejor la nueva pulsión de cambio social, es parte de las opciones: fábricas, naves, garajes, lab’s, mataderos, cafés, plazas públicas… Todos ellos pueden ofrecer alternativas simbólicas a los auditorios, salas y palacios. El diseño del espacio es comunicación pura. Escoger (y optar) por otros espacios (que no priman el concepto de escenario y auditorio) es básico si se quiere romper inercias y esquemas prefijados de lo que va a suceder, cómo y por quién va a ser protagonizado. La elección del espacio es crucial para alterar la concepción litúrgica (oficiantes oficiales para público oficialista) que reserva el protagonismo (y el tiro de cámara) al liderazgo orgánico.

4. La distribución. ¿Qué disposición, del espacio y sus recursos, según el tipo de acto y para qué actividad de las personas que asistirán? Esto es lo decisivo. Evidentemente, las expectativas de asistencia condicionan espacio y distribución, pero casi siempre es posible ofrecer otras soluciones cuando lo que se persigue es el compromiso y la motivación. Y cuando se desea trasladar la percepción de que cada persona es importante, que su presencia no es anecdótica o secundaria, y que su participación (en formatos y posibilidades diferentes) es básica para el éxito del encuentro y su vivencia emocional. Las soluciones basadas en la tecnología móvil son opciones cómodas, baratas y prácticas que consiguen, en parte, estos objetivos.

Hay un debate creciente, entre algunas fuerzas políticas, sobre cómo organizar la actividad política en el espacio público para conseguir una renovada vinculación por compromiso y participación, no simplemente por la mera asistencia. El itinerario antes-durante-después, así como la personalización de la conversación entre promotores y participantes, creando auténticos entornos de cooperación, pueden ser pistas decisivas para repensar la praxis política.

Existen, también, propuestas estimulantes que exploran estos caminos, como el sitio Actipedia que es una base de datos generada por los usuarios de activismo creativo. Un lugar para leer, comentar y compartir experiencias y ejemplos de cómo los activistas y artistas están usando tácticas y estrategias creativas para ofrecer visiones de una sociedad mejor.

En definitiva, hay que diseñar eventos inspiradores, que motiven a hacer más, participar más, crear (y creer) más. El objetivo es pasar de asistente a activista, de espectador a actor, de observador a ciudadano comprometido. Creando, además, fuertes vínculos para el trabajo político en comunidad. El tránsito «nuevos actos para nuevos públicos y redes» es crucial, si se quiere nueva política y otros modelos de partido

Fuente de la fotografía

Hay 6 Comentarios

En esta encrucijada que sufre España a raíz de los acontecimientos provocados por el caso Bárcenas, hace presumir la creciente sospecha que la cúpula del Partido Popular está seriamente comprometida. Y esta trama sospechada de los altos dirigentes políticos y sus conexiones con industriales también sospechados y además, sumando la sospechada actuación condescendiente de algunos jueces…, tramita la razón sobre la gran sospecha de una enorme Organización Criminal que bien se define lisa y llanamente como Mafia, con código de silencio incluido…
Lo lamentable es que la oposición de los otros partidos políticos se ha dedicado a poner bajo sospecha a toda la agrupación del Partido Popular y aquí está el error, porque se trata, supuestamente de un grupo que se ha adueñado de la estructura directriz y estos tienen nombre y apellido…
Y algunos nombres y apellidos “distinguidos”, repiten el mismo discurso sin decir absolutamente nada, como si no pasara nada y para colmo con mensajes para mentes infantiles, como si el pueblo español fuera tonto. Es decir, tal como hacen los chavales al ser sorprendidos en una travesura por sus padres y responden: -“… Si, pero Juanito rompió el jarrón de papá…- para distraer o eludir la atención hacia Juanito y que no lo castiguen por incendiar la casa…
Si se confirma y si es cierta la sospecha que tratamos, pues nada… esto no es simple corrupción o evasión de impuesto o tráficos de influencias, delitos contra Hacienda. Esto es la Mafia personificada… Y con la Mafia “… cosa verede Sancho que non credere…”
La sospecha entonces es tan grave como para interrogarse ¿Está en riesgo la democracia?, ¿Aun estamos en democracia?.-
Lo raro de todo esto es que el Rey no ha dicho, sobre este asunto, una sola palabra; ni siquiera algún portavoz de la Iglesia, tan crítica en el pasado, se pronuncia…

Muy buen artículo, sin duda alguna. Sería difícil explicarlo mejor.
Confio que la actitud de los votantes sea diferente en relación a los partidos, que se note un antes y después de la crisis (aunque nos queda mucho para dejarla atrás).
En cuanto a las personas que se dedican a la política, creo que tienen que cambiar radicalmente su forma de actuar. Se conseguiría mucho si se anulara el aforamiento, y si se hiciera una escuela de funcionarios. Pero en solo una idea, probablemente el problema sea muchísimo más complicado.

Buen artículo, Antoni.
La foto dice tanto que mejor no decir nada. El vacío de las sillas es el vacío de propuestas de los partidos para recuperar nuestra confianza. Han de salir a la calle y escuchar ellos.
Saludos

El pertenecer, simpatizar o simplemente ser votante de un determinado partido político ha requerido - hasta ahora - tener al menos un sentimiento de empatía de los ciudadanos con respecto a sus dirigentes . La imagen que daba un líder político en una campaña electoral , resultaba decisiva para su victoria, puesto que era esa la forma que hacía inclinarse a los votantes indecisos - no a los fijos por supuesto - hacia un lado u otro.

Ahora las caras públicas de los partidos causan pocas adhesiones y ninguna "pasión" . No era raro ver a fervorosas "fans" incondicionales llamar "guapo" a algunos de los expresidentes. Los actuales lideres,reciben un apelativo más cariñoso "chorizo" y más que quererles dar la mano, se requiere que las enseñen para ver lo "limpias" que las tienen.

Ante este panorama es necesario renovar la forma de acceder a la política para intentar atraer de nuevo a los cudadanos hacia ella. Las nuevas plataformas han sido la solución que han encontrado muchas colectivos para hacerse oír, pero no son personas desencantadas son personas desesperadas que han visto que los políticos se desentendían de sus problemas. Muchos miembros de partidos los desprecian - y no solo los del PP - Basta recordar la visita de Ada Colau al Congreso en la que numerosas señorías no se dignaban a mirarla y otros - entre ellos un socialista muy conocido - le volvían la espalda.

A sus señorías no les gustan los scraches, a sus señorías no les gusta ver a los ciudadanos cerca del congreso ¿como van a renovar los espacios políticos?

Internet - a través por ejemplo de twuiter - nos permite acercarnos - solo un poco - a nuestros representantes, pero a ellos nuestra proximidad parece causarles alergia cuando no repulsa. Repulsa que es percibida por los ciudadanos y que les hace sentirse cada vez más alejados. El sentimiento es de puro hastío.

No veo a los políticos por la labor de buscar ese reencuentro con las personas y su interés por los ciudadanos es directamente procorcional al porcentaje que subirán en las encuestas, ni más ni menos.

En EEUU llevan, así como, unos doscientos años haciendo mítines y campañas electorales. Se trasladan en autobús, tren, lo que sea, de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo. El que quiera aspirar a ser gobernador de un Estado tiene que pelearlo (Hay estados bastante más grandes que España). La campaña suele ser agotadora, y no lo hacen por dinero, como aquí, sino por el poder. Allí, los políticos, pasan de los negocios al poder político.
En España es otra cosa. El PSOE hace un mitin electoral en la plaza de toros, y la llena. Cojonudo. Todos con las banderas del PSOE, los pañuelos rojos al cuello, fenomenal. Allí no hay ninguno que no vaya a votar al partido, excepto los medios que cubren la noticia. Estamos llenando, Alfredo, la cosa va bien.
El PP organiza un mitin electoral en un pabellón de deportes. Todo lleno, a rebosar. Con las banderas del PP y españolas. La derecha es más española que los demás. Todos votan al PP, incluidos los medios que la cubren. Los postulantes nos cuentan la misma historia, la misma. Lo único que cambia es la diana a la cual dispara el que habla, pero las tonterías son las mismas. Uno piensa, ¿Para qué votar, dónde está la diferencia? ¿Se han ganado mi voto?
Por cierto, estoy de las musiquillas de los partidos hasta los mismísimos coj.....

Hola, amigos. Me parece positiva e inteligentísma la propuesta de Antoni. La comparto. Pero en este momento, solo voy a ofrecer el telón de fondo para los nuevos escenarios, durante bastante tiempo. Sobre un fondo negro, se leen unas letras blancas, a ser posible mayúsculas, que digan:
¿QUÉ H ACER CON MUNDO GOBERNADO POR MENTIROSOS, LADRONES Y ASESINOS?

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Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

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