¡Creced, malditos!

Por: | 03 de abril de 2012

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En ‘Todos te quieren cuando estás muerto’, Neil Strauss relata un encuentro con Bono en una fiesta en Miami. El periodista no las tiene todas consigo al toparse con el cantante irlandés, pues duda de sus simpatías debido a algunas cosas que ha escrito sobre la banda en el pasado. El tema va bien, hasta el punto de que el manager de U2, intentando cuidar la voz de Bono, sugiere que periodista y vocalista continúen su charla en un lugar más tranquilo. Acceden a una habitación privada, en la que se topan con Shawn Fanning y Sean Parker, fundadores de Napster. Aunque el libro no fecha las entrevistas, deducimos que estamos a finales de 2000, pues se comenta que U2 acaban de lanzar 'All that you can’t leave behind' (título muy ad hoc para lo que aquí tratamos). Los cuatro empiezan a discutir sobre las descargas musicales y el modelo propuesto por los dos jóvenes. Bono, la estrella de rock más grande del planeta, parece estar más o menos de acuerdo con lo que los chavales hacen, hasta que Fanning interrumpe la conversación para anunciar que él y su colega se van a la playa. Bono, estupefacto, les pregunta qué hay en la playa a esas horas, a lo que ambos responden: “Chicas”. Una vez se han ido, el cantante le dice a Strauss: “Tienen veinte años, son millonarios y están destrozando la industria discográfica. Y ¿qué van a hacer esta noche? Se van a ligar con chicas. Creo que nos estamos haciendo viejos”. Unos párrafos antes, Strauss ha recordado que el ya por entonces cuarentón vocalista, le había mandado un oso de peluche con medias en respuesta a una crítica negativa y una carta llena de dibujos ‘cucos’ tras una de positiva. No hace falta ser mayor para cargarse nada. De hecho, para nada hace falta ya hacerse mayor. Y ahora vamos a ensayar una respuesta a este fenómeno que encuentra el origen de todo esto en 1986, cuando el NME editara una cinta llamada c86, naciera el indie como negación de la realidad, y la ingenuidad, como la cartera, empezó a aceptarse como algo que jamás debes perder. Los adolescentes ya no eran una amenaza para el status quo de los mayores. A lo sumo, una inquietud: '¿Y estos me van a pagar a mí las pensiones?...

 

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“Aunque todos podían tener la capacidad de calar a los demás, nunca se les ocurría tratar de emplear esa capacidad consigo mismos. Arthur había dado con esa carencia que todos parecían sufrir, si bien todavía no había pensado en aplicarse la experiencia a sí mismo”

(Sábado por la noche y domingo por la mañana, Alan Sillitoe)

I

El Indie y la adolescencia como estado mental

Una de las principales virtudes que se le otorgan a las bandas indies surgidas en 1986 es la de cuestionar un mundo, el del rock, que se había convertido en algo demasiado serio, o demasiado airado, o demasiado masculino, o demasiado trascendental. Todo depende de si usted piensa en los primeros 80 en términos de Scritti Politti, Crass, Iron Maiden o Talking Heads. O todos a la vez, en fin.

La historia nos habla de una rebelión frente a todos los manierismos del rock, frente al profesionalismo y a favor de una versión desacomplejada del pop, en el que, según ellos, por primera vez las mujeres no eran un objeto sexual y los hombres ya no eran depredadores, sino tipos sensibles con un cardigan y una rima asonante para cada color del arco iris. Algunos piensan en ese cinta titulada c86 que regalara el semanario NME ese año y en la que se incluían temas de The Pastels, The Servants o The Mighty Lemon Drops como el nacimiento del Indie como estilo musical, cuya etimología nos ha llevado en demasiadas ocasiones a confundir independiente con Indie. Grabaciones independientes han existido siempre. El Indie era esa aproximación de supina sensibilidad e infinito amateurismo cuyo principal valor era despojar al punk de toda su bilis y carga revolucionaria (McCarthy serían una de las pocas excepciones del 86) y quedarse con el hazlo tú mismo, que mutaba de medio a fin.

La adolescencia dejaba de ser un periodo vital para convertirse en un estado mental. El mundo no era algo que conquistar, sino un ente maligno del que huir. El sexo como una vulgaridad. La inocencia como bendición. La pura y perfecta canción pop.

 

“Nos posicionamos en contra de los singles de 12”. Lo editamos todo en 7”, porque el de 12 era puro capitalismo”, declaraba en 2004 Matt Haynes, de Sarah Records, uno de los sellos capitales para entender esta revolución de hiperbólica sensibilidad. “Pero la prensa musical no vio todo lo político que había en nosotros. Nuca se dieron cuenta de que no había fotos de mujeres en las portadas de los lanzamientos de Sarah Records. Pensamos que estaba mal utilizar imágenes femeninas para vender discos, así que pusimos fotos de Bristol”. Que escuchando a Field Mice uno esté combatiendo las bases de la sociedad patriarcal sigue pareciendo un precepto harto complicado de asimilar, aunque no tanto como que un señor pasada la cuarentena sea capaz de sostener este discurso sin un ápice de ironía, ni de perspectiva ante la previa existencia de gente como Laura Nyro, Patti Smith o Janis Joplin, quienes, seguramente, aparecían en la portada de sus discos en un ejercicio de sumisión ante este mundo machista. El Indie pop no quemaba sujetadores, se hacía tirachinas con ellos y lanzaba gominolas al cielo azul. Mientras, el mundo empezaba a irse a la mierda.

 

II

Papá es un Topo

Más de 20 años después de que Sarah Records reformulara el feminismo y de que los anoraks de colores y las canciones de Talulah Gosh cambiaran la forma de entender el pop de miles de adolescentes, que en vez de llorar cada vez que les robaban el bocadillo en el recreo, ahora iban y escribían una canción sobre esperar el autobús y coger de la mano a la chica con gafas –coger de la mano como fin, no como medio a coger en el término más argentino del asunto-, la banda sonora de 'Juno' era número uno en EEUU, aparecían The Pains of Being Pure at Heart o Los Campesinos! -en la mayoría de los casos actuando para gente que casi les doblaba la edad-, volvía el ukelele como accesorio de moda, las tiendas vendían ropa de bebé con la cara de Morrissey, los gatitos lo petaban en internet, los cupcakes lograban que se comiera algo azul, las emociones eran tan enormes que se debían usar emoticones para describirlas, los festivales abrían guarderías y escenarios donde llevar a los niños a ver actuar a gente mayor que, después, saldría diciendo que los chavales eran el mejor público que jamás habían tenido. Los niños hacían versiones de éxito pop en sus habitaciones y sus padres (entonces aún no estaban en paro) las colgaban en Youtube y la red se derretía de felicidad. Todo era mono y Madonna aún era una chica mala. El que sugiriera que aquella señora igual ya podía dejarse de chicles rosas y rimas tontas, no era más que un viejo amargado que envidiaba que la Ciccone hubiera pactado con el diablo intercambiar patas de gallo por piernas de pollo.

Las marcas, cansadas de la retórica alternativa y contracultural, abrazaban ahora el discurso naive para mostrar que ellas estaban igual de estupefactas que tú ante la deriva capitalista. Jonathan Safran Foer escribía ‘Tan fuerte tan cerca’ y Herodes se revolvía en su tumba. Los niños crecían muy rápido y los mayores no lo hacían jamás. Y todo el mundo hacía negocio con esto. De ahí tal vez que la mayoría de respuestas artísticas a los tiempos que vivimos nazcan del optimismo, del buenrollismo y del pensamiento positivo, cuando ya se ha demostrado que tener fe en el ser humano es un ejercicio estéril. ¿El planeta? Pues bueno, ya que hemos dedicado tanto tiempo a cargárnoslo, casi sería mejor acabar de una vez el trabajo. No hay que dejar las cosas a medias. Esto lo sabe hasta un adulto.

 

De alguna manera, la celebración de la infancia, de la inocencia y pureza del niño, la música que es de cuento hadas, o que es como una nana, se ha convertido en la forma de escapismo de una estructura pop que ya no utiliza las drogas para evitar la realidad, sino que prefiere refugiarse en un universo de nubes de algodón de azúcar, algo mucho menos dañino, aunque debería ser igual de ilegal. Dream pop in a nightmare world, más o menos.

El infantilismo heredado de aquella clase del 86 que recreó el punk con balas de chocolate se reprodujo a finales de los 90, cuando el pequeño idilio de la nación alternativa con el capitalismo tocó a su fin y muchos se sintieron obviamente defraudados por la poca empatía que encontraron Pepsi o MTV ante el advenimiento de monstruos como los Gallagher. Y a partir de entonces, a medida que las cosas se iban poniendo más feas, los feos se iban haciendo más niños. Todos menos Stuart Murdoch, que morirá siendo un niño listo.

 

Los que entonces rondaban la veintena, son ahora padres orgullosos de ser jóvenes para casi siempre y de transmitir su sabiduría musical y sus preceptos estéticos a sus niños, aunque éstos, como trataba de demostrar recientemente Alexis Petridis llevándose a su hija Esme a un festival de música experimental, para lo que tiene mejor oído que nosotros es para el ruido, no para los Ramones. Estos padres entran en el segmento de población que puede ver el anuncio de Loewe y encontrar valores positivos en su manera de eludir los problemas de esta enferma sociedad, porque los problemas son algo a lo que uno le hace una gambeta, porque ya se sabe que, si los enfrentas, igual resulta que son como Ballesteros, el inefable central de Levante, acaso el único caso actual de mayores dando lecciones de cómo serlo a los jóvenes.

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Y así, la herencia Indie no es algo que encontremos solo en una forma de hacer música que escapa del status quo y subvierte las teorías de género, sino que se ha convertido en una forma escapista y cobarde de ver el mundo. Música que solo trata de otra música, un universo que se reduce a las cuatro paredes de tu habitación y tu ordenador. Revisiones de un pasado glorioso que nos sirve para rellenar las partes del presente que no nos encajan. Espejos, espejos y más espejos. El Test de Rorschach decorando una pared del baño. Hacerse mayor como algo ante lo que debes pasar palabra. Faltan viejóvenes (gracias Miqui Otero) y sobramos casi todos los demás.

En fin, una forma de vida en la que las manifestaciones se convierten en carnavales o en concursos por quien porta la pancarta más ingeniosa. Un sitio donde tal vez no haya pan para tanto chorizo, pero lo que es seguro es que sobra chorizo y faltan huevos.

Saturday_Night_Sunday_Morning

Hay 9 Comentarios

Todo un poco "Losing my edge".

Jajajajaja! La verdad es que yo tampoco he entendido ni papa.... Habré dormido mal.

No he entendido el articulo, no se si es que esta mal escrito o es que no soy moderno. Bueno..... Visto lo visto ..... Prefiero lo segundo , es agotador ser moderno es esta época

Aún siendo un ñoño-pop lover me ha encantado el artículo <3

Creo que esto no es algo nuevo, sino que lleva existiendo durante bastantes siglos, podemos ver un ejemplo en el romanticismo o en el renacimiento, el escapismo de la sociedad hacia mundos idilicos e inexistentes, en la mayoria de los casos o que vivian ajenos a la realidad debido al dinero, todo cambiara y acabaremos hartos, como ya empiezan a estar algunos y volveremos a nuevas formas, y asi sucesivamente como ha pasado durante toda la historia, sobre todo en las artes. No confiar en la sociedad es un error porque aunque no se iba no quiere decir que no vaya a ocurrir, es solo cuetion de tiempo, como fue solo cuestion de tiempo el final de la edad media.

El indie, en el sentido de indie-pendent ya no existe. Las bandas "indies" graban para multinacionales, giran en estadios y salen en toda la prensa. Hoy, lo indie sería unos rappers senegaleses a los que nadie ha grabado ni visto. Lo demás es el capitalismo as usual.

Aunque puedo estar de acuerdo con una parte de lo que expone generaliza tanto que su argumentación pierde valor para mí. La línea que separa lo adorable y encantador de lo cursi es muy delgada y entre los grupos de aquella c-86 había ejemplos de los dos tipos. De la escena actual no opino porque no la sigo. Se fomenta tanto el escapismo en esta sociedad de consumo que me parece que no se puede acusar en exclusiva a los seguidores de un estilo musical: también la afición a las tragaperras o el "sexo, drogas y rock and roll" son formas de escapismo ¿no se había dado cuenta? Por cierto que en determinadas circunstancias cogerle la mano a alguien puede ser un fin en sí mismo y no una simple treta para "coger" de otra forma. Es más, a algunos no nos agrada mucho el sexo explícito (otra cosa es lo que uno haga en la intimidad) y no nos consideramos personas infantiles o inmaduras. Tal vez un consumidor de pornografía tenga bastante de adolescente, por otra parte. Respeto sus opiniones y su subjetividad pero me convencen sus tesis. En fin, me parecen demasiadas tonterías a costa del tontipop.

Lo peor es que España apenas contribuye al desarrollo de la escena, pero consume todo y obedece a todas las normas impuestas y reguladas desde el extranjero.

Totalmente de acuerdo con la descripción de la actual escena indie: grupos que se inspiran en otros grupos y en otros discos anteriores, mundillo endogámico que empieza a resultar insoportable. Mis discos: mi mundo.

Un apunte a cuento de la cita y el cartel: Saturday Night Sunday Morning, La soledad del corredor de fondo, Billy Liar. Sus protagonistas ¿los primeros punks británicos?

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Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

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