Being Serge Gainsbourg

Por: | 07 de julio de 2010

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Este viernes se estrena por fin en nuestro país Gainsbourg (Vida de un héroe), ópera prima de Joann Sfar, un joven historietista francés reconvertido a cineasta. Como él mismo reconoce, el film es fruto de su obsesión adolescente por el polémico artista francés a raíz del visionado de una de sus sicalípticas apariciones televisivas. En las manos de Sfar la realidad se confunde y transforma en cuento, dando pie a un homenaje en clave mitológica a una de las grandes leyendas de la música del siglo XX.

Para aquellos que se acerquen al cine, aquí va una advertencia: éste no es un biopic musical al uso. Al igual que ocurría con la poliédrica disección dylaniana de “I’m not there” (Todd Haynes, 2007), la cinta de Sfar huye del corsé historiográfico para poner énfasis en las dimensiones heroicas del personaje. Porque el Gainsbourg de esta película no es más que un trasunto imaginario, desnaturalizado e idealizado del Gainsbourg real. Quizá esta sea la única la única manera posible de ser fiel a su hedonista, gamberra y provocadora personalidad, sin traicionar su espíritu cínico, descastado y burlón; respetando siempre su ideal de insumisión artística. Olvídense pues del acomplejado y autodestructivo Lucien Ginzburg; aquí sólo hay sitio para el gran Serge: el gran follador, el canalla genial. 


Una vez aceptado el juego, la película funciona como una traslación (casi) perfecta del espíritu libertario y transgresor del autor de Histoire de Melody Nelson, evitando los peajes habituales del género. Y aunque están presentes la mayor parte de episodios cruciales de su vida y milagros, el reflejo cinematográfico los traviste de una irrealidad entre surrealista y romántica; un poco al estilo de Alex Cox en “Sid & Nancy”, para que se vayan haciendo una idea. Están la Bardot (espectacular Laetitia Casta, en todos los sentidos) y la Birkin (en la última interpretación de la malograda Lucy Gordon), faltaría más. Pero por encima de todo, repito, está Serge. O mejor dicho, su reencarnación en carne, verbo  y celuloide, por obra y gracia de un incomensurable Eric Elmosnino.

Por si esto fuera poco, Sfar plantea las secuencias estrictamente musicales –que las hay y muy buenas– imitando el patrón neoclásico de Jacques Demy, poniendo a cantar a los propios actores en lugar de recurrir a los clásicos originales. De este modo el extrañamiento es completo y permite al espectador liberarse definitivamente de prejuicios, comparaciones y verosimilitudes. Sólo así se puede disfrutar abiertamente de las alucinadas confesiones de Gainsbourg con su alter ego demoníaco, (una fascinante criatura diseñada por DDT, responsables de "El laberinto del Fauno") en las por fin salen a relucir las inseguridades y contradicciones del seductor decadente; del músico, poeta y cineasta de los excesos de alcoba.

En resumidas cuentas, nos encontramos ante una película reflexiva y autoparódica; lúcida y espectacular. A su modo, tierna y vitalista. Y a su manera, real como la vida misma. O no.

Hay 11 Comentarios

Piaf, Ray... en todas las biopics (musicales y no) el personaje acaba siendo más importante que la persona. De hecho esa es su principal falla: las redundancias y uniformidades pasadas por el fltro de la elipsis, los acontecimientos jerarquizados por el hilo narrativo, la persona al servicio del personaje...
Edulcorada quizás, ampulosa no sé. Telefílmicas siempre, todas.

Touché, FanFan!


Que conste que -si has ya visto la película, que es de lo que se trata- la presencia e influencia de Boris Vian en la vida y obra de Gainsbourg queda fuera de toda duda. Incluso retrata su época de pianista en clubs de mala muerte, acompañando con su música los delirios vodevilescos de alcohólicos y travestis.


En la película, como apunto en la reseña, son los propios actores los que cantan. En eso se parece al biopic de Mangold, si. igualmente sorprenden las prestaciones vocales de los intérpretes con mención especial para Elmosino y la Casta, perfecta en su rol de la Bardot (el momento en el que los dos interpretan "Comic Strip" es simplemente antológico). Eso sí, coincidirás conmigo en que en la peli de Cash la Witherspoon le da mil vueltas a Phoenix en todos los aspectos.


Por si te interesa, la banda sonora de la película consta de un doble cedé con el trabajo de Olivier Daviaud y las versiones del reparto.


Una última curiosidad: ojito al cameo de Claude Chabrol haciendo del mandamás discográfico responsable del lanzamiento del "Je T'aime..."

La palabra es sobrevalorado, fanfan, desde el infierno se ajusta al cómic y estoy con bizarro: un cínico.

Gracias por las respuestas y por partes, como decía Jack:
las dos cintas; tanto la de Cash como la de Rodríguez/Miller y Tarantino creo que serían más ampulosas que edulcoradas. Sin embargo y prestando atención a la versión original de la del autor country, destacar la buena labor como cantantes de Witherspoon y Phoenix.

No llamaría a Gainsbourg cínico sino provocador, 'enfant terrible', a la medida de un supravalorado Rimbaud o poeta maldito (siempre nos olvidamos de Valery). Y en cuanto al jazz, no sólo la clara influencia de un Vian (novelista sumergido en garitos de índole similar) sino a través de sellos de estampa común.

A pesar de todo, creo muy acertada la interpretación "tierna y vitalista" del infierno. A fin de cuentas y dados los tiempos y miras que corren, es lo único que le ha salvado.

Si no, regresaríamos a Lautremont. Pero ese no era francés.

Crocanti y Heladito:


Lo siento pero no os pillo. Sobre Gainsbourg decir tan solo que no solo sabía de jazz, sino que tal y como se ve entrevé en la película, comenzó a interesarse por la música a través del klezmer. Si no lo crees, solo tienes que prestar atención a algunos de los arreglos de sus canciones.

FanFan:

He decidido no entrar en demasiados detalles al respecto por aquello de no incurrir en "spoiler" y para no resultar demasiado repelente. Al fin y al cabo éste es un blog sobre música y, permitida la licencia de reseñar una película, tampoco es plan de ponerse detallista al respecto.


Lo que pretendía con la reseña era dejar constancia del espíritu libre e imaginativo de la cinta de Sfar, muy acorde con el del propio Gainsbourg. Y sí, Gainsourg me parece un gran cínico, aunque a su manera, no exenta de ternura.

De las adaptaciones fílmicas a las que te refieres, ni Sin City ni mucho menos "En la cuerda floja", me han parecido tan siquiera dignas. La primera al menos respetaba -hasta límites exasperantemente innecesarios- la estética del cómic. Pero lo de Johnny Cash es que no tenía nombre: edulcorada, telefílmica y blanda a más no poder.


Y por cierto, Gainsbourg murió a principio de los noventa; creo recordar que por un ataque al corazón.


Escribía para hoy Carlos Boyero una interesante crítica acerca de esta 'biopic' que, sin duda, proporciona más pistas de qué se puede ver -o no ver- en la figura del 'provocador' cantautor (que más que cínico creo que ése es el ajustado apelativo) que dejó impronta en una generación como lo hiciera la mantequilla del Último Tango, después algunos supimos que su finalidad era anal.

Creo que si el término cantautor se aplica en España y Francia con más ahínco que en EEUU de Baez o Dylan y siempre ha tratado de sostener su clara referencia poética desde el interior del país, el trasvase de emociones e influencias ha sido rápido y aplaudido (Mari Trini por paradigma).

Sin embargo, tanto Francia como Bélgica (aparte de Brassans, Brel -cómo no-) han tenido sustento para el resto de contemporáneos y eso sí que da grima.

Lo del cómic es también nutritivo. No sólo Lauzier (o George Pichard o Guido Crepax, por citar algunos más) recibieron el escepticismo de la burguesía sino los parabienes de una clase media con ínfulas de lo mismo.

Y sin ponerse tan serios ni rígidos -como estoy haciendo yo-, tal vez Johnny Cash y Sin City (Sin citar a la Marvel ni a la DC) o unos 300 hayan tenido algún buen espejo fílmico en el que mirarse. Efectivamente, ni el lisérgico e insoportable Blueberry, ni el olvidable Spirit, ni el ridículo Flash Gordon, ni el enclenque, estúpido y abigarrado Príncipe Valiente, ...

PS; A Édith Piaf no me acerqué. Y para las 'biopics' de cantautores galos o los cómics de Lauzier y Pichard, ya prefiero un nuevo visionado de "La città delle donne", que me río. Aunque quizá incurra en una contradicción.

¿"espíritu cínico"?. No hombre no. Pero ¿de qué murió este tipo?

Yo estoy con el anterior pero me da en la nariz que de jazz no tiene ni idea, por mucho que sea Gainsbourg.

Yo a ti te ficharía. Pero tampoco es cuestión de dárselas de entrenador. ¿no crees?.

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