Reproches o esperanzas

Por: Antoni Gutiérrez-Rubí | 24 abr 2016

El filósofo José Ortega y Gasset afirmaba: «Lo menos que podemos hacer, en servicio de algo, es comprenderlo». Hay, muchas veces, demasiado prejuicio y muy poca comprensión frente a las nuevas realidades políticas. Comprender significa salir de la zona de confort y estar abierto a cambiar, enmendar o corregir. El prejuicio es seguro. Tan cómodo como inútil, si se quiere transformar. Este apriorismo es perverso: se reviste de coherencia, cuando lo que refleja es una profunda incapacidad para comprender la diferencia o la alteridad. Y las oportunidades.

La próxima —y previsible— campaña electoral va a ser un interesante ejercicio de filosofía política, justo ahora que la suprimimos irresponsablemente de nuestra oferta educativa. En esta campaña, nuestros líderes van a demostrar cuánto, cómo y qué han comprendido de este período. ¿Habrá sido un tiempo perdido, como afirman tantos analistas y confirman las recientes encuestas? Dependerá, fundamentalmente, de la capacidad de autocrítica de nuestros líderes y de su determinación para abandonar el recelo y el reproche, en favor de las propuestas y las esperanzas. Los ciudadanos expresan desánimo y cansancio. ¿Vamos a contribuir a su desazón e irritación con una campaña de acusaciones y culpas? Sería un grave error. Para todos y, seguramente, más para las opciones de alternativa.  

Estas elecciones se sitúan en un marco peligroso para las tres fuerzas del cambio, sean de relevo, de alternativa o de ruptura. El hecho mismo de celebrarse, en el caso de que así sea, sería el fracaso de un nuevo ciclo político caracterizado por las alternativas y no por las meras alternancias. Mariano Rajoy, se presentaría —paradójicamente— como el líder menos deseado, pero como el más insustituible, al fracasar todas las operaciones de apartarle del poder. Fracasaría el deseo, la necesidad y la esperanza. Emociones muy diversas, interpretadas políticamente de manera muy diferente, pero que recogen y expresan el amplio abanico plural de sensaciones que anidan entre 3 de cada 4 electores que desean un cambio. Rajoy impondría un castigo emocional sobre los electores muy desmovilizador: no me quieren, pero deberán soportarme. No hay alternativa.

En este contexto, la tentación de culpabilizar al otro es un atajo torpe. Creer que los electores necesitan una sobrexposición de acusaciones para saber quién ha hecho más o menos (por la gobernabilidad) es un desprecio a su conocimiento y a sus intuiciones. Sería un grave error. Y una pérdida de tiempo que arrastraría a los líderes que lo practiquen a un ejercicio estéril de rentabilidad política. Lo que viene es un tiempo nuevo. Nuestros líderes parecen demasiado atrapados en sus propias justificaciones, pero lo que la mayoría de la sociedad española necesita son sus soluciones.

El agotamiento es total y comprensible, pero sólo alimentará las opciones que rechazan el cambio si el resto de líderes se enzarza en una escalada de reproches y acusaciones. Hay una esperanza posible: o se estimula inteligentemente, o las opciones resignadas serán la única y auténtica realidad. Es, precisamente, esta losa (de que no hay alternativa) la que va a sepultar mayorías y esperanzas. Quien contribuya a ello, tirándose más piedras sobre el tejado colectivo, se merecerá su destino.

Hay 8 Comentarios

¡¡¡ Joder Antoni como está el patio !!! El patio bloguero me refiero, que unanimidad, que contentos se nos ve a todos y sobre todo que llenos de "esperanza".......

La demo-cracia, o sea, el gobierno del pueblo no existe. Lo que existe es el gobierno de los corruptos. Por desgracia, los partidos políticos se han convertido en simples marionetas de la tiranía del DINERO, ya que la ética ha naufragado en este mundo de farsantes.

Está claro que no hay nivel político para asumir la puesta en marcha de políticas acordes a los resultados de las pasadas elecciones. Es la manifestación de la incapacidad más absoluta,
Estoy muy de acuerdo con Gemma , y es más yo estoy interpretando este proceso como un grave insulto a los ciudadanos.
No sé qué me duele más si la postura oportunista e inmoral de Rajoy, o el enfado permanente de Sánchez, o el maximalismo irracional de Iglesias, o el sorpaso de los independentistas, o Garzón intentando hacerse hueco.

Mariano Rajoy en el discursos a sus “nuevas generaciones” de ayer ya se enrocó en culpabilizar a los otros, en la herencia recibida y en no piarla sobre la corrupción, esperpéntico a estas alturas, pero ya se sabe que la garantía de un determinado número de votos endurece la cara hasta la fosilización. No se sabe todavía si los otros tres, o alguno de ellos caerá en la tentación de hacer lo mismo, el que lo haga meterá la pata y perderá un montón de votos, y en caso de que lo hagan los tres provocarán en la hastiada ciudadanía un efecto abstención de proporciones como solo pudo imaginar José Saramago en su “Ensayo sobre la lucidez”. ¡¡¡Incluso yo podría dejar de ir a votar!!!!

Si hay nuevas elecciones está claro que el voto de los electores no interesa o no gusta a la clase política, ya que a los políticos no les ha gustado el resultado de la últimas y son incapaces o no quieren arreglar nada hasta que les gusten los resultados.

Nuestro país necesita esperanzas.
Mi posición la reflejo en un muy breve post con dos citas clave, que podrían ser una:
Calzoncillos ¿de seda? https://dametresminutos.wordpress.com/2015/02/02/calzoncillos-de-seda/ vía @jiribas

Los políticos han perdido una gran oportunidad, los españoles estamos decepcionados, no nos merecemos que los fracasados vuelvan a presentarse para seguir haciendo lo mismo, si dicen que en unas próximas elecciones lo van a conseguir, ¿Porqué no lo consiguen ahora y nos ahorran un montón de millones? Parece que los bolsillos de los españoles no les importa a ninguno, pero debería importarle, no está nuestro país para despilfarro.

Interesante artículo y acertadas refexiones. Parece que la esperanza e ilusión por el cambio que buena parte de la sociedad manifestó va a quedar en el vacío por la incapacidad de los políticos de llegar a acuerdos básicos.
Esperemos que si, como parece, se producen nuevas elecciones los políticos entiendan y respeten lo que manifestemos los electores que son quienes en realidad obstentan la soberanía al propiciar con su voto el mandato representativo. Sino al final corremos el riesgo de que sea cierto que ninguno nos representa.

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Sobre el autor

es asesor de
comunicación y consultor político.
Profesor en los másters de comunicación
política de distintas universidades.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas.
Mujeres protagonistas de un poder
diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011)
o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Sobre el blog

Hago mía esta cita: “Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo.” James Baldwin

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