'Acordes rotos' (1): Bessie Smith, blues del alma

Por: | 20 de julio de 2011

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“Tenía música en su alma”. Louis Armstrong definió con esta frase a Bessie Smith, la primera gran estrella femenina en el firmamento de la música popular. Conocida como la emperatriz del blues, la cantante de Tennesse es paradigma del blues clásico, aquel que durante los años veinte norteamericanos se hallaba en la duermevela de los vodeviles y el insomnio desenfrenado de los cabarets. Pero el alma de Smith se perdió demasiado pronto. Tenía 43 años cuando un accidente de coche acabó con su vida. Fue la primera gran tragedia en el siglo XX musical. 

Tantos años después de su muerte en 1937, la obra de Bessie Smith brilla todavía con inconmensurable intensidad en el cada día más reducido círculo de la música clásica afroamericana, vertebrada en los estándares del blues y el jazz. Sus interpretaciones se reconocen por su ceremonia interna: deliciosamente rítmicas y elegantes lucen adornadas con aparentes improvisaciones gracias a su pasional voz. Son la quintaesencia del blues clásico.

Como escribe Ted Gioia en su libro Blues. La música del Delta del Mississippi, si el blues del Delta se podía encontrar en la esquina de una calle, en el almacén de una estación de tren, en una freiduría de pescado, en un baile al aire libre o en una prisión; el blues clásico habitaba en lugares más majestuosos, cabarets, grandes espectáculos festivos o teatros del centro de ciudades. Vivía –al menos hasta la brusca llegada de la Gran Depresión- mucho mejor y en un entorno más elegante que su pariente, el blues pobre, que seguía en las granjas del sur.


BessieSmith 2 Pero sería un error pensar que el blues clásico era menos auténtico que el blues del Delta. Es igualmente blues que conquista a los corazones solitarios de gran ciudad. La de Smith es una voz que inspira en soledad nocturna e ilustra como ninguna los felices años veinte, donde la prosperidad económica impulsó el consumo individual en la sociedad estadounidense al tiempo que se levantaban rascacielos y se desarrollaba la moda o la industria del entretenimiento. En esa década, las nuevas corrientes musicales como el jazz y el blues urbano gozaron del cariño de un nuevo público que accedía a la música como elemento de distinción y consumo. Y Smith se erigió como la cantante más arrebatadora de ese noble arte. Pero no lo tuvo fácil.

Nacida en 1894 en Chattanooga, Tennesse, la octava hija de una familia pobre, que perdió a la madre, tuvo que ganarse la vida con apenas diez años en la calle, donde cantaba y bailaba por unas monedas. Su suerte cambió en 1912 cuando fue apadrinada por Ma Rainey, pionera del blues rural, quien la acogió como una hija. Madre sustituta exigente y talentosa, Rainey le enseñó con devoción el poder seductor de la música en directo. Ambas formaban parte de los conocidos minstrels, espectáculos ambulantes que tenían su origen en los curanderos que con sus carretas recorrían ciudades y pueblos cargados de medicinas mágicas. Estos periplos por el sur y el este estadounidenses ayudó a que Smith alcanzase un punto intermedio entre los spirituals, cantos religiosos, y el profano blues de carretera.

A comienzo de la década de los veinte, la cantante fue rechazada por tener el color de su piel “demasiado negro”, tanto para formar parte de un coro femenino como para cantar como vocalista principal en el teatro Apolo de Harlem. Sin embargo, llamó la atención de Columbia Records que quería potenciar su división de discos de “raza” (aquellos que eran para el mercado afroamericano) tras el éxito (contra todo pronóstico) de Crazy Blues, grabado por Mamie Smith en 1920. Bajo el paraguas de Columbia, la grabación de Downhearted blues y Gulf Coast Blues vendió más de 700.000 copias.

Casi de un día para otro, Bessie Smith se convirtió en la estrella en la era del blues clásico. Si Mamie Smith había tenido Crazy Blues, Bessie Smith tuvo St. Louis Blues, que dejó pequeño el éxito de la anterior y terminó por convertirse en la composición más representativa del género. Editada en 1925, St. Louis Blues era un tema original de W. C. Handy, uno de los padres del blues y que lo definió antes que nadie como “una música nacida de la tierra”. La canción contó con el apoyo instrumental de Louis Armstrong y su banda. Con la corneta llorona de Armstrong penetrando en el lamento intenso de Smith, St. Louis Blues pasó a ser uno de los primeros clásicos del cancionero norteamericano, mostrando la estrecha relación entre el blues y el jazz, que estaban hermanados y partían de la misma base sentimental para su expresión. 

 
Bessie Smith Aunque Smith grabó decenas de composiciones, algunas no funcieron igual de bien porque estaban pensadas por los directivos de la discográfica con el fin de buscar un aspecto más comercial. La cantante necesitaba sentir lo que cantaba. Con todo, fue la artista negra mejor pagada de Estados Unidos. Su voz no solo fue acompañada por Louis Armstrong sino también por la gran orquesta de Fletcher Henderson o la de Benny Goodman

Sin embargo, su música triste era fiel reflejo de su alma. Refugiada siempre en el alcohol, la vocalista nunca pudo superar la discriminación racial de la sociedad ni su pena crónica ante grandes desamores mientras se consumía y quemaba todo lo que ganaba. Después de venirse abajo la industria del disco por la Gran Depresión, el productor y cazatalentos John Hammond quiso recuperarla para el gran público, incluso pensando en abrir mercado en Europa. Tal y como cuenta en su autobiografía On Record, Hammond se encontró en 1933 en un speakeasy (establecimiento que vendía bebidas alcohólicas durante la ley seca) de Filadelfia con una mujer de gran tamaño, que “cantaba apoyada junto a un triste pianista y estaba deprimida”. Borracha y abandonada, a la cantante no le interesaba ninguna cuestión artística de su acuerdo con el productor. Solo quería dinero.  

Apenas cuatro años después, mientras parecía volver a los orígenes abandonando los cabarets de ciudad y girando por localidades del sur, moría en un accidente de coche en Clarksdale, Mississippi. Su muerte trajo mucha polémica al correrse el rumor de que las ambulancias la dejaron morir desangrada al no querer recoger su cuerpo de la carretera. También se dijo que fue llevada a un hospital para blancos que tardó muchísimo tiempo en atenderla. Esta confusión, todavía no disipada pero cada día menos verosímil según las últimas investigaciones, no ha conseguido apagar el fuego del blues de Bessie Smith, que sirvió de faro para las cantantes femeninas posteriores de la música popular afroamericana como Billie Holiday, Mahalia Jackson, Aretha Franklin, Etta James e incluso la blanca Janis Joplin, que puso la siguiente inscripción en su lápida: “La más grande de todas las cantantes blues del mundo. Jamás dejará de cantar”. Armstrong añadía con respecto a Smith: “Me llegaba a lo más profundo en cuanto comenzaba a cantar. La manera en que hacía sonar una nota –con aquel “algo” indefinible de su voz- era inalcanzable para cualquier otro cantante de blues”. Ese "algo" se escondía en su alma, y es maravillosamente indefinible. 


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Hay 6 Comentarios

La más grande cantante que jamás existió. Gracias a El País por acordarse de ella!!!!!!!!

Maravillosa Bessie, tanto que hasta da miedo escucharla.

Muy bueno el post, además de muy concreto.
Gracias.
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Estamos abiertos a colaboraciones.
bluessyndicate.blogspot.com

Precioso texto. Es como escuchar blues en un porche sentado en una vieja mecedora. Y perdón por los topicos.
Guillermo

Siempre es un gran placer escuchar blues, para mi la quinta esencia de la música. Espero impaciente la próxima entrega. Gracias Fernando.

Muchas gracias por tu post, escuchar a Bessie es siempre un placer!
Espero con impaciencia el siguiente de esta serie!

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Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

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