Colegislar

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 01 oct 2013

«El Parlamento ante la crisis» ha sido el título de las XX Jornadas de la reputada Asociación Española de Letrados de Parlamentos, celebradas en el Senado los pasados 25, 26 y 27 de septiembre de 2013. Las Jornadas bien habrían podido llamarse, también, «La crisis del Parlamento», ya que la crisis de legitimidad y confianza que se cierne sobre toda nuestra arquitectura institucional tiene en el poder legislativo un punto crítico. Los datos son incuestionables. El encuentro se celebró, además, en la Cámara Alta que está permanentemente cuestionada, desde la crítica a su rol hasta la incomprensión de su existencia. El Senado zozobra, por indefinición, entre quienes proponen su reforma (en el marco de una reforma constitucional de mínimos o más ambiciosa), y los que proponen suprimir directamente esta segunda Cámara. Y, en medio, en un desierto demoscópico devastador, se abre el más duro −y muchas veces injusto− desdén.

Coincidiendo con estas Jornadas, y tomando un hipotético relevo alternativo desde la sociedad civil, una potente alianza* de organizaciones sociales en favor de la transparencia ha puesto en marcha una sugerente y pedagógica iniciativa política: Senado Transparente, se llama. Presentada, precisamente, el 28 de septiembre pasado, Día Internacional del Derecho a Saber.

La iniciativa consiste en buscar el contacto directo, one to one, con los senadores para hacerles llegar −de nuevo− más argumentos, si cabe, para enmendar la Ley de Transparencia aprobada por el Congreso de los Diputados, tras una larga tramitación parlamentaria que contó, además, con una serie de comparecencias públicas entre las que no estuvieron, lamentablemente, las principales asociaciones en favor de la transparencia en España. Esta Ley es considerada por muchos como una Ley que llega tarde, poco ambiciosa, limitada y restrictiva. La OSCE, en su Informe sobre la Ley, la califica de cosmética. Y se aleja de los 10 principios de la Coalición Pro Acceso basados en los estándares internacionales en la materia.

La iniciativa ciudadana Senado Transparente quiere poner luz y taquígrafos a este último proceso legislativo (el del tramo final en el Senado) para dejar en evidencia (positiva y negativa) a los senadores que aceptan discutir los argumentos y a los que no. Las discusiones buscan fórmulas mixtas de encuentros presenciales y online. Incluso, algunos senadores aceptarán la restransmisión en streaming de las reuniones. La Institución y los partidos representados en ella, en vez de mirar condescendientemente la iniciativa y sentir como latosa e inoportuna su propuesta, deberían estar agradecidos porque alguien −solvente− muestre interés por su trabajo y que, además, quiera aportar y contrastar opiniones y argumentos.

Se trata de explorar nuevas fórmulas para establecer contacto directo con nuestros representantes, y de una alternativa complementaria a las comparecencias legislativas, demasiadas veces encapsuladas en tiempo y forma, sin capacidad verdadera de discutir con nuestros representantes, para convertirlas en el juego −demasiadas veces así percibido− de apariencias y equilibrios entre las fuerzas políticas parlamentarias. Hay que seguir empujando con este tipo de iniciativas para ir, cada vez más, hacia Parlamentos Abiertos.

La mayoría parlamentaria actual, así como el estrecho margen de acuerdos políticos y técnicos sobre el texto articulado no permiten esperar cambios en la Ley durante su paso por el Senado. Pero esta iniciativa merece atención política y mediática: la colegislación se abre paso, con fuerza, como una energía democrática que permite legislar desde la legitimidad política representativa, y la legitimidad política de los expertos y asociaciones del sector, así como del conjunto de la ciudadanía.

Hace meses publicaba, en las páginas impresas de este diario, un artículo con el entusiasta (¿demasiado?) título de «Queremos legislar». Decía (perdón por la cita): «Se impone una renovada alianza entre representantes y representados que supere −profundice, mejore, aumente− la legitimidad por delegación de la arquitectura democrática actual, construyendo gobiernos y parlamentos más útiles, gracias a la cooperación pública». Y afirmaba: «¿Por qué no vamos a utilizar todo el talento disponible en nuestra sociedad para legislar, por ejemplo, favoreciendo la apertura de datos, su accesibilidad, usabilidad y reutilización, con el objetivo de crear ecosistemas públicos para resolver problemas complejos?»

Hay que ir todavía más allá. Nuestros parlamentos son cercados −la otra forma de rodear el Congreso− por un nutrido y eficaz lobby económico y social (pendientes de legislación, también) que articulan los intereses de nuestra sociedad frente al regulador. Este círculo de influencia es, junto a la opinión compartida (la nueva forma que adopta la opinión pública en nuestra sociedad), un líquido amniótico democrático de conocimiento y argumentos, de datos e informaciones, que podría revertir en la sociedad en forma de datos abiertos, también, a los que sumar los de las iniciativas parlamentarias. Los parlamentos son Big Data en potencia... y no pasan del Boletín Oficial.

Precisamente, hace un par de días, Evgeny Morozov en su artículo «Regular la batalla por la información», también publicado en EL PAÍS, aseguraba: «Si tuviéramos que rehacer nuestra estructura de información partiendo de cero, nos daríamos cuenta de que el sistema del que disponemos actualmente se presta muy mal a la competición. ¿Cómo podríamos hacer las cosas de un modo diferente? Una opción podría ser la de manejar el 'gráfico social' (nuestras muchas conexiones superpuestas con otra gente) como una especie de institución pública, con reguladores estatales que aseguren que todas las compañías tienen igual acceso a esa información crucial».

La iniciativa Senado Transparente es un ejemplo pedagógico de lo que podemos hacer para colegislar en parlamentos abiertos en beneficio del interés común (y del bien común). Articulando legitimidades, evitando la descualificación −y el desdén mútuo− para conseguir prácticas y cultura de participación basadas en una exigente cultura de la transparencia y del dato abierto.

PD: Si eres senador y has recibido una petición de estas organizaciones, responde, por favor. Es lo mínimo. Quieren −y tienen derecho− a que se les escuche. Representar es escuchar. Es la primera condición. Sin ella, no hay nada.

 

* Alianza que impulsa la iniciativa
Access Info Europe. http://www.access-info.org/
Fundación Ciudadana Civio. http://www.civio.es/
Qué hacen los diputados. http://quehacenlosdiputados.net
Open Knowledge Foundation-España. http://es.okfn.org/
OpenKratio. http://openkratio.org/
Proyecto Avizor / CIECODE. http://unmundosalvadorsoler.org/ciecode/avizor/

 

 

Hay 3 Comentarios

Tecnicamente muy interesante el artículo, tal vez incluso demasiado técnico para el común de los blogueros incluido yo. Lo que me pregunto es si no peca de utópico en los tiempos que corren y más cuando hablamos del Senado, institución que se debate entre la necesidad de su existencia, su mero papel protocolario,su obsolescencia crónica y su coste disparatado. No se si veo yo a estos insignes próceres pegados al ordenata con sus luengas barbas blancas desparramadas por el teclado o enredadas en el cable del ratón. Si los partidos creasen departamentos de análisis de propuestas, quejas, denuncias, ideas que verdaderamente fuesen estudiados por cualquiera de los miles de parados capacitados para hacer una preselección de los más importantes o más repetidos a los diputados de la cámara baja conseguiríamos alguna cosita, pero con los senadores a los que se la pela hasta el defensor del pueblo no se yo. Todo el ritual desde que salen de su casa recogidos por coches oficiales, toda la parafernalia de acceso al senado primando más la solemnidad del acto que su efectividad me parece tan anacrónica como ridícula, espero que por lo menos el vino español y los canapés de caviar que se sirven tras las sesiones sean de su agrado ya que las pagamos nosotros.

Una paradoja: como dice Paloma, los políticos que hay tienen dificultad para entender las ventajas que supone fijar prioridades y tomar posición valiéndose del trabajo de los ciudadanos como crowdpolíticos. Les podemos ayudar pero no se enteran. Piensan que queremos incordiar. Que los mayores saben lo que hay que hacer (no saben). Entonces la paradoja: cuando políticos "de los nuestros" tengan asientos, y usen el trabajo participativo bien organizado (no para tener followers), la nueva política se hará visible, se mostrará eficaz y los que van al parlamento a obedecer, pasarán a la historia. Bueno, que alguien monte un partido 2.0 para poder votarlo.

Toda iniciativa ciudadana en pos de intentar mejorar la transparencia de nuestro sistema es bienvenida, pero creo qué esta a la que se refiere el artículo, tiene muy buenas intenciones, pero pocas perspectivas de llegar a algo concreto. Por mucho entusiamo que pogan sus impulsores y que los ciudadanos inunden a los senadores con sus consultas e iniciativas, me temo que sus posibles interlocutores se limitarán - salvo algunas honrosas excepciones - a dar largas al asunto. Mi experencia en ese sentido es negativa, ya que sus señorías no suelen "escuchar" las reclamaciones del ciudadano de a pie. He participado en muchos blogs de políticos en los que te invitaban a hacer sugerencias y luego pasaban olímpicamente del tema.

No obstante, si alguno de los participantes obtiene una respuesta "práctica" a su intervención, la propuesta ya habrá merecido la pena.

Un saludo,

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Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

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