Política, música y otros accidentes del siglo XX

Por: | 23 de octubre de 2012

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El pasado domingo fallecía George McGovern, el que fuera candidato a la presidencia de EEUU en 1972 y protagonista de la más apabullante derrota que jamás ha padecido cualquier candidato a la Casa Blanca. El senador por Dakota del Sur logró el 37% de los sufragios, venciendo solo en dos circunscripciones: Massachussets y el Distrito de Columbia (Washington DC). Años más tarde, el ganador de aquellas elecciones, Richard Nixon, se convertía en el primer presidente de EUU en pisar suelo chino. A su llegada, le preguntaron si había visitado antes un país comunista, a lo que respondió: “Sí, he estado en Massachussets”. Con un candidato a la vicepresidencia con serios problemas mentales y un apócrifo lema que rezaba “amnistía, aborto y ácido”, McGovern cosechó un sonoro fracaso, debido a lo que Hunter S. Thompson, que le siguió durante aquellas semanas, calificó como “una campaña de los 60 llevada a cabo durante los 70”. El viejo George, que en uno de los últimos mítines, cuando ya sabía que estaba todo perdido, le espetó a un seguidor de Nixon un memorable “bésame el culo”, que se ha convertido en leyenda urbana y casi sorkiniana para generaciones de norteamericanos, fue el primer político en aglutinar al mundo del rock. A su favor se celebraron los primeros conciertos protagonizados por músicos pidiendo el voto para un candidato. Carole King, James Taylor, Quincy Jones o Simon & Garfunkel actuaron para McGovern, quien estaba convencido que la reciente ley que rebajaba la edad para votar de 21 a 18, sumado al incondicional apoyo de los jóvenes le otorgaba una ruidosa ventaja ante la mayoría silenciosa de su contrincante.

JerryRubin

“La mayoría de los problemas del mundo los provoca gente que trata de hacerse la importante (TS Eliot)

Uno de los músicos que mostraron simpatía por el senador demócrata fue John Lennon, quien actuó en uno de los primeros conciertos en apoyo al candidato. Pero Lennon tuvo que cancelar el resto de la gira, pues la maquinaria gubernamental arrancó un proceso de deportación sobre el británico que le forzó a dejar de molestar a Nixon. Lennon vivió la noche de la tragedia electoral en casa de Jerry Rubin –entonces activista radical, más tarde yuppie y uno de los primeros accionistas de Apple-, junto a Allen Ginsberg y otros restos del naufragio de la contracultura de los 60. Cuando quedó claro que McGovern iba a ser barrido, el inglés, borracho como una cuba, gritó: “¡Arriba la revolución!” Unas semanas más tarde estaba Lennon en Los Angeles junto a John Belushi poniéndose hasta arriba en ático del Roxy.

“No pongas tu vida en manos de una banda de rock, la echará a perder” (Don’t look back in anger, Oasis)

Lady+Gaga+unleashes+her+inner+activist+(in+some+peculiar+glasses+and+a+blonde+wig)+as+she+takes+the+stage+at+political+rally+3

40 años después, las cosas son realmente distintas. Hemos tenido a un miembro de los Backstreet Boys como testigo en una comisión parlamentaria del Congreso de los EEUU, a Cheryl Cole declarándose en contra de la subida de impuestos a las empanadillas en Reino Unido, a Adele quejándose de la enorme cantidad de impuestos y la injusticia que supone que alguien como ella, que no coge ya el autobús, deba pagar la gasolina y el sueldo del conductor, e incluso a Madonna alegrándose por el hecho de tener a un negro musulmán en la Casa Blanca. (Más información en este maravilloso libro de la no menos maravillosa Marina Hyde). Si la política es hoy solo espectáculo, no es de extrañar que, ante tamaño ejercicio de intrusismo, las estrellas del pop no duden en meterse en política, que es donde está el tema. Pero lo hacen como lo hacen todo: al dictado de su publicista y pidiendo agua de Fiji en el cátering. Como indica un reciente estudio de la Universidad de Hampshire, con los famosos sucede lo mismo que con la suegra o Angela Markel: cuando más los conoces, peor te caen.

Y es que, de alguna manera, lo que antes fue activismo político hoy se ha convertido en una suerte de solución de continuidad en el devenir de las estrellas del pop. Hablan de cualquier cosa, tuitean lo que sea y sienten que, cual tertuliano, deben tener opinión sobre cualquier asunto. Si no vamos con cuidado, Justin Bieber nos cita a Friedman. ¿Qué pensará Carly Rae Japsen de la crisis del euro? La idea de que alguien pueda decidir su voto por lo que opine Kelly Clarkson –seguidora de Ron Paul hasta que descubrió que la homofobia del candidato no encajaba con sus fans- se antoja tan ridículo como que alguien decida apoyar a Obama porque Jay Z lo dice. O que decida dejar de escuchar a Jay Z porque apoya a Obama, ya que estamos en esto.

Los músicos hoy recomiendan de todo, lo mismo da una firma de zapatillas, que un restaurante que, claro, un candidato a la presidencia de EEUU. Es parte del perfil. Existen, claro, excepciones, como Questlove, de The Roots, o el incombustible Springsteen, pero lo que impera es el perfil estilo Madonna, que puede llegar a reunirse con Simon Peres y decirle a la cara, sin pudor, que ella es una especie de embajadora del judaísmo en EEUU. Gracias, claro, a la kabbala, que vende botellines de agua milagrosa a cinco dólares y su libro santo, el Zohar, a más de 300. Eso sí, es un tochazo, pero no hace falta que lo leas, solo que lo compres, lo que se antoja una metáfora excesivamente cruel sobre cómo funciona hoy todo lo que tiene que ver con nuestras grandes estrellas. Compra a Obama, no hace falta que realmente compartas sus ideales. No hace falta que tengas ideales, ya los tiene Madonna por ti. No es de extrañar, pues, que en la Fox se refieran al Presidente de os EEUU no como 'comandante en jefe', sino como 'celebridad en jefe'.

“La diferencia entre estupidez y genio es que el genio tiene límites” (Albert Einstein)

 

El problema esencial alrededor de todo esto es que seguimos viendo el mundo de la política y, sobre todo, el del pop, con los mismo ojos con los que lo veía Carole King cuando decidió apoyar a McGovern, o como lo entendía Paul Weller en el 87, cuando se dejó la piel y Style Council por Neil Kinnock –hoy otra vez relevante, pues hay un vicepresidente en EEUU, Joe Biden, que se hizo famoso gracias a un discurso plagiado de uno de los que aquel año pronuncio el líder laborista- y las cosas ya no son así. Para nada. La capacidad de entender el mundo que tenía Art Garfunkel no es comparable a la de Madonna, Beyoncé o incluso Bono. Entonces, las grandes estrellas del pop eran los mejores, del mismo modo que -desde Roosevelt hasta Olof Palme- los líderes políticos también daban la sensación de ser los mejores. Hoy no es así. El que vale, vale; y el que no, pues a afiliarse a un partido político, o a concursar en La Voz. Estamos gobernados por una panda de idiotas y las lista de éxitos también las copan gente con la capacidad mental de un hámster.

En Post Everything, su segundo libro, Luke Haines se saca de la manga un estudio redactado por un tal Karl Wilkie, catedrático de la universidad de Leipzig. En su Das Theorem vom Trottel (EL teorema del idiota) Wilkie concluye que el coeficiente intelectual de la estrella del rock no es jamás superior a 81. Por una vez en su vida, el ex líder de The Auteurs está siendo condescendiente.

 

Y no es que dudamos que pueda existir otro Billy Bragg, otro Phil Ochs, otro Chuck D, lo que sí parece imposible es que otro personaje con un perfil similar vuelva a tener la repercusión que estos tuvieron en su momento. Esto es un gran negocio, y además, uno que tiene serios problemas. No esta dispuesto a permitir arriesgarse por nada. Por eso siempre preferirá la evasión fiscal de Bono y su activismo de buena voluntad, o la caridad bienintencionada y el apoyo a las causas más obvias de Lady Gaga, a patrocinar cualquier discurso que pueda realmente entender que, para cambiar las cosas, solo tienes dos opciones: entrar en el sistema, o quemarlo. Pero jamás quedarte fuera gritando que no te gusta el color con que el sistema ha pintado las paredes. Y esto es exactamente lo que hace hoy nuestro underground. Indignarse porque Russian Red comete la afrenta declararse de derechas en una revista mensual femenina –lo incongruente sería declararse de izquierdas en ese foro-, o pensar que un disco sobre una mala experiencia en una empresa de lácteos puede resultar en una metáfora postcapitalista. Y es que si hoy aún piensas que alguno de tus artistas preferidos tiene capacidad para ser portada de alguna revista gracias a un titular realmente relevante, es que hace mucho que no compras discos, o es que la música te importa una pimiento de Padrón.

 

“Cuando sobrevuelo los Alpes, pienso: Ahí va toda la cocaína que me he esnifado" (Elton John)

Ya está. Se acabó el pop político. La imbecilidad de los árboles no nos dejará jamás volver a ver el bosque de las ideas. Y desde las tangente seguiremos pensando y diciendo cosas que nadie escucha y a nadie le importan. Podéis hacer todo el ruido que queráis, pero mientras solo lo escuchen vuestros cuatro amigos, no servirá de nada. ¿Os gusta pensar que no conocéis a nadie que vote al PP o compre discos de Alejandro Sanz? ¿De verdad os conformáis con eso? ¿No veis que están ganando? Que ya han ganado… Hasta que surja otro McGovern al que se le dé la oportunidad de perder, no aparecerá un nuevo John Sinclair al que se le dé una audiencia que convencer. Señor Springsteen, ¿le importaría apagar la luz cuando salga?

Billy, enséñales cómo se hacía en el siglo XX...

 

 

 

 

 

Hay 7 Comentarios

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La política está, queramos o no, mezclada con TODOS los ámbitos de la sociedad.... una desgracia como otra cualquiera.

http://elmejorhumorinteligente.blogspot.com/

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es curioso, estoy más o menos de acuerdo con alguna que otra de las observaciones del artículo, lo que no admiro es el estilo en el que está escrito, y esa "pose incendiaria" bastante hueca por parte del columnista, que mucho me temo, no creo que sea mucho más inteligente que las estrellas del pop de las que tan mal habla, y esa pseudo defensa a Russian red... pues nada, es ridículo, es frívolo

sinceramente pienso que no se debe mezclar música con política, todas esas bandas que han tocado en mítines por la causa, apestan.

Se ha precisado en el articulo lo que hemos observado quienes crecimos en los 80s y 90s. Artistas desmedidos en riqueza, que van sembrando arboles 2 veces por año mientras cuelgan su L.V., al brazo. Y es que incluso la pongo en entredicho el calificativo de artista. Su voz de amplia magnitud de oyentes, es vacía y trivial (y solo me refiero a su producto musical, no a sus incursiones políticas). Si discrepo en un punto, pensando bien en dos. Uno, que las palabras solamente caigan en unos cuantos (¿privilegiados?) y aun así eso frente al grueso de la población adormilada, signifique nada. La masa aun que potente, no puede reflexionar de manera sincronizadamente compleja. Y dos, hace falta decir que existen artistas (y antes padres, madres..., bla bla bla) sutiles y descaradamente cognocientes de los nudos políticos e históricos. ¿Nombres? Los invito a experimentar mas allá de un puñado de rostros bonitos y mediaticos.

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Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

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