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Mujeres

La deseable custodia compartida

Por: | 07 de junio de 2013

Custodia
La reciente sentencia de 29 de abril de 2013 de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo concluía en su fallo que la custodia compartida “habrá de considerarse normal e incluso deseable, porque permite que sea efectivo el derecho que los hijos tienen a relacionarse con ambos progenitores, aun en situaciones de crisis, siempre que ello sea posible y en tanto en cuanto lo sea”. De esta manera, parece allanarse el camino hacia la reforma del Código Civil anunciada por el  ministro de Justicia y que vendría a romper con el carácter excepcional que dicho modelo de guarda y custodia tiene en nuestro ordenamiento, con la excepción de Cataluña, Aragón y Valencia.

Una propuesta que lleva años generando una intensa polémica que, debo confesar, he contemplado en ocasiones con una cierta perplejidad, la misma que me asalta por cierto cuando compruebo que prácticamente en un 90% de los procesos matrimoniales la custodia de los hijos se atribuye de manera exclusiva a la madre. Por una parte, me cuesta entender la posición de ciertos sectores feministas que de manera muy radical han hecho bandera de la oposición a esta medida. Por otra, me ha resultado paradójico que determinados colectivos de padres la reclamen insistentemente sin que previamente, me temo, se hayan cuestionado el papel que muchos de ellos desempeñaron en la familia antes de que se rompiera la convivencia. Y sobre todo me resulta como mínimo inquietante que hombres que no se han caracterizado por su militancia en la igualdad usen este principio como argumento de sus reivindicaciones.

La intensidad del debate nos demuestra que la custodia compartida incide en el corazón mismo de la desigualdad de género, es decir, en la esencia de un contrato social que todavía hoy sigue estando precedido de un “contrato sexual” que establece un orden binario y  jerárquico entre lo público y lo privado, entre lo masculino y lo femenino, entre el papel de sustentador y el de cuidadora. Porque es precisamente en el mantenimiento de esas estructuras patriarcales donde sigue radicando el origen de la mayor parte de las discriminaciones que sufren las mujeres y es por tanto donde sería necesario incidir de manera activa.

Es decir, cuando nos planteamos el horizonte de alcanzar una democracia paritaria no deberíamos perder de vista que sus principales objetivos pasan por la redefinición de las relaciones entre los espacios públicos y privados, lo cual ha de incidir no sólo en la revisión del tradicional Derecho de Familia sino también en la misma construcción de las subjetividades masculina y femenina. Unos objetivos que han de tener una singular proyección en la definición social y cultural de la masculinidad, en la medida en que nosotros, mientras que las mujeres se han ido incorporando progresivamente a lo público, seguimos sin hacerlo a lo privado con la plena asunción de responsabilidades que ello implica.

Por lo tanto, el gran reto ligado inexorablemente a la democracia paritaria es evolucionar desde el jerárquico contrato sexual a lo que María Pazos ha denominado “un pacto de personas sustentadoras y cuidadoras en condiciones de igualdad”.

Ese pacto debería pues mantenerse, siempre que sea posible, cuando se rompa la convivencia, de manera que el padre y la madre se repartan de manera corresponsable los derechos y obligaciones con respecto a los hijos y las hijas. Sólo así quedarían satisfechos dos objetivos que deberíamos contemplar  en paralelo: 1º) el derecho de la madre a continuar con su vida laboral o profesional sin que las responsabilidades familiares constituyan una limitación y, por tanto, sin que la asunción de la custodia de manera exclusiva acabe convertida en una trampa; 2º) el derecho del padre a mantener una relación continuada con sus hijos así como su deber de cumplir con las responsabilidades de cuidador. Todo ello, además, contribuiría a la superación de una concepción biologicista del papel de cuidadora de la mujer y la aceptación progresiva de que el “maternaje” supone un conjunto de habilidades y capacidades que también pueden ser adquiridas y desarrolladas por el varón.

De acuerdo con estos presupuestos,  la custodia compartida es el régimen que mejor se ajusta a un modelo de convivencia en el que el padre y la madre comparten derechos y obligaciones. Un modelo que en la práctica, no nos engañemos, es tremendamente complicado y mucho más en un contexto de crisis. En todo caso, las dificultades cotidianas  habrían de resolverse, siempre que fuera posible, a través de la negociación entre iguales. Una negociación que no podrá perder de vista el interés superior del menor y que no podrá quedar a expensas de la satisfacción egoísta de los intereses, en muchos casos puramente económicos, de los progenitores.  De ahí también la utilidad que en muchas ocasiones tendrán técnicas aún poco exploradas en nuestro sistema como la mediación familiar, asumiendo en todo caso que la “biparentalidad perfecta”, que diría el sociólogo Lluis Flaquer, es un mito y que el proceso de socialización de nuestros hijos e hijas es más bien una permanente suma de errores  y aprendizajes

La custodia compartida debería ser pues el modelo hacia el que debería tender nuestro Derecho de Familia en cuanto que es el que mejor garantiza la igualdad de ambos progenitores y en cuanto que, entre otras cuestiones, mejor puede facilitar que tanto el padre como la madre -o los dos padres o las dos madres- puedan conciliar su vida profesional con la personal y familiar. Una concilación que permitirá satisfacer de manera más plena y satisfactoria los intereses y necesidades de los menores.

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Ahora bien, ello no quiere decir que siempre sea posible o que sea en todas las ocasiones el que mejor se ajuste a la realidad de cada familia. Parece evidente que no cabría establecerla no sólo en los casos extremos en los que el padre haya sido por ejemplo condenado por violencia de género sino también en aquellas parejas en las que quede suficientemente demostrado que, durante la vida en común, él hizo permanente dejación de sus responsabilidades de afecto y cuidado. Es decir, en este caso la “diligencia del buen padre de familia”, entendida en los términos de corresponsabilidad que aquí defiendo, debería convertirse en criterio decisivo para posibilitarla.

De lo contrario, caeríamos en la gran paradoja de que tras la separación se le reconociera al padre la capacidad para cumplir con las obligaciones  que con carácter previo no satisfizo convenientemente. De la misma manera, también debería valorarse de qué forma ambos progenitores favorecen o dificultan el razonable ejercicio de la corresponsabilidad frente a los hijos.

Estamos pues ante una cuestión terriblemente compleja y ante la que sería deseable mantener posiciones matizadas y flexibles. No cabe duda de que a pesar de los cambios sociales operados en las últimas décadas, y de que por lo tanto cada día es más fácil encontrar hombres que ejercen su paternidad de manera responsable, un elevado número de familias siguen respondiendo a los esquemas que durante siglos prorrogaron la ausencia del padre y la entrega de la madre. Son esos esquemas los que necesitamos hacer añicos y reconstruir desde una visión de la familia como pacto de convivencia entre iguales. Un pacto que, por cierto, es mucho más habitual en las familias constituidas entre personas del mismo sexo. Sólo así iremos poniendo las bases para que la custodia compartida, más allá de lo que pueda decir el legislador o  dictar un juez, se convierta en la consecuencia lógica de un diligente y por tanto corresponsable ejercicio de la parentalidad.

Octavio Salazar Benítez es profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Córdoba y autor del libro Masculinidades y  ciudadanía. Los hombres también tenemos género.

Fotos: dos escenas de una movilización en favor de la custodia compartida en Barcelona en 2008, por Gianluca Battista y Edu Bayer

Hay 40 Comentarios

Belén, ya sabemos que es difícil la compartida en tu situación, pero explícanos: ¿cuál es tu propuesta? No la veo por ningún sitio. ¿Que se os conceda a las mujeres por defecto como hasta ahora? ¿que para evitar problemas se nos aparte a los padres de un manotazo? ¿que para evitar tu "cadena perpetua" se nos someta a todos nosotros a la cadena perpetua del alejamiento forzoso? Y en tu caso concreto: ¿cómo no te gusta su dictadura en su semana quieres tu dictadura en todas las semanas?

La verdad es que si el papel de la mujer ha cambido en nuestra sociedad, y es obvio que debe seguir cambiando, el papel del hombre tambièn. No se puede generalizar pero cada vez hay más casos en donde son los hombres los que confiesan que fueron ellos los que quisieron tener los hijos y que no entienden como tras la separación, no se les permite custodiarlos a partes iguales. Muchos de esos hombres son los que cuidaron desde el nacimiento y ven ahora, entrando en la adolescencia, como se les ha privado de su derecho fundamental de crianza. Perdonen, pero parte de la sociedad ha cambiado y hay que tenerla en cuenta. Efectivamente, no se puede generalizar... pero tampoco caben análisis teóricos enmarcados en contextos que ajenos en gran parte a la realidad actual.

A Hugo... el problema es que ni la administración, ni los colegios, ni el sistema... Nada está preparado para hacer luego un seguimiento. Los jueces y el equipo psicosocial toman la decisión y luego se desentienden. Yo pregunté una vez y me dijeron: ya tomamos la decisión, ahora arregle usted su vida. Sí, señor.... muy igualitario. Sobre todo, si consideras que una de sus argumentaciones en el juicio fue que "leía mucho y eso hacía que no tenía tiempo para cuidarla". Claro, el problema, que las condiciones cambian y entonces, cuando llevas viendo seis años como va el tema, te dicen que te vayas otra vez a juicio. La niña tiene ropa doble, doble cumpleaños, doble juguetes... La igualdad, en la teoría....

Totalmente de acuerdo contigo, Crudo.
En cuanto al asunto en cuestión a todo el mundo se le llena la boca con el asunto de la igualdad, pero al final cada uno quiere "su" igualdad. Conozco feministas muy activas en la defensa de los derechos e igualdad de oportunidades de la mujer que, llegado el momento de la separación, se convierten en firmes defensoras de su "excepcionalidad biológica y/o cultural" para quedarse con todo (niños, rentas, bienes,...). Pertenezco a una generación nacida en los 60 que vivió en su adolescencia la transición y la llegada de la democracia, e hicimos nuestras todas esas reivindicaciones de igualdad. Con todo el convencimiento del mundo. He tenido jefas como lo más natural del mundo (que lo es), he cambiado tantos o más pañales que mi ex, he peinado, despiojado, cocinado, alimentado, educado y cuidado de mis hijos en igualdad de condiciones. Lo he tomado como una responsabilidad natural y lo he disfrutado. Hasta que llegó mi separación y ante la jueza me hicieron sentir como el sospechoso número 1 sólo por tener testículos. Por supuesto no conseguí la compartida y encima he quedado en una situación económica difícil e injusta por desequilibrada. No importaron ni hechos ni pruebas. Por primera vez sentí lo que debían sentir los negros en Alabama hace un siglo; ellos por ser negros, yo por tener testículos. En estos casos, salvo común acuerdo en sentido contrario, la regla general debería ser reparto al 50% (y hablo de todo: niños, rentas comunes, patrimonio, etc.), y luego se analizan excepcionalidades (maltratos, desequilibrios económicos, etc.) que pudieran alterar esa regla. Desgraciadamente a la mayoría de las mujeres con las que trato (en el trabajo, amigas, etc.) veo que les brota un sarpullido cuando hablo de igualdad también en esto. Por ello, una última cosa: igual que no terminaré de creerme a esos musulmanes que dicen que el islam no es violento mientras no los vea manifestarse a mi lado cuando un energúmeno correligionario suyo se lleva por delante a un montón de inocentes, no voy a terminar de creerme a todas esas defensoras de la igualdad mientras no las vea manifestarse a favor de la misma incluso cuando pueda suponer un recorte de las desiguales ventajas que tienen por ser mujeres.

Es que a veces no hay opción a hablar nada: cuando la contraparte no te habla hace seis años, lo hace todo a través de la niña y toma las decisiones la semana que está con ella diciendote que como "es su semana" tú no decides. Desde fuera es tannnnnnn bonito.

@Belen" Mi hija tiene dos vidas paralelas, y tomar una decisión sobre ella se convierte en una tortura. " Obviamente la vida es mas sencilla cuando haces tu voluntad sin cortapisas que cuando tienes que negociarlas, argumentarlas y convencer. Sin embargo es lo mas justo

A belén:
No se trata de imponerla, se trata de que exista como opción. Cada familia y cada caso es un mundo, y siempre será difícil tomar una decisión. Lo que se "impone" hoy en día es la custodia exclusiva para la mujer. Si queremos igualdad de género, hay que luchar en todos los frentes.
Firmado: uno que vivió años en Suecia, donde la igualdad es muchísimo mayor, sin llegar a ser perfecta.

La custodia compartida como norma preferente permite que en una separación hombre y mujer partan desde el mismo sitio, y tengan las mismas posibilidades de cuidar y mantener a sus hijos. Las posibilidades son infinitas, madres que no quieren o no pueden cuidar de sus hijos, madres que no quieren o no pueden aportar economicamente, padres que quieren cuidar de sus hijos, padres que quieren solo aportar economicamente al cuidado de sus hijos. Cada uno ttendra sus motivos y sus preferencias para encarar la educacion el cuidado de sus hijos.
La custodia compartida permite que ambos progenitores tengan las mismas opciones para hacerse cargo de ellos y que a ningun de los dos se le excluya directamente por el simple hecho de ser hombre o mujer.

Custodia compartida Partimos del mismo punto , donde llegaremos depende de cada caso y el juez debera balancear en un sentido u otro segun las circunstancias.

Hay padres que sienten ese instinto de la paternidad como muchas madres de las que se han comentando. Con que derecho se le priva a una madre de su hijo?
Con que derecho se le priva a un padre de su hijo?
Custodia compartida para todos por favor.
Twtter: @MariaDedoRoto

Yo tengo una custodia compartida hace seis años, cuando no estaba "de moda". La acepté porque creía en la igualdad, porque quería que él siguiera implicándose, porque era un buen padre... hoy pienso que ha sido el peor error de mi vida (él pidió en el juicio la custodia para él y el juez me la quería dar a mí). Está siendo una "cadena perpetua". Mi hija tiene dos vidas paralelas, y tomar una decisión sobre ella se convierte en una tortura. Tal vez sea una solución marav illosa para algunos casos pero NO para todos. Imponerla traerá mayores problemas que beneficios. Teorizar está bien, pero yo animo a que no experimenten con la gente.

http://nelygarcia.wordpress.com. La custodia compartida sería lo mejor para los hijos, pero exige condiciones: el que ambos padres prioricen el bienestar de sus hijos y olviden sus desavenencias, que la violencia esté erradicada y predomine el amor hacia los menores, entre otros motivos. Eso creo que los jueces deben de ser capaces de detectarlo. Existen casos deplorables, en que los niños son utilizados, por uno de los padres para vengarse del otro.

Buen artículo. Algo alejado de la realidad de la mayoria de los divorcios que entran por turno de oficio, pero bien intencionado y con bastante trabajo de investigación. Eso si, con algunas lagunas como la de los niños muy pequeños que, normalmente, repito normalmente, prefieren más contacto con la madre aunque solo sea porque la han visto más. Olvida, también, el evidente peso de los abuelos en el cuidado de los menores. No digo su derecho a visitas sino que son, en la mayor parte de los casos, los que ayudan al cuidado de los hijos en temas como llevarlos y recogerlos del colegio cuando los padres trabajan. Una estadística seria de esto haría falta. Yo, en mi modesta opinión, soy más partidario de, en el 80% de los casos, más o menos, custodias de la madre con regímenes de visitas muy amplios y flexibles para el padre, antes que el puro 50% para uno y 50% para el otro. He visto en demasiadas ocasiones buscar solo la custodia compartida para evitar el pago de pensiones. ¿Qué quereis? Lo he visto. Lo siento, pero lo he visto mucho. Si me tengo que disculpar me disculpo, pero son muchos años viendolo, sobretodo en divorcios que, de haber tenido la pareja más medios económicos igual no se habrían producido. Que también ese sería un tema para hablar, la influencia de la falta de dinero en las crisis matrimoniales...pero, bueno, ya está dicho.

@gianna: La necesidad de seguridad en la mujer es enorme. Es evidente que el dinero da mucha seguridad, pero también existe un fuerte componente emocional. A este respecto, rescaté de un foro la honesta confesión de una madre que se había opuesto a la CC. Lo explicaba en estos términos: "afirmo categoricamente que la mayoria de las madres no desean la custodia compartida. Las razones para no quererla son simples:
(Sin entrar en las economicas)

1.- La mayoria de las madres tenemos dependencia emocional para con ellos,no sé por qué, pero es así. Creemos y estamos convencidas y yo tambien como mujer que soy, estoy convencida de que la mayoria empatizamos más con los hijos, los conocemos más y sabemos que es lo que necesitan más.

2.-Y como consecuencia de lo anterior, creemos que todo lo que hacemos es por el bien de ellos, y que los demás, sean padres, abuelos, tios o la vecina del quinto estan equivocados referente a la educación y las pautas que nosotras consideramos que son lo mejor para nuestros hijos.Esto es así, y la prueba la tenemos en lo que nos molesta a las mamas que alguien sea la suegra o la vecina, nos hagan alguna vez alguna observación de como cuidamos a nuestros hijos.

Por lo que la mayoria de las veces apartamos al padre en los menesteres de educación (No es que no queramos que vaya al pediatra, o hablar con las profesoras) lo que no queremos es que él nos diga que hay que obligar al niño a dormir solo, cuando hemos decidido que duerma con nosotros, o que le castiguemos o no según lo que nosotras hemos decidido que merece o no castigo....

3.-Y tambien como consecuencia de la anterior, es que el no poder controlar la vida del niño nos causa malestar, el no saber si el niño tiene frio o si come bien, o que ha comido, o si llora y no estamos cerca como se sentira el niño, esto nos saca de nuestras casillas.

4.-Y por último no damos la CC porque no nos podemos imaginar como va a ser nuestra vida sin ver a nuestro hijo ,cada día.

Esto es así de simple y todo lo demás son argumentos tontos.

El padre normalmente, aunque sea él quien lleve a los niños al colegio, quien les de de cenar, quien los bañe... nunca le dejaremos que sea padre al 100x100, ni antes, ni durante ni despues de la separación, ya que todo lo que implique la vida del niño, para nuestra tranquilidad debemos controlarla nosotras y supervisarla...

Los grupos feministas que saben esto, creen y yo tambien, que las mujeres si se aprueba la CC, iremos hacia atras ya que muchas decidirán no separarse, por lo que se han inventado todas las excusas posibles para que esto no cambie, no dandose cuenta de que lo que hay que hacer es abrir los ojos, delegar más y considerar al hombre, un ser con sentimientos que quiere a sus hijos y que sabe cuidarlos igual que nosotras, aunque sea de manera diferente, mientras esto no seamos capaces de hacerlo, las mujeres no avanzaremos realmente."

De acuerdo con el comentario anterior. Y a mí me chirría muchísimo la frase "me ha resultado paradójico que determinados colectivos de padres la reclamen insistentemente sin que previamente, me temo, se hayan cuestionado el papel que muchos de ellos desempeñaron en la familia antes de que se rompiera la convivencia". Oiga, don Octavio ¿y usted qué sabe de lo que curran en casa y con los hijos muchísimos padres, antes y después de eventuales rupturas? Habla de superar esquemas y el primero que sigue apegado al rol de "sustentador" opuesto a "cuidadora" es usted.

En efecto, excelente artículo, que dice lo que yo llevo opinando desde hace años, que la custodia compartida es feminista porque no carga en exclusiva a a la madre con el cuidado de los hijos. Además, es lo justo, los niños tienen dos padres, que deben contribuir POR IGUAL a su cuidado y manutención.

De todas formas, ya que dice que no lo sabe, le aclaro el motivo por el que las asociaciones que dicen ser feministas están en contra y por el que algunos malos padres están a favor: EL DINERO. Con la custodia compartida se acaba con una pensión alimenticia en muchas ocasiones inflada que en el caso de muchas es un negocio y en el caso de muchos es una sangría que no les permite sobrevivir.

¿Qué tiene que ver el papel que uno juega durante un matrimonio con el papel que va a jugar tras el matrimonio? ¿Son los hijos acaso un premio a otorgar a aquel que ha mostrado más dedicación? ¿Y a qué llamamos dedicación? ¿A cambiar unos pañales o a ganar el dinero que los paga? La ruptura matrimonial rompe con todos los acuerdos previos y plantea un nuevo comienzo, un nuevo arranque donde nada es igual y donde no se puede tomar como referencia lo anterior, salvo en el caso de maltrato A LOS MENORES. Para quien no peinó a sus hijas, ha llegado el momento de aprender. Para quien no trabajó, ha llegado el momento de hacerlo. Así de simple. Con este planteamiento se resuelven todas esas paradojas e inquietudes de quien insiste en poner más barreras a la custodia compartida como opción preferente. ¿O es que arrebataríamos los hijos, por ejemplo, a un hombre que nunca cuidó de ellos en caso de quedarse viudo? No. Se le da la oportunidad de aprender y de comenzar de nuevo. Salvo estas puntualizaciones, por lo demás, excelente artículo.

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Tenemos diferentes puntos de vista, distintas edades, diversos perfiles. Somos un grupo de periodistas, especialistas y colaboradores coordinado por Isabel Valdés.

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EL POSMACHO DESCONCERTADO

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“Como quien dice, acabamos de salir de la cueva. No se borran de un plumazo milenios de reparto rígido de papeles, de trogloditas que salían de caza mientras ellas recolectaban y cuidaban de niños y ancianos, de bravos guerreros y abnegadas esposas, de amas de casa confinadas al hogar y hombres que acaparan toda la vida pública, de burkas de todo tipo, de dotes, de pruebas del pañuelo”. Las reflexiones del autor sobre la relación entre los sexos en el siglo XXI publicadas en el blog Mujeres, recopiladas en un libro electrónico. Puedes comprarlo en Amazon y en Google

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