Diez veranos de libertad

Por: | 10 de agosto de 2012

Tenfreedomsummers

Con toda la música que hay ahí fuera, resulta osado decir cosas como “el mejor disco del año”. Como si uno pudiese escucharlo todo. Aún así, cuando llega diciembre, críticos y publicaciones varias sacamos el carnet de listillo, hacemos memoria e intentamos llegar a conclusiones más o menos sólidas. El consenso está mal visto, porque no le da a uno la oportunidad de ponerse ese peldaño por encima de los demás en el que, demasiadas veces, se basa este tipo de elucubraciones.

Sin embargo, muy de vez en cuando aparece un disco que se revela como algo ineludible, rotundo, fuera de toda discusión. Una obra magna que se alza sobre otras por una simple cuestión de grandeza. Grandeza en el concepto, en el desarrollo y en la ejecución de su contenido, desde la composición de los temas al orden de los mismos; el más mínimo detalle tiene importancia.

Esa certeza se muestra con claridad ante la escucha de “Ten Freedom Summers”, la última obra del trompetista y compositor Wadada Leo Smith. Hay que llamarlo obra antes que disco, sí, por varios motivos. Para empezar, porque se compone de nada menos que cuatro cedés, casi cuatro horas y media de música original repartida en diecinueve composiciones. Pero también porque el motivo principal e hilo conductor de las mismas es la historia del movimiento por los derechos civiles en EE.UU., aunque el autor también habla de conceptos más universales y básicos, como la justicia y la libertad. El punto de partida es, efectivamente, conceptual, aunque el resultado va más allá del homenaje o la memoria histórica.

Ten Freedom Summers, October, 2011 3

Cualquiera que haya conocido a Wadada Leo Smith sabe que es una persona que emana espiritualidad. Una espiritualidad auténtica, exenta de pretenciosidad y alejada de poses o actitudes iluminadas. Sus ojos tienen el brillo de quién se sabe en paz consigo mismo y con el universo, y su candidez y cercanía derriban automáticamente cualquier barrera social. No hay simulacro en su humanidad, su alma va siempre desnuda, en carne viva. Todas esas características se transmiten de manera natural a su música.

El trompetista ha recorrido un largo camino y, a sus 70 años, ha producido la obra de su vida. No es una frase hecha: la composición de “Ten Freedom Summers” comenzó hace 35 años, con una pieza sobre Medgar Evers escrita para el violinista Leroy Jenkins. Desde entonces, Smith ha ido diseñando un mosaico musical a partir de figuras claves del movimiento por los derechos civiles, desde Dred Scott (el esclavo que se anticipó a la proclamación de emancipación de Lincoln, interponiendo una demanda en pos de su libertad y la de su familia ante un tribunal que falló en su contra por siete a dos) a la emblemática Rosa Parks (que inició indirectamente el movimiento por los derechos civiles al ser encarcelada por negarse a cederle el asiento a un blanco en el autobús), pero también de momentos y hechos históricos, como los Freedom Summers en los que se promulgó registrar a todas las personas de color para que pudiesen votar, o los atentados del 11 de Septiembre (la única alusión al margen de la lucha de los derechos civiles).

 

La raíz del proyecto está clara pero, ¿a qué suena? Es difícil de decir. Aunque la música de Smith nace de la improvisación como principal medio de expresión, “Ten Freedom Summers” es una obra de marcado carácter compositivo en la que las partes escritas y la libertad instrumental conviven en armonía de mano de dos formaciones muy diferentes, que van adaptándose a cada pieza. El elemento primordial es el Golden Quintet de Smith, versión ampliada y mejorada de su grupo más importante en los últimos años. John Lindberg (contrabajo) y Pheroan akLaff (batería) ya estaban en las versiones más recientes de la formación, mientras que la filipina Susie Ibarra se agrega con una segunda batería (akLaff y ella se alternan en las piezas en cuarteto) y el pianista Anthony Davis (histórico del free jazz de finales de los 70 y autor de varias operas en las que mezcla música contemporánea con la tradición afroamericana) regresa al grupo tras su militancia en la formación original del mismo, hace más de doce años.

Además de esta asombroso equipo de improvisadores, “Ten Freedom Summers” cuenta con la orquesta de cámara Southwest Chamber Music, dirigida para el estreno y grabación de la obra por el gran Jeff von der Schmidt. La formación, de nueve músicos, no es en ningún momento un elemento ornamental, sino una pieza fundamental que interactúa con el quinteto/cuarteto y que llega a interpretar en solitario varias composiciones. 

Ten Freedom Summers, October, 2011 2

El resultado es pura alquimia. Una ecuación perfecta entre composición e improvisación que emerge majestuosamente como una obra que roza la perfección. Debido a su extensión, no es necesario (ni siquiera recomendable) escucharla integra de manera ininterrumpida. Es una obra densa y con muchos matices, que exige tanto del oyente como está dispuesta a ofrecer. Es clásica y moderna al mismo tiempo, inteligente y visceral, reflexiva y volcánica. Pero ningún adjetivo puede reflejar su esplendor.

Hace unos días, charlando con un directivo de una importante discográfica que, a pesar de ello, sabe muchísimo de música, salió a colación “Ten Freedom Summers” y yo dije: “el disco del año, sin duda”. Él me respondió sin titubear: “¿del año? Tal vez sea el disco de la década”.

Y puede que tenga razón.

Hay 1 Comentarios

Enhorabuena por el artículo y gracias por escribir sobre estas cosas musicales que todavía son excéntricas en nuestro país, un lugar dominado por la técnica del gossip en lo que a la información musical se refiere.Una gran obra de W.L. Smith, a la altura de sus mejores discos , cuando menos¡La AACM vive¡

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