La series son el nuevo rock and roll

Por: | 29 de junio de 2012

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Hasta hace unos años, una de las frases más manoseadas en el periodismo de moda era aquella que le otorgaba a alguna nueva tendencia la categoría de ‘nuevo negro’. Un verano cualquiera, el verde resultaba ser el nuevo negro, y al siguiente, pintarse las uñas de los pies de colores pastel podía ser el nuevo negro, o los pantalones con estampados florales, o incluso los jeans nevados. Inevitablemente, la frase se convirtió en una broma recurrente, y pronto acciones como la circuncisión, ver la hierba crecer o igualarse las patillas entraron en la ya inevitablemente irónica categoría. Decir que algo era el nuevo negro, y sobre todo, decirlo en serio, era taaaan 2002. Entonces, se puso de moda decir que algo era el nuevo rock and roll. Pues eso. La moda. La tecnología. La gastronomía. La capacidad demostrada por la música popular para convertir en rentables valores de juventud, rebeldía o innovación combinado con la certeza de que ya no iba a ser el rock el lugar en el que se podría hacer negocio con todo esto -la industria que lo gestionaba había arrojado la toalla de la significación y se había quedado agarrada al trapo de Alejandro Sanz y Lenny Kravitz-, hizo que, a diferencia de la búsqueda del nuevo negro, tratar de encontrar el nuevo rock no fuera algo que debiéramos tomarnos a broma. Pujaron Karl Lagerfeld, Steve Jobs y Ferran Adrià, y al final, ¿saben quién se llevó el premio? Tony Soprano.

 

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Este periódico ha organizado una #guerra de series (así, con almohadilla, que es aquella tecla del teléfono de utilidad esotérica. Cuando alguna operadora te invitaba a presionarla para activar un servicio o recibir información sobre algo, pensabas que si seguías sus instrucciones, Corea del Norte respondería presionando el botón rojo). El fervor con el que se está viviendo el combate y algunos de los resultados hasta hoy vistos nos hacen encontrar ciertos paralelismos con la forma en que una vez se vivió el rock. Y es que en el mundo de las series hoy es 1966. Cada nuevo producto es saludado con la fe del converso, se desarrollan consensos casi popperianos alrededor de ciertas ficciones, lo metafísico y lo shakespeariano se aplica sin ningún tipo de pudor a narraciones sobre moteros, publicistas o profesores de insitituto con enfermedades terminales. La conversión de la serie en fenómeno pop ha sido fulgurante y transversal, tan rápido y voraz que en poco tiempo ya se ha creado sus propias frases recurrentes. Este universo ya tiene incluso su nuevo negro. En fin, que el mejor cine se hace en la televisión y que The Wire es la mejor serie de la historia.

(Monento troll: ¿por qué demonios no está Friday Night Lights en la #guerra de series?)

 

En los 60, teníamos a los Beatles, a los Stones, a los Kinks o a los Byrds. Y hoy esa pasión y, sobre todo esa neofilia, en términos culturales solo es comparable a la que se siente por Mad Men, Breaking Bad, o Juego de Tronos. Series que aún no han terminado derrotan sin piedad a otras que hasta anteayer pensábamos que eran iconos eternos de la televisión, y lo hacen gracias a un público que, como el que acudió a Woodstock, o compró Revolver la semana de su lanzamiento, siente que está presenciando en directo un cambio de paradigma cultural y vital. Está pasando, lo estás comprando. Está todo tan bien, que parece imposible que vaya a llegar el rock progresivo, ¿verdad? Mientras ustedes reían, Brian May se compraba su primera guitarra.

"El ordenador dice no" (Little Britain)

Si hoy aplicáramos la lógica de la #guerra de series (esto de darle a la almohadilla es como utilizar un cortauñas nuevo: veinte dedos se hace cortísimo) a la música popular, las posibilidades de que alguna banda de los últimos 30 años -desde los Smiths a Radiohead, pasando por Pulp o Public Enemy- derrotara a algún icono de los 60 sería total y absolutamente imposible. Por un lado, se ha instalado la idea de que, en cuestiones de pop, de rock o, simplemente, de ruido, cualquier tiempo pasado fue mejor. Por otra parte, se ha obviado el hecho de que, a diferencia de lo que hoy sucede con las series de televisión estadounidenses, el disenso siempre ha sido clave para entender el desarrollo de la historia del rock. La tensión, la rivalidad y la confrontación han sido determinantes hasta el advenimiento del hipster y esta cosa de la superhibridación, que es el súmmum del potaje posmoderno, amén de una palabra fea de narices. No besen a nadie después de decirla.

 

Y es que, aunque hoy parezca imposible de asumir, durante su esplendor, millones de personas odiaron a los Beatles –Don Draper, sin ir más lejos, no soporta Tomorrow never knows-. Algunos los consideraron un peligro, otros, simplemente, una panda de imbéciles sin talento. ¿Y qué gente era ésa? Pues, seguramente, los padres de los que hoy dicen que hace 30 años que no escuchan un buen disco, sin reparar en el hecho de que hace 30 años había otro imbécil diciendo lo mismo. A finales de los 60 ya había nostálgicos de los 50. En 2012 hay nostálgicos de cualquier cosa, menos de las series, acaso el único campo de la cultura donde el presente mira con cierta suficiencia al pasado.

Así pues, el calendario de las series nos dice que estamos a finales de los 60, pero, aunque suene a obviedad, esa década, en términos de cultura juvenil y de todo lo demás, jamás hubiese existido sin la revolución que significaron los 50. En el mundo de la ficción televisiva contemporánea, pues, el verdadero cambio de paradigma acaeció hace más de una década. Si Mad Men es los Beatles y Juego de Tronos, los Stones, El Ala Oeste es Elvis, Los Soprano, Little Richard, y A dos metros bajo tierra, Buddy Holly. Yéndonos un poco más atrás, Twin Peaks sería Robert Johnson, y no solo por lo del diablo y tal. Aquella primera hornada de series, que vivieron su apogeo durante el cambio de siglo, son los años 50 de todo esto, el lugar seguro y auténtico al que volveremos en un futuro cuando toda esta efervescencia baje, lo retro se apodere también de este universo, los globos se empiecen a pinchar o, simplemente, el encogimiento de las industrias culturales afecte también al mundo de las series de televisión y vuelva la sitcom, no por sus valores intrínsecos, sino porque es más barata de hacer. Y es que la sitcom es el lo fi de todo esto (Colgados en Filadelfia es Pavement), el garageband del asunto.

 

Hace unos años, durante los primeros síntomas de esta crisis económica, apareció en una tertulia televisiva el profesor Xavier Sala i Martín. En aquellos tiempos, el discurso aún no giraba en torno al euro, sino que andábamos moscas con Lehman Brothers y la desregulación. La mayoría de economistas de la mesa coincidían en que todos los males procedían de la falta de reglas en los mercados financieros y que, con un buen arsenal de normas restrictivas, aquello se acababa rápido. Sala i Martín no estaba del todo de acuerdo, y su argumento era devastador: por muchas reglas que pongas, siempre llegará alguien que encuentre una forma de saltárselas, ponga el sistema patas arriba y vuelta a empezar. Pues eso, que un día llegará alguien a decir que ya no se hacen series como The Wire, y todo este consenso feliz, casi transicional (lo de las series es puro CT) que hemos construido y que, en aras de la democracia, nos permite ser tolerantes incluso con Friends, se irá al garete.

(Y un mensaje final para todos aquellos que llevan días aplicando al teoría de los inconmensurables a esta #guerra de series: sí, Hermanos de sangre y Los Simpson son series muy muy muy distintas, pero piensen en esto como en un Mundial de Fútbol. ¿Verdad que no tendría sentido poner a todos los equipos africanos en un mismo grupo, o a todos los europeos a jugar entre sí antes de las eliminatorias?)

“Tengan cuidado ahí fuera” (Sargento Phil Esterhaus, Canción triste de Hill Street)

 

 

 

 

 

Hay 11 Comentarios

Adoro las series, creo que han ido ganando terreno al cine poco a poco. Por añadir alguna serie última a las que me he enganchado añadiría: Halt and Catch Fire, Mr. Robot o Narcos

me parece un video muy bueno. Excelente post y muy interesante!

Curioso esta comparación de series con el rock y derivados, incluso he lído ¿rock progresivo? Alguien está al tanto de que todavía existe? No solo es Porcipune Tree hay muchísimas bandas en Escandinavia haciendo el agosto y por aquí seguimos igual, a mi particularmente las series me limito a mirarlas y punto, se están idealizando demasiado y esto me llega a la conclusión de que falta algo que una al personal y no una serie, como pasó con los Beatles o Stones, s,i al final todo es rock'n'roll.

Muy buen artículo, sí señor. Lost es como el peor prog rock, dando vueltas en torno a no se sabe qué para terminar en nada. Y hay series que son rock 'n' roll corporativo de la peor calaña. Otras ("How I met your mother") son como La Oreja de Van Gogh. The Wire... es Sam Cooke más que hip hop. Es todo corazón pero, a fin de cuentas, amoral e ilegal.

Y en cuanto a las series, ¿te olvidas que en los 60 y 70 se produjeron aquellas que hoy están en los cines?: Star Trek, Get Smart, I dream of Jeannie, Bewitched, Charlie`s angels, The Addams Family, Kung Fu, Bonanza, Combat, The Fugitive, Hawai 5-0, Kojak, The Twilight zone, Little house in the praire, Gilligans Island, The Untouchables, The Munsters, Lost in space....¿sigo? Te envío este link para que veas la cantidad de series que se hicieron en esa época: http://www.gustavorivas.com.ar/2004/que-antiguo-soy/series-de-los-60s-y-70s/.

Yo creo que tienes una visión parcial de las cosas, todo el que conoce el rock de los 50 sabe que muchas canciones son versiones más ligeras del jazz, del gospel o del blues y que el rock se estaba definiendo; que en los 60 hubo más originalidad y los 80 se asentó sobre la electrónica y sus posibilidades, la danza y los ritmos, antes que en la melodía. Tampoco se puede establecer etapas en base a las décadas, pues hay estilos y producciones que trascienden el tiempo y no obedecen a una moda. Lo cierto es que al que le gusta la música, ama el rock y no desprecia el pop siempre tendrá oído para quien quiere hacernos sentirnos bien, eufóricos o tristes y para quien quiere abrir nuestro cerebro y mostrarnos nuevas posibilidades. Acuérdense que así como hubo un Bach, hubo también un Stravisnky.

yo de los 60 me quedo con Grateful Dead y Buffalo Springfield. Siempre fui un puto jipi

Al margen de que los Beatles no son para nada mi grupo favorito de los 60 ( prefiero a los WHO) efectivamente no ha habido nada parecido a ellos en la historia del pop. Más que un grupo (y sin duda, el mejor-> 14 n°1 en Inglaterra; los rolling, por decir, 8) han sido el fenómeno que permitió crear una "edad" intermedia que no existía antes: La juventud. Los beatles han sido el disneylandia de los que ya no eran niños y no se sentían muy decididos aún a ser adultos (y menos de "traje y corbata"). Ahora lo que hay son refritos y combinaciones más o menos afortunadas, pero me dan a elegir entre Joe Jackson y los Herman's Hermits no dudeis con quien me quedo, que no todo tiempo pasado fue mejor.

Ningún duelo puede batir a los Beatles. Por cantidad de éxitos y su huella en el Pop. Siempre habrá un "antes y después".

yo no veo series, solo veo CINE DE AUTOR. eso de las series es para gente casada y con hijos, para puretas que no tienen tiempo de sentarse a degustar cine bueno. Luego te dicen: "Envidio el tiempo libre que tienes" . Si, libre de cojones, si trabajo más horas que tú en la fábrica. Lo que pasa es que no tengo una mujer enganchada a la telebasura como te pasa a ti.

Esta nueva moda de las series puede además ser una buena herramienta para aprender inglés prueba a verlas en VO. Bspelling.com es otra forma de aprender inglés tanto o más sencilla que la que proponíamos antes. http://goo.gl/m2AyU

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Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

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