Diario de un cubano (IX): El acertijo de emerger

Por: | 31 de marzo de 2016

Alejandroescamilla-dude-walkin-2Autor: Alejandro Escamilla (CC Unsplash)



Aprendí que no se puede dar marcha atrás,

que la esencia de la vida es ir hacia adelante.

La vida, en realidad, es una calle de sentido único.

Agatha Christie

 

La vida, ¿qué es la vida? La voz retumbaba en mi cabeza mientras mis párpados cansados se cerraban a voluntad. Me quede allí tirado sobre un camastro improvisado en el cuarto de contadores. El piso estaba polvoriento y el olor a cable quemado acompañaba mis incursiones en la fallida filosofía personal del que trata de encontrarse a sí mismo.

A pesar de la humedad, del frío casi desértico, era aquel patético lugar el único en el que podía guarecerme de la madrugada. Permanecí inmóvil, derrotado por los inmensos pasillos que recorría todas las noches, como si esa acción repetitiva fuera una apología de aquel hombre que no podía hallarse a sí mismo.

No advertí los pasos que se acercaban; fue entonces cuando el sonido de la puerta me alarmó y el instinto me puso en pie con rapidez. A trasluz se veía una figura de hombre enorme; apenas entraba el resplandor de las farolas y no podía determinar por la silueta de quién se trataba. Segundos después se encendió la luz. Mientras mis pupilas se dilataban, los contornos se hicieron cada vez más parecidos a los de Don Alfredo.

En tono descompuesto e inquisitivo me preguntó: "¿Qué haces acostado en el suelo?" Aún estaba aturdido entre el letargo del sueño y el violento despertar, y perdí la noción del tiempo, sentí mareos y un dolor agudo en el espinazo.

Sin darme tiempo, el hombre agarró mi codo y me condujo hasta afuera; su reprimenda se acompañaba de aleteos descontrolados para enfatizar su indignación. Yo trataba de hablar pero no encontré ninguna frase que me exonerara de culpa. La sentencia llegó rápido: "Mañana lleva tu uniforme a la oficina, estás despedido".

Esa mañana, regresar fue un vía crucis. Me aparté de la costumbre de contemplar la timidez con que las sombras de la montañas acariciaban el valle, no jugué a adivinar las formas de las nubes escasas que se formaban, estuve absorto, respondiendo monosílabos por doquier, estaba ocupado en reprocharme la dosis de culpa por lo sucedido. Trataba erróneamente de medir la dimensión de los errores.

Cada minuto se perpetuaba. Si algo tiene el tiempo es que pasa al ritmo inverso de lo que sientes: cuando esperas que se vaya rápido y te sientes mal, se antoja lento y desafiante; cuando estás feliz, se hace efímero y volátil.

Sabía que, al contarle a mis compañeros, calaría un descontento similar al mío. En resumen, el albedrío tiene sus consecuencias. La sensación de fracaso no es un sentimiento para lidiar con él a solas, pero ahora cada una de los acontecimientos eran a cuenta y riesgo de un portador medio vacío que aún no advertía cuál debía ser la próxima acción. Eso suele llamársele desamparo y es como si la derrota te diera el tiro de gracia.

Suponía erróneamente, que, de alguna forma, compartiendo mi tragedia, encontraría una manera de compartir la carga que me agobiaba, pero eso no pasa cuando la clemencia se ausenta, cuando la esencia del ser humano está avocada a la supervivencia. La segunda sentencia no tardaría en llegar: "¿Cómo vas pagarte la vida? Nosotros no podemos mantenerte y en dos días hay que pagar la renta", me dijo con voz consternada uno de mis colegas.

Tuve la sensación de sostener yo solo el mundo, al menos, mi mundo. Cuando esto sucede, o despiertas o las piernas se te doblan a mitad del camino, el ritmo cardiaco desciende y las hormiguillas hacen que el brillo de los ojos se apague, pero aún así debes continuar. Lo singular de caer a ras de suelo es la conclusión de que no hay otro nivel más abajo. Queda ya sacudirte y subir nuevamente, tomar aire. Alguien dijo una vez que de las derrotas se aprende más que de las victorias.

Photo-1454694220579-9d6672b1ec2a-2Autor: Jesse Orrico (CC Unsplash)

Y quizás era eso la vida, un proceso por el cual viajamos en busca de nosotros mismos. Sería, en última instancia, encontrarnos en cualquier secuencia, en cualquier ola que nos haga emerger. Es la energía que nos impulsa como un todo hacia adelante a riesgo de estar solos.

Cuando ya adviertes el final de algo, se siente paz. Tiré la puerta y me puse en camino a la cita: "Aquí tiene su uniforme, gracias por su tiempo", le dije con cierta arrogancia. El hombre se quedó callado, me miró fijamente, quizás dudas en su mirada, pero al final yo era una pieza más, el chivo expiatorio de su voluntad, una especie de mercancía que podía desechar cuando él quisiera.

A la puerta me acompañó Coralia, una mujer entrada en edad, de mediana estatura y muy amable. Advirtiendo mi pesar, y como ángel al auxilio del que se encuentra a la deriva, me dijo con tono maternal: "No importa, hijo, de las malas experiencias se aprende, no tires la toalla…"

 

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Un relato triste pero precioso, por el que ha pasado y está pasando mucha gente y que no debemos olvidarnos.

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Sobre el blog

España vista desde la mirada de quienes nacieron en otros países. Migrados es un blog de encuentros y desencuentros, de episodios cotidianos, de integración y de lucha por la supervivencia en un entorno extraño y, a veces, hostil. Es una ventana a las vidas de personas que se han quedado en una tierra donde la crisis ha convertido a sus propios ciudadanos en emigrantes. Coordinado por Lola Hierro.

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Lola HierroLola Hierro. Periodista y viajera, está convencida de que su oficio debe entenderse como un servicio público. Cree que una de las obligaciones de los de su gremio es dar voz a los olvidados y a los débiles y, ante la duda, ponerse siempre del lado de las víctimas. Con Migrados quiere llamar la atención sobre un fenómeno social que no siempre recibe la atención que merece a través de las experiencias de héroes y heroínas cotidianos.

Quan Zhou WuQuan Zhou Wu. China de cara, pero andaluza de corazón. Quan es diseñadora gráfica y dibujante del cómic Gazpacho Agridulce. Nacida en Algeciras en el seno de una familia profundamente tradicional, lleva 24 años intentando alcanzar el perfecto equilibrio entre sus raíces orientales y un estilo de vida muy occidental. @Gazpacho_Agri

Abdel Abdelouahed BelattarAbdelouahed Belattar, Abdel. Es educador social y especialista en migraciones. Español de origen marroquí, él se ve de aquí de allá, o de los dos sitios a la vez. Su pasado le ha hecho tener una perspectiva diferente de las migraciones hasta el punto de estar decidido a investigar y demostrar que quienes emigran aportan mucho a la economía, a la política, a la cultura y a la sociedad, y que por ello tienen la llave para lograr un cambio social real.

Jean-Arsène YaoJean-Arsène Yao. Originario de Costa de Marfil, es Doctor en Historia de América por la Universidad de Alcalá (España), y titular de un Master en periodismo de agencia por la Universidad Rey Juan Carlos (España). En la actualidad combina su labor docente con actividades periodísticas.

Ernesto G. MachínErnesto G. Machín. Cubano de corazón y con raíces españolas, profesor, periodista y escritor. Proviene de una familia trabajadora, vivió la época dorada de la revolución cubana y un día se convirtió en aprendiz de viajero. Un día decidió contar su largo viaje por el mundo convencido de que sus crónicas ilustraran el dulce amargo de la emigración.

Julissa JáureguiJulissa Jáuregui. Madrileña de origen peruano, ha vivido más años en esta ciudad que en su natal Lima. Politóloga cuyo activismo le llevó a especializarse en cooperación internacional y migraciones. Escribir reportajes y crónicas narrando las historias de vida de los migrantes se ha convertido en una herramienta más de su reivindicación.

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