Réquiem por Django

Por: | 24 de enero de 2013

Boss Nigger

No sé si a ustedes les habrá pasado lo mismo con lo nuevo de Quentin Tarantino pero, por lo que a mi respecta, salí bastante decepcionado del cine. Algo que no me había pasado hasta la fecha con ninguna de sus películas, dicho sea de paso. No he sido el único: Gerard Casau señalaba en su crítica del viernes pasado que nos encontramos ante su primera obra huérfana de imágenes, mientras que a Toni Junyent le resultó demasiado rutinaria, dejándole contento, pero vacío. Ambos coinciden en resaltar el escaso brío de su banda sonora, siendo precisamente uno de los puntos fuertes del responsable de Pulp Fiction. Si el recuerdo de Stealers WheelsDick DaleThe DelfonicsNancy SinatraDee, Dozy, Beaky & Mick o David Bowie permanece asociado a cada una de sus historias... ¿cómo es posible que Jim Croce Johnny Cash se muestren incapaces de transmitir la más mínima emoción a sus nuevas imágenes? Me inclino a pensar que tal vez se deba a que, por primera vez en su cine, la planificación de cada secuencia parece supeditarse al subrayado musical en lugar de a la narración cinematográfica.

Django Desencadenado es puro exceso; en forma y espíritu. Un capricho antes que un homenaje cinéfilo. O si lo prefieren, un remix turulato en el que se combinan materiales tan volátiles como perecederos. Pero sobre todo -y ese es su mayor defecto- un entretenimiento sin entidad. No olvidemos de lo que había sido capaz, partiendo de premisas similares: Kill Bill y Malditos Bastardos, donde la sombra del spaghetti western ya tomaba las riendas del cine de artes marciales y hazañas bélicas. 

Pero ya que estamos, sigamos hablando de música...

 

Que el genio del argentino Luis Bacalov vuelva a lucir como se merece en pantalla grande, es algo por lo que siempre le estaré agradecido a Tarantino. Tardíamente reconocido con un Oscar por su trabajo para El cartero (y Pablo Neruda) (Michael Radford, 1994), sus piezas para Gran duelo al amanecer (Giancarlo Santi, 1972) y Un verano para matar (Antonio Isasi-Isasmendi, 1972) le sentaron como un guante al díptico protagonizado por Uma Thurman. Su himno fundacional para Sergio Corbucci no podía faltar a la cita. "Me encanta desde siempre. ¡Es fantástica!", reconoce el de Tennesse. "La voz tiene un aire a Elvis que la popularizó en todo el mundo. Existen versiones en japonés, en italiano... ¡Es jodidamente universal!"

 

Tomemos como ejemplo la delirante Sukiyaki Western Django (Takashi Miike, 2007), adaptación sui generis del canón italiano a la tierra del Sol Naciente, perpetrada por el autor de Ichi, the Killer (2001) y que incluye un cameo del propio Tarantino. O el guiño post-metalero de Thrones, proyecto en solitario de Joe Preston (Earth, Melvins, High on Fire). En su forma original la cantaba Rocky Roberts, un actor y cantante estadounidense que recaló en Italia a finales de los sesenta y obtuvo un rotundo éxito internacional con Sono tremendo, popularizada en nuestro país por Los Sírex.

EL BUENO, EL FEO... Y EL RARO

Del mismo modo, contar con Ennio Morricone resultaba fundamental por imperativos del código genérico. La selección incluye un par de pasajes de su score para Dos mulas y una mujer (Don Siegel, 1970) y se detiene en el que posiblemente sea el mejor título del propio Corbucci, El gran silencio (1968). "Una película maravillosa, poética e intensa. Además de uno de los mejores westerns que he visto en mi vida y una referencia visual a la hora de filmar paisajes nevados, por supuesto". 

 

"Gracias a Django estoy más en deuda que nunca con Ennio", admite Tarantino. El compositor romano le obsequió con Ancora Qui, su colaboración más reciente con la cantautora Elisa Toffoli. "Es un orgullo para mi el poder contar con un tema original del maestro y es, sin duda, uno de mis momentos favoritos de la película". Algo que me resulta comprensible solo en parte, obviando unas prestaciones vocales que me han recordado demasiado a Norah Jones... y a Laura Pausini

Durante la proyección también experimenté una profunda sensación de nostalgia al reconocer los rasgos de Lee Van Cleef en El día de la ira (Tonino Valerii, 1967) al ritmo de Riz Ortolani. Eché de menos al Bacalov de Yo soy la Revolución (Damiano Damiani, 1966) y al Morricone de Joe, el implacable (Sergio Corbucci, 1967) y, por un instante, me sentí la clase de fan recalcitrante que boicotea un concierto de su artista favorito por no estar de acuerdo con el repertorio. Fue entonces cuando me acordé de John Gregory, un prolífico arreglista que, a lo largo de la década de los setenta, operó desde la clandestinidad del pseudónimo, casi como un cazarrecompensas.

 

 

Le llamaban Chaquito y su especialidad era el groove instrumental al estilo de la Incredible Bongo Band y la Roland Shaw Orchestra. Por un puñado de dólares era capaz de transformar cualquier canción de éxito en una long version de consumo rápido para las pistas de baile, aprovechando el tirón de los ritmos latinos y  la blaxploitation.

En 2002 sus compañeros de profesión le rindieron un sentido homenaje de los que llegan en tiempo de descuento, siendo casi octogenario. Entre brindis y aplausos, nuestro hombre amenizó la velada con un sinfín de pintorescas anécdotas y agradeció a sus amigos John Williams y John Scott, presentes en la sala, que nunca le hubiesen permitido ganar un Oscar. "De ser así", concluyó, "en mi vida habría vuelto a componer nada mínimamente decente." 

SLAVERY WESTERN: UNA CUESTIÓN DE RAÍCES

Es el turno de volver la mirada atrás y detenernos en Muddy Waters. A estas alturas el genio de Mississippi no debería necesitar presentación: reverenciado como uno de los padres del blues moderno junto a Willie DixonB.B. King o Howlin’ Wolf, su inconfundible voz cazallera acompañó los títulos de crédito de Mandingo (Richard Fleischer, 1975). Una versión esclavista y violenta de Lo que el viento se llevó, plagada de sexo interracial y grandes estrellas, que deja en pañales a cualquier película de Tarantino, quien llegó a definirla como "el mayor ejemplo de cine de explotación filmada por un gran estudio en los últimos veinte años, con permiso de Showgirls (Paul Verhoeven, 1995)." 

 

Del mismo modo que Franco Nero cede el testigo a Jamie Foxx, Tarantino invita a Anthony Hamilton y Elayna Boynton para actualizar el mensaje de Muddy Waters en clave de novísimo R&B. "Tras leer el guión de Quentin, Freedom nos salió de dentro", declaró Hamilton. "De ese rincón profundo desde el que cada uno de nosotros sigue luchando por liberarse de las cadenas del mundo." Poco que reprochar, salvo que un servidor hubiese preferido escuchar aquella versión del Motherless Child que Ritchie Havens transformó en su particular grito de libertad en el festival de Woodstock en 1969.

 

LA PALABRA QUE EMPIEZA POR "N"

Chorrada o no, el reciente ataque de Tarantino al cine racista de John Ford pueden interpretarse como un dardo envenenado dirigido a Spike Lee. El enfrentamiento entre ambos cineastas se remonta a los tiempos de Jackie Brown (1997), cuando el director de Haz lo que debas (1989) le reprochó a su homólogo blanquito que a sus personajes se les llenase tanto la boca con la palabra negrata. Los dos deberían tomar ejemplo del multiinstrumentista italoamericano Dominick P. Costa, un reputado músico de sesión que decidió probar suerte con las bandas sonoras. Aunque pagaba las facturas gracias a Frank SinatraSarah Vaughan y Barbra Streisand, si por algo merece ser recordado es por su vibrante partitura para The Soul of Nigger Charley (Larry Spangler, 1973), protagonizada por el carismático Fred Williamson.

 

Ex-jugador de los Oakland Riders, Williamson abandonó el terreno de juego para debutar en la gran pantalla con M*A*S*H (Robert Altman, 1970) pero, debido a su rotunda presencia física, enseguida recondujo su carrera hacia el cine de acción y artes marciales. Desde entonces su nombre se ha convirtió en garantía de blaxploitation gracias a su participación en títulos claves del género, como Hammer (Bruce D. Clark, 1972) y Black Ceasar (Larry Cohen, 1973); a los que hay que sumar al menos un par de piezas de culto como Crazy Joe (Carlo Lizzani, 1974) y la muy tarantiniana Inglorious Bastards / Quel Maledetto Treno Blindato (Enzo G. Castellari, 1978).

Williamson inauguró su propia franquicia del Oeste con The Legend of Nigger Charley (Martin Goldman, 1972), y la correspondiente secuela que ahora nos ocupa. Su personaje representaba los ideales de un hipotético black panther del siglo XIX: rudo, apuesto y con alma de revolucionario. Sus aventuras funcionaban como un explosivo cóctel de entretenimiento y activismo político. "No voy a aguantar más mierda del hombre blanco", le espeta a su inseparable compañero, D'Urville Martin, momentos antes de un tiroteo particularmente sangriento. "Ahora soy un hombre libre y como tal pienso morir".

 

Pero Williamson y Martin se consagrarían definitivamente gracias a Boss Nigger (Jack Arnold, 1975). Estrenada en España como El sheriff negro, exprimió a fondo la vis cómica de nuestros protagonistas en un desenfadado homenaje -cuando no directamente parodia- a la trilogía del dólar de Clint Eastwood y Sergio Leone. Rodada con oficio por el director de un par de clásicos del cine fantástico como La mujer y el monstruo (1954) y El increíble hombre menguante (1957), se centra en una rocambolesca pareja de bounty killers que acaba asumiendo el papel del marshall en un pueblucho perdido de la mano de Dios. Un argumento que, de no haber caído en las manos de un veterano todoterreno como Arnold, correría el peligro de asemejarse bastante a Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera (Álvaro Sáenz de Heredia, 1996).

 

Pocas bromas, eso sí, con su estupenda banda sonora y cuyo tema central corre a cuenta de Terrible Tom, un intérprete de northern soul totalmente desconocido por estos lares y que acababa de firmar un contrato con una subsidiaria de Stax Records. La bancarrota de la casa madre impidió que la banda sonora llegase a las tiendas, pero podemos disfrutar de ella gracias a una espléndida reedición en DVD. Y encima, en formato panorámico.

¡Adios Amigo! (Fred Williamson, 1976) supuso el canto del cisne de nuestro pistolero bad ass favorito. Escrita, producida, dirigida y protagonizada por él mismo, el film tenía bastante de despropósito, pero se salvaba de la quema por el desparrame fronterizo y las payasadas de Richard Pryor. "¡Ojalá la gente me dejase de llamar, amigo! ¡Eso quiere decir que a uno le va a pasar algo malo!" Pues efectivamente, gringo; porque esto no es Sillas de montar calientes (Mel Brooks, 1974) y las risas del espectador pueden contarse con los dedos de una mano. Siempre nos quedará el consuelo de disfrutar de unas estampidas de vientos para quitarse el sombrero. Y aunque sus responsables se hacían llamar la Máquina de Blues Infernal, eran la típica banda de baladones discotequeros; pero se guardaron en la recámara un balazo de hard funk del bueno, compadres.

 

RÍMALO: LA "D" ES MUDA 

Tarantino siempre ha reconocido su debilidad por el humor de trazo grueso y Django Desencadenado da buena fe de ello. Mi mis momento favorito, por ejemplo, es cuando una esclava le muestra a Jamie Foxx la plantación de Big Daddy (Don Johnson). Sorprendida por su atuendo, le pregunta: "¿eres un hombre libre y vistes así porque te gusta?". A lo tonto, se trata del mejor chiste sobre estilismo negrata que recuerdo. ¿Qué se le habrá pasado por la cabeza, me pregunto, a Dennis Rodman o Kayne West? Es curioso que no invitasen al polifacético músico de Atlanta a la fiesta; Frank Ocean sí lo estaba, pero su estupenda Wiseman se quedó en la sala de montaje. En su lugar tuvimos que conformarnos con John Legend. Y efectivamente, no es lo mismo...

 

Según Jamie Foxx, fue él quien le prestó a Rick Ross las rimas I need 100 black coffins for 100 bad men / dig 100 black graves so I can lay they ass in. Por la cuenta que le trae con su amigo (y productor) Quentin, RZA se limita a cubrir expediente y resulta sintomático que lo mejor de la función sea precisamente el mash up de 2pac contra James BrownClaudio Cueni, productor y hombre de confianza de Shakur, se encargó de confeccionarlo a partir del recitado póstumo, Untochable, y una base del padrino del funk, The Payback. Todo ello aderezado con trompetas y diálogos de la película; muy bien hilado como guiño posmoderno.

Una última cosa y vamos terminando: en 1988 Marlon Williams, más conocido como Marley Marl, reunió a su Juicy CrewBig Daddy Kane, Masta Ace, Craig G y Kool G Rap, para dar forma a The Symphony. El concepto era algo así como la Capilla Sixtina: Ennio Morricone, Ottis Redding, The Meters, Rory-O & Chuck Colbert, Joe Tex y Detroit Emeralds uniendo sus fuerzas en busca del beat perfecto. Una proeza alucinante e histórica, que marcó un antes y un después en la evolución del rap y venía acompañado de un videoclip sencillamente bombástico. Palabras mayores.

 

Hay 11 Comentarios

Sin duda alguna, Django Desencadenado es otra obra maestra de Tarantino. La elección de los actores ha sido más que acertada y el toque sanguinolento del final deja la firma de nuestro querido Quentin. El punto "negativo" se lo saco tal vez a la duración. Pese a encantarme los largometrajes extensos, el momento en que Django es detenido y enviado a una explotación minera empecé a pensar "puff esto me sobra" pero estaba claro que el papel de Jaime Fox no podía acabar preso sino cumpliendo su venganza. Espectacular una vez más la BSO y un sonoro aplauso y 10 para DiCaprio y Christoph Waltz.

esta bien la peli aunque las he visto mejores esta semana

Dead Man (Soundtrack) by Neil Young http://youtu.be/dH9nY-b7jbc

Es un western muy distinto a los referenciados en este artículo, pero quiero mencionar la banda sonora de otro atípico western "Dead Man"

Dead Man (Soundtrack) by Neil Young

lo que está claro es que a este Bizarro le ganan muy pocos a la hora de documentarse.
Buen trabajo, muchacho!!

A ver si este finde puedo ir a verla y ponto comentarios ;)

Lo de "crowdpleaser" que apuntaba Gerard en su crítica comienza a parecerme cada vez más acertado. Aunque se intenten dar argumentos en otras direcciones, parece como si solo hubiese una única opinión válida... Y hasta ahora, nadie hace referencia a la música; tema central del texto, por otra parte....

Es la crítica más absurda y más elaborada que he visto en mi vida...demasiado texto para tan poco criterio. Algunas cosas estan bien como lo de " ¿Qué se le habrá pasado por la cabeza, me pregunto, a Dennis Rodman o Kayne West? " con el chiste del traje...

Ea, para que no se me ofenda nadie más: aquí les dejo dos críticas excelsas (para mi gusto, mucho más entretenidas y afiladas que la propia película) que se decantan por otras opciones estéticas:


http://www.eldiario.es/obsolescencia_programada/Afro-Tarantino-mutacion-arquetipo_0_90991105


html://absencito.blogspot.com.es/2013/01/el-heroe-negro-de-tarantino-y-otras.html?m=0


Léanselas todos, que no tienen desperdicio.


Un saludo.

Esto no es una crítica, Almudena, es un reportaje. Y además va sobre música. Pero debido a su estrecha relación con el cine de Tarantino (sí, señorita; un servidor también va al cine y se las ha visto todas) me he permitido dar mi opinión sobre la cinta. Y argumentarla -bien o mal, eso lo dejo a su criterio- en relación a otros títulos del género a través, precisamente, de sus canciones.


Y sepa usted que, para un servidor, Tarantino es mucho más que "el maestro de la violencia gratuita". Será que le pedimos cosas distintas y entiendo que a mucha gente le haya gustado. En fin, que un abrazo.

Pésima crítica para una de las mejores obras no solo de Tarantino sino de los últimos 10 años.
Animo a David Bizarro y su "compañero" de "crítica" Gerard Casau a que vean el resto de las obras del maestro de la violencia gratuíta.
Y dicho sea de paso, a aprender a escribir una crítica.

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