Tarjetas de crédito y descrédito de la política

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 11 oct 2014

Estaban ocultas en la cuenta de «quebrantos». Concepto que identificaba las pérdidas de dinero por las «visas robadas». La auditoría interna de Bankia descubrió el ardid contable de las tarjetas B bajo ese epígrafe indetectable. Tan opaco como perverso. Quebrantos. Otra metáfora tan grotesca como soez. ¡Vaya nombre paradójico! Los mismos que llevaron Caja Madrid a la quiebra, mientras seguían sangrando −hasta la última gota− a su propia entidad, y que han quebrado −definitivamente− la confianza de la ciudadanía en una manera de hacer política y en sus puertas giratorias.

Las cuatro acepciones del verbo quebrantar conjugan plenamente en este caso: 1. Romper, deteriorar algo. 2. Violar una ley, no cumplir una obligación. 3. Debilitar la salud o la fortaleza de alguien. 4. Profanar un lugar sagrado o entrar en él sin permiso. Lo hicieron todo. Sin rubor. Sin pudor. Sin perdón.

La exhibición obscena, en forma de la lectura de los 81.570 cargos en las tarjetas 'black' de Caja Madrid, no deja lugar a dudas: el deterioro ético iba en paralelo a la incompetencia técnica. O, precisamente, por ello, la incapacidad para gestionar eficientemente los recursos ajenos era la consecuencia de un desorden impropio y escandaloso. Porque a nadie se le escapa que el diseño de esta contabilidad oculta era parte de una degradación personal y profesional simultáneas, que les llevó a embriagarse de la peor de las vanidades: la impunidad.

El tiempo y la investigación judicial dibujarán todavía un cuadro más completo de lo ocurrido, que hemos conocido también gracias a la fiscalización ciudadana. Pero aparecen, con nitidez, cuatro consideraciones relevantes: un método, una complicidad, un estilo y un destino.

El método. No era una contraprestación por servicio alguno, sujeta, entonces, a contabilidad transparente, con sus retenciones y declaraciones formales. Eran, pura y simplemente, sangrías económicas asociadas al cargo. No respondían a trabajo, mérito o premio alguno. Era saqueo consentido.

La complicidad. El silencio cómplice, la permisividad y la impunidad se obtuvieron al generar un método capaz de corromper a personas que representaban o estaban vinculadas a todas las fuerzas políticas, a todos los sectores. Y, así, los que debían vigilar acabaron por mirar hacia otro lado mientras el grifo del cajero automático parecía inagotable.

El estilo. La variedad de los gastos, así como el carácter estrictamente personal de la mayoría de ellos, imposibles de asociar o justificar a representación institucional alguna, descubren unas prácticas que escandalizan hasta la náusea. No lo hemos visto todo, todavía. Mientras la Caja se desmoronaba, sus principales directivos no dudaban en gastar sin control y sin decoro. Su estilo de vida, fruto del uso discrecional y casi ilimitado de recursos, era incompatible con la función para la que habían sido designados. Una vez más: las formas son siempre fondo.

El destino. En 2012, el expresidente del Gobierno José María Aznar reveló que Rodrigo Rato rechazó ser su sucesor en dos conversaciones que mantuvieron en el año 2000, aunque afirmó que en el verano de 2003 le dijo que había «cambiado de opinión» y que quería «ser el candidato»; pero ya era tarde. En sus memorias, Aznar admite que Mariano Rajoy era su última opción para sucederle. Pero fue el escogido.

Ahora Mariano Rajoy deberá escoger entre la irritación compartida con la ciudadanía o la consideración que hay que tener entre colegas y viejos amigos. Como la que tuvo Luis De Guindos, quien −al recibir la auditoría de Bankia de manos de su actual presidente, José Ignacio Goirigolzarri, y conocer la implicación directa de la cúpula directiva (con Rodrigo Rato a la cabeza)− instó a Bankia a darles la oportunidad de devolver el dinero antes que el FROB remitiera el caso al Fiscal. Así lo hicieron, obteniendo quizá alguna ventaja judicial preventiva que no tuvieron otros titulares de las mismas tarjetas. Pero parece ser que con objeciones: se trataba de una devolución condicionada a que cuando se revisaran sus gastos y se apreciara que estaban justificados, se les reembolsara el dinero nuevamente.

La sociedad española, y en especial los clientes y trabajadores de Bankia, esperan con impaciencia las explicaciones de Rodrigo Rato para que nos ilustre como las copas, los bolsos, las fiestas y el efectivo son gastos justificables pendientes de reembolsar. En especial a qué dedicó los 1.000 euros que sacó del cajero automático apenas dos días antes del rescate de la entidad que, con dinero de todos, asumió el Estado. El quebranto es total. Total.

Hay 11 Comentarios

Un articulo muy informativo, solo que usais unos terminos muy especificos, supongo que será por mi falta de experiecia

Con la cantidad de familias y empresas que no tienen para poder atender un gasto imprevisto y necesario que tienen que buscar financiación para ello y el uso y abuso que se está viendo que se ha hecho durante tantos años resulta no sólo injusto sino indignante.

Da igual Caja Madrid, que Bárcenas, que Gürtel, que tarjetas Black, la sombra buitresca de Aznar planea sobre cualquier carroña.

Iranzo y Recarte son como Tom Swayer enfrentándose a Huck Finn, en la defensa de sus principios, pero con más, mucha más, sinvergonzonería. Para Tom los túneles de huída para sacar al negro Jim de su cautiverio se deben cavar con un cuchillo de cocina, porque en todos los libros de aventura ha leído que se hacía así. Cuando el cuchillo no funciona, opta por llamar cuchillo al pico, que, por fin, le permite cavar el túnel.
Para Iranzo y Recarte el despilfarro y la corrupción van unidos a lo público y a los políticos. Cuando les cogen a ellos, es que el pico se llama cuchillo. Y con la lencería que Iranzo compraba con la famosa tarjeta lo único que trataba es de tapar lo público, perdón, lo púbico ¿lo haría en el seno del consejo?

Aun resuenan en nuestras cabezas aquellas frases contundentes y culpatorias hacia la gente de la nómina mensual, dichas con la boca henchida.
Para sacar a España de la crisis, hay que trabajar más y cobrar menos.
Y decían amén todo los coros de las altas competencias, y con cara de convencimiento total.
A la gente normal que nos sentíamos la causa de todos los males por cobrar unos sueldo limitados, aquellas palabras nos hicieron un cargo de conciencia enorme, porque la culpa de todo era nuestra.
De nuestros sueldecitos mejor dicho.
O prestaciones del paro en bastantes casos.
Incluso alguna voz pública nos reprochó que las familias en paro se gastaban las ayudas sociales en comprarse televisores de plasma.
Los pobres.
Para matar el hambre viendo la tele se podría pensar, a ver que remedio.
Y ahora vemos la realidad de aquellos predicadores de la honestidad ajena, que en su caso particular el consejo lo entendieron a la inversa,
Que para salvar a España había que empezar por gastar el dinero ajeno a manos llenas, y cargarlo a pérdidas y robos de tarjetas.
Y aquí paz y después gloria.
En un claro ejemplo de solvencia inversa y buen hacer.
Claro que de esa manera, cualquiera es un lince jugando siempre con una enorme red debajo de los pies, y a cargo del común de los mortales.
El dinero público.
Que ya ahorran la gente asalariada con sus sueldos recortados para que otros puedan gastar como Dios manda.
Como aquel derecho de pernada del medievo.

Estupendo artículo que no se si servirá para empezar a cambiar de una vez el término Crisis por el de Estafa como corresponde. O seguimos lloriqueando por las esquinas mientras nos siguen dando por "Suiza" como "vaquitas que ríen"

Ya está hecho lo que había que hacer. Todos los relacionados con las llamadas en el argot interno de la institución "tarjetas de los miembros de los órganos de gobierno" han sido sacados en procesión con sus respectivos "sambenitos" para escarnio público. Es un antiguo rito medieval que luego la Santa Inquisición perfeccionó y que ha llegado a nuestros días para alimentar la necesidad social del escarnio como forma de purificación propia en cabeza ajena. La gente, a falta de otra cosa mejor, empleo por ejemplo, disfruta con el espectáculo de los "sambenitos", y no es para menos, amigo Rubí, no es para menos. Pero si no he entendido mal eres "un analísta político" y deberías exigirte algo más de lo que hacen algunos tertulianos desgraciados que ruedan por las televisiones percibiendo prebendas públicas y privadas por animar el cotarro de la purificación en la plaza pública que el Gobierno de la Nación ha puesto en marcha en una operación de corte chavista pro domo sua en la que incluso no duda en quemar "muertos" a algunos de los suyos para que el espectáculo gane en credibilidad. Espero de tí, que eres un "analísta político" que no te limites a describirnos las procesiones del santo oficio, eso ya lo hacen los tertulianos y el resto de la claque, y nos cuentes a que viene todo esto, porque supongo que tú, que eres un "fino analísta político" no creerás que nos hemos vuelto tontos y que es suficiente con animar al personal para que acuda a las calles con picas y látigos con los que flagelar y picotear a los procesionantes para aliviar así sus ansias justicieras. Un saludo.

Es como dice Rubí. Pero esto es un espejo moral. El hundimiento económico de Bancaja y Caja Madrid (que ahora son Bankia) se produjo por operaciones multimillonarias a las que sí habrá que perseguir con rigor y no con el alocamiento mediático y demagógico que tiene lo de las tarjetas, que llegará hasta donde llegará judicialmente, porque es feo irse de p*tas con el dinero del banco, pero posiblemente sea una falta menor en comparación con otras. Ojo al espejo, que no nos impida ver a realidad.

Un excelente resumen, Antoni, y una aplastante demostración de lo que puede la corruptibililidad del ser humano cuando se siente impune.

Mientras no estudiemos por qué en otros países europeos la corrupción y la inmoralidad políticas no proliferan como en el nuestro y apliquemos las mismas medidas y controles preventivos que tienen ellos, la desmemoria nos llevará a lo mismo en pocos lustros.

Habría que promover "stages" de jóvenes legistas y funcionarios públicos en esos países para estudiar esos mecanismos legales, políticos y sociales que les ayudan a prevenir la corrupción. Por que de lo que vayan a pactar el PP y el PSOE en esta materia no nos fiamos un pelo.

Estamos habituados a ver cómo se vota de nuevo a los mismos sin que sus escándalos de inmoralidad pública se recuerden.

Sólo tengo un "pero": quisiera saber si lo que dices de "personas que representaban o estaban vinculadas a todas las fuerzas políticas, a todos los sectores" es un lapsus generalizador o puedes probarlo con datos en la mano.

Por ejemplo, que yo sepa no hay nadie de UPyD en esta mierda de las tarjetas opacas, ni nadie de la magistratura, ni nadie de las fuerzas de seguridad del Estado, etc.

O es que tú tienes datos en sentido contrario?

Está bien ser críticos con los miserables, pero de ahí a meter en el mismo saco a todos los agentes de la "res publica" es reincidir en ese desafortunado y populista discurso de la "casta". Y no creo que esas amalgamas ayuden a la regeneración de la política, al menos si creemos en la necesidad de que las gentes honestas con vocación para la política no abandonen y los jóvenes que quieran dedicarse a ella (no los trepas camuflados) no renuncien a intentarlo.

En estos momentos, lo que mejor les cuadraría los corruptos es que se siga accionando el ventilador para que la porquería manche también a los que (héroes discretos) no han hecho sino trabajar por mejorar nuestro país en condiciones ingratas.

Me pregunto si algún día podrías dedicar tu columna a estas mayorías no contaminadas. Es una labor estadística, sociológica y "politológica" que está haciendo falta. Al menos a mí y a muchos nos levantaría un poco el ánimo.

No, es peor.Es el propio capitán y mandos que se hacen con el botín capturado del barco ante el inminente hundimiento.Pensando en refugiarse sin duda ,en las innumerables islas piratas cercanas.

Es como los ricos pasajeros de un buque a punto de hundirse,que permanecen dulcemente en sus lujosos camarotes sin querer ver la tragedia inmediata,ya que ellos están muy a gusto.

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Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

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