¿El nuevo Rajoy?

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 27 abr 2015

Finalmente, la comunicación. La misma que durante toda la legislatura ha despreciado y subestimado. Rajoy, a contra reloj y sin margen, acorralado por las encuestas (que anticipan un cuádruple empate); en el ciclo electoral de las andaluzas, autonómicas y municipales (y los desfavorables pronósticos); ante la hostil opinión pública y publicada (con el durísimo y reciente editorial de The Economist); y las tensiones en su propio partido (donde se lazan voces cada vez más audibles que plantean su relevo antes de las generales)… parece que ha decidido dar un giro a su displicente estrategia de comunicación. Del frío plasma, al calor del cafecito.

El presidente del Gobierno ha solemnizado este cambio en los Desayunos Informativos de Europa Press, que cumplen este año su décimo aniversario y por los que han pasado 2 presidentes de Gobierno, 4 jefes de Estado y de Gobierno extranjeros, 39 ministros y 30 presidentes de Comunidades Autónomas (pero él, nunca).

El discurso de casi media hora ha sido fundamentalmente económico, optimista y de auto reivindicación personal y colectiva, hablando del camino trazado y anticipando algunas novedades y previsiones. En su discurso hay algo de desazón y de decepción, casi de reproche: «La economía es a los países lo que la salud a las personas. Sólo valoramos lo que significa cuando va mal». Rajoy todavía no comprende cómo los datos macroeconómicos no se convierten en votos y afectos micro. Rajoy mejora la previsión de crecimiento de la economía española y adelanta que, en 2015, será del 2,9 % y en 2016 «de ese mismo tenor», al tiempo que se ha mostrado convencido de que España creará más de 500.000 empleos este año (en total, un millón de puestos entre 2014 y 2015). También anuncia que se va a prolongar hasta 2017 el periodo de suspensión de desahucios.

A partir de ahí, se ha esforzado en marcar su territorio, recordando, otra vez, la herencia recibida y la causalidad entre estos resultados y su política (y su propio estilo): «La demagogia y la frivolidad sólo garantizan la regresión y la pérdida del nivel de influencia», en clara alusión ―respectivamente― al ascenso de formaciones como Podemos y Ciudadanos. Y vuelta de rosca: «La inestabilidad no favorece a la recuperación». Respecto a la corrupción, una de cal y otra de arena: dice que los corruptos ya no están en el partido y que han hecho mucho contra la corrupción, «pero no sé si lo hemos sabido explicar bien». Hasta ahí lo conocido. Y lo previsible.

La novedad se ha producido en el coloquio. Un Rajoy  mucho más distendido, relajado incluso, ―¿será el nuevo Rajoy? ―, que se ha esforzado en mostrarse simpático y empático con la selectiva audiencia de políticos y periodistas que le acompañaban. Mirando al público, bastante seguro de sí mismo y conociendo las cifras, sin leer, ha estado casi juguetón. Sin carisma, pero demostrando su particular y personal liderazgo. Por primera vez en la legislatura, le vemos sin leer un discurso o unas notas (en estos años no ha renunciado a los papeles de apoyo, ni en las preguntas de las sesiones de control en el Congreso o el Senado), mostrando un estilo socarrón, humorístico en ocasiones, hablando ―sin complejos― de cómo es él, y del hermetismo, muchas veces irritante, que tanto le caracteriza. A Rajoy le gusta hacerse el interesante. O parecerlo.

Ha conseguido arrancar algunas risas cómplices y benevolentes. Como cuando ha respondido, en una respuesta bien ensayada, sobre el carácter plebiscitario de las elecciones del 27 de septiembre en Cataluña: «Plebiscitarias son las elecciones que no se van a celebrar en Cataluña el 27 de septiembre». Y también cuando, en ese peculiar estilo con retranca, ha pedido a los presentes más crédito político: «seré candidato y confíen en mí, háganme caso», frase que ha provocado de nuevo las risas del auditorio.

El nuevo Rajoy parece que ha comprendido ―¿finalmente?― que sus rivales han hecho de la comunicación y la modernidad formal sus principales armas electorales. Y que no podrá competir con ellos sin un nuevo estilo. Pedro Sánchez (con 43 años), Pablo Iglesias (36), Albert Rivera (35) y Alberto Garzón (29) son jóvenes y conocen las exigencias de la comunicación digital, del fenómeno multipantalla (televisión combinada con otros dispositivos), y exploran nuevos formatos y estilos. Rajoy (con 60 años) se enfrenta a unos candidatos con una media de 36 años. Es decir, les separa toda una generación. El viejo Rajoy no puede ser joven, pero intentará ser nuevo (o renovado); y va a luchar por mostrar que los jóvenes también pueden ser antiguos, si sus recetas son del pasado o ya conocidas por demagógicas o superficiales. En definitiva, un combate fundamentalmente estético, con eco ético, y en el que las formas ―una vez más― serán fondo. Un combate apasionante y novedoso en el que lo generacional y lo actitudinal van a cruzarse varias veces hasta encontrar su desenlace definitivo.

Hay 9 Comentarios

Creo sobrado y demostrado en estos años de política, que ni el Sr. Rajoy tiene carisma, ni el PP nos llevará a la gloria.
La comunicación, por supuesto, es importantísima para todo y para todos. La mejor comunicación es la que no se hace, pero se ve. Solo hay que hacer balance de cómo está el país y cómo lo van a dejar antes de las elecciones. Descampado por donde quieras.
Rajoy mejor que no hable, su discurso y su carisma le delatan.

Los asesores de Rajoy no han medido el grado de optimismo que el Presidente debía mostrar para no ofender a los ciudadanos y, la verdad, su discurso es un poco ridículo.
No sé que pasará en las próximas elecciones. Yo desde luego espero que el cambio sea sonado. Pero hay mucha gente pesimista.
Sin embargo en lo que si estamos de acuerdo la mayoría es que necesitamos que algo cambie; y en mi opinión si también es generacional mejor. La experiencia es un grado, pero los vicios de los apoltronados son tantos y tan insoportables e inasumibles que nos están perjudicando hasta lo infinito.
A toro pasado se puede ver como todas las piezas del puzzle de la gran estafa nacional van encajando una tras otra. Demasiadas coincidencias para que sea todo una casualidad.

Nuevo Rajoy o Viejo Rajoy... Políticamente, está rajado y envejecido. La élite de su partido (PP) sigue anclada en la visión de que el pueblo es un simple borrego. Su continuo bla, bla, ya lo dice todo,

Estimado Txarlibraun, he disfrutado mucho con tus disquisiciones a cerca del Rajoy, con las que en su mayoría estoy de acuerdo, pero eso de que no “nos” cae bien con su labia me parece una generalización exagerada, desgraciadamente sigue teniendo un montón de votantes impertérritos que le siguen votando diga lo que diga o lea lo que lea…

Estimado Txarlibraun, he disfrutado mucho con tus disquisiciones a cerca del Rajoy, con las que en su mayoría estoy de acuerdo, pero eso de que no “nos” cae bien con su labia me parece una generalización exagerada, desgraciadamente sigue teniendo un montón de votantes impertérritos que le siguen votando diga lo que diga o lea lo que lea…

Entiendo que cuando hay que escribir un artículo para El País uno debe ser mesurado y prudente, sobre todo cuando se trata de analizar al Rajoy “reinventado” con sus cholas blancas y sus tatus, pero yo soy un humilde y libre bloguero y ademas de alabar y agradecer a Antoni su fina y sutil perspicacia para darse cuenta del rollo patatero que quiere colar el “Mariano” y explicarlo con una retórica diáfana y sin exabruptos apta para todos los públicos, me puedo permitir sin ningún complejo, ni miedo a las censuras, cagarme en sus putas muelas, en las del párroco que lo bautizó con el nombre de “Mariano” y que le vaya a comer el coco a su tía ( y cuando digo “tía”, que es muy correcto políticamente, todo el mundo sabe en quien estoy pensando), pero uno es un caballero y entiendo que la pobre no tuvo la culpa de parir semejante caradura, chaquetero y vendepatrias como para que encima la insulten.

Primeramente es necesario saber entender qué significa la palabra demagogia: Según RAE : 1ª Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular. 2ª Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder. Bien, ante estas dos respuestas podemos decir que no hay ningún político que no sea un demagogo y para demagogia barata el programa electoral de Rajoy de 2011. Nos llenó la cabeza de promesas, tocando los más elementales sentimientos de los ciudadanos para no cumplir nada de lo que dijo. Por lo tanto, Rajoy tilda a los demás de practicar la demagogia cuando es él mismo el maestro de tal práctica.
Yendo al asunto que nos trae, o sea, la falta de piel en el PP, como dijo el ínclito Floriano, Rajoy es incapaz de proporcionar a ese cuerpo sin epidermis ni siquiera un padrastro. La comunicación de Rajoy es nula. Es una persona que no encuentra la manera de caernos bien con su labia. O lee algún papel o no es nadie. Da grima oírle decir, cuando le preguntan por el asunto Rato, que fue su compañero y que fue un gran ministro de economía, y hasta ahí puede llegar. Luego, inmediatamente se pone a hacer demagogia barata, dando cifras que se pueden o no cumplir, tanto de los puestos que se vayan a crear como del aumento del PIB en 2,9%. Parece ser que deja la cifra 3 para cuando lleguen las elecciones. Pero no habla del incumplimiento de déficit, de la cifra de parados que él mismo se ve impotente por rebajar, de la inmensa deuda exterior que no podremos pagar nunca, etc. Es el único gobierno que ha creado puestos de trabajo que con los sueldos que se cobran no se llega a final de mes. Ha creado una pléyade de trabajadores pobres. Pues bien, eso ni lo admite ni lo nombra. Hizo una ley de la Reforma Laboral para favorecer a los empresarios y ha sido incapaz de revertir la causa en favor de los trabajadores. Lo digo y lo repito, las empresas y los empresarios sin los trabajadores no existen.
Rajoy no sabe explicarse, lo reconoce él mismo, pero lo peor de todo es que no quiere explicar a los ciudadanos por qué no hace otras cosas que favorezcan más a los ciudadanos. Ante esa perspectiva lo mejor es negarle el voto. Puede que así espabile.

Sin duda el personaje, su narrativa y el político conllevan contradicciones, incluso estéticas. Pero no todas insuperables.
En las generales volverá a ser Presidente aunque con minoria y aquello le obligará a negociar...actualmente no hay líderes políticos en España capaces de reemplazar a Rajoy...mal que nos pese...

Como dice un viejo cuento gallego, hay pollos que solo intentan cantar cuando están por aplicarles la sentencia. Demasiado tarde !

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Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

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