El CIS y el test de Rorschach

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 04 feb 2015

El test

El famoso test consiste en 10 cartulinas con manchas de tinta que, según las interprete, delimita cómo es la personalidad de un individuo, según estudió el doctor Hermann Rorschach a principios del siglo XX. La interpretación nace de la descripción. Dime lo que ves y te diré cómo eres, qué sientes… y qué piensas. El popular método, que mereció un simpático doodle hace pocos meses, saca conclusiones en base a unas variables muy sugerentes: el tiempo de latencia (cuánto se demora el individuo en dar la primera respuesta a cada lámina), la posición de la misma (es decir, desde qué ángulo y posición ve la cartulina), la localización visual de su interés, las formas o el movimiento que percibe, las gamas y texturas del color, y la interpretación figurativa (es decir, hay quien ve murciélagos o mariposas). ¿Qué verán hoy Rajoy, Sánchez, Iglesias, Díez o Rivera en el mapa del CIS?

El CIS, como otras encuestas, se podría interpretar, también, de manera psicoanalítica. ¿Debería, ahora que parece que la política española está sentada en el diván? No será así. En estos momentos, paradójicamente, mandan los excel estrategas, predominando lo que piensan con la hoja de cálculo y no con las ideas. ¿Calcular o pensar? Esta es la pregunta clave. Estas encuestas van a acelerar procesos que necesitan más maduración, más reflexión... y tiempo. La política resultadista se puede llevar por delante itinerarios que no por acortarlos u obviarlos se realizan. No se recorre nunca un camino que no se empieza. Al contrario. Se puede perder —¿definitivamente?— el curso y el pulso de la reinvención necesaria que hay que impulsar cuando los proyectos se agotan o debilitan. Ahora todo serán prisas, para algunos. Y calma y relativismo moral, para otros. Ambas opciones pueden hundirles, todavía más, al acelerar procesos que, para que sean profundos, necesitan tiempo de maduración y de transformación; o al negarlos y aplazarlos, ya que los resultados demoscópicos demostrarían, quizá, que no hay alternativa inmediata. Pan para hoy, hambre para mañana.

En el mes de enero, y en este mismo periódico, leía un extraordinario artículo sobre psicología, Menos calcular y más pensar, de Xavier Guix, que es una joya. El autor dice: «También la psicología sufre de alguna manera esta visión coyuntural. Las personas que se acercan a las consultas no están dispuestas a mantener un proceso terapéutico. Exigen soluciones rápidas, prácticas y que no requieran demasiados cambios y esfuerzos. Al final la solución la encuentran en algún fármaco que adormezca el problema y a seguir para adelante. Mandan los resultados. Pensar en la vida y en cómo se vive es perder el tiempo, hacer entelequias, algo muy agotador y poco productivo.» La psicología ayudaría hoy a comprender más y mejor a la opinión pública que cualquier otras disciplina. Pero hay prisa.

El año electoral no deja margen. Las cuatro citas previstas (andaluzas, municipales y autonómicas, catalanas y generales) van a someter a las propuestas políticas a un acelerado y vertiginoso ritmo que puede fagocitar dinámicas necesarias, que van más despacio que las respuestas urgentes que se reclamarán. La crisis de la política convencional, y la tensión dicotómica entre reformas lentas o rupturas posibles, se va a agudizar más por el inclemente calendario y sus terribles exigencias en forma de resultados aceptables, tolerables, asumibles.

Los datos del CIS confirman que todo es posible. Ahora que ya no hay casi tiempo es cuando se va a poner a prueba si se comprendió, exactamente, qué era lo que entraba en crisis. Los que redujeron o simplificaron los problemas de fondo al paso del tiempo o a soluciones formales y generacionales deberán asumir que han perdido un tiempo precioso. De nuevo, más que nunca, Sófocles: «Cuando las horas decisivas han pasado, es inútil correr para alcanzarlas». ¿Mariposas o murciélagos? ¿Que verán hoy?

Hay 8 Comentarios

¿Pero no se dice que todo cambia a velocidad de vértigo? Ya sé que a algunas personas les cuesta aceptar los cambios, y qué no todos van a resultar un éxito, pero peor es no moverse hacia ningún lado. Ya le gustaría a Rajoy que así fuera como ha demostrado a través de su Ley "mordaza".
Los jóvenes, que son los que empujan, funcionan a otra velocidad. No hay que olvidarlo.

Año de elecciones, año de números. La liturgia de las estadísticas, la ansiedad de los escrutados, los cálculos pre y post electorales, el mercadeo de intereses... Esto es lo que define, hoy más que nunca -pero desde siempre-, a nuestra democracia mercantilista. Es posible que haya otras formas -y mejores- de democracia pero, desde luego, no las tenemos muy a mano. No todavía.
En lo cotidiano, nos pasamos la vida administrando nuestras limitaciones, sopesando decisiones en función de un análisis coste-beneficio, habitualmente cortoplacista. Lo hacemos todos, individuos y familias, empresas e instituciones. Lo hacemos consciente o inconscientemente. Los partidos políticos y sus propuestas, sus programas o sus medidas cuando están en el Gobierno, siguen el mismo enfoque. No son una excepción.
Dicho esto, lo que más me preocupa no es esta forma de hacer sino los principios y valores que la inspiran. Es cierto que habría que calcular menos y pensar más, pero cuidemos sobre todo la capacidad de pensar críticamente y de tomar posiciones y decisiones con arreglo a una ética en la que el interés individual o de partido no colisiones con el interés común. De poco serviría disponer de tiempo para reflexionar si no sabemos utilizarlo para el bien de la mayoría. Pero he aquí una reflexión: ¿qué es la mayoría? Pues... muchos. ¿Qué adquiere el valor de opinión pública? Aquello que es opinado por muchos.
Es decir, de nuevo, lo reducimos todo a números. Nada se puede asegurar de que esa opinión sea buena o mala, sopesada o precipitada. Nada.
Algo podría ayudar una mejor educación y una mejor cultura. Para todos.

La prisa es mala consejera.
Vísteme despacio que tengo prisa.
No por mucho madrugar amanece más temprano.
No hay que llegar primero, hay que saber llegar.
Etc. etc. etc.
La sabiduría popular nos ha legado innumerables referencias a cerca de lo mala que es la prisa pero si además hay confusión generalizada como es el caso actualmente, el resultado puede ser nefasto.
¿ Os imaginaís que además de pasarte los abstractos manchorrones de tinta del test de Rorschach te lo hagan a toda hostia?

Magnifico análisis...¿calcular, pensar...SOÑAR?, el vértigo de las elecciones: "Tenemos un mes para construir un instrumento colectivo que sea indispensable para el cambio" [en Madrid].

IU, http://politica.elpais.com/politica/2015/01/30/actualidad/1422646972_301841.html

UPyD, ¿cómo un actor como Toni Cantó puede seguir a un Director obcecado en un guión equivocado?.

¿PSOE = PASOK? http://www.eldiario.es/politica/Eva-Kaili_0_351015446.html

Te sugiero una idea para después de cada proceso electoral: MÁSTER EN HABILIDADES DE NEGOCIACIÓN POSTELECTORALES: http://politikon.es/2015/02/04/podemos-uno-y-51/

Monstruos, hoy ven monstruos por todas partes. Y con esos monstruos imaginarios nos van a azuzar a los perros de los más/media de todas las formas posibles, para que, si no son reales nos lo parezcan. Recordemos que los políticos no se deben a su electorado, al menos los que gobiernan, sino al poder económico/financiero que les sustenta. Excelente análisis.
http://sinalmanicorazon.blogspot.com.es/

La inmensa dificultad y complejidad de estos análisis impedirá un proceso racional y ordenado. Por suerte la humanidad tiene otra herramienta para analizar situaciones complejas: la intuición, que solo funciona dentro de un cerebro particular y sin depender de la voluntad racional consciente, que, como decía Einstein, es solo su sirviente. Eso significa que todo dependerá de UN hombre. La intuición no se puede compartir, solo la reconocemos como evidente cuando ha producido sus frutos. ¿Hay ese hombre?.

Desde luego la velocidad de los comicios que vamos a abordar no permite excesivo parón reflexivo, pero en los intermedios no va a haber segundo de descanso entre las tensiones de los partidos para ir reubicándose en función de los resultados precedentes. Y todo porque el broche final supone elecciones generales, y ahí está el tesoro a descubrir.

http://casaquerida.com/2015/02/03/partido-politico-revisable/

Quizás en lugar de preocuparse por los resultados de los test, el enfermo debería preocuparse por los tratamientos, y diferenciar entre los paliativos y los curativos, los primeros de por muerto al enfermo y lo anestesian a la espera del final, los segundos, curan su enfermedad y lo devuelven a la vida económica y social. http://www.eudebtclock.org/

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Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

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