Rendirse

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 20 mar 2016

“No me voy a rendir nunca” ha asegurado Mariano Rajoy. Es, creo, la declaración política más importante del Presidente en funciones desde el 20D. Es una afirmación muy relevante por la carga emocional y política que contiene. La frase es una reivindicación, una advertencia y una propuesta.

La reivindicación. Mariano Rajoy tiende a simplificar la realidad. Su apelación constante al sentido común, o lo normal es una abdicación del pensamiento complejo, diverso y creativo. Rajoy no se rendirá nunca porque prefiere arrastrar a su partido a su suerte. Y cree que ganará. Está en modo competición. Siempre ha sido así, en su trayectoria política: resistir es vencer. Y rendirse es lo contrario de la resistencia. Se reivindica para autoafirmarse. ¿Podría hacer otras cosas?, sí. ¿Sabría?, no lo parece. ¿Quiere?, no.

La advertencia. Es en clave interna y externa. Los movimientos por la sucesión van desde los herederos a los conspiradores. Desde los relevos a las alternativas. El PP ha entrado en ebullición. Pero es un partido que se parece a una olla exprés. Puede aguantar mucha presión, pero necesita una válvula de descompresión. Aunque Rajoy no está dispuesto a ser esa pieza. Ni a bailar, girando por el vapor ―al ritmo del silbido inconfundible―, sobre una tapadera hirviendo. Las ollas exprés funcionan bien cuando la tapa que se puede ajustar herméticamente y la presión se regula mediante una válvula. Pero empiezan los síntomas. Ni la válvula gira, ni la tapa está bien cerrada. Rajoy, con su afirmación, se reivindica y advierte. A riesgo de la explosión.

La propuesta. La profunda convicción que Rajoy tiene de su manera de entender la política es resiliente. Según la Real Academia Española, la resiliencia es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Palabra de moda, desde el urbanismo a la psicología o la ecología, pasando por el mundo de los negocios. ¿Y en política?, también.

El “nunca me voy a rendir” es lo más personal que le recuerdo a Rajoy. Habla de él, en primera persona. Las próximas elecciones, si nada ni nadie lo impide, van a tener mucha testosterona por medio. Rajoy está construyendo su relato electoral, su storytelling particular, como un episodio militar, como una guerra pírrica que veremos si acaba en victoria: tan inútil como dolorosa. Veremos. Rajoy confía en la mística del cerco, del acorralamiento, de la empatía de su electorado con el acechado, despreciado o repudiado. Es su última interpretación, pero le revitalizará. No se sorprendan.

Resistir, no rendirse, tiene literatura y épica. A pesar de las derrotas. Y construye liderazgos a largo plazo. Lo sabe bien, por ejemplo, Hillary Clinton que, en 2008, y a pesar de varias derrotas en las primarias frente a Barack Obama le espetó: "Nunca me rendiré". Y hoy, ocho años después, acaricia la nominación demócrata. Pero Rajoy no tiene más oportunidades. Puedes perder, pero nunca rendirte, es la máxima que acarician la mayoría de los líderes políticos. Y la historia les premia, a veces. Aunque esa tozudez ―tan española, por cierto― se transforme en tragedia o coste excesivo. Rajoy, el empecinado, es muy español, como los Tercios de Flandes. No lo olviden sus contrincantes.

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Rajoy se mantiene también a base de palmeros. Hay multitud de medios dedicados a defender a Rajoy y su gobierno. Y no hablemos de nombres y apellidos afines a los foros de opinión. Ellos dicen que no cobran por ello, pero es prácticamente imposible que una persona con una cierta formación en temas sociales, políticos, o económicos defienda al PP a machacamartillo con argumentos muchas veces propios de una tertulia de abuelas haciendo calceta. Se inventan cualquier cosa antes que criticar al PP, a Rajoy o a cualquiera de su gobierno.
Eso explica, en gran medida, que haya gente a la que no le importe que los nombres de los políticos a quienes votan anden incluidos en los expedientes de los casos de corrupción más relevantes de este país y no reaccionen a ello.
Al principio de "la crisis" tuve la esperanza de que entre la clase política hubiera más entendimiento para que todos juntos acertáran a dar con las soluciones más adecuadas para paliar sus efectos. Hoy sé que la enquistada clase política de este país no solo no se ha entendido, sino que no ha sentido respeto alguno por la ciudadanía. Unos por corruptos, por más vueltas que le quieran dar, porque robar, aquí y en todas partes del mundo es un delito. Los demás, todos los demás, porque no han abierto la boca para denunciarlo con todos los medios a su alcance hasta que la bomba ha estallado. Y bien que lo ha hecho...Se da la circunstancia, además, de que "la política" es el único sector de la sociedad que no tiene paro, ni ha visto mermados sus privilegios...
A Mariano Rajoy le tocó la lotería el día que ganó las elecciones. España es un país en el que no se controla a los políticos. No se les expulsa del partido ni de la política, por muy mal que lo hagan. No les falta el sueldo durante su mandato, así estalle el país; ni después tampoco. No se exige productividad, ni tampoco se le pasa factura a los errores e irresponsabilidades... Nadie se va de un chollo así, nadie...

¿Es valiente el Presidente con esa postura?. Sí, pero menos que lo hubiera sido haciendo frente a la corrupción y dimitiendo por no ser capaz de atajarla ni de castigar a los culpables. Su postura me recuerda al valentón del soneto de Cervantes: ""Es cierto cuanto dice voacé, señor soldado.
Y el que dijere lo contrario, miente."
Y luego, incontinente,
caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese, y no hubo nada"
Nada es lo que conseguirá de los votantes que sean un poco reflexivos. .

La postura de Rajoy me parece absolutamente normal por varios e inevitables motivos, desde su ego inconmensurable, los compromisos adquiridos y de los que solo con el “yo lo he intentado todo” podría justificar su incumplimiento, el ejército de chupaculos que le rodean y viven de él que le proporcionan una defensa de lujo, la imagen de persona seria que en España vende un huevo etc. etc. etc. Lo que no soy capaz de asimilar es que un país en el que el centro y la izquierda son clara mayoría no sean capaces de ponerse de acuerdo aunque solo sea para sacar del poder a una derecha que continuamente demuestra que es una mafia, un negocio y una vergüenza nacional.
Sanchez, Rivera e Iglesias están demostrando una bajísima categoría política y son los únicos responsables de que esta situación no solo continúe si no que pueda llegar a acabar con un gobierno del PP en próximas elecciones. La historia se encargará de pedirles cuentas en su momento.

Es una frase con mucha épica, pero las tramas de corrupción mientras se recortaban derechos sociales deben pesar más. Ojalá seamos capaces de votar con los datos en la mano

Los periódicos le ofrecen a Rajoy razones suficientes para no irse. Todas las encuestas le dan ganador si hubiese otras elecciones, perdiendo votos, sí, pero ganando a los demás. Y en su fuero interno dirá: "Pues no lo estaré haciendo tan mal si la gente sigue confiando en mí". No toma nota de haber perdido 65 diputados por la corrupción y por la indignación de los ciudadanos; lo achaca a la coyuntura. Todos han perdido votos, y me enemigo natural, el PSOE, ha perdido mucho más. ¿Por qué dejarlo ahora?
Rajoy se siente capaz de aguantar cualquier andanada que le tiren los demás partidos, porque éstos también están en problemas.
Como quiera que no va a ser capaz de negociar con ningún partido cualquier tipo de gobierno, Rajoy ya se está preparando para las próximas elecciones. No considera que llegar a ese extremo sea un fracaso, en todo caso habrán fracasado los demás porque, al fin y al cabo, él no ha hecho nada, lo que se dice nada.
Rajoy es el junco que aguanta las inclemencias del tiempo. Si le pasa el agua por encima, resiste; si el viento azota con fuerza, se doblará pero no s romperá. Rajoy es es un junco. Si le ha ido bien hasta ahora, por qué cambiar.
Tiene amarrado el partido y lo tiene cogido por el fondillo de los pantalones. Nadie puede mear fuera del tiesto, porque el tiesto es él. Que no se le ocurra a nadie, se pueden quedar sin el puesto de trabajo de que ahora disfrutan.
Dijo en su día Alfonso Guerra que el que se mueva no sale en la foto. Rajoy lo tiene en el escapulario escrito: El que se mueva en el PP, no es que no salga en las fotos, es que no sale en las listas.
Que declare Rajoy, en la propia televisión, que de lo de Valencia no tenía ni idea hasta que empezaron a salir los sumarios, demuestra cómo a Rajoy le importa un pimiento todo. Él está a lo suyo, y lo suyo es él mismo, qué coño. A ver quién tiene los bemoles de echarle del partido, que salga.

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Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

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