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Mujeres

Corsés para la mujer del siglo XXI

Por: | 11 de febrero de 2014

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Isabelle Huppert en la película 'Madame Bovary'

Creíamos que el histerismo femenino era un mito que la literatura y el cine se habían ocupado de inmortalizar, pero que el nuevo siglo había erradicado para siempre con sus heroínas tres en uno (madres amantísimas, dóciles amantes y ejecutivas agresivas de tacón y rímel), y resulta que no, que esa modalidad de la neurosis que toma su nombre del bendito útero y, así pues, se atribuye indefectiblemente a la condición femenil, sigue vivita y coleando.

También pensábamos que en las relaciones de pareja la infidelidad era una rémora de un pasado lleno de tabúes y represión sexual, y que el progreso había empujado a los hombres y a las mujeres de hoy hacia otras modalidades de unión más liberales, como pueda serlo la pareja abierta, que en su día glosaron Franca Rame y Dario Fo. Ha resultado que no, que poner los cuernos sigue estando de moda como en las peores comedias de enredo y que, en consecuencia, las Anna Karenina del siglo XXI aún ostentan impúdicas sus celos y sus clínex empapados como la cornuda de Match point, magistral película de Woody Allen.

Adulterios regados con tranquilizantes que no suceden tan sólo en las periferias urbanas (donde acaso las telenovelas venezolanas dejan una huella más indeleble), sino incluso en las altas instancias, véase por ejemplo el mismísimo Elíseo, donde ha estallado un lío de faldas digno de Billy Wilder, ese hilarante traficante de debilidades humanas. Y es que mientras todos imaginábamos a los máximos responsables de los gobiernos ocupadísimos resolviendo los acuciantes problemas del mundo, resulta que uno de ellos, el mismísimo presidente de la República francesa, el socialista François Hollande, se entretenía saliendo furtivamente de sus habitaciones al caer la luna para no regresar hasta el alba. Nada que objetar a ese respecto, pues ya se sabe que, como dijo Ortega y Gasset, “el amor es el eterno insatisfecho”, por no decir que cada cual hace lo que le viene en gana con su vida sentimental.

Pillado en plena liaison dangereuse con una actriz, la que hasta ahora hacía las funciones de primera dama, la periodista y máster en ciencias políticas por la Sorbona Valérie Trierweiller (que en su día sustituyó en el corazón del presidente a Ségolène Royal), no ha encajado el golpe nada bien, o al menos no como se supone que debiera hacerlo una mujer del siglo XXI. Cuanto menos no ha aguantado tan bien el tipo como la señora de Strauss-Kahn, aquel director gerente del FMI que se benefició a una señorita de color en el hotel neoyorquino donde se hospedaba, al parecer olvidándose de pedirle permiso.

No nos corresponde aquí analizar el afán amatorio del aspirante a Don Juan, sino las consecuencias de su poca discreción, que confirman que algunas mujeres siguen aún instaladas en el pasado y no tienen intención de dejarlo atrás. Así, mientras el personaje interpretado por Carmen Maura en Mujeres al borde un ataque de nervios digería el portazo que le había dado el novio fumándose todos los cigarrillos del estanco, a la primera dama francesa el corazón se le impuso a la razón, como les sucedía a las heroínas literarias del siglo XIX, diríamos que sin excepción.

Ana Karenina y Madame Bovary (por mencionar a las más célebres de la literatura universal) acabaron rematadamente mal a causa de las penas de amor. Asimismo, guiada por un espíritu similar al de esas creaciones de papel de Tolstói y Flaubert, respectivamente, mientras no paraban de sonar los teléfonos en la que fuera la residencia de Madame de Pompadour, se quitaba la vida en una habitación de un lujoso hotel de Nueva Delhi la esposa del ministro indio de Shashi Taaror, que respondía al nombre de Sunanda Pushkar, quien al parecer no pudo soportar la vergüenza de que su marido le fuera infiel, en este caso con una periodista.

Estos dos casos, de tan distinto final, no son más que la punta del iceberg de lo que ocurre también en el seno de vidas ajenas a la opinión pública, que son las más. Víctimas de la idea periclitada del amor romántico, que el cine, la televisión y la publicidad insisten en vendernos aún hoy (como si su falta de verdad y su perniciosa influencia no hubieran sido ya sobradamente demostradas), algunas mujeres a quienes en una historia a tres bandas les toca el papel más ingrato, hacen alarde de los más casposos roles de sexo y borran de un plumazo el largo y arduo camino hacia la emancipación femenina, que tantos esfuerzos ha costado.

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François Hollande y Valérie Trierweiler, por WIRELMAGE FREDERIC NEBINGER

Las imaginamos teniendo en su mesita de noche –como la Natascha de El idiota de Dostoievski- un ejemplar de Madame Bovary, esa novela donde Flaubert se dio el gustazo de dar vida a una de las bobas de la baba más célebres de la literatura, e incurriendo en el craso error de buscar en ella consuelo. Esa podría ser la explicación a su comportamiento, o acaso un exceso mal digerido de Sexo en Nueva York. Aunque es probable que basten un par de anuncios de perfume y un programa televisivo de sobremesa para inocular en la mujer del siglo XXI (sea cual sea su edad) el virus de la mujer del siglo XIX.

Del mismo modo que el consumo de novelitas rosas hizo estragos en la mente de Emma Bovary, empujándola hacia los despeñaderos del amor y de su contrario, el desamor, actuando a su imagen y semejanza nuestras coetáneas insisten en no quitarse el corsé de que Coco Chanel y compañía las liberaron en sentido literal, y las muchas sufragistas y activistas del feminismo en el sentido figurado. Permanecen pues presas en él y en todo lo que ello conlleva: dependencia hacia el varón, falta de autoestima, impotencia e imposibilidad de empoderarse para comenzar una nueva vida. No aspiran a ser “damas de hierro” ni siguen la senda de una Merkel impermeable, sino que están hechas de la misma pasta que la despechada Fedra, la Ofelia de Hamlet o la doña Inés de Zorrilla.

“Regidas por vaivenes exteriores muy diversos, obedientes a muy distintos modelos de comportamiento, referidas a cánones de triunfo y fracaso que, aun cuando no fueron los mismos, se parecían en lo esencial: en que les venían impuestos desde fuera y en que no los supieron esquivar […]”. Eso escribía Carmen Martín Gaite en un artículo ya antiguo publicado en Triunfo (ahora en La búsqueda de interlocutor y otras búsquedas) asociando a Emma Bovary con una de las suicidas más célebres de Hollywood, Marilyn Monroe, nacida Norma Jeane.

Sinceramente, es preocupante que nuestra actual sociedad genere modelos femeninos que sigan estos patrones y no otros, los que invitan a las mujeres a avanzar contra viento y marea, como hizo por ejemplo la Colometa de Mercè Rodoreda o la intrépida pareja de Thelma y Louise. Y es una lástima que cine, televisión y publicidad nos empujen todavía hacia arquetipos más cercanos a las hermanas Bennet de Orgullo y prejuicio, a la desesperada caza de marido (véase si no los muchos programas estilo “Granjero busca esposa” o “Un príncipe para Corina”), que de una sargento Ripley o de una Joan Crawford en Johnny Guitar.

Es de suponer que algo se ha roto en la correa de transmisión de esta nueva idea de mujer que ya Simone de Beauvoir formuló en El segundo sexo, que libraba a las mujeres de su subordinación. Pensábamos que estábamos ya en el futuro de la condición femenina y andamos aún en el pleistoceno. Dejando de lado que cabe la posibilidad, como afirmaba Madame de Staël, que el amor sea la historia de la vida de las mujeres y tan sólo un episodio en la vida de los hombres, que en cuestiones amorosas la mujer regrese al regazo del siglo XIX, con los riesgos que ello conlleva, nos debiera preocupar. ¿O acaso nos imaginamos surcando las autopistas a lomos de jumentos? Ya hablaba Hannah Arendt de la falta de sincronía entre el progreso y la emancipación social.

Mª Ángeles Cabré, escritora y crítica literaria, acaba de publicar Leer y escribir en femenino (Barcelona, Editorial Aresta, 2013).

Hay 39 Comentarios

NO ES TAN FÁCIL. Me ha gustado el artículo, porque es cierto seguimos reproduciendo mitos que están tan compenetrados en nuestro inconsciente. no es fácil re-significar tantos cambios y este es el iceberg de la cuestión. Llevo un tiempo leyendo sobre el amor romántico y el amor libre. me he leído varios textos de Simone de Beauvoir en su relación amorosa, donde había un acuerdo explicito de otro tipo de pareja, y no fue fácil para ella, ver la invitada y la despedida, ademas de las cartas con su otro amante... no es tan fácil superar estos mitos de poseer, cuando de por medio hay un proyecto común explicito y se rompe unilateral mente, con mentiras, engaños y manipuleos. Eso duele.
Es verdad que nadie es santo, y es la cotidianidad lo que nos hace y confronta con nuestro ser. Hoy me conformo en no ver a la otra como mi enemiga y al otro como el diablo. Duele cuando te crees un proyecto, lo cierto es que cambia, todo cambia y debemos elaborar el duelo y reconocer lo que se acabo y vislumbrar lo nuevo que renace. Somos sentipensamientos.
Me harta el feminismo que radicaliza cuestiones complejas y ya sabemos que los cambios culturales no son fáciles... Convivimos cotidianamente entre lo nuevo y lo viejo, más con tanto neomachista enmascarado.

Este artículo demuestra q el feminismo está superado y alejado de la realidad mientras se lamenta de q las féminas no hacen lo q este movimiento "tan moderno" pretendería q hicieran, no, hacen lo q les parece mejor o lo q les dice su corazón, su útero o lo q sea q rige en cada momento. ¿culpa del patriarcado?, ¿condición humana?.

Es decir, que no solo tienes que aguantar que tu pareja te ponga los cuernos a la vista de todo el planeta, sino que además se escriben artículos criticándote por tu reacción "poco del siglo XXI".La única reacción posible hacia la señora Trierweiler me parece la del respeto y la solidaridad. ¿Que debería haberle importado un bledo? Probablemente, pero vivimos en una cultura tan machista que es casi imposible tener esa confianza. Tampoco es justo hacer leña del árbol caído.

Completamente de acuerdo con PAC y con Una que pasaba por aquí. Dicho lo cual, una frase simpática: las mujeres y los gatos hacen lo que les place. Los hombres y los perros deberían relajarse y acostumbrarse a esa idea. Robert. A. Heinlein

Me parece un tanto facíl criticar de esta manera. De sentirse como un trapo porque la pareja que amas y en quien confiabas resulta que te estaba poniendo una cornamenta que no pasas por las puertas, no estan inmunes ni hombres ni mujeres. Y encima con escarnio público incluido. Habría que ver como reaccionaba la periodista que escribe el artículo. No se porque ahora las mujeres debemos comportarnos siempre como heroinas imperterritas para que no nos llamen histéricas. Que empiecen ellos a ser todos heroes, y luego lo seré yo.

pues yo veo que la Trierweiller ha reaccionado como le dotaba el corazón, y le ha podido a su parte cerebral. Es más simple que lo que indica el artículo. Puede que los asuntos amorosos tengan más compromiso y afecto desde un lado hacia al otro que viceversa, y en ese caso, el más afectuoso result más herido cuando hay tempestad. Hollande acudió a refocilarse pronto, mientras que Valérie Trierweiller parece que ha descubierto los atavares de su marido por la prensa: ¡Un show!

El sexo siempre ha movido al mundo y lo seguirá haciendo. Imagino que tanto la mujer, como el hombre moderno/a, saben que si no existe complacencia mutua, en ese, u otros asuntos, la separación dialogada y responsable se impone, sin que eso conduzca hacia dramas, o histerismos.

Creo que la liberación de la mujer llegará cuando cada una pueda hacer lo que le de la gana sin que haya otra que la juzgue o minusvalore por tomar determinada decisión.

http://areaestudiantis.com

Pues yo creo que es más sencillo que todo eso.

Creo que hay mujeres de todo tipo, entre las que se encuentran las que se dejan arrastrar por el amor y las que no. Y lo mismo con los hombres.

Pero es que es así y no hay nada de malo. Cada uno es como es y no entiendo esa incomprensible obsesión del feminismo de estereotipar el comportamiento de la gente y de tratar de dictar cuál debe ser el comportamiento de las mujeres. Qué pasa ¿que las mujeres son libres siempre y cuando hagan lo que el feminismo ordene? Pues eso no es libertad ni nada que se le parezca.

Lo que sigue vigente, por definición, no es "pasado". A lo mejor lo que sucede es que una minoría se ha apresurado en llamar "presente" a lo que no eran más que esporádicos brotes de moda más acordes, eso sí, con sus particulares preferencias. Tal vez la naturaleza humana (femenina o no) sea algo demasiado sólido y complejo para cambiar al dictado de algo tan inevitablemente simplón como las ideologías. No sé, tal vez.

Me ha gustado mucho el artículo, que dice verdades como puños. Pero aunque sea anecdótico, he de señalar que hay dos nombres mal escritos: François Hollande, con e al final y Ségolène Royal, sin e.

Por favor, no hablen "en nombre de todas las mujeres".

Me alegro de que sea una mujer la que diga que lo que dicen las mujeres y lo que hacen dista mucho de ser lo mismo. Efectivamente, la mujeres se creen renovadas, "liberadas", cuando en realidad, y como prueban sus obras, siguen siendo igual que siempre, igual que hace cincuenta, cien años. Demuestran que no solo el amor es la historia de la vida de las mujeres, sino también la maternidad y la búsqueda de seguridad. Enfrentadas a la dureza - y soledad - que supone "empoderarse" muchas han desviado su camino hacia lo que hicieron sus madres y abuelas. Y muchas de las que no lo han hecho a tiempo se arrepienten de ello...

La felicito por su apoteósico artículo, en nombre de todas las mujeres ¡Gracias! Tenía razón Hannah Arendt en más de una cosa

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“Como quien dice, acabamos de salir de la cueva. No se borran de un plumazo milenios de reparto rígido de papeles, de trogloditas que salían de caza mientras ellas recolectaban y cuidaban de niños y ancianos, de bravos guerreros y abnegadas esposas, de amas de casa confinadas al hogar y hombres que acaparan toda la vida pública, de burkas de todo tipo, de dotes, de pruebas del pañuelo”. Las reflexiones del autor sobre la relación entre los sexos en el siglo XXI publicadas en el blog Mujeres, recopiladas en un libro electrónico. Puedes comprarlo en Amazon y en Google

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