Los escenarios arrebatados

Por: | 14 de octubre de 2011

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No es la primera vez que me detengo a intentar confeccionar un retrato de la situación del jazz en España, como quien fotografía semana a semana las flores de su jardín esperando visualizar claramente los diferentes estados de su crecimiento. Pero, para ser honestos, el jazz en España va muy despacio, mucho más de lo que se merece el género, los aficionados y los (cada vez más) músicos que se dejan la piel intentando abrirse paso en un mercado que no parece tener mucha intención de hacerles hueco.

Como en todo mundillo endogámico e hiperreducido, muchas veces sus habitantes se contentan con dibujar una situación que resulte más soportable que la cruda realidad, puliendo aristas y redondeando pequeñas tragedias a fuerza de repetir una y otra vez que todo va bien. Por eso afrontar lo que va mal, que es mucho, no suele gustar a unos y otros protagonistas de la actividad jazzística en nuestro país.

Las cosas nunca han sido fáciles para los músicos de jazz, o sea que imagínense cómo pueden ser aquí. Si redujéramos al mínimo los motores del jazz en España, hablaríamos de los músicos, los programadores y festivales, las instituciones, la prensa musical y el público. Como en cualquier parte del mundo, cada uno tienes sus prioridades e intereses, lo que ocasiona cierta fricción. Pero, en España, lo que debería ser un saludable conflicto en pos de la creatividad y de reanimar una música minoritaria, se convierte en cinco enormes placas tectónicas que ejercen presión unas contra otras, provocando una ensordecedora lentitud a la hora de conseguir cierto desarrollo.

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Todos tienen (tenemos) algo de culpa. Si uno se pone a buscar razones por las cuales el jazz avanza a paso de tortuga en nuestro país, podríamos redactar un informe con decenas de páginas escritas de arriba abajo, márgenes incluidos. Pero la cuestión no es quedarse idiotizado evaluando todas las dificultades del asunto, sino definir sin titubeos qué va bien y qué va mal, adjudicándonos también lo que –admitámoslo– podríamos hacer mejor.

Yo sé que la crítica de jazz en España está entre las menos considerables del mundo y no tengo problema en leer a mis compañeros, y a mí mismo, y saber que podríamos hacerlo mucho mejor. En algunos casos, muchísimo. Sin embargo, aquí se lleva más lo de apuntar una lista de causas, convenientemente filtradas para evitar responsabilidades, por las que las cosas se hacen como se hacen: que si está muy mal pagado, que si mi editor pasa de mí, que si no tengo tiempo para desarrollar bien un artículo o que si la abuela fuma. El clásico ejercicio de escurrir el bulto en el que tanto nos apoyamos para estancarnos y dar por bueno el ambiente que hemos colaborado a construir.

Dicho esto, y ahora que –al menos– la mitad de mis colegas estarán enunciando mi nombre acompañado de palabras poco elegantes, trasladémoslo a otros protagonistas. En un país en el que el jazz no puede sobrevivir (porque, a día de hoy, NO puede) sin apoyo institucional, y en el que se invierte (por el momento, y cada vez menos) una nada despreciable cantidad de dinero público en esta música, todo programador debería replantearse de forma muy seria sus calendarios y la presencia de músicos españoles en los mismos. Pero no como se hace hasta ahora, sin criterio, información, ni noción de calidad, sino evaluando a los músicos en activo, valorando proyectos y propuestas y programando en función de la calidad de las mismas. Señores responsables de festivales, programadores, concejales de cultura y tiempo libre: por favor, infórmense. ¿O acaso creen realmente que el público quiere ver año tras año el mismo concierto anodino de la misma pseudo-estrella jazzística? ¿Creen que sólo los grandes nombres atraerían la atención del público a la larga? Y, aunque fuese cierto, ¿lo han comprobado realmente o sólo han hecho aislados y ridículos intentos en días inhóspitos y horarios fuera de lugar?

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Parece que me hundo en la demagogia, así que es buen momento para sacar a colación una pequeña anécdota. Hace poco, un famoso representante contempló asombrado como un artista extremadamente minoritario llenaba una sala de gran tamaño en un humilde festival que se caracteriza por apostar por músicos poco conocidos, pero de una gran calidad. Intrigado, el representante averiguó que ese tipo de éxitos eran habituales en el festival, así que acudió al director del mismo y le preguntó: “¿cómo habéis conseguido que haya cientos de personas en conciertos de este tipo?”. La respuesta fue muy directa: “fácil; nosotros no tenemos dinero para traer nombres ni estrellas, así que buscamos a los mejores músicos que podemos encontrar en el mundo cuyo caché se adapte al presupuesto del que disponemos”. ¿Es magia? ¿Un truco? Ni idea. Sólo sé que el festival no tiene lugar en España (sino en un país con una situación económica peor que la nuestra) y que su director sabe una barbaridad de jazz.

Ahora es el momento en el que los cerebros se ponen a buscar decenas de justificaciones por los que el ejemplo no es extrapolable: que si aquí el público no está preparado, que hay que rentabilizar los festivales, que los ayuntamientos piden repercusión mediática, que no se puede arriesgar porque la cosa está muy mal o que si la abuela fuma. Ustedes mismos.

También hay mucho que decir de los músicos españoles –capaces de pasar de la lamentación resignada a la autoindulgencia egocéntrica en menos de 5 segundos– pero: ¿cómo se les puede pedir a los músicos que construyan una escena sólida si no hay festivales que apoyen proyectos nuevos ni que programen con criterio? ¿Para qué va a desarrollarse un músico creativo si tiene las mismas posibilidades de encontrar trabajo componiendo y ensayando un proyecto durante dos años que preparándose unos standards de manera banal, como en cualquier amenización, boda o cocktail?

Y ahora, sigan llamándome demagogo. Pero la realidad es la que es. Tal vez no la que digo yo, pero tampoco la que cuentan los protagonistas de la historia. Y para verla no hay que tener ojos; basta con tener oídos.

Hay 41 Comentarios

Soy musico y vivo en Los Angeles. Aqui los conciertos de Jazz no estan subvencionados por las instituciones. El tipo de show donde se toca son bares-restaurantes pequeños para 20-40 personas maximo, jam sessions, bodas, fiestas de empresa... Es muy comun ver a grandes figuras del Jazz tocando para no mas de 30 personas y cuando hablas con ellos no parece importarles. Nunca he oido a musicos de Jazz criticar su situacion, esperar que el gobierno les ayude, ni criticar a los musicos de musica popular. No se habla de "jazz de calidad", ni se critica a otros musicos por ganarse la vida haciendo cualquier otro estilo, hay bastante mas compañerismo y nadie se cree una victima del sistema. El Jazz es un lenguaje que algunos musicos eligen, con todos los pros y los contras, nunca he conocido a nadie que quisiera hacerse rico con el, y para ser honesto a mi me gusta mas cuando hay poca gente.

Lo que la gente confunde siempre es "la calidad del producto" con "el producto que me gusta".

Un inciso: en vez de escuchar los cuarenta (empresa especializada en vender "excelentes productos mediocres masivos", escuchen a Juan Claudio "Cifu" Cifuentes ("Jazz porque sí"-RNE) hoy por hoy, el mejor capacitado y mayor divulgador de jazz en España. Y sí, es la empresa especializada en vender "excelentes productos minoritarios de calidad suprema"

Fin del ensayo: ¿Qué me gusta en realidad?... ¿La excelente calidad del producto mediocre masivo, o la excelente calidad de un producto minoritario supremo?

Soy un aficionado al jazz hace casi veinte años.
Evidentemente, comencé por el rock de los setenta (mi infancia y adolescencia) y el pop comercial, luego tuve curiosidad por otro tipo de música (bossa nova y clásica) y me adentré en el jazz por 'algo' que tenía: me llamaban mucho la atención la sección rítmica: ese toque de batería tan especial y un bajo que se 'movía' tanto en la escala.
Bueno, a lo que voy.

El jazz requiere tiempo. Ha de entrar poco a poco. Alguien sugiere 'jazz digerible'. Pero que sea clásico, por favor.
Cuando se anuncie un festival de jazz, que sea de eso, no de 'fusión', que se dejó la esencia en 'no se sabe dónde' (aunque no pretendo entrar en el debate famoso de WMarsalis). Vivo en Madrid, y los festivales tipo 'Galapajazz' y compañías han hecho muy poco por difundir el auténtico jazz por estos andurriales, por lo que el público confunde el funk, soul, groove u otros estilos con lo que es jazz. Que no haya confusiones: respeto todo tipo de música y me gusta toda ella (yo escucho desde clásica a éxitos comerciales), ya que opino como el gran (y permitidme que me ponga en pie) Duke Ellington, que distinguía la música entre 'buena música y mala música' (quizás alguien haya leído la frase atribuida a otra persona, pero da lo mismo).
Leí hace muchos años, en la contraportada del LP de Waldo de los Ríos 'Sinfonías', que un crítico americano hablaba de la conveniencia de adaptar con ritmos actuales piezas o partes de éstas de Clásica para que las generaciones presentes y futuras pudieran conocer el legado del pasado, ya que no debería permitirse que dichas generaciones crecieran sin conocer el placer y la belleza de aquéllas.
Considero, como creo que otros muchos, que el Jazz será recordado como la música Clásica del siglo XX. Y debería evitarse que las futuras generaciones no crecieran sin conocer el swing de Duke Ellington, su contrarrespuesta Count Basie, el scat de Ella Fitzgerald, el genio lleno de ansiedad de Charlie Parker, la versatilidad de Miles Davis, las baladas del soplador-besador del saxo llamado Ben Webster, la creatividad de Wayne Shorter, la furia de Coltrane (su 'Locomotion' junto a Lee Morgan...) (¿qué les pasaba a él y Parker?), el cachondo de Dizzy y demás. Si tuviera que hacer una lista creo que cabrían al menos cincuenta nombre, éstos son los primeros que me han venido. Que nadie se ofenda.

Como casi todo, es cuestión de educación. El nivel musical va bajando en progresión geométrica, sobre todo porque los padres han permitido que los medios devoren a sus hijos y los abduzcan musicalmente (piensen en todas esas porquerías de Disney Channel, por ejemplo) mientras en el colegio, lejos de quitarles la razón, alimentan su burricie musical; no hay más que ver qué canciones aparecen en los libros o qué música utilizan en sus actividades.
Yo llevo 9 años intentando que la gente conozca y escuche buena música poco a poco a través de mi blog JamSession (y de Twitter) que, afortunadamente, no es el único. Empujemos todos un poco, sólo hemos de intentar ser inconformistas y buscar más allá de la 'fast food' musical que nos quieren enchufar a toda costa.

Ciertamente, el público de jazz es mayor, pero no estoy de acuerdo en la generalización. Hoy en día hay más escuelas, jam sessions y formaciones que nunca, nutridas de unos chavales muy jóvenes y con mucho talento. Otra cosa es el poder adquisitivo, eso si va unido a la edad.
En cierta ocasión, escribi una carta al defensor del lector de este períodico, quejándome de la falta de rigor con la música. Siempre tan rigurosos con la literatura y las artes plásticas o escénicas (arte mayor) y tan permisivos con la música. Si el Hola no es literatura a pesar de tener letras, frases y palabras, ¿porque la música pop ampliamente entendida ha de ser música a pesar de tener notas? Estoy de acuerdo con Burrell, vivimos tiempos díscolos y frívolos. Cultura de masas de usar y tirar... ¿quién quiere complicarse la vida descubriendo que la música empieza y termina mucho mas allá?

Si tienes alguna propuesta ponte en contacto con: www.teatrocandilejas.com es un nuevo espacio de teatro, música y danza en Albacete.

Gran apunte el dado por Miguel, relativo a que el jazz en España está envejecido...

En esa línea creo que el jazz, tal vez los propios músicos, tal vez las salas, festivales o programadores (no es cuestión de buscar culpables) se ha metido en un pozo sin fondo donde lo elistista y minoritario prima sobre lo popular o cercano. Y creo que el jazz puede y debe ser muy divertido, una música capaz de llegar a la gente y capaz de cambiar tu estado de ánimo, más allá de las 'pajas mentales' de los músicos de jazz que alguno comentaba por aquí.

Señores el jazz es muy amplio, muy diverso, muy heterogeneo. Por ejemplo por qué nadie organiza ciclos de jazz 'digerible' en escuelas para que los niños conozcan los grandes clásicos del género...

Esa es mi propuesta...

Por cierto, excelente artículo, nuevamente!

Saludos

Tertulio, eres un ignorante y te rodeas de ignorantes. No pintas nada en este blog.

Creo que todos tenemos un poco de culpa (yo me incluyo): en Granada hay pequeños conciertos de jazz todo el año, con artistas poco o nada conocidos, pero muy buenos, y las salas están vacías. Eso sí: una vez al año, para el Festival, hay colas y las entradas se agotan. ¿Dónde estamos el resto del año?

Todavía hay gente que se parte la cara por el jazz, y que mete horas y horas sin llegar a cubrir los gastos, todo por la música.
Echad un vistazo a www.distritojazz.com
Esta revista se hace a huevo, con colaboraciones, con mucho esfuerzo y, prácticamente, por amor al arte...

El Jazz es una mierda donde solo disfrutan los músicos que ejecutan la pieza mientras que los demás tenemos que aguantar improvisaciones y patrones de ritmo a distintos tiempos. Siempre me he preguntado porque cuando he ido a un concierto de Jazz con conocidos a todos les gusta pero ninguno tiene un disco en casa, y aun es mas, nunca los pillo escuchando una pieza de Jazz.. Seguramente porque está muy bien eso de: me gusta el Jazz.

El jazz no se vende porque no hay cultura que sepa valorar al músico de jazz, y menos aún, que sepa escuchar al músico de jazz. Y porque nuestra cultura arcaica prefiere el tablón y vino, antes que café y un libro.
Además fíjaos estos nombres: Lalo Schiffrin, Astor Piazzolla, Paquito D'Rivera, Nino Rota, Django Reindhart y un largo etc ¿Que tienen en común? Que se exiliaron para ser realmente reconocidos por su obra.
¿Alguien se acuerda (o sabe) quién fue Tete Montoliu?

En fín, hasta que la gente no entienda que el jazz es un lenguaje en vez de un estilo musical por sí mismo, nadie escuchará jazz.

El problema del Jazz, es el problema del cine de calidad, de la literatura de calidad y casi de cualquier manifestación cultural que exija una implicación intelectual por parte del espectador. La gente está demasiado acostumbrada al ocio o placer rápido y superficial. Cualquier cosa que requiera una dedicación y evolución personal para ser comprendida queda relegado a los llamados "friquis" que son despreciados constantemente incluso desde los massmedia. Si te gusta estudiar: eres un friqui, si te gusta la musica buena: eres un friqui. Si te gusta el regeton, cortarte el pelo como el mas tonto de la tele y decir las mismas paridas ---> ERES EL JEFE TIO!!

No hay jazz porque no le interesa a la SGAE ni a la industria discográfica que prefieren vender a Bisbal y a otros engendros parecidos.

Seré mucho mas breve para explicar la realidad del Jazz en España: conozco músicos de jazz muy buenos, que tienen que tocar paquito el chocolatero (algunos se niegan directamente y ponen playback y la gente ni se entera) con bandas para fiestas de pueblo para poder llegar a final de mes... creo que está todo dicho.

Saludos

El problema es que el jazz en este país está envejecido. No hay manera de que la gente joven escuche este tipo de música. Año tras año voy al festival del San Juan Evangelista, de los pocos que programa jazz de verdad, seamos claros, y la edad media de los asistentes es de 50 años, solo uno o o dos bajamos de los 30. Esa gente ya no puede empujar la música en un circuito de salas, por otro lado inexistente, porque ya no hay jazz en salas. Creo que el problema es la promoción, hay que saber vender a los nuevos artistas de jazz entre la gente joven que escuchan otro tipo de música (el tipo de gente que va al Primavera Sound) y que seguro está dispuesta a escuchar jazz si se vende minimamente. La gran putada es que, al menos en Madrid, solo se pueda escuchar jazz de calidad una vez al año. Es un desastre.

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Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

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