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Mujeres

"Somos pocas en las academias. Pero no quiero cuotas"

Por: | 04 de julio de 2011

Margaritasalas
Es una delicia conversar con Margarita Salas, la investigadora española más reconocida, incluso (o sobre todo) para un lego en ciencias como el que suscribe. Salas, que fue discípula de Severo Ochoa y a sus 72 años se niega a jubilarse, charla sobre lo humano y lo divino con voz serena, ideas claras y aplastante sensatez en un rincón de su laboratorio en el Centro de Biología Molecular. El especial de los 35 años de EL PAÍS era la excusa para reflexionar sobre la crisis y sobre los indignados; sobre los problemas de la investigación y la educación; sobre si cabe Dios en la ciencia, clonaremos personas o crearemos vida artificial (lea aquí la entrevista completa).

Su condición de mujer no pretendía ser objeto de debate, cansado como está el periodista de preguntar a las entrevistadas, y solo a ellas, si se sienten discriminadas o cómo concilian carrera y familia. Pero es imposible revisar la trayectoria de esta química y académica, que ha dedicado 44 años de su vida a estudiar un único virus, sin detenerse en sus inicios en los primeros años 60, cuando apareció en un mundo académico y científico en el que no se tomaba en serio a las mujeres. Ella lo cuenta sin rencor pero sin edulcorarlo. Su director de tesis en la Complutense, Alberto Sols, prefería dirigirse directamente a su marido -el también químico Eladio Viñuela- que a ella. Años después Sols reconocía que había minusvalorado a aquella joven inquieta, de la que pensó que como era mujer debía encargarle "algo poco importante".

"Yo lo pasé muy mal en esa época porque era invisible. No pintaba nada en el mundo científico", recuerda. "La mentalidad de la época era que las mujeres no valíamos para la investigación".

"Ahora en la mayoría de laboratorios hay más mujeres que hombres. Y en las universidades, y en los hospitales", explica. "Es verdad que ocupan todavía los puestos inferiores, pero hace 40 años éramos muy pocas las que empezábamos y menos aún las que seguían. Yo no era la única mujer en la universidad, pero mis compañeras, al acabar la carrera, se casaban y se dedicaban a su familia. Hoy día la mujer que se lo propone sigue su profesión y deja la maternidad para más adelante. Es lo que yo hice. Me casé a los 24 años pero mi hija la tuve a los 37. Fue una pionera en ese sentido".

Margarita Salas conoce como nadie las academias. A ver quién puede competir con su currículo: es miembro de la Real Academia Española, de la de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la Academia Europea de Ciencias, de las norteamericanas de Microbiología y de Ciencias y Artes... Y si el mundo científico y universitario de los 60 era hostil para la mujer, hoy se discute sobre si las academias están a la altura de los tiempos. La polémica arrecia sobre la de Historia, que apenas incluyó mujeres en su muy polémica enciclopedia biográfica (la misma que ensalzaba a Franco), pero es una de las pocas academias en que no participa Salas y evita criticar su trabajo. Pero apostilla: "Me voy a centrar en el tema de la mujer. Somos muy pocas. En la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, a la que yo ingresé en el año 1988, la segunda mujer [Pilar Bayer] entró el año pasado, en 2010. Y ahora hay una tercera académica electa [Ana María Crespo]. En la Española hay una mentalidad de que hay que meter más mujeres. Cuando ingresa un académico, es escoltado por los dos más recientes, y por primera vez en la historia uno [Pedro Álvarez de Miranda] fue acompañado por dos mujeres [Soledad Puértolas e Inés Fernández-Ordóñez]". Lo celebra.

¿Apoya entonces la discriminación positiva? "Yo no quiero cuotas. Ni discriminación positiva ni negativa. Ni que se nos dé algo por ser mujeres ni que se nos quite. Creo que las mujeres vamos a llegar a donde tengamos que llegar por nuestra capacidad y nuestro trabajo".

Mujeres como ella, en efecto, no han necesitado cuotas. Pero no olvidan la de obstáculos que sortearon hasta llegar a donde están. Y aplauden que se vayan removiendo, aunque sea demasiado lentamente.

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Con tiempo no priorizando siempre a la familia y cargándose de razones se consigue. Las cuiotas no gustan a nadie. Pero el problema no es sólo si las debe haber para mujeres sino el que las hay masculinas. Es decir, al establecer una promoción en igualdad de méritos o, incluso, desigualdad. E incluso en el caso de mujeres que no tienen familia o tienen pocos hijos. En puestos de dirección has de hacer como si fueras un hombrecito aún que no tiene más ocupaciones que su trabajo. Eso es una realidad. Lo otro fantasias. No hablo de los puestos políticos cuyo mérito principal es ser del partido. Eso es otro mundo en el que vale más un peón que uno que piense por si mismo.

Pues en el Siglo XIX se pueden inmaginar que la cosa estaba peor, os dejo un articulo sobre el trabajo no reconocido a unas meteorólogas españolas del S.XIX
http://journals.ametsoc.org/doi/abs/10.1175/2010BAMS2807.1

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EL POSMACHO DESCONCERTADO

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“Como quien dice, acabamos de salir de la cueva. No se borran de un plumazo milenios de reparto rígido de papeles, de trogloditas que salían de caza mientras ellas recolectaban y cuidaban de niños y ancianos, de bravos guerreros y abnegadas esposas, de amas de casa confinadas al hogar y hombres que acaparan toda la vida pública, de burkas de todo tipo, de dotes, de pruebas del pañuelo”. Las reflexiones del autor sobre la relación entre los sexos en el siglo XXI publicadas en el blog Mujeres, recopiladas en un libro electrónico. Puedes comprarlo en Amazon y en Google

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