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Mujeres

La mujer normal ha muerto

Por: | 29 de enero de 2014

 

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Anna Magnani (CORDON PRESS)

Ponte en pie ante las canas 
y honra el rostro del anciano.
El libro del Levítico

Sí. La mujer normal ha muerto. Ha muerto porque en la televisión ha dejado de existir. ¿Qué les pasa a las mujeres que aparecen en ella, que no tienen arrugas, que se ríen abiertamente sin signos de expresión? ¿Por qué tienen los labios y los pechos hinchados... exageradamente? ¿Dónde están las mujeres como yo —como tú? Han muerto. No quieren verlas y las han eliminado de la pantalla, porque... ¿para qué?, ¿para recordarnos que el tiempo pasa y pasa para todos?, ¿para que el público, cómodamente en su salón, opine que los años no pasan por ti, (mujer de la televisión), que cada día estás más joven, que quizá con un poco más de pómulo...?

Anna Magniani, antes de que el maquillaje le cubriera todo el rostro, pidió que no le quitaran las arrugas, que le habían costado toda una vida procurárselas. Pero ¿qué presentadora, actriz o modelo está dispuesta a ello? ¿Qué nos ocurre a las mujeres normales para querer pasar por el quirófano, obedeciendo a un supuesto deseo o cánon o perfección o visión masculina? ¿Quién nos ha engañado y nos ha hecho creer que estamos más guapas así, desfiguradas completamente?

¿Qué pasa en la televisión, que parece una caricatura de la sociedad? La mujer deformada se pasea por nuestro salón y nosotras, mujeres del otro lado de la pantalla, nos miramos en ellas y vemos que no coincide la silueta, que no hay semejanza alguna. La mujer normal de la televisión ha muerto y la mujer normal de fuera de la televisión se esconde, imita, compara. No hay manera, no hay rastro de la mujer con arrugas o con flaccidez, no hay estrías que brillen bajo el foco de la luz, ni barrigas. No hay sobrepeso —ni siquiera hay gafas. El cuerpo de las mujeres, un documental de apenas veinticinco minutos, desenmascara a esa mujer muerta que se ha quedado dentro de la televisión y que no sale, por más que la echemos no sale de nuestra vida, de nuestras expectativas.

 

¿Hemos perdido la capacidad de esperar de nosotras la normalidad? ¿Nos miramos a través de un supuesto deseo masculino? ¿Por qué la televisión está llena de mujeres cuyo talento se basa en la belleza y la juventud? ¿Cuántas veces tendremos que leer que a tal o cual actriz se le nota demasiado la cirugía o, peor, necesitaría unos retoques?

Preguntas y más preguntas que nos hacemos, nos hacemos a este lado de la pantalla, y del otro lado hay un vacío, una laguna: del otro lado hay mujeres que acompañan a hombres en los programas, hay un florero con cuerpo de mujer, o una pata de la mesa; al otro lado una mujer ríe las gracias, da paso a la publicidad, es humillada, es un objeto sexual. No, no es una exageración: veinticinco minutos de documental y todo está ahí, ahí, donde la mujer normal no tiene cabida, todo está ahí: en lo mediocre, en lo soez, en la sexualidad de las presentadoras que no presentan. Las cualidades de las mujeres vivas de la televisión son puramente físicas: son rubias, son guapas, son simpáticas. Y cuando una mujer con talento se cuela entre bastidores, no vale —no vende.

No cabemos las mujeres normales en la televisión: estamos demasiado vivas, demasiado arrugadas, demasiado fláccidas. No se cabe en la televisión, es tan pequeña. La mujer normal necesita estar a este lado de la pantalla, porque sin nosotras no saben a quién dirigirse. ¿Cómo? El reclamo que utilizan para el hombre es una trampa, es sólo una manera de llegar hasta nosotras: sí, porque nos miramos con los ojos equivocados —los ojos sin tiempo, los ojos perfectos. Medimos a las mujeres de la televisión, las medimos y tampoco caben ahí dentro, es tan pequeña, somos tan pequeñas: insignificantes, al margen.

Veinticinco minutos y lo veréis: la nada que puede llegar a ser la televisión, que no hay manera de entrar y salir de ella sin quedar ileso. La televisión afea, deforma, provoca. La televisión insulta, decora, nos vomita encima. La máscara de la televisión, la tristeza de las mujeres, la altura de la belleza —inalcanzable, tan pequeña es. ¿Qué les pasa a las caras de las mujeres? ¿Qué esconden bajo la máscara?

Hay 107 Comentarios

«Todo el mundo prefiere ver caras y cuerpos bonitos en televisión»


Jordi Évole, Alberto Chicote y a El Gran Wyoming no se parecen en nada a Cristiano Ronaldo.


¿Pero por qué tienen tanta audiencia? Porque las personas no valoran su físico, sino su profesionalidad.


Esta es la gran diferencia en el trato que se da a las mujeres. Se valoran a los hombres por su profesión y no por su físico. De lo contrario, Tomás Roncero no tendría más de 400.000 seguidores en Twitter.


En cambio, el físico pasa a ocupar la primera posición cuando se trata de mujeres. Los directores las eligen "guapas" y las ponen "guapas", sin importar su contenido, su papel. Sólo son mujeres objeto, un decorado más del plató.

"Es necesario vestirse, sí"


Exactamente, es necesario vestirse de una determinada forma para ser imagen de la cadena. Ellos con corbata y ellas con escote.


Si resulta que el hombre tiene alergia a la corbata, ¿qué te juegas que ponen otro? Discriminación por físico. "Trabajas en televisión porque no tienes alergia a las corbatas". Denigrante.

«Los escotes atraen anunciantes que dan de comer a los que trabajan en televisión»


Y el trabajo en condiciones precarias de Mango en la India da de comer a centenares de familias de Palau-solità i Plegamans y alrededores.


Una sociedad democrática debe exigir el respeto de los derechos humanos. Vestir a una presentadora y hacerla actuar sencillamente como lo que no es degrada su imagen y profesionalidad.


No todo vale con el fin de ingresar dinero.

Eric,
Elegir a mujeres bonitas como presentadoras de programas y telediarios ¿es sexismo? TODO el mundo, MUJERES Y HOMBRES, prefiere ver caras y cuerpos bonitos. Para desfilar en una pasarela no hace falta gran cosa. ¿Pero cuanta gente iría a ver un desfile de modelos más feos que Picio? ¿Cuanta gente ira a un bar con camareros feos pudiendo ir a otro con camareros cañon? Para leer bien una noticia no se precisa ser guapo, como no se necesita ser guapo para servir copas, pero como las personas guapas atraen más la atención que las feas, y resulta que todo el que abre un negocio QUIERE tener éxito, el guapo tiene las de ganar.
¿A quién elegirías tú para tu bar, al camarero/a guapo o al feo si ambos sirven las copas igual de bien? Si eligieras al feo, la gente se iría al bar del guapo/a. Y cuando digo gente, digo mujeres y hombres por igual. Eres libre de arriesgar tu capital empleando al feo, pero no pretendas que los demás arriesguen el suyo.

«¿Es necesario ponerse corbata?»


Es necesario vestirse, sí. Las corbatas no están ligadas a la imagen denigrante de "trabajas en televisión por tu físico".

“¿Es necesario enseñar el escote para leer el texto?”


¿Es necesario ponerse corbata? Eso tampoco tiene que ver con el periodismo, ¿no?

“Los requisitos para trabajar en la NASA están relacionados con la Física”.


Los requisitos para trabajar en la NASA están relacionados, además de con la física, con la inteligencia, que es lo que te diferencia del resto de licenciados en Física. Que es un atributo que viene dado por la genética. Exactamente lo mismo que el físico: Genética pura.


“¿Es necesario enseñar el escote para leer el texto?”


Si ese escote trae anunciantes que dan de comer al cámara, al guionista, al redactor, a la maquilladora, y a ciento y la madre, desde luego que sí. La otra opción es TODOS A LA CALLE. Como ha señalado Ángel…


Y si alguna periodista tiene problema con ello, siempre puede irse a trabajar en la radio.

En este momento del mundo, la sociedad y la cultura es de mayor apertura de mentes de modos y maneras de ser y de pensar. Hay mujeres de TV, hay mujeres de ciencia, hay mujeres de horgar, actualmente, por fortuna podemos decidir ser diferente y no un estereotipo. Lo que no se deben perder los valores humanos por sobre las apariencias .

«Para acceder a la NASA necesitas tener las mejores notas y superar a miles de candidatos»


También se realizan castings o selección de personal para trabajar en televisión, e incluso, para trabajar en una hamburguesería.


1.- Los requisitos para trabajar en la NASA están relacionados con la Física.


2.- Los requisitos para trabajar en la televisión no únicamente están relacionados con el periodismo. ¿Es necesario enseñar el escote para leer correctamente el texto que aparece en el Teleprompter? ¿En qué facultad de periodismo recomiendan a las estudiantes operarse la nariz?


Es evidente lo que es sexismo y lo que no.

Ya de paso, podríamos acordarnos no solo de la fracción de mujeres que no van a ocupar ciertos puestos de presentadora por no ser bonitas... Podríamos acordarnos de LA TOTALIDAD de hombres que no son ni siquiera tenidos en cuenta para esos puestos. Por eso de la igualdad de oportunidades, digo... ¿Os acordáis alguno (género neutro) de eso en estos casos?

Bravo Ángel por aportar sensatez al debate.


“Para trabajar en la NASA te exigen el grado de Física”.


Y las mejores notas, y superar a cientos de voluntarios en pruebas que seleccionan a las personas en función de lo que la NASA necesita. Pruebas todas ellas que DISCRIMINAN a quienes no las superan. Y quien quiera trabajar en la NASA, tendrá que PASAR POR EL ARO y cumplir los requisitos QUE EXIGE la NASA. Si esos requisitos no se ajustan a sus capacidades o a sus principios, son PERFECTAMENTE LIBRES de buscar trabajo en otro sitio. Más sencillo, imposible.

Imagino que la autora del articulo considerará entonces hombres "normales" a Leonardo Dicaprio y a George Clooney.

Al final todo esto no suena mas que a envidia y a afán de protagonismo. Quiero salir en las portadas de las revistas, en la tele y en las películas aunque sea un cranco, y si no lo logro es por machismo, pobre de mí.

Pues mira, no.

Yo no aspiro a ser una estrellita ni a anunciar Profident con una sonrisa radiante. Sé que mis puntos fuertes son otros y me centro en ellos. Lo demás es exhibir resentimiento y frustración, y es un poco penoso de leer.

Tampoco aparecen apenas hombres calvos y gordos, yo voy camino de ser ambas cosas y no me quejo. Me gusta más la gente guapa que la fea y en la televisión lo que prima es la apariencia.

En fin, otro rollo victimista.

«Me hubiera gustado trabajar en la NASA»


- Para trabajar en la NASA te exigen el grado de Física.
- Para presentar un telediario te exigen el grado de Periodismo y si eres mujer, además, tener buena presencia.


Creo que es evidente lo que es discriminación y lo que no.

La NASA acepta la identidad e imagen de todo el personal. En cambio, la televisión crea una necesidad a la trabajadora (necesitas escote, necesitas tacones, necesitas maquillaje, necesitas operarte, etc.) cuando no es necesario para la labor que ejerce: informar.


Hay que cuestionar los requisitos artificiales que se crean en el mundo de la imagen, que lo único que hacen es distorsionar la realidad de las mujeres.

La televisión y el mundo de la imagen no simplemente transmiten una imagen artificial de las mujeres, —maquillaje, cirugía, Photoshop, dobles, fajas, rellenos y otras artimañas—, sino que están invisibilizando a las mujeres, no las dejan mostrarse como son, y a la vez están creando un estereotipo negativo sobre ellas.


Muchas periodistas enmascaran su identidad para poder ser aceptadas en dicho mundo. Esto es, se disfrazan, aparentan, esconden su rigor periodístico y muestran su cuerpo.

A los hombres nos gustan las mujeres bonitas. Somos así de canallas, qué le vamos a hacer. Tengo entendido que a las mujeres también les gustan más los guapos que los feos, los ricos que los pobres, los famosos que los anónimos... Ya saben: los George Clooney, Brad Pitt, Richard Guere, etc. Pero, bueno, a mí no me hagan caso, que lo mismo no es así. Yo también reivindico lo del hombre normal por propio interés. Siempre quise ser jugador de baloncesto. ¿Por qué siempre tienen que jugar en la selección nacional tíos de dos metros? ¿Y los de estatura normal, como la mía, qué? ¿O por qué sólo eligen a los tíos 2 por 2 como jugadores de rugby? ¿Y los de talla normal, qué? Si es que no hay derecho. Es la dictadura de los más grandes, altos y fuertes.
También me hubiera gustado trabajar en la NASA, y no solo de portero o de mozo de los cafés. Pero la tiranía en que vivimos no permite que allí trabajen personas de inteligencia normal. ¿No es repugnante?

Hay que cambiar las cosas. A partir de ahora, los normales debemos tener derecho a desplazar a los superiores en belleza, fuerza o inteligencia. Las mujeres están sojuzgadas; eso es obvio. Una vil dictadura de la imagen, impuesta por el varón, las impulsa a ir de compras cada cuatro días. No lo hacen por gusto, como bien sabemos. En realidad, detestan los pintalabios, el rimel, la lencería, los zapatitos de tacón... Detestan tener que comprar todas esas cosas para ponerse guapas. Propongo cerrar las tiendas (y las fábricas) de cosméticos, lencería, perfumerías, zapatos... Esas fábricas y tiendas no son más que las trampas que el patriarcado pone a las mujeres. Ciérrense ya. Prohíbase su comercialización. A partir de ahora, los tiránicos hombres deberán colaborar para la liberación de la mujer. Los novios y los maridos deberán intervenir con cariño cada vez que sus parejas quieran ir de compras: "No hace falta que te compres esos caros zapatos de tacón, cariño: a mí me gustas igual con los que ya tienes. De verdad, nena, si lo haces por mí, que sepas que no lo tienes que hacer". Es de suponer que ellas den saltos de alegría al saber que no tienen necesidad de ir de tiendas cada dos por tres. "Pues claro que lo hago por ti, cariño -contestarán ellas-. Me libras de una pesada carga si a ti te da igual verme sin zapatos de tacón".
En fin, qué gozo y qué liberación.
Bueno, también es verdad que mucha gente irá directa al paro. Pero esto no será nada comparado con la maravilla de liberarnos de la opresión de la estética patriarcal.

el artículo me gustaba desde el título, pero tras leerlo es más de lo mismo; la historia y actitud del feminismo posmoderno. ¿te has fijado cómo los grandes genios de la historia y/o las grandes mentes literarias hablan de los dolores del mundo y del ser? entonando la primera persona plural. Pero con los textos feministas posmodernos (y otras tantas cosas posmodernas) nunca hay un "nosotras", siempre subyace una culpa exterior hacia un ente exterior, en forma de patriarcado o capitalismo o lo que sea, y eso lo veo como anti-feminismo. Porque si ninguna piensa aceptar que tiene parte de la culpa de lo que critican (y déjame pensar, que a veces ellas son las culpables de caer en lo que critican), si sólo piensan andar pidiéndole cuentas a un "tú" u "otro", entonces reafirman que no tienen voluntad propia para cambiar las cosas, que no son mujeres fuertes, que siempre tiene que ser un hombre (o una mujer fuerte, pero siempre otra) quién las rescate y las guíe. Y eso es anti-feminismo. Pero tener la actitud opuesta significaría que no habría más "movimiento feminista" como se conoce hoy en día a este tipo de manifestaciones, con lo cual las agendas de unas pocas se vaciarían y no tendrían con qué ganar dinero y manipular.

Tiene tela que esta reflexión aparezca en el mismo periódico que también publica un flamante y laudatorio artículo sobre "La loba de DiCaprio" bastante ofensivo para las mujeres. Tiene hasta incluso cierta gracia, pues estoy accediendo a este artículo desde el ranking de las diez noticias más vistas y unos puestos antes aparece el titular al que acabo de hacer mención. La hipocresía está servida. Por un lado admiramos al prototipo de mujer objeto (y no precisamente por su interpretación, sino por su capacidad para "calentar" al público masculino) y al día siguiente tenemos las santas narices de preguntarnos si ha muerto la mujer real.

¿Qué esconden bajo las mascaras? nada realmente liberador,son victimas de este sistema capitalista que explota lo mas nimio,este sistema neoliberal del negocio por el negocio a cuenta de lo que sea;es realmente bochornoso que una franja bastante estimable de la mujer actual este constantemente dirigida por una publicidad que la hace ser un mero objeto sin nada personal que aportar _tampoco interesa al sistema_una mujer sin vida propia y como vayamos en la dirección de esta tendencia aberrante,van estar "tan muertas o mas" que las maniquís.
Buen dia,apertas agarimosas
http://intentadolo.blogspot.com.es/2014/01/es-la-hora-de-la-izquierda-social-y.html

“Entre la resignación y la lucha yo elijo la segunda”


Muy bien. En la próxima riada que haya, sal a luchar contra ella para detenerla. No te resignes a subirte a un tejado.


“Sabiduría para diferenciar lo que se puede cambiar y lo que no”. Hay cosas que se pueden cambiar. Hay cosas que no. La “dictadura de la imagen” es un hecho biológico, un mecanismo de selección natural. No puedes cambiar lo que nuestros genes y nuestras hormonas están programados para hacer. Y de tal modo, la persona hermosa siempre lo tendrá más fácil que la persona que no lo es. Eso nunca va a cambiar. Así que te sugiero en que trabajes en tu actitud para que no te afecte lo que no puede ser cambiado.


Mientras tanto, puedes seguir luchando en lo que sí se puede cambiar: En derechos reproductivos iguales para el hombre, en mayor protección para el hombre que sufre violencia, en la derogación de leyes que criminalizan al varón y que han resultado manifiestamente inútiles salvo para abogados y asociaciones de mujeres, que se han lucrado sobradamente con ellas.

Parece que nos hemos puesto de acuerdo... Gran artículo.

Esta es una aguda visión de las heridas que nuestro siglo ha infligido a la masculinidad tradicional.

http://choosethelifeeligelavida.blogspot.com.es/2014/01/lapsus-linguae.html?m=1

«Nosotros no podemos cambiar la “dictadura de la imagen”»


Si el mundo no se pudiera cambiar, si no existieran alternativas, si no conocieramos otras sociedades diferentes, si no hubiera personas luchadoras... mi madre todavía tendría que pedir permiso a mi padre para firmar contratos laborales o abrir una cuenta bancaria.


Entre la resignación y la lucha yo elijo la segunda.

Qué estupidez de post lleno de tópicos.
Que yo sepa en la televisión de nuestro país hay mujeres como Maria Teresa Campos, Mercedes Milá, Paz Padilla... que ni son guapas ni lo pretenden y las que se supone que son más monas pasan todas de los 40 Anne Igartiburu, Mariló Montero, Raquel Sánchez Silva...

El éxito no se basa siempre en la juventud y la belleza. Noto un poco de amargura en este artículo.

"¿Y que Viktor Frankl encontrara la paz interior en un campo de concentración justifica que su esposa y sus padres fueran asesinados por el nazismo?"


Viktor Frankl no podía cambiar el exterminio de su raza. Nosotros no podemos cambiar la “dictadura de la imagen”. Él aprendió a encontrar la felicidad y la libertad en ese contexto. Nosotros tenemos la misma capacidad para ser felices y libres bajo esta “dictadura”. Recuerda la oración de San Agustín: “Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que sí puedo y sabiduría para reconocer la diferencia”. En este debate veo poco de lo primero y muy poco de lo tercero...

«Las condiciones en el campo de concentración de Auschwitz para un judío eran ligeramente más coercitivas que las que pueda usar la televisión o los amigos adolescentes de nuestros hijos (...) personas como Viktor Frankl fueron capaces de encontrar la felicidad y la libertad dentro de sí mismos»


¿Y que Viktor Frankl encontrara la paz interior en un campo de concentración justifica que su esposa y sus padres fueran asesinados por el nazismo?


¿Tiene la sociedad que silenciar las humillaciones, vejaciones y amenazas que sufre una parte de la población porque no está al nivel de la Shoah?


La violencia no es un licor que se mide por grados, tampoco por el número de víctimas, ni conoce Ligas (violencia de primera y violencia de segunda). Toda violencia es denunciable e intolerable.

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Sobre los autores

Tenemos diferentes puntos de vista, distintas edades, diversos perfiles. Somos un grupo de periodistas, especialistas y colaboradores coordinado por Isabel Valdés.

Libros

EL POSMACHO DESCONCERTADO

EL POSMACHO DESCONCERTADO

Ricardo de Querol

“Como quien dice, acabamos de salir de la cueva. No se borran de un plumazo milenios de reparto rígido de papeles, de trogloditas que salían de caza mientras ellas recolectaban y cuidaban de niños y ancianos, de bravos guerreros y abnegadas esposas, de amas de casa confinadas al hogar y hombres que acaparan toda la vida pública, de burkas de todo tipo, de dotes, de pruebas del pañuelo”. Las reflexiones del autor sobre la relación entre los sexos en el siglo XXI publicadas en el blog Mujeres, recopiladas en un libro electrónico. Puedes comprarlo en Amazon y en Google

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