Los cadáveres de la industria musical

Por: | 28 de diciembre de 2011

Jive-Logo

No es ninguna novedad el derrumbe y la caída en picado de la industria musical, pero cada vez que cambiamos la página del calendario anual es irremediable tener la sensación de que cada año que transcurre supone un año menos de vida para este tinglado tal y como ha estado organizado hasta la fecha. La desaparición de Arista, Jive y J, tres firmas de prestigio que dependían de RCA y que la multinacional ha decidido integrar en un único catálogo general a partir de este invierno, apenas ha cogido por sorpresa ni ha inquietado en exceso al público, acostumbrado ya a todo tipo de maniobras de absorción, fusión o recolocación en las altas esferas empresariales, pero supone una seria estocada para los amantes de la música negra por dos razones: la primera, de perfil eminentemente emocional y nostálgico, pues hace unos cuantos años la simple mención de Jive Records, por ejemplo, equivalía a firmes criterios de calidad y apuesta decidida y consciente por el soul o el hip hop; la segunda, ésta ya más artística, porque en este proceso de integración de catálogos diversos en uno solo es evidente, a pesar de lo que digan ahora sus responsables, que no habrá espacio para todos y que muchos grupos o cantantes en nómina se verán en la calle a corto o medio plazo.  

A Tribe Called Quest, Notorious B.I.G., 2Pac, Outkast, Whodini, Usher, T.I., Cee-Lo Green, Clipse, UGK, Alicia Keys, D’Angelo, Kelis o Justin Timberlake son algunos de los nombres ilustres que formaron o siguen formando parte de su engranaje, una selección de lujo que nos hace pensar en aquellos años en los que las grandes compañías discográficas apostaban fuerte por nuevos artistas y en los que firmar un contrato con ellas era el objetivo número uno de cualquier aspirante a estrella. El rapero, productor, escritor y columnista J-Zone cuenta en su muy recomendable libro “Root for the villain: Rap, celebration and a celebration of failure”, lúcida y brillante autobiografía sobre su fracaso comercial en el universo hip hop y la necesidad de buscarse un empleo tras abandonar la música, que en los años dorados del rap, entre 1989 y 1996, aproximadamente, muchos artistas perdieron la oportunidad de ganar mucho dinero porque entonces lo único importante para cualquier nuevo gato que empezaba era pertenecer a una multinacional. Y es cierto que muchos de ellos desperdiciaron tiempo y esfuerzos renunciando a modelos de autogestión e inversión propia, moneda de cambio en la actualidad, porque vestía más pregonar que iban a grabar para MCA, Atlantic, Columbia o para sellos especializados con gran distribución, como Profile, Priority o Def Jam. Pero detrás de esa decisión había un claro motivo, más allá de que vincularse a una major supusiera dinero fácil y rápido y ningún riesgo económico: en esos años todas estas compañías habían apoyado con fuerza y convicción a un género emergente, en clara expansión creativa y popular, y tenía pleno sentido querer formar parte de su propia leyenda.  

   

 

 

Arista vivió su momento de máximo esplendor comercial en los 80, gracias a la irrupción de Whitney Houston, uno de sus mayores emblemas. Pero es difícil olvidar que también participó activamente en la fundación de sellos clave como LaFace Records –germen de la explosión artística y también comercial del rap del Sur de los Estados Unidos, con Goodie Mob y Outkast, y principal proveedor de estrellas del R&B, de Usher a TLC– o Bad Boy Records –además de dar salida a Puff Daddy, Notorious B.I.G., Craig Mack o The Lox, su catálogo fue uno de los instigadores de la revolución bling bling de mediados de los 90– e impulsó la distribución norteamericana de Jive. Con esto quiero decir que, pese a su mala fama en los circuitos independientes, hubo un tiempo, no tan lejano, en que las grandes compañías sabían cómo lograr ventas y repercusión mediante lanzamientos de calidad y prestigio, y ese era un aliciente que alimentaba la ilusión de los artistas y la confianza del público. Ibas a tu tienda de discos y si veías una novedad desconocida que venía con el logo de Jive Records sabías que podías asumir el riesgo de comprar a ciegas. 

 

 

 

Hoy, en cambio, su actividad sugiere todo lo contrario. Su falta de reflejos ante los cambios propiciados por Internet, la lentitud mostrada a la hora de actualizar sus mecanismos de funcionamiento, la pésima gestión de sus catálogos y la pérdida flagrante de criterio de sus cazatalentos son algunos motivos que justifican este hundimiento crónico. Hace quince años hubiera sido impensable que un disco como “The greatest story never told”, el debut del rapero de Nueva York Saigon, se hubiera quedado cuatro años en un cajón a la espera de tiempos mejores. Es este un ejemplo muy elocuente: el que ha sido uno de los álbumes más completos y apabullentes de 2011 se grabó en 2007. Atlantic, la multinacional que fichó a Saigon en su momento, cuando el runrún mediático ya le situaba como la gran promesa de la Gran Manzana, empezó a darle largas y a exigirle singles con clara proyección radiofónica para fijar una fecha de publicación del disco que nunca llegó. Si ya sabían qué clase de música promovía, ¿por qué lo ficharon? Y lo que es peor: ¿por qué intentaron convertirle en alguien que no era? Ahora, cuatro temporadas después, ya desvinculado de su contrato y con el álbum en la calle, esta vez en un sello independiente, es fácil llegar a pensar que la multinacional no solo frenó la proyección de un artista en su mejor momento, sino que privó al público de una obra imponente que merecía plena difusión.  

 

 

Y parece claro que a estas alturas del partido no queda otra solución para darse a conocer y aspirar a algo que buscarte la vida por tu cuenta. Es algo que ya iniciaron en su momento referentes como No Limit, Cash Money o Roc-A-Fella, la idea de sellos creados por rappers-empresarios que tuvieran tanta habilidad con el micro como con la calculadora, y que a lo largo de los años se ha ido reproduciendo con más continuidad en la esfera hip hop, con la ayuda inestimable de Internet y sus resortes de promoción –mixtapes, blogs, Youtube, campañas virales…–, una esfera que ya ha visto con claridad que aquella vieja idea de militar en una multinacional ya no es una puerta abierta al triunfo sino un problema. Es cierto que en el subsuelo no es oro todo lo que reluce, ahí tenemos los lamentables desenlaces de Loud Records o Rawkus, dos emblemas de la escena independiente que acabaron muriendo de éxito, pero hoy por hoy parece la única vía posible de salvación.

 

La realidad se empeña en llevarnos a esa conclusión. Tan solo hace falta echar un ojo al caso de Priority Records, por ejemplo, que en calidad de sello dependiente de EMI entró a inicios de año en la operación de compra del grupo Citigroup. Priority fue en los 90 uno de los culpables del estallido y crecimiento del gangsta-rap californiano, y hoy, en cambio, es un fondo de catálogo testimonial que lleva ya varios años sin mostrar más actividad que la publicación de recopilatorios, remasterizaciones y algún lanzamiento puntual de su presidente creativo, Snoop Dogg, y de Cypress Hill. ¿Alguien duda de su defunción a corto plazo? Y todo esto, incluida la decisión de RCA de bajar la persiana de Arista, Jive y J, coincide con la publicación de un magnífico libro que conmemora los veinticinco años de vida y actividad de Def Jam Records, un referente que ha vivido momentos buenos y momentos malos en su trayectoria, pero que siempre ha sabido compatibilizar las aspiraciones multinacionales –ventas, impacto, difusión, estructura económica– con los criterios musicales independientes. Quizás por eso está donde está y sigue en plenas facultades.

Hay 12 Comentarios

Parece que no es bien recibido el hip-hop por estos lares... Personalmente celebro que haya artículos como el que corona estas lineas en blogs como este. Buen trabajo Broc.

Te has dejado a Bebe, protagonista del mayor ostion que se va a ver en este país, y encima se lo tiene merecido, menuda energúmera.
Todos los secretos para seducir mujeres clickando sobre mi nombre.

Ramón, hay música buenísima en mi país (Estados Unidos) y con los años voy recuperando o adentrándome en terrenos que apenas conocía, probando cosas de aquí y de allá. Igual me pasa con la literatura. Pero con el hip hop y el panchitón no puedo, lo siento, me parecen de lo peor que hay. En cuanto a los cantantes de raza blanca que echa en falta Carlos, no sé para qué quiere un vídeo de un blanco como Eminem pontificando como un simio gangoso si con la muestra que hay es suficiente. Para gangosos me quedo con Dylan, que a pesar de su canto tan nasal me gusta (será por las letras) y poco a poco voy comprando sus CDs en tiendas de segunda mano (tengo 7 de 44, más el Essential doble de Sony).

Mangtad me has pillado,te sigo tio,si no he entendido mal esto va del plantel último de la Jive lo dejo así, porque de música en todo su sentido USA se sale,no sigo. ¿Alguien ha oido algo sobre los festivales y compañías que manejan la música denominada progresiva (entra el rock,jazz,avangarde...), en la península ibérica conozco varios como Kotebel,Galadriel,Harvest,Gurb,Doctor No,Dificil Equilibrio y todavia funcionando gente como Pegasus mas metidosel rock-fusión....Aunque no sea comercial, ¿no se puede intentar dar a conocer brevemente esta movida?

Eso no es suficiente. Más deberían desaparecer. Eso es lo más bajo de la "música", la podredumbre de EEUU.

Olvidas mencionar que Jive lanzo a la fama a Britney Spears o Backstreet Boys... que creo que son mas famosos que estos raperos... ah pero ahora me doy cuenta que no has colgado ningun video de cantantes de raza blanca en este blog...

En fin, lo primero que quería comentaros es que a mi personalmente no me gusta esta música, pero a lo que quería ir es que me hace mucha gracia gente ``con cultura´´ menospreciando gustos.

Me quedo igual que estaba. Supongo que dentro de 40 años seguirá habiendo notas con gorra y ropas anchas, pontificando con movimientos simiescos, letras duras y un ritmillo de fondo de lo más blandengue. Qué razón tenía Nina Simone cuando decía que no le encontraba la gracia al rap o hip hop. Ella sí que hacía música, y muchos otros como Miles Davis o Art Blakey. Lo que hacen algunos malotes de hoy día vale para que se apareen los macacos en el zoo pero poco más.

Pues muy bien. Varios canales más para que no llegue tanta bazofia rapera al mercado y que la gente no se entontezca tanto, habiendo tanta música GRANDE como hay , empezando por Elvis y terminando por PJ Harvey o Fleet Foxes. M'alegro.

Excelente artículo de opinión. Triste y crudo pero real. Espero otro sobre la música dance. Saludos.

Eso; tinglado. Es la clave de tanto fiambre. Esto no se podía sostener tanto tiempo y debe cambiar.
Vale que nuestra cultura musical es nula, pero tampoco por eso nos tienen que castigar tanto con el petardeo y el chorro de pasta que cuesta. Feliz año

Buenísima entrada, David te sales!

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Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

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