Britpop: La historia lo absolverá

Por: | 15 de enero de 2013

Cool-britannia-460-315955070

En abril de 1993 la revista musical británica Select sacó en portada a un tipo llamado Brett Anderson, líder de unos tales Suede, envuelto en una Union Jack y adornado con un titular que rezaba: “Yanks go home”. La tesis del artículo que acompañaba tan osada propuesta era que había llegado el momento de que el público británico se olvidara del grunge, de gente que no utilizaba desodorante y se quería morir, de tipos sin aspiraciones más allá de su supuesto arte, de falsos colegas que admitían ser como tú y como yo, olvidando que tanto tú como yo ya tenemos suficiente con soportar una versión de nosotros mismos. Además de los mencionados Suede –se logró que entraran en los Brits, dominados aquel año por genios de la modernidad del calibre de Enya y Annie Lenox-, la pieza incluía elogiosos artículos sobre tres bandas: Denim, St. Etienne y The Auteurs. Todos ellos iban a liderar el resurgir de un nuevo pop británico que se acababa de sacudir los complejos de la generación Indie de los 80, aquella que se debatía entre el timorato intelectualismo de residencia de estudiantes, el feminismo colegial, la observación continuada de los movimientos de los propios pies y la beligerancia frente a una Thatcher que había tratado de acabar con la clase obrera, hasta que descubrió que era mucho mejor aniquilar el orgullo de clase que la clase misma. Después de todo, tal vez ya no necesitaba mineros, pero sí cajeras de supermercado. En los 90, por fin, todos íbamos a ser de clase media, y para ello necesitaríamos un pop acorde con nuestra realidad. Un pop con aspecto de producto independiente, pero glamuroso, que satisficiera nuestras nuevas aspiraciones de infiltrarnos en la cultura masiva y sacudir sus cimientos a golpe de single de SupergrassSpielberg les ofreció ser los nuevos Monkees y lo rechazaron-, rima de Noel Gallagher (me siento supersónico, dame un gintónic y bla bla bla) y plagio de Elastica. Si no hubiera existido el “Girls and boys” de Blur jamás hubiésemos tenido Ryanair. Pero todo eso ya pasó, y es muy probable que jamás vuelva. La prueba de ello es que el día en que Suede decide lanzar su primer tema original en 11 años, va David Bowie y hace lo mismo. ¿Se puede ser más gafe?

Brett-anderson

Veinte años después, tanto en Reino Unido como prácticamente en el resto del mundo occidental, la clase obrera sobrevive, aunque “cautiva y desarmada”, y la clase media se desvanece. Y es que, aunque la portada de Select se presentara como una forma de establecer un conflicto transatlántico y anglosajón que por fin llevara a la realidad el sueño expresado por Tony Wilson a finales de los 80 (“despierta América, estás muerta”, proclamó en pleno auge del Acid House), lo cierto es que lo que estaba vendiendo era el advenimiento de una clase media que pacificara el convulso panorama que dejaron los años 80. Por un rato, lo consiguió, hasta que el sueño se desvaneció en una nube de champán, cocaína y frases huecas de Tony Blair.

“Por supuesto que existe una guerra de clases, y la estamos ganando nosotros, los ricos” (Warren Buffett)

Hoy, en la música, como en casi cualquier industria cultural (o no), ya no queda prácticamente clase media. El sueño de Henry Ford de fabricar coches que sus empleados pudieran adquirir, convirtiéndoles en clientes, había salvado al capitalismo de su primera gran crisis en los años 20 al añadir la palabra consumo a la ecuación del trabajo, despejando así la incógnita, que no era más que la aspiración. Esto se había ido al garete desde el momento en que ya no se tenía el poder adquisitivo para comprar, ni la fuerza moral para aspirar a algo más que a eludir un embargo, un desahucio u otras vacaciones en el salón de casa. En el caso de la industria musical, comprar (vinilo, claro) es hoy un simple posicionamiento estético.

071016_schoen_middleClass_hmed5p.grid-6x2

En 2005, Citigroup editó un estudio en el que explicaba que para entender el patrón de crecimiento de la economía estadounidense lo primero que se debía asumir es que el consumidor estadounidense ya no existía. Gasto medio y consumo medio eran dos conceptos que solo conducían a una interpretación errónea de la realidad. Según ellos, el país estaba compuesto simplemente por dos grupos: los ricos y los demás. En términos de inversión, el segundo grupo ya no contaba, pues preocuparse por su capacidad de ahorro o por sus hábitos de consumo resultaba fútil. Todo el movimiento estaba sucediendo en la cima.

“¿Mi mayor logro? Tony Blair” (Margaret Thatcher)

A finales de los 90, cuando el britpop, como el juez Falcone, era una cadáver que andaba, el regocijo en la prensa especializada fue mayúsculo. El movimiento jamás había gozado de beneplácito de la independencia, contra la que había cometido demasiadas afrentas. Y ya tampoco era plato de gusto de la industria, pues empezaba a resultar más conflictivo que rentable. Para empezar, y como recuerda Simon Reynolds en "Retromania", tal vez el britpop significara la primera vez en la historia en que un movimiento abiertamente retro ocupaba un lugar central en el esquema musical de una época. Su ubicuidad había frenado la expansión de la electrónica, impedido que el trip hop dominara el planeta e incluso negado al europop su universalidad irónica, algo que, afortunadamente para los que se ríen con los vídeos de gatitos y las camisetas con lemas irónicos, el hipsterismo diez años más tarde le otorgaría. Además, según recuerda John Harris, a finales de los 90 recorría el mundo de la música la teoría de que, si hubiéramos tenido la suerte de que, como estaba previsto, "Wonderwall" no hubiera sido lanzado como single, seguramente, nos hubiéramos ahorrado la llegada de Coldplay.

 

Pero es que, además, el britpop había pervertido todos los preceptos de la música independiente. No era serio. En las primeras filas de los conciertos de Fugazi el público se atizaba en nombre de la revolución y en contra del patriarcado y el capitalismo; en las de los de Sleeper se conocen historias de algunos que incluso ligaron. Para colmo, el britpop se había permitido producir una boy band, Menswear, quienes no sonaban como New Kids On The Block, sino que intentaban ser Wire. ¿Qué sería lo siguiente? ¿Una tía con problemas con la bebida que suena como Etta James en pleno siglo XXI y que vende millones de discos gracias a un tema en el que cuenta que no quiere volver a entrar en rehabilitación? ¿Los modernos escuchando a Meat Loaf? ¿Levi’s fabricando camisetas de los MC5? Pues sí, exactamente eso.

“Quiero darle las gracias a mi madre por inventar el rock and roll” ("Tombstone", The Auteurs, 1996)

Cuando en 2001 aparecieron The Strokes, muchos celebraron la vuelta del rock, la canción concreta y la búsqueda de una melodía memorable desde los confines de los 40 Principales. El gran mérito de los de Nueva York era, -para los que les encontraron algún mérito, claro, que de consensos en esto del rock y el pop desde 1972 vamos algo justos- recuperar el legado de la Velvet, de Television y de todo ese espíritu del CBGB. La verdad es que, sin esos grupos de referencia, Strokes hubieran sonado de otra forma, pero sin el britpop jamás hubiesen existido. Fue el éxito de Pulp, de Blur o de Supergrass el que convenció a toda una generación de que lo masivo se había dejado una puerta sin cerrar. La historia dirá que esa puerta la abrieron desde Seattle en 1991 y no desde Camden Town en el 93. Pero la gran diferencia es que, cuando en el 91 vieron que al final del pasillo estaba Calvin Klein, los de las camisas a cuadros dieron media vuelta. En cambio, cuando los de las Adidas Gazelle vieron que ahí había una fiesta, lo que hicieron fue ir corriendo a preguntar dónde estaba el camello.

"Criados con una dieta a base de galletas rotas/ No tenemos vuestro mismo aspecto/ No hacemos las cosas que hacéis /Pero también vivimos por aquí" ("Mis-shapes", Pulp, 1995)

Recordar con nostalgia ahora el britpop puede ser comparable a echar de menos la época en que la peluquera se iba de vacaciones a Cancún –discurso elitista formulado en forma de pinza que ahoga desde la derecha y la izquierda, desde el clientelismo y desde el intelectualismo- o la prensa española reclamaba para nuestro país el sillón de Italia en el G8. Tal vez hoy el britpop es a la música independiente lo que ha sido Calatrava a la arquitectura, o Rato a las finanzas. Tener a Boo Radleys o a Shed Seven llenando salas por toda Europa puede que fuera tan disfuncional como construir otra línea de AVE, dar los contenidos de un diario de forma gratuita en Internet o pagar diez euros por un billete de avión a un aeropuerto regional belga. Tal vez a nadie jamás le gustó el britpop, simplemente, porque no le gustan estas cosas (la anglofilia cotiza a la baja comparada con la guitarra polvorienta en el porche de la casa de los Apalaches), y tal vez a algunos jamás les gustó porque se gustan demasiado.

Servidor se lo pasó muy bien durante la época, pero es capaz de aceptar cualquier crítica a lo espástico de todo este embrollo pop. Cuando alguien entra en casa y ve el disco de Elastica lo defiendo durante tres minutos. Luego, como me enseñó mi abuela, ofrezco un refrigerio. Lo que no se puede aceptar es que todo esto sea hoy tratado como un placer culpable, porque los placeres culpables son algo que inventaron las élites para practicar el paternalismo y luego abrazaron los hipsters para practicar el papanatismo. Y bueno, igual nos equivocamos pensando que éramos todos de clase media, del mismo modo que erramos al creernos a Jarvis Cocker. Sí, en "Common people" ella era rica y griega y tú pobre y de Sheffield, pero estudiabas en St. Martin’s, no lo olvides.

 

No se nos puede culpar por haber tratado de dar un paso al frente. Eso sí, ahora debemos tener suficiente coraje para darlo hacia atrás, aunque sea solo para coger carrerilla y patear algo más que contendores.

"Nosotros, las clases medias, nos hundiremos sin más problema en la clase obrera, donde realmente pertenecemos, y es probable que cuando llegemos allí no sea tan horrible como pensamos y tememos, porque, después de todo, no tenemos nada que perder" ("El camino a Wigan pier", George Orwell)

 

 (El 5 de agosto de 1981, Ronald Reagan despidió a todos los miembros de PATCO, el sindicato de controladores aéreos estadounidense. Llevaban dos días de huelga y, se habían negado a volver a sus puestos de trabajo tras reiteradas exigencias por parte de la administración. Los mandó a la calle, a pesar de que PATCO fue uno de los únicos tres sindicatos del país que apoyaron su candidatura. Como recordaba Michel Moore en un artículo reciente, la sensación en aquel momento fue de pánico: Si hace esto a los suyos, ¿qué nos hará a nosotros?)

 

 

Hay 18 Comentarios

Que tiempos fueron los 90 en Inglaterra... full monty, trainspotting, la heroína, la thatcher, el walkman, y por supuesto las batallas del brítpop...

Habia un simpatico chaval de Essex que se pasaba por el chatarristico y encantador Hoxton Hall, Damon Albarn se llamaba, a tocar no-se-que-palos; justo antes de que Hoxton Square se llenara de modernos los unicos que apatrullaban la zona eran los chunguisimos desheredados de los hermanos Kray, y los proto-gays de Shoedritch. Y nos vestiamos de Oxfam simplemente porque no teniamos pasta y nos daba la gana, lo unico que importaba -casi tanto como malcomer- era poder pagarse alguna entrada en cualquier remoto lugar de la ciudad, en peregrinacion o en bici si era necesario. Luego ya vino internet, el nerdismo, el frikismo y los enteraos, los que saben de todo y se empeñan, tambien, en explicarnos aquello. Merci, Xavi.

Xavi, estuvimos alli, lo (vi)vimos y aunque a algunos muchos que no lo hicieron, sabiondos, cinicos y/o teoricos a retro-vision los ha habido siempre, la pasamos bien, al menos estaba pasando/ocurriendo algo, luego ya vendria Tony Blair con su sponsorship Cool Britania a hacer caja de invento, radiante y esplendoroso -blossoming- con el hijo del tendero Major, aquello de se vivia mejor en contra.

Me interesa mucho el debate sobre la calidad del sonido en vinilo y en cd. Agradecería mucho el material que le has ofrecido a tu tocayo. Y me ha gustado el artículo.

xavi, es una pena que hayas dejado un email falso, porque te hubiera pasado un par de estudios sobre peculiaridades y diferencias de calidad entre el sonido del Cd y vinilo. hubiese sido interesante contrastar opiniones, en fin, otra vez será.

«En el caso de la industria musical, comprar (vinilo, claro) es hoy un simple posicionamiento estético.»

¿«Un simple posicionamiento estético»? Dirás eso porque no has escuchado un vinilo y no sabes la diferencia entre esa experiencia y un mp3 de 192 o, aún peor, Grooveshark o lo que sea... A mí me importa cero que alguien sepa que escucho vinilo: lo compro porque puedo y porque se me pone la piel de gallina al escucharlo. «Posicionamiento estético», dice... En fin.

«And you dance and drink, ‘cause there’s nothing else to do.»

fuassss, ya quisieramos que de vez en cuando aparecieran en el mercado discos como (what's the story) morning glory, no la basura que se ve por ahí.

Excelente artículo Xavi. Me he quedado con las ganas de que citaras a uno de mis grupos favoritos de la época, The Bluetones
https://www.youtube.com/watch?v=iIzcRqyXGdk

Me es indiferente las etiquetas y movimientos o ganas de politizarlos.Pop es popular y así ha sido con la invasión brith desde los Beatles y menos desde gente como Pulp o Suede, hay cada dia mas estilos y grupos que oir y nunca los acabas. Pero mis gustos se han decantado por algo con más 'chicha' como son viejos y nuevos grupos de rock progresivo. Big Big Train, The Tangent, The Flower KIngs (que nos visitarán desde Suecia en marzo al menos en Barcelona) son excelentes muestras,pero todavía bandas tipo YES como Glass Hammer siguen en USA o Steve Hackett (ex Genesisi) con Chrs Squire de Yes formando Squakett, mientras desde Argentina con un teclista llamado Lalo Hubert y en Nexus sorprende con su sympho-rock o en Catalunya gente como Ignatius o Harvest en el tipo internacional, o más en la onda catalana tipo Herba D'Ameli con efluvios Jethro Tull, hacen que el progresismo no está muerto, solo se trata de saber hallarlo.

Me encanta el Britpop, aunque me apena que aquí no le demos más reconocimiento a Pulp, que son geniales. Tendemos a quedarnos con otros grupos, sobre todo con Oasis, y a olvidarnos de otras bandas que fueron muy grandes. Y sí, el Britpop es retro pero también tiene una dosis de modernidad muy importante, a fin de cuentas nace de un determinado contexto social. Me quedo con Common People, de Pulp, que resume muy bien el movimiento. http://deletrasyotrosvicios.blogspot.com.es/

***★★★★¿Tienes Tiempo Libre? ¿Estás Desempleado? Esto ha ayudado a MILES a GANAR DINERO DESDE CASA: http://su.pr/33HIdX

Pese a que Bripop fue bastante retro, a mi me encanta!

32 años y sigo escuchando en el coche Oasis, los Beatles y Julio Iglesias a todo volumen... porque me encantan los tres... entre otros. Un saludo colega.

La tendencia del ser humano es a pensar que cualquier etapa anterior ha sido mejor. Por esta razón, y desde hace mucho tiempo, hemos dejado de crear para centrarnos única y exclusivamente en revivir.
La música, la moda y todas las expresiones artísticas son el reflejo de un determinado momento (económico)

Me ha gustado mucho. Felicidades

Bueno, Sr. Sancho, que solo se trata de que Suede saca un disco que puede que no lo escuche ni el tato.

Cierto, el BritPop fue abiertamente retro y se alimentó del propio pop sixties británico, a veces de la imagen, otras veces del sonido, en ocasiones de ambas cosas. Por eso viene muy bien conocer la explosión pop que llegó con Los Beatles, el Merseybeat, el nuevo R&B inglés del 63 y 64, el pop complejo de 1966. Pop Thing intenta dar a conocer ese movimiento y sus múltiples variantes. Visítalos aquí: http://www.popthing.com/

España ha invadido Portugal, Colombia y Filipinas y ahora se lanza contra China en lo que sera la mas dura de las campañas militares. En clave interna, derecha e izquierda siguen en lucha por el gobierno. Tu país necesita tu ayuda en un nuevo juego de estrategia militar, economía y política online. Registrate gratis en [ http://bit.ly/UqObyi ] y juega desde tu navegador.

Publicar un comentario

Si tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor Inicia sesión.

Muro de sonido

Sobre el blog

Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

Eskup

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal