Wadada Leo Smith y la música orgánica

Por: | 20 de octubre de 2011

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Albert Ayler decía que la música no era cuestión de notas, sino de sentimientos. Nadie mejor que él, auténtico paradigma del free jazz carnal en su forma, y profundo y emocional en su contenido, para explicarlo simple y sabiamente. Intelectualizar el free jazz (¿no es ésta una etiqueta reiterativa?) no es necesario ni acertado. Olvidad los ceños fruncidos de los snobs y los sesudos cabeceos de los entendidos asintiendo ante la forma de improvisación más libre. La cosa va de sentir, no de entender y mucho menos de descifrar.

Wadada Leo Smith es un superviviente del free más sincero y desnudo. Desde sus primeras apariciones en grupos con Anthony Braxton o su Creative Improvisation Ensemble junto al recientemente desaparecido Marion Brown, el trompetista no le ha tenido miedo a nada, porque su música nunca parte de la confrontación, sino de la pura inspiración.

El concierto que dio Smith en el San Juan Evangelista en noviembre de 2009 ha pasado a los anales de la historia del jazz en Madrid. Quienes estuvimos allí nos encargamos de extender las noticias, y no era para menos. El asombroso Golden Quartet de Wadada envolvió al público del Johnny con una mágica bruma sonora que no dejó lugar a dudas: algo grande había pasado. Esta noche, el trompetista revalida su triunfo en Madrid en un concierto que también promete hacer historia: un dúo con otro patriarca del free, el genial percusionista sudafricano Louis Moholo-Moholo.

 

Moholo viene de tocar en Londres un show (apañado por la repentina baja de Smith) junto a Evan Parker, John Tchicai y Tony Marsh, y parece estar en plena forma. En realidad, Smith y Moholo están girando a dúo desde hace meses –generando grandilocuentes críticas allá por donde van– y su visita a España es una inesperada y grata sorpresa. Los únicos conciertos que ha dado el trompetista en nuestro país han sido junto a su Golden Quartet y su proyecto más reciente es tan atractivo como difícil de traer de gira a España: cuatro guitarristas, dos bajistas, dos saxofonistas, violín, piano y batería, además de otros dos músicos procesando sonidos con ordenador portátil.

Esta atípica formación actúa bajo el nombre de Wadada Leo Smith’s Organic y acaba de publicar su segunda grabación bajo ese epígrafe: una obra maestra llamada “Heart’s Reflections” que se ha situado sin problema entre los mejores discos de jazz de este año. Aunque hay quienes lo han entendido como un apéndice de la versión del grupo que se estrenó en 2009 con “Spiritual Dimensions”, la evolución del proyecto de Smith es innegable.

Spiritual Dimensions” se componía de dos partes, la primera interpretada por el Golden Quintet –con el añadido de Don Moye– y la segunda presentando en sociedad al Organic Resonance Ensemble (mucho más que un embrión del proyecto a pesar de su apariencia casual). La música tenía un aire más abstracto y abierto, pero resultaba extremadamente inspiradora y original.

Heart’s Reflections” es un disco más redondo, más consciente de sí mismo. Aunque en un principio se acusa la ausencia de un nombre tan interesante como el de Nels Cline, el resultado final es incontestable (Cline es conocido por muchos aficionados por su trabajo con Wilco, pero el guitarrista se dedica al jazz desde finales de los 70 y es, sin ninguna duda, uno de los estilistas más interesantes de la guitarra free-jazz de las últimas décadas).

Un nuevo proyecto, sí, pero al final, Wadada Leo Smith (a pesar de ser un tipo muy polifacético) siempre toca lo mismo, dicho esto en el mejor de los sentidos. La profunda huella del Miles Davis eléctrico es imborrable en el discurso y sonido de Wadada –una especie de Miles mutante del siglo XXI–, el cual, por otro lado, enarbola esa bandera con orgullo. No es un discípulo directo del maestro, ni mucho menos, pero en ocasiones la música del trompetista aspira a continuar líneas que Miles dejó sin explorar.

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Lo que hace con Organic, mismamente, podría incluirse en esa categoría. Las partituras de Wadada –basadas en franjas de colores, no en notas ni pentagramas– llevan al oyente desde ritmos insistentes y obsesivos, hijos bastardos de una oscuridad funk, hasta la más pura abstracción expresionista. Un viaje que merece vivirse.

Nada que ver, tal vez, con lo que toque en el Johnny junto a su colega Moholo, o sí, vete a saber. Los músicos como ellos no enseñan las cartas antes del concierto. No diseñan jugadas, no se guardan ases en la manga, no planean ni hacen trampas. Todo sucede sobre el escenario, crudo y real.

Y que nadie os engañe, para esto no hay que estudiar. No hay que entender ni formarse, no es una cuestión de aprendizaje ni de conocimientos. Como con algunas comidas exóticas, uno puede probarlas, disfrutarlas al instante, hacerse a ello con el tiempo o rechazarlo sin remedio. Cada uno es cada uno, pero no tiene nada que ver con saber. Tiene que ver con sentir.

Hay 2 Comentarios

Muy buenoooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!

El concierto de 2009 fue de lo mejor que he visto en mi vida. Increíble. A ver que tal esta noche... Lo que me da pereza es tener que ver antes a otro grupo.

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