Punk contra Putin

Por: | 03 de febrero de 2012

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El 20 de enero, ocho mujeres aparecieron en plena Plaza Roja de Moscú ataviadas con vestidos y pasamontañas de colores vivos y armadas con guitarras desenchufas, amplificadores, botes de humo y una bandera. Bajo un frío insoportable, este colectivo llamado Pussy Riot arrancó una suerte de concierto-performance en protesta ante las maneras e intenciones de Vladimir Putin, quien más que probablemente certificará su retorno a la presidencia de Rusia el próximo cuatro de marzo. “¡Revuelta en Rusia! ¡Putin se ha asustado!”, gritaban las mujeres sobre una base protopunk, mientras la audiencia que se congregaba a sus pies se debatía entre el ‘poneos algo, vais a coger frío’ y el ‘juntos somos imparables’. A los pocos minutos apareció la policía y arrestó a las ocho mujeres, que fueron conducidas a comisaría e interrogadas. En vez de aplicárseles la pena de 15 días de arresto estipulada para todos aquellos que participen en manifestaciones no autorizadas, las activistas fueron liberadas aquél mismo día. “La revolución la debemos hacer las mujeres. A nosotras no nos encarcelan”, declaraba días más tarde a AFP una Pussy Riot. “Es sexismo, sí. Pero esta vez juega a nuestro favor”.

   

Cuentan que muchas de ellas no pudieron dormir después de escuchar a Putin anunciar sus intenciones de presentarse y ganar las presidenciales del próximo mes de marzo. Participaron en las primeras protestas del pasado mes de octubre. Allí decidieron formar el grupo, que hoy cuenta con más de 30 miembros. Se trata de mujeres de unos 25 años que en su mayoría son estudiantes de Humanidades y que, en todas las entrevistas concedidas, han mantenido en secreto sus identidades. Jamás discuten sus planes futuros por teléfono y aparecen siempre ataviadas con sus ya distintivos pasamontañas de colores. Utilizan apodos para referirse a sí mismas. ¿Nombres artísticos o nombres de guerra? “No hacemos distinciones entre arte y política. Para nosotras todo es lo mismo”.

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Tyurya y Garadzha parecen ser las portavoces de este colectivo cuya popularidad se disparó tras el incidente frente al Kremlin. Han actuado sobre un tranvía, en estaciones de metro, en tiendas de moda y frente a la comisaría en la que se encontraba arrestado el disidente y bloguero Alexey Navalny. Comparten el espíritu guerrillo de Voina, colectivo de street art famoso por pintar un enorme pene en el centro de San Petersburgo, frente a las oficinas de la FSB. También se las asocia con Femen (en la foto), el grupo feminista ucraniano popular por sus protestas en topless en contra del turismo sexual, la UEFA, el Papa o DSK. Aunque Pussy Riot se definen como feministas, sus planteamientos poco tienen que ver con el colectivo creado por Hanna Hutsol.

  

Su música, como ya habrán ustedes podido comprobar, es un punk de exultante simplicidad, gritón y repetitivo. Dos acordes y una chica gritando. Un formato infalible. Si no está roto, no lo arregles. Si algo se debe romper, pues se rompe. Obviamente, no ofrecen absolutamente ninguna novedad, más allá de unas letras directas, sin apenas florituras, repetidas hasta la saciedad con el único fin aparente de irritar a los policías, uniformados o de paisano, que siempre parecen ser los primeros en acudir a sus performances. “El aire egipcio es bueno para los pulmones. Hagamos un Tahrir en la Plaza Roja”, cantan en otro de sus imposibles hits de estas chicas que se declaran fans de Bikini Kill y Sonic Youth. Su estética podría ser un accidental homenaje a Chicks son Speed, mezclado con la tendencia hipster a las manualidades, en especial, el ganchillo. Esos pasamontañas Nu rave les delatan.

En un momento en que la música con voluntad de tener cierta relevancia transversal se ha convertido en mero instrumento, ya sea para acostarse con alguien, pillare una buena resaca, vender algo o invitar a alguien a que se vista de alguna marca, la apuesta de Pussy Riot, meramente utilitaria (cargarse, o al menos, cabrear a Putin), se antoja casi igual de formalmente poco interesante, pero se presenta con una vocación mucho más loable y empática, amén de un sonido que recupera la vocación punk de convertir la música en algo más molesto que confortable y las protestas en algo menos ñoño y bastante más airado. El sistema nos ha convertido en hienas: sucios, pobres, mal alimentados, pero con una perenne y estúpida sonrisa. Es que nos gusta tanto la fiesta que incluso hemos convertido las manifestaciones en rúas. Estas rusas nos demuestran que, para ciertos menesteres, es mejor dejarse la sonrisa en casa.

Pussy Riot no se plantean grabar un disco.

 

Hay 2 Comentarios

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¿Porque tienen tan bien puestas las tetas? ¿será por el frío que las mantienen duras?

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