Segundas oportunidades

Por: | 01 de octubre de 2010

Nickgarrie

La lectura del libreto autobiográfico que acompaña la estupenda reedición de Elefant debería bastar por si misma para simpatizar con la figura de Nick Garrie, un músico de trayectoria errática al que la suerte le ha sido esquiva, tanto en lo personal como en lo profesional, y que ha sido relegado durante más de cuarenta años al limbo de los artistas considerados “de culto”. Gracias a la labor de rescate del sello madrileño (iniciada en 2008 con la publicación de su esperanzador regreso con “49 Arlington Gardens”) el aficionado español puede volver la vista atrás y disfrutar como se merece de “The Nightmare of J. B. Stanislas” a cuarenta años vista de su grabación, con extras y "demos" añadidas.

Oscuro objeto del deseo de coleccionistas de todo el mundo durante décadas (en 2006 contó con una edición limitada en vinilo de la mano de Wah Wah), “The Nightmare…”  se consolida como la cima creativa de Garrie y alcanza la excelencia reservada a las obras maestras atemporales, para mayor deleite de los fans del pop barroco y el folk pastoral de tintes psicodélicos. Verdadero “disco-isla” dentro de la  breve discografía de su autor (a los ya citados hay que sumar otro incunable de 1984, “Suitcase Man”, grabado con Alan Davies y Gerry Conway, colaboradores habituales de Cat Stevens), se trata de un álbum de producción ejemplar, ambiciosa y preciosista; de una belleza sobrecogedora a la par que balsámica.

 

Todo en ello paradójicamente para disgusto del propio Garrie, que abogaba por registrar sus canciones de un modo más austero, defendiéndolas apenas con su voz y el apoyo de una guitarra. Por eso mismo hemos de agradecer la mediación de Eddie Vartan (célebre productor parisino encargado de arreglar los discos de la Bardot y Michel Poinareff) quien se esmeró a la hora de amplificar el potencial de las composiciones incorporando una orquesta de cincuenta y seis músicos. El resultado final es una explosión de genio y sensibilidad que realza el talento de los originales de Garrie y termina por darle la razón al gabacho. Es comprensible que para un chaval con ínfulas de beatnik, que venía de pasear sus temas por la Costa Azul y Amsterdam, la imposición -algo despótica, no nos engañemos- de los postulados de Vartan fuese una especie de profanación artística. Aún así, basta con una atenta escucha de las maquetas incluidas en la presente reedición para despejar cualquier duda al respecto.

Tanto la titular, “The Nightmare of J. B. Stanislas”, como “Can I Stay With You” pillan al oyente por sorpresa, dejándole algo confuso y boquiabierto y empujándole a buscar por algún lado los nombres de Steve Marriott o Paul McCartney entre los créditos del disco. El derroche de inspiración de Garrie es tal que en “Bungles Tours” y “Queen of Queens” el deja-vu melómano apunta hacia los Kinks y los Who, alcanzando sus cotas máximas de emoción con “The Wanderer” y “Stephanie City”, donde el contrapunto de cuerdas y vientos despunta todavía más alto, prefigurando algunos pasajes del majestuoso “Bryter Layter” (1970) de su tocayo Nick Drake. A Garrie se le ve bastante más el plumero en sus acercamientos al folk, eso sí; mientras que en “David’s Prayer” ronda a Vasthi Bunyan, en “Little Bird” o “Evening” parece buscar refugio entre Donovan y Joni Mitchell. Pero mantiene el pulso incluso en aquellas tonadillas en apariencia livianas, como “Ink Pot Eyes”, “Deeper Tones of Blue” y la deliciosa “Wheel of Fortune”, con ribetes melódicos canterburianos y arabescos orquestales de primera magnitud.

Nick
Los que escuchen por primera vez el disco seguramente se preguntarán cómo es posible que un trabajo tan sobresaliente pasase desapercibido a oídos del gran público. Todo tiene una explicación, por supuesto; y no es otra que el “mal fario” de Garrie. Al poco tiempo de finalizarse la grabación, Lucien Morisse, propietario de Disc’AZ, se suicida, desbaratando con su muerte las esperanzas comerciales del proyecto. Garrie decide poner tierra de por medio, escaldado por la dolorosa experiencia y reniega del disco, retirándose voluntariamente a las pistas de esquí de los Alpes Suizos.

Tras un breve amago de revitalizar su carrera de la mano de su amigo Francis Lai (con el que colabora en la exitosa “Lovers”, recuperada por el propio Garrie en su “49 Arlington Gardens”), tardará más de veinticinco años en volver a levantar cabeza. Será entonces cuando Garrie se reconcilie finalmente con el pasado al tomar conciencia, gracias a internet, de la subterránea repercusión de su obra maestra.

Si te gustan Syd Barret, Fairport Convention o Harry Nilsson, este disco puede que te cambie la vida. A todos los demás, como mínimo, nos la hace mas llevadera.

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Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

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