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Mujeres

Y, ¿qué aportaría María Moliner al debate sobre el sexismo?

Por: | 12 de marzo de 2012

María MolinerEl informe de Ignacio del Bosque y otros académicos de la RAE es clarificador en cuestiones gramaticales. Ese es su papel. Pero no ofrece soluciones al doble hecho de que el Diccionario de la RAE siga dando cobijo a acepciones  y ejemplos sobre la mujer anclados en el prejuicio y el anacronismo y que pervivan por tanto en el lenguaje (no solo coloquial sino también culto) vocablos que la discriminan. Vocablos que perviven aún n el lenguaje precisamente por estar avalados por el diccionario oficial. Un lenguaje que como todo organismo vivo cambia, se  transforma y se enriquece con el uso y el paso del tiempo, sin que esta puesta al día se refleje con la misma celeridad en el aspecto normativo.

Si el informe ha desatado el debate no es tanto por lo que dice como por lo que calla. Y por lo que sugiere y hace evocar.

DRAEObvia el infomre el tradicional papel de la RAE como institución que ha revisado y definido la lengua desde una visión reduccionista y exclusivamente masculina durante siglos; una visión inevitablemente sesgada y pretendidamente universal que englobaba –y se apropiaba- del pensar de las mismas mujeres que dejaba al margen. No en vano hasta 1978, entrada ya la democracia, la institución no permitió que ingresara en su seno ninguna mujer. Ciertamente, la RAE tiene competencia para decidir lo que es correcto y lo incorrecto. Lo propio de la RAE es la norma, y por tanto, no se puede negar su función pedagógica respecto a los excesos de unas Guías o de un lenguaje políticamente correcto que tal vez hayan pretendido subsanar de golpe desigualdades seculares. Un papel que la RAE tendría que haber asumido en vez de limitarse a criticarlo o incluso a ironizar sobre su polémico empeño o su escaso éxito.

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Las periodistas de hace 100 años

Por: | 09 de marzo de 2012

Emma Calderón, Patrocinio de Biedma  y María del Mar Terrones.

Por Ángeles Lucas

Jesusa Granda, con su nombre y su apellido en femenino, es la primera mujer que perteneció a una asociación de prensa en España, la de Madrid.Era el año 1895, época en la que, ocultas tras seudónimos disuasorios o de masculinidad, como fuera Fernán Caballero, las mujeres iban alcanzando en la sombra techos que se lucen hoy algo más accesibles.

La conquista de Granda no quedó sólo en ser socia. Ella, entre otros 172 señores que no la trataban con naturalidad, fue la única mujer fundadora de la Asociación de la Prensa de Madrid, como cuenta el periodista Bernardino M. Hernando en su texto, Carmen de Burgos, la APM y aquellas admirables chicas del 98.  “Fue una prolífica escritora, además de profesora de Magisterio. Colaboró en el diario El Globo y redactó un serial llamado Pedagogía”, detalla el periodista Víctor Olmos.

El ímpetu de Granda abriría la veda a otras mujeres que posteriormente se querrían perfilar como escritoras o articulistas en España “no exentas de rechazos o suspicacias”, resalta Hernando. A Jesusa le siguió como quinta socia la profesora, escritora, viajera y reconocida como primera reportera española, Carmen de Burgos, que escribía bajo el seudónimo de Colombine. Como dice M. Hernando en su texto: “Ser mujer y ser periodista y asociada a la APM, a finales del siglo XIX y bien entrado el XX, era una clase de heroísmo”.

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¿De quién es la lengua?

Por: | 08 de marzo de 2012

Los eufemismos forman parte del discurso público./ Samuel SánchezPor Ana Mañeru Méndez

La lengua es tuya y mía, de la gente; pero hay quienes dicen que solo es suya y ponen el grito en la tierra cuando lo oyen, braman, rugen y casi siempre prohíben. Se aferran a esas reglas peculiares que llaman científicas, cultas, correctas, estéticas o económicas, pero que solo son violentas. Son violentas para mí, quizás para ti, en todo caso para quienes nos gusta nombrar y ser nombradas, nombrados, nombrad@s, nombradxs,… a nuestra manera, como queramos cada cual.

La violencia de quienes se quieren adueñar de la lengua se ve en la historia y ahora mismo: prohíben la lengua de toda una comunidad de hablantes, silencian o desprecian a quienes no usan sus reglas y, casi siempre, arremeten contra las mujeres y lo femenino libre. Se despachan de un plumazo, o de un golpazo, diciendo que ya están representadas con eso que llaman masculino, o neutro, pretendidamente universal, aunque nadie sepa lo que es, porque nunca se ha visto en ningún sitio.

Violentan la lengua al máximo, niegan la evidencia de que siempre y en todas partes, tú y yo y todo el mundo nacemos de mujer. Venimos de, y gracias a, una madre que nos regala el cuerpo, con su facultad de hablar. Después, ella, o quien esté en su lugar, nos enseña a hablar en una relación amorosa, de cuidado, sin la que no seríamos viables. Así de simple, así de grande y así de sexuado y complejo a la vez.

La lengua no es de quienes peroran sobre ella sentando cátedra, o sentándose en ella, o en su particular sillón. No es de las academias ni de las universidades ni de las iglesias ni de los gobiernos ni de las empresas ni de los bancos. La lengua es de quienes la hablamos y se va transformando en el tiempo, se quiera o no, porque la realidad cambia todo el rato. Sin gente que hable no hay lengua que valga y la lengua, como la gente es sexuada.

Concretando, yo, que soy una mujer que elijo serlo y no reniego de ello, hablo en femenino y nombro en femenino siempre que me parece bien. A mí me gusta que todo el mundo pueda decir cómo quiere hablar de sí, y de otra gente y del mundo; me gusta que ellas, ellos, ell@s, ellxs, cada cual diga a su modo. Yo uso el femenino y el masculino porque me sirve para decir lo que quiero decir y no otra cosa.

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La sociedad cambia, la Academia, no

Por: | 07 de marzo de 2012

Una mujer camina por una dependencia de la Real Academia Española. © Samuel Sánchez

Por Mercedes Bengoechea

El pasado domingo la mayoría de los medios reproducían un informe firmado por 23 académicos y 3 académicas de número de la RAE, “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”. Lo primero que me llamó la atención al leerlo fue un error gramatical en el mismo: se hablaba de mujeres como “miembros femeninos  de un comité”. La expresión es errónea sintácticamente puesto que, según el diccionario de la propia Real Academia Española, miembro es un sustantivo común: miembro. 7. com. Individuo que forma parte de un conjunto, comunidad o cuerpo moral. (Diccionario de la RAE, 2001).

Para la gramática normativa, los sustantivos comunes referidos a personas se acompañan de artículos y adjetivos que indican el sexo de la persona de referencia. Por tanto, miembro debe concordar con adjetivos masculinos o femeninos dependiendo del sexo de la persona aludida.  “Miembros femeninos de un comité”, según los propios criterios de la RAE serían individuos del sexo masculino que... ¿visten de rosa, son cariñosos con sus hijas?...  individuos que poseen alguna cualidad que lleva a calificarlos de “femeninos”, pero ciertamente no mujeres. Siguiendo la norma académica, ellas serían en todo caso “miembros femeninas de un comité”. Como podrían ser también, por recurrir a otro sustantivo común, “unas testigos estupendas” (pero no ‘estupendos’). Todo ello, aplicando a rajatabla la norma académica.

Desconozco si la RAE castigará de rodillas contra la pared al Sr. Bosque, autor del informe, por cometer errores de concordancia gramatical. Pese a que multitud de estudiantes y escolares han probado en sus carnes el castigo ante el error ortográfico o gramatical, espero que no sea así con el Sr. Bosque, quien ha expresado con su acostumbrado tono ponderado y elegante un sentimiento que algún otro académico prefiere manifestar aderezado con profusión de insultos y exabruptos. Las formas corteses excusan los errores y merecen el perdón y el elogio.

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No se ofendan ustedes y ustedas

Por: | 06 de marzo de 2012

ElCid1
En España también había un guiñol divertido e irreverente, en el que el hoy casi olvidado lehendakari Juan José Ibarretxe aparecía como el paladín del lenguaje no sexista. "El lehendakari o lehendakara defenderá este proyecto o proyecta de estatuto o estatuta", pronunciaba el muñeco con solemnidad. Ibarretxe, en efecto, no paraba de dirigirse a "los vascos y las vascas". Carmen Romero soltó hace tiempo un comentadísimo "jóvenes y jóvenas", y Bibiana Aído se estrenó en el Gobierno con un "miembras" que años después de su gazapo todavía se escucha a menudo. No son más que anécdotas, pero reflejan el empeño de muchas autoridades por ser políticamente correctas, con el riesgo de bordear lo ridículo, de alejarse años luz de cómo se expresa la gente común. Sin embargo, el primer gran libro en castellano, el Cantar del mío Cid, ya cuenta que a Rodrígo Díaz de Vivar lo recibieron en Burgos "mugieres e uarones, burgeses e burgesas", quienes pensaron: "¡Dios, que buen vassallo, si ouiesse buen señore!", según uno de los párrafos más conocidos de la obra anónima escrita en torno a 1200.

El lenguaje es una creación cultural. Como tal, refleja el contexto social, los prejuicios más antiguos, una visión del mundo dominante en la historia. Es una obra forjada durante siglos, pero no es inmutable. Los que utilizamos el español lo hacemos evolucionar (un poquito) todos los días. Hay expresiones que van entrando en desuso por ofensivas: ya no decimos minusválidos, sino discapacitados, porque nadie es menos válido como persona porque le falte una pierna; por alcaldesa ahora todo el mundo entiende la mujer que preside el municipio, y no la esposa del alcalde. Hemos dejado de hablar de crimen pasional, porque daba un aura romántica al asesinato machista. Ya casi nadie se referiría a un homosexual como un invertido, ni cabe llamar gitano a un estafador, pero la RAE mantiene en su Diccionario esos usos viejos porque, argumenta, están en nuestra literatura (y en los usos de algunos ejemplares menos evolucionados de nuestra especie, podemos añadir).

La dura respuesta de la Real Academia Española a la presión por el llamado lenguaje no sexista ha levantado una enorme polémica. En las redes sociales, que echan humo, se está recordando ahora que esa institución solo cuenta a cinco mujeres entre su cuarentena de miembros, que tiene un claro sesgo conservador, que a lo mejor ellos también están lejos de la calle. Otros lo interpretan como una intervención en defensa de la propia parcela de poder: el artículo de Ignacio Bosque se queja, sobre todo, de que nadie haya consultado a la Academia a la hora de elaborar esas guías; ni siquiera a los lingüistas de las universidades en que se escribió alguna. Es lógico que los especialistas estén preocupados ante la posibilidad de que sean los políticos, por ejemplo una consejería o concejalía de Igualdad, la que dicte normas sobre el idioma.

También los periodistas llevamos mal las sugerencias del poder político sobre cómo debemos hacer nuestro trabajo. Pero en esta polémica los que estamos en un aprieto somos, sobre todo, quienes compartimos la sensibilidad combativa con la discriminación de la mujer pero nos sentimos muy incómodos dentro del apretado corsé lingüístico de lo políticamente correcto.

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Las mujeres son de novela

Por: | 05 de marzo de 2012


Una pareja de mujeres hojea un libro que forma parte de la instalación "La noche de los libros" en la calle de Fuencarral (Madrid) con motivo del Día del Libro. © ULY MARTÍN

Por Miguel Ángel Villena

Basta tomar un transporte público, pasear por un parque o acudir a una librería para comprobar la pasión lectora de las mujeres. Ellas leen en papel de libro, en ediciones impresas de periódicos y revistas, en soportes digitales, en teléfonos móviles, en tabletas… Cualquier medio resulta útil para saciar ese afán por conocer historias o descubrir personajes, de imaginar tramas o recrear mundos. Las lectoras son jubiladas y estudiantes, amas de casa y profesionales, burguesas y alternativas, en una afición femenina transversal que recorre edades, procedencias y extracciones sociales. En cualquier caso y sin aburrir con estadísticas, está claro que las mujeres leen en España más que los hombres. De cada 100 lectores, 57 son mujeres. Se trata de una tendencia femenina constante desde hace años y que se confirma día a día.

Los expertos comentan que esta fiebre lectora obedece a la combinación de un deseo de entretenimiento, un placer solitario e íntimo y un afán de conocimiento. La búsqueda de maneras de vivir, desde la emoción o la evasión, en un acto íntimo como es la lectura se halla en la raíz de este fenómeno cultural. Una veterana editora suele señalar que las mujeres han encontrado el ocio en la lectura del mismo modo que muchos hombres se inclinan por el fútbol. La incorporación masiva al trabajo y a la educación ha propiciado esta auténtica revolución de las mujeres que se ha extendido a tantas esferas. Ahora bien, hay que subrayar que la pasión lectora femenina se limita bastante al campo de la narrativa (novelas, cuentos, relatos…) y que no se extiende apenas a la no ficción.

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Alfileres (y una web) contra los manoseadores en Turquía

Por: | 01 de marzo de 2012

El tranvía de la calle Istiklal el pasado enero. AFP PHOTO / MUSTAFA OZER

Por Blanca López Arangüena

“Estaba en el tranvía junto con mi novio cuando de repente noté una mano sobre mi trasero. Pensé que era una accidente, ya que había mucho público en el tranvía, así que me moví un poco, pero la mano seguía ahí. Me paralicé, como muchas mujeres cuando son agredidas no supe que hacer”, explica Kocher en un post de internet. Enseguida cambió el puesto con su novio y la mano y su propietario desaparecieron entre la gente. La historia de Kocher, con la que lamentablemente están familiarizada las mujeres de casi todo el mundo, comienza a ser increíblemente común en ciertas zonas de Estambul, especialmente donde abundan los turistas o las jóvenes vestidas más a la occidental.

El toqueteo es muy fácil en una ciudad con 15 millones de habitantes, transportes públicos saturados en las horas puntas y una cultura machista que hace que muchos hombres hagan la vista gorda cuando presencian estas escenas y donde incluso, la policía alecciona a las mujeres agredidas sobre su forma de vestir. Hasta hace poco, la única arma de protección de muchas mujeres turcas eran los alfileres, que muchas llevan a mano y utilizan cuando un desconocido intenta sobrepasarse. Una discreta punzada en la pierna y problema resuelto. Sin embargo Kocher decidió ir más allá.

La mujer quiso compartir su experiencia con otras chicas a través de la página de internet Hollaback, una web norteamericana de denuncia sobre el acoso en las calles. La respuesta fue inmediata y un mes después, en abril de 2011, Kocher decidía abrir Hollaback Turquía. La página se ha convertido en una plataforma de lucha contra el acoso en la calle para mujeres, turcas y extranjeras, y el colectivo de transexuales y homosexuales turcos. En ella los miembros comparten trucos para enfrentarse a un acosador, vocabulario en turco para “protegerse en la calle” y un mapa de los lugares donde se produjeron los agravios, junto con una descripción del mismo y del asaltante.

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Sobre los autores

Tenemos diferentes puntos de vista, distintas edades, diversos perfiles. Somos un grupo de periodistas, especialistas y colaboradores coordinado por Isabel Valdés.

Libros

EL POSMACHO DESCONCERTADO

EL POSMACHO DESCONCERTADO

Ricardo de Querol

“Como quien dice, acabamos de salir de la cueva. No se borran de un plumazo milenios de reparto rígido de papeles, de trogloditas que salían de caza mientras ellas recolectaban y cuidaban de niños y ancianos, de bravos guerreros y abnegadas esposas, de amas de casa confinadas al hogar y hombres que acaparan toda la vida pública, de burkas de todo tipo, de dotes, de pruebas del pañuelo”. Las reflexiones del autor sobre la relación entre los sexos en el siglo XXI publicadas en el blog Mujeres, recopiladas en un libro electrónico. Puedes comprarlo en Amazon y en Google

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