Décima Víctima: con la cruz a cuestas.

Por: | 03 de enero de 2011

DecimaVictima
Gracias a la excelente reedición de Munster (un box set de tres vinilos con tirada limitada a 600 copias) uno puede reconciliarse con el pasado, recuperar y apreciar en su justa medida la obra íntegra de Décima Víctima; sin duda una de las bandas de culto por excelencia (junto a Claustrofobia, Golpes Bajos y Derribos Arias) de un país, el nuestro, poco amigo de la memoria histórica. Así que hagamos un pequeño esfuerzo de introspección e imaginemos por un momento que volvemos al Madrid de los primeros ochenta, cuando la tan cacareada Movida comenzaba a acusar la perdida de la inocencia de sus primeros tiempos...

Con la resaca del descubrimiento de la llamada “nueva psicodelia” (The Doors, The Velvet Underground y 13th Floor Elevators) todavía reciente en las portadas del Rock Espezial, las primeras bandas after-punk empiezan a calar con rapidez en la cambiante sensibilidad de los modernos, que se decantan por las resonancias cada vez más oscuras llegadas desde las islas británicas. Muy pronto a todo aquel que presume de ser alguien dentro de la pujante escena alternativa se le llena la boca con alabanzas a Joy Division, Bauhaus y Killing Joke. Lo sé; cualquiera diría que estamos hablando de ayer mismo, pero conviene recordar que de esto hace ya más de un cuarto de siglo.

Pues bien, ahora imagínense paseando su enlutada melancolía por el Rastro, con los pelos bien cardados y los ojos convenientemente perfilados, a la caza de alguna económica importación de segunda mano. De repente, como quien no quiere la cosa, un oscuro pedazo de vinilo en castellano les llama poderosamente la atención. Bajo el epígrafe de Décima Víctima se esconden Carlos Entrena (ex Ejecutivos Agresivos), José Brena y Lars y Per Mertanen, un par de hermanos de nacionalidad sueca e hijos de un miembro del Cuerpo Diplomático que ya habían dado muestras de su querencia tenebrista con Cláusula Tenebrosa, un proyecto instrumental de inspiración masónica formado tras la dislocución ede Ella y los Neumáticos (el primer grupo de Christina Rosenvinge) Parece que el grupo acaba de editar un par de sencillos de corte abrumadoramente pesimista y aires experimentales. El enterado de turno les comenta que el nombre lo han robado de un “bolsilibro” de Robert Sheckley (llevado al cine en 1965 por Elio Petri)... Pintan bien. Sin pensarlo, se lo compran y ponen rumbo de vuelta a casa.

Una vez acomodada la aguja sobre el surco se hace notoria la deuda contraída con sus modelos foráneos, muy en la línea de lo ocurrido con los respectivos debuts de Gabinete Caligari y Alphaville con los que tanto parece disfrutar el enteradillo del Rastro. Al principio la afectación vocal de la que hacen gala le resulta demasiado impostada y les recuerda un poco al Germán Coppini de Golpes Bajos, pero eso es algo que tampoco les desagrada del todo. A lo largo de los tres cortes incluidos en su primer sencillo, “El Vacío” (GASA; 1982) el grupo evidencia su linaje de armonías siniestras y textos atormentados, con títulos tan elocuentes como el corte homónimo que ocupa la primera cara; o “Sumido en la depresión” y “La razón de la discordia”. Ya apuntaban los primitivos rasgos característicos que serían constantes de su estilo, como el ragueo de guitarras a lo The Cure y Echo & The Bunnymen. Y ese bajo, claro; retumbando siempre en primer plano, al más puro estilo de los New Order del “Movement” (Factory, 1981).


 
Cuando escuchen el segundo EP, "Tan lejos" (GASA, 1982), descubrirán un par de temas emblemáticos: el titular y “El signo de la cruz”, encumbrados ambos a la categoría de auténticos himnos por las huestes de góticos y nuevos románticos de aquel entonces. El primero de ellos podría definirse como émulo en clave castiza del canónico “Love Will Tear Us Apart” de Joy Division. Crónica melancólica del fracaso sentimental -aunque algo cursi y descafeinada- no se le puede negar una acertada intensidad lírica afín a la personalidad de Carlos Berlanga y hasta Vainica Doble. Por su parte, “El signo de la cruz” se revela como enésima “vuelta de tuerca” sobre el eterno tema de la pasión estigmatizada. Completa el lote el trémulo melodrama de “Noviembre”. Así y todo, no está pero que nada mal para tratarse de la antesala de un primer álbum que, amparado en la buena acogida de sus singles, no se hará esparar demasiado.

“Décima Víctima” (GASA, 1982) consta de una docena de temas que se antojan algo redundantes en su recurrencia a la atmósferas fúnebres. Sus intentos por firmar letras de calado social para la nueva generación post-punk (“Otro futuro”) se impregnan del tono solemne (“Fé en ti mismo”) y el paisajismo alegórico de ínfulas romanticistas (“Desde el acantilado”). Eso sí, consiguen remontar el vuelo en aquellos pasajes puramente instrumentales (“Más allá del silencio”) que no consiguen lastrar ni la coyuntural producción de Paco Trinidad.

 

Después de eso el grupo pasa un año en silencio, sin prodigarse demasiado en directo. En todo ese tiempo apenas saldan cuentas con su nómina de fieles editando en un nuevo maxi titulado “Un lugar en el pasado” (GASA, 1983) en el que incluyen tres nuevos temas (el que le da título, “Algo en común” y “Fuera del alcance de la vista”) y que viene  acompañado por el correspondiente sencillo de apoyo en siete pulgadas, protagonizado por “Un lugar en el pasado” y el inédito “Panorama esperanzador” como más que apetecible “cara B”. A ustedes ambas referencias se les pasan un poco de extranjis, más interesados como están llorando la desaparición de Eduardo Benavente o bailando con el Poch de Derribos Arias. A pesar de todo, el enteradillo se los ha grabado en esa cinta que suelen poner los domingos por la tarde cuando se quedan sólos en casa.

Al año siguiente, se enteran de buena tinta de que al papá de los Mertanen lo reclaman para una valija en el extranjero y que ya hay fecha para un concierto de despedida en el Rock-Ola. Así que se dejan caer por allí solo para comprobar que los rumores eran infundados. Deciden no volver a fiarse de las informaciones de su colega el enterado cuando, contra todo pronóstico, la formación original al completo de Décima Víctima comparece ante su público varios meses después para presentar su segundo álbum, "Un hombre sólo" (GASA, 1984). Una colección de diez canciones algo irregular, a pesar de contar con algunas de sus piezas más sobrias, contenidas e inspiradas; herederas del espíritu póstumo del “Closer” de Joy Division y que, al igual que éste, supondrá la prematura despedida del cuarteto, propiciada por las responsablidades laborales de Entrena y la definitiva mudanza a Barcelona de los Mertanen.

 

Pero volvamos ahora al presente, para asimilar en su justa medida la relevancia, trascendencia e influencia de los Décima Víctima. Sin ellos, por ejemplo, no podría entenderse la pesadumbre otoñal y el intimismo crónico de algunos de los máximos exponentes del “donosti sound” (desde Aventuras de Kirlian, pasando por Family y llegando hasta Le Mans), ni tampoco habríamos padecido a La Dama Se Esconde. Reivindicado a mediados de los noventa por Nacho Canut, el grupo registró la totalidad de su discografía con Grabaciones Accidentales (GASA), el sello independiente auspiciado por miembros de Esclarecidos y el productor Paco Trinidad. El sello DRO, subsidiario de los derechos de las grabaciones originales, publicaría en 1994 el CD recopilatorio “Resúmen”, un interesante recorrido por la obra del cuarteto con portada de Javier Aramburu y notas interiores de Ibon Errazkin, actualmente descatalogado.

Más o menos por esa misma época algunos miembros del grupo se unieron de forma puntual a Alejo Alberdi y Juan Verdera bajo el nombre de Décima Víctima + Derribos Arias para ejecutar una versión de “Europa” -excepcional original de estos últimos- dentro del álbum colectivo “El chico más pálido de la playa de Gros” (GASA, 1991); un disco-homenaje a Poch (ex líder de DDAA, que fallecería siete años después) y en el que también participaron –con mayor o menor fortuna- otros exponentes de la movida madrileña de los 80. Con Entrena definitivamente retirado y Lars Mertanen viviendo de la música en Estocolmo, el fallecimiento en 1999 del batería José Brena puso punto final a los rumores de reunión de una banda que, como tantas otras de su época, mereció de mejor suerte y mayor reconciemiento.

 

 

 

 

Hay 14 Comentarios

¿Porque son tan caros los putos vinilos de Décima?. Me he dejado un riñon con los Lp. Pero no dudaría en perder el otro por los singles. Son adictivos los cabrones.

qe ilusión ver aquí a todos mis amigos¡

A GGQuintanilla:


Que conste que, al igual que tú, yo también llegué a Décima Víctima a través de "Resúmen". Hasta entonces sólo los conocía de oídas y, claro está, a través de "Tan lejos", incluida en varios recopilatorios de la época. Así mismo es normal que en mi caso, recién entrado en la treintena, recurra a establecer paralelismos y comparaciones para definir su sonido; sobre todo al tratarse de un grupo con unos referentes tan claros y evidentes. De hecho, creo que es la mejor manera de acercar su música a aquellos que todavía la desconocen.


Ahora bien, aunque coincido en parte con la cita de Debord (su afirmación sobre ser "hijos de nuestro tiempo" como tal también es 100% coyuntural) , me reafirmo en mi opinión sobre las producciones nacionales de la época. Puede que como dices gran parte de la música que escuchamos a día de hoy (por no decir casi toda) envejezca igual de mal con el tiempo, pero ése es el sino de nuestro tiempo. De todas maneras, el sonido de Décima Víctima en ocasiones suena algo desfasado precisamente por estar tan vinculado a una época concreta; algo que, lejos de restarle méritos, le otorga el valor añadido de reflejar un momento histórico y una sensibilidad determinada. Pero por encima de todo, lo que perdura es su personalidad y sus canciones; algo con lo que no tiene nada que ver la nostalgia.


Un saludo y gracias por tu comentario.

Sigo volviendo a Décima Víctima y me siguen pareciendo excelentes, especialmente "Un hombre solo". Pero desde la primera hasta la última canción me parece todo aprovechable, no hay paja, algo que puedo decir de muy pocos grupos (otro son Joy Division). Yo tengo 36 años. Hasta que salió el recopilatorio "Resumen" los conocía sólo por "Tan lejos", pues de vez en cuando la rescataban en Radio 3. "Resumen" fue durante mucho tiempo un alimento fundamental en mi dieta musical, hasta que llego "emule" y el alma caritativa (Dios se lo pague) que puso a mi disposición, digitalizada en Mp3, toda su discografía en un archivo comprimido.
No estoy de acuerdo en las críticas de la producción ("coyuntural" la llamas). Todas las producciones son coyunturales, y cuando pasen 20 años nos daremos cuenta de lo coyunturales que son las que actualmente nos suenan bien. Me encanta la producción, de la época, determinada sobre todo por la tecnología de la época, más que por elecciones personales. Tampoco estoy de acuerdo con esa búsqueda de influencias y / o paralelismos, tal y como apunta ddaa; si Coppini, Goberna y Entrena tienen puntos en común no es porque se hayan escuchado mutuamente, sino porque todos han escuchado a Joy Division, The Stranglers, The Cure y todos lo traducen al castellano según lo que el idioma permite. De nuevo, no hay que buscar razones en decisiones individuales o cuestiones biográficas; como decía Debord, somos más hijos de nuestro tiempo que de nuestro padres, y el tiempo en el que vivieron las tres bandas era un tiempo inspirado, justo al contrario que nuestro tiempo.

Recuerdo que en aquella época, si decías que te gustaba DM te miraban como diciendo "y eso qué es?".

No ha cambiado mucho el panorama pero hoy sonará "Un hombre solo" en mi plato.

Cierto, Julio. Carlos Entrena y Tony Shalhoub tienen un parecido más que razonable! Para quien no sepa de qué estamos hablando, comparen: http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Tony_Shalhoub.jpg

Un grupo al que siempre vuelvo, por su música y por sus letras. Por cierto, cada vez que veo al protagonista de la serie Monk no puedo evitar pensar en Carlos Entrena ;)

Burroughs, tiene usted más razón que un santo. Pero tampoco es cuestión de ponerse apocalíptico ni llevarse las manos a la cabeza. Música buena y mala ha existido siempre; ya la había entonces, la hay hoy y la habrá mañana.


El hecho de que determinados grupos salidos del "underground" acaben vendiendo miles de copias con el paso de los años se debe más, en la mayor parte de las ocasiones, al típico proceso de mitificación que estrictamente a sus méritos musicales. Por eso entiendo a Missoni cuando se refiere no a la nostalgia, si no al pudor.


Un cualquier caso Missoni, la redición del material de DV me parece una estupenda noticia, como en su momento me lo parecieron las de Derribos Arias, Parálisis Permanente, Desechables o Aviador Dro. Y si hablo en términos de "rescate" es más que nada porque se trataba de un material descatalogado.


El hecho de que el público joven podamos acercarnos a estas reedciones me parece justo y necesario. Más aún si, como es el caso, se llevan a cabo con el respeto, calidad y cariño que la gente de Munster ha puesto en el proyecto. Por cierto, que a ver cuando alguien se anima a hacer algo similar con Claustrofobia. O hablando en términos más recientes, con Patrullero Mancuso; aunque sea en CD, como tambien hicieron los de Munster con Los Bichos hace unos años.


A todos, un saludo.

DD.AA. - En el texto no hablo de influencias directas; lo que señalo es el paralelismo vocal entre Coppini y Entrena, dos cantantes con un registro similar y que me han llamado la atención desde crío.


En cuanto a La Dama Se Esconde, llamémoslo coincidencia o influencia, pero el caso es que -al menos para mi- se trata de una consecuencia directa y evidente de los Décima Víctima.


En lo que sí te doy la razón es en la calidad lírica de Entrena. Podemos citar a Berlanga, Canut y las Vainica, pero también a Aventuras de Kirlian, Family y Le Mans. Aunque sea con matices, pero la huella está ahí.


Un saludo!

Hay una versión de Tan lejos cantada precisamente por Germán Coppini (acompañado por Manolo Patacho). Buscadla en You Tube, que merece la pena. Un beso para Ali.

Gran grupo y buen sonido.
Por cierto David, deberías incluir en recomendamos la web de crítica musical www.Crazyminds.es, un nuevo portal de gran calidad y realizado en España y al que también deberíamos apoyar desde aquí.

Muertos y enterrados. El rescate es absurdo. Sólo unos pocos los conocieron a través de Radio 3 y en sus escasas actuaciones en directo. No siento nostalgia al leer este artículo, siento pudor, es como si se revelara algo muy íntimo... Ahora tan lejos.

Es imposible que el Germán Coppini de Golpes Bajos infuenciara vocalmente a Carlos Entrena, más que nada porque su debut discográfico es de 1983, cuando Décima Víctima ya habían grabado maquetas, EP's y un álbum. Y tampoco hay mucha influencia -sino más bien coincidencia- de DV a La Dama se Esconde, que hicieron sus primeros pinitos como Agrimensor K hacia 1981.

Es evidente que Carlos Entrena no fue un gran cantante, pero creo que su voz era más que suficiente para Décima Víctima y, como letrista, es de lo mejor que dieron los ochenta,a una altura comparable a la de Nacho Canut o Berlanga. Y si a algunos grupos de la época no les ha sentado nada bien el paso del tiempo, DV suenan mejor cada día que pasa.

Cualquier tiempo pasado no fue mejor, pero bien es cierto que el tiempo lo criba implacablemente. Joy Division venden ahora más que antes... y a Décima Víctima parece que le hacemos más caso ahora. Ilusiones en un país donde campa a sus anchas el cutrerío musical más esperpético (de la lírica escolar de los Fitipaldis a la rima yonki de los Melendis). Mañana nos acordaremos de Single y Sr Chinarro.

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