El último soplo de David S. Ware

Por: | 25 de octubre de 2012

DavidSWare

La muerte lo cambia todo. Es inevitable; el status de un artista y su posición respecto a los géneros en los que se mueve, y a su propia obra, quedan marcados a fuego por su condición de desaparecido. En el jazz, además, se tiende a grabar mucho más a menudo que en el perezoso mundo de músicas más populares. El jazzista se mueve rápido y siente la necesidad de documentar su obra cada poco tiempo, sabiendo que la crudeza del estilo le permite grabar con pocos medios y sin demasiados planes. Lo que importa es capturar el momento, hasta la próxima entrega.

Cuando salió el último disco de David S. Ware, nadie sabía que era “el último”. El último de verdad. Y el azar quiso que su muerte me cogiese escribiendo la reseña de dicho disco, tecleando impertérrito como si fuese uno más. El último, de momento, no el último-último. Y entonces Ware se muere, y todo cambia. Ya no puedes escuchar ese disco de la misma forma, mucho menos valorarlo. Tus oídos no te engañan, pero entra en juego la historia y la –tan difícil de controlar– perspectiva.

David S. Ware fue un gigante en lo suyo. Heredero directo del último Coltrane y del paroxismo espiritual de Albert Ayler, Ware mantuvo prendida la antorcha de la catársis definitiva del free jazz durante décadas hasta que, la semana pasada, falleció con 62 años. A pesar de ser una figura independiente en una música, de por sí, relativamente marginal, el saxofonista deja un hueco difícil de llenar, si no imposible a estas alturas. Representaba aquel mágico momento en el que el jazz, la lucha por los derechos civiles y las formas de expresión musical más libre se dieron la mano para mostrar a la América blanca que las cosas tenían que cambiar.

A partir de finales de los 80, el saxofonista inauguró un célebre cuarteto junto al genial pianista Matthew Shipp y al contrabajista William Parker (hubo varios cambios en la batería), facturando dos décadas de trabajos irreprochables, herencia directa del aguerrido free jazz de los 70 y de la espiritualidad exacerbada de la improvisación afroamericana. No quedan muchos expresionistas como Ware (vienen a la cabeza Charles Gayle o Daniel Carter; otros como Archie Shepp, Pharoah Sanders o David Murray cambiaron de rumbo hace décadas, mientras que Roscoe Mitchell, Henry Threadgill u Oliver Lake no pertenecen realmente a esa forma expresiva) y tampoco parece haber relevos. Toca honrar a los maestros y pasar página.

 

Volviendo al recién aparecido “Live at Jazzfestival Saalfelden 2011 (AUM Fidelity, 2012) yo estaba escribiendo sobre él cuando me llegó la noticia de la muerte del saxofonista. Y tuve que parar, claro. Imposible escribir sobre el disco de la misma forma, ya no era exclusivamente un asunto musical. El disco está muy bien, no hay duda, aunque en él se perciba que el saxofonista no está a pleno rendimiento. Normal, dada su enfermedad y una condición física mermada por un trasplante que no acababa de afianzarse. El grupo, un all-stars de la escena free afroamericana, es tremendo. Al piano, Cooper-Moore, de quien ya hablamos aquí hace unos meses, y que compartió con Ware los inicios de la carrera de ambos. Al contrabajo, William Parker, figura fundamental de la improvisación presente en casi cada grabación del saxofonista desde 1988. A la batería, Muhammad Ali, que no tiene nada que ver con el popular boxeador, pero sí con el último batería de Coltrane, puesto que el gran Rashied Ali era su hermano. El cuarteto se bautizó para su debut en estudio como Planetary Unknown (AUM Fidelity, 2011), manteniendo un perfil colectivo. Sin embargo, para el registro en directo en Saalfelden, Ware tomó protagonismo presentando el álbum bajo el liderazgo de David S. Ware’s Planetary Unknown. Tal vez la colectividad del primero tuviese que ver con una cuenta pendiente entre Ware y Cooper-Moore y, en cierta forma, la formación de Planetary Unknown es un resumen y una celebración de algunos momentos clave en la trayectoria del saxofonista. Hagamos un poco de historia.

 

A finales de los 60, Ware y Cooper-Moore comenzaron a tocar juntos en Boston, llegando a grabar a dúo algún registro que sirvió como banda sonora de un video formativo de OIC. Se habían conocido en las aulas de Berklee, aunque no empezaron a tocar junto hasta dejar la escuela. Tiempo después, Cooper-Moore propuso a Ware crear un grupo estable junto a un batería: reclutaron a Marc Edwards y decidieron llamarse Apogee. No llevaban nada escrito, sólo improvisaban sin parar; ensayaban de forma obsesiva y tocaban en cualquier sitio que pudiesen, fuese en las condiciones que fuese.

En 1973, Sonny Rollins les invitó a abrir para él en el Village Vanguard, en una noche que debió de ser memorable. Ante la incrédula mirada de compañeros y asistentes del club, Apogee descargaron inclementemente su furioso free jazz, avalados exclusivamente por el patrocinio del coloso Rollins. Pero al propietario del club, Max Gordon, la cosa no le hizo gracia; encendió las luces y paró la actuación, aduciendo que ni le gustaba ese tipo de música, ni contrataba a tipos que la hiciesen. Sin embargo, según cuenta Cooper-Moore, la banda de Rollins quedó infectada por el espíritu libre de Apogee y aquella noche volaron alto, poniéndose el mundo, y al bueno de Max, por montera.

PlanetaryUnknownbyPetraCvelba

La experiencia neoyorquina llevó al trío a trasladarse definitivamente a la gran manzana. Allí Ware fue fichado por el fabuloso Andrew Cyrille y por el mítico Cecil Taylor, de cuya Unit fue miembro entre 1976 y 1977. De los registros del saxofonista con Cyrille cabe destacar “Celebration” (en particular el sobrecogedor tema “Fate”) y el más tradicional “Metamusician’s Stomp”, mientras que junto a Taylor es imprescindible su “Dark To Themselves”, titánica improvisación de más de una hora de duración grabada en Yugoslavia en 1976.

En 1977 Apogee entraron en el estudio para grabar su primer disco. Según Cooper-Moore, él reunió 1.500 dólares para grabar y, tras pasar por el estudio, Ware vendió el resultado al sello Hat Hut por 500 dólares, que lo publicó bajo el liderazgo del saxofonista (y no del colectivo Apogee) con el título “Birth Of A Being”. Esto no sentó nada bien al pianista, aunque Ware sostuvo en todo momento que la decisión había sido tomada por el sello. En 1981, tras regresar de una gira europea que el pianista calificó como “espantosa”, Cooper-Moore sacó el piano de su casa, lo hizo pedazos con una maza y le prendió fuego. No hay constancia de que Ware y Cooper-Moore volviesen a tocar juntos en casi 30 años. Por eso Planetary Unknown tiene una pátina de retrospectiva, reconciliación y recapitulación de la carrera de David S. Ware.

 

Hace un par de años, quizás por casualidad, o tal vez porque su cuerpo le daba señales de que la cosa no iba para largo, Ware se reencontró con Cooper-Moore y volvieron a tocar juntos. Es inútil afilar el oído y tallar milimétricamente lo grabado. La música, como sus interpretes, es grandiosa. Ware, Cooper-Moore, Parker y Ali se dejan la piel como sólo lo hace el más implicado de los improvisadores. Como si sólo existiese su instrumento y la eternidad; como si no hubiera mañana. Para Ware no lo habrá, pero su legado es imponente y le garantiza un lugar en el olimpo del jazz.

Nota: El año pasado se estrenó un corto documental sobre Ware llamado "A World Of Sound", dirigido por Amine Kouider y producido por la David Lynch Television Foundation (sí, ESE David Lynch). Pinchando AQUÍ puedes verlo completo en la web de la fundación.

 

Hay 4 Comentarios

¡Qué en la gloría esté!

Curiosidad: Era un apasionado coleccionista de armas y fue taxista en NYC quince años...

PD: Lo de pasar página con Peter Brotzmann en la portada de la WireMag, Neneh Cherry sacando disco con Mats Gustaffson y Akira Sakata colaborando con Hijokaidan me parece excesivo...

Memorable artículo. Maldición eterna a quien no lo lea....

A Love Supreme, David S.Ware.

//Tu ★★HIGADO★★ es el organo CLAVE para la PERDIDA DE PESO. SIGUE ESTE CONSEJO PARA PERDER PËSO: http://su.pr/1xuU15

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Muro de sonido

Sobre el blog

Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

Eskup

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal