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Mujeres

Leonora Carrington, la última surrealista

Por: | 04 de junio de 2011

Carrington Fue un espíritu libre y rebelde, la útima surrealista, una leyenda viva. Con la muerte de Leonora Carrington, resplandece, si cabe, aún más su vida y su obra. Una vida marcada por la singularidad, la extravagancia y la trangresión. Y dando sentido a todo ello, la genialidad.  Nació el 6 de abril de 1917 en Chorley, Lancashire (Inglaterra) y en 1942 se refugió en México, donde murió la semana pasada

Pero antes de encontrar en México su hogar más duradero, Leonora Carrington cimentó su identidad en la libertad y el surrealismo. Transgresora ya desde la infancia, renunció a los privilegios propios de su acomodada familia y se opuso incluso a recibir formación religiosa, una forma de retar a su madre, irlandesa y católica. Pero a Leonora solo le interesaban los caballos y la naturaleza, y en el terreno de la formación, la pintura, el arte, los sueños. Sin duda fue afortunada: a pesar de los continuos desencuentros con sus padres, pudo estudiar en Italia y Francia. Fascinada por el movimiento surrealista, se afincó en París a raíz de su vinculación con el pintor alemán nacionalizado francés Max Ernst, de quien fue pareja. En aquella atmósfera cargada de surrealismo, Carrington se enfrentó de golpe a las limitaciones que imponía su doble condición de mujer y de artista. En aquel París en el que reinaba la libertad y la creatividad, las mujeres surrealistas eran vistas, todavía, como compañeras y amigas de artistas ya consagrados, aunque lucharan a la vez por hacerse a sí mismas como pintoras. La antigua furia que Leonora Carrington proyectaba ya desde de niña en sus salidas al campo a lomos de esos caballos con los que se identificaba por su plasticidad. belleza y libertad, la volcó entonces en la creación.

Pero el nazismo rompió todo aquel mundo. Si el surrealismo quería subvertir el arte y la vida, el nazismo supuso su negación radical. Max Ernst se alineó con el movimiento de intelectuales antifascistas al inicio de la Segunda Guerra Mundial y, tras la ocupación alemana, fue llevado a un campo de concentración. Para Carrington la ausencia de Ernst supuso una mezcla de vacío y orfandad, el origen de sucesivas huidas. Escapando de la Francia ocupada, llegó con unos amigos a la España de la inmediata posguerra, el lugar menos propicio para una mujer sin prejuicios, libre y poco dispuesta a adaptarse a la represiva sociedad franquista. Sus andanzas en un Madrid lleno de espías, su conducta extravagante y el desequlibiro emocional que arrastraba tras la ausencia de Max Ernst, precipitaron una crisis de locura. En Memorias de abajo, un relato autobiográfico cargado de ensoñaciones y lenguaje cifrado, ella misma evoca la agresión sexual que sufrió en Madrid y su estancia en un manicomio de Santander, adonde fue recluida por las autoridades sanitarias de la época. Gracias a las influencias de su padre y a la ayuda de un pariente médico, logró salir del sanatorio y recalar en Lisboa. Allí encontró al diplomático y poeta Renato Leduc, con quien contrajo matrimonio. Esta unión le permitió romper con su pasado y viajar a Nueva York, donde se hallaban refugiados gran parte de sus amigos surrealistas. Un año después, el matrimonio Leduc-Carrington se afincó en México. Muy pronto Leonora Carrington se divorció de Leduc y se casó con Chiki Weisz, el padre de sus dos hijos, Gabriel y Pablo. Elena Poniatowska, amiga de Leonora y autora de una novela inspirada en ella, relata que Weisz "fue quien salvó la maleta de negativos de Robert Capa" sobre la Guerra Civil española que apareció en México hace más de un año.  Cuadro

Cuadro "La posada del Caballo del Alba" (1936-1937).

En México, Leonora Carrington encontró tiempo propio y circunstancias adecuadas para crear sin cortapisas. La locura anterior había dado paso a la creatividad, el recogimiento y la tenacidad de vivir a su manera. Como artista, amplió su enfoque surrealista a la literatura y la escultura. Se convirtió en la artista total que quiso ser de niña, un deseo que tuvo que aplazar durante los años convulsos de su etapa europea. En México se convirtió en la artista visionaria que ya latía en sus primeras rebeldías: en sus relatos y cuadros aflora su corrosivo sentido del humor, su indómita individualidad y su búsqueda de lo esotérico y lo misterioso. Amiga del alma de la pintora española Remedios Varo, la relación artística entre ambas fue tan estrecha que algunos críticos equivocaron en su momento la autoría de algunas de sus obras. 

Con Carrington muere la última superviviente del surrealismo, una leyenda.  

Hay 2 Comentarios

jajaja tbb tbbb chido

La "locura" y el estar al margen (mundo propio) de los artistas creativos hace caer muchas limitaciones y barreras "sociales". Es aquello de lo hice porque no sabía que me estaba prohibido. Me pregunto (os pregunto) hasta qué punto el que se hable de la discriminación de la mujer (leyes y discursos retrógrados, fundamentalistas, religiosos) no es una manera de intentar acomodar/conformar a las que lo viven (si no puedes vencer ...) o de frenar a las que ya no lo viven (mira que bien que estáis y cómo podríais estar). Damos demasiada importancia a argumentos irracionales que no son más que soluciones arbitrarias e imposiciones desde el poder, un poder nada democrático ni consensuado con las mujeres. Los artistas tienen esa mirada más libre, aunque eso no les ahorre el sufrir las consecuencias sociales.

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“Como quien dice, acabamos de salir de la cueva. No se borran de un plumazo milenios de reparto rígido de papeles, de trogloditas que salían de caza mientras ellas recolectaban y cuidaban de niños y ancianos, de bravos guerreros y abnegadas esposas, de amas de casa confinadas al hogar y hombres que acaparan toda la vida pública, de burkas de todo tipo, de dotes, de pruebas del pañuelo”. Las reflexiones del autor sobre la relación entre los sexos en el siglo XXI publicadas en el blog Mujeres, recopiladas en un libro electrónico. Puedes comprarlo en Amazon y en Google

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