De Black Eyed Peas al EDM: cuando haces pop ya no hay stop

Por: | 30 de abril de 2013

William

Aunque el sector más purista del ámbito hip hop pueda poner el grito en el cielo, siempre he pensado que will.i.am es un personaje con talento. Talento musical, el que demostró en los dos primeros discos de Black Eyed Peas, aún hoy reivindicables y apreciables; talento artístico, el que le permitió convertir una formación de conscious rap ortodoxa de look naïf y actitud tibia en uno de los combos más exitosos y comerciales del planeta; talento empresarial, el que le ha llevado a hacer de su marca de fábrica un negocio multimillonario; y talento para adelantarse a los acontecimientos, como ha acabado demostrando la obsesión que tiene el rap actual por acercarse y fraternizar con el EDM (las siglas con las que conocemos ese Electronic Dance Movement que ha llevado la música de baile a estratos sociales, mediáticos y comerciales de primer orden en Estados Unidos y, por extensión, a otras partes del globo). Mucha de esta fiebre se debe al sonido patentado por el productor y, sobre todo, al cambio de orientación sonora que experimentó su grupo con la llegada de Fergie, vocalista y bailarina neumática que inyectó imagen, dinamismo y proyección melódica a sus canciones. Con ella, y con un will.i.am al que se le encendió la luz del house-rap, Black Eyed Peas decidieron sacrificar la credibilidad de sus inicios para devenir una máquina de facturar singles, giras y dólares. Vendieron su alma al diablo a cambio de fama, celebridad y ventas, y por el camino, sin tan siquiera pretenderlo, le cambiaron la cara al rap mainstream.

La pasada semana se ponía a la venta “#willpower”, el cuarto y nuevo disco en solitario de will.i.am. Es un álbum en que destacan, por nombre y orientación musical, las colaboraciones de Britney Spears, Nicole Scherzinger, Justin Bieber o Miley Cirus, entre otros, y que deja claras sus intenciones de entrada. Es pop. Pop bailable, con retranca urban, decididamente orientado al club y las emisoras dance, sobrecargado de ese invento del demonio llamado autotune, absurdo desde un punto de vista lírico y menos efectivo e incontestable de lo que es habitual en sus producciones. Pero es un fiel reflejo de los tiempos que corren, un ejercicio de estilo impecable si se trata de definirle a un alienígena recién llegado a la Tierra en qué consiste la música comercial del momento, qué dirección sonora marca la línea en los discos predestinados a conquistar las listas de ventas y atiborrar las parrillas de la radiofórmula. Y lo que es más interesante: el disco, flojo y deslucido incluso en el contexto en el que juega y compite, es víctima del propio éxito de su autor, como si estas canciones cerraran un círculo que arrancó en “The E.N.D.”, de 2009: el invento del electro-rap, del house-rap y del trance-rap ya no da más de sí y se impone un replanteamiento en las altas esferas para reconducir la situación.

 

 

Entre 2009, año en que se publica “The E.N.D.” y singles como “I gotta feeling” se convierten en hits a escala mundial, y 2013, año de aparición de “#willpower”, la inmensa mayoría de rappers de la órbita popular se atreven a integrar sus rimas en producciones electrónicas de ritmo alegre. P. Diddy se inventa “Last Train To Paris”, con claras reminiscencias ibicencas; Flo Rida estalla definitivamente con “Wild Ones”, un álbum que confirma sus aspiraciones comerciales y sus deseos de convertirse en referente del house rap veraniego; Nicki Minaj convierte su “Pink Friday: Roman Reloaded” en un viaje de trance-rap de la mano de RedOne; AraabMUZIK inserta samples extraídos de singles de trance europeo en un bloque de beats hip hop que arrasa en los circuitos hipsters; David Guetta contacta con Snoop Dogg, Ludacris, Nicki Minaj o el propio Flo Rida para sellar lo que él y will.i.am habían patentado cuando trabajaron juntos en “The E.N.D.”; y, ya en plena eclosión del dubstep como subgénero masificado y popular en Estados Unidos, se entablan alianzas entre Skrillex y A$AP Rocky, Joker y Freddie Gibbs, Rusko y Cypress Hill o Flux Pavilion y Childish Gambino.

 

 

Aunque musicalmente el resultado es discutible, en algunas ocasiones sonrojante, ha sido interesante la manera cómo DJs de house y trance con cachés desorbitados han ido a buscar a rappers para ampliar su tejido social y sonoro, quién sabe si también en busca de un mayor encaje y encuadre en la radiofórmula estadounidense. Y también ha suscitado interés el modo en que muchos de estos rappers perdían el miedo y la vergüenza a cambio de un cameo bien pagado o una producción lustrosa como contraprestación. Leíamos hace unos días que en Pachá se han hartado ya del EDM, de los sueldos abusivos y de una programación musical centrada alrededor de esta corriente, y en 2013 este hartazgo también se ha hecho extensible a la asociación entre toda esta escena y el hip hop: a excepción de las mencionadas conexiones con el dubstep de grandes estadios –y con resultados más que óptimos: la magnífica “Wild for the night”, de Skrillex con A$AP Rocky, es un ejemplo–, la efusividad de hace uno o dos años se ha relajado en busca de nuevos objetivos. Y aquí es donde llega el turno de este desangelado “#willpower” que suena reiterativo, desgastado y muy predecible, como si will.i.am estuviera dando vueltas sobre sí mismo sin encontrar una salida a su estancamiento.  

 

El problema de este uso abusivo de los recursos EDM en el rap actual no es tan conceptual como cualitativo: a los abogados de will.i.am se les acumulan las acusaciones de plagio, la última de ellas con motivo de este nuevo álbum, #willpower, y más concretamente a raíz de la canción “Let’s Go”, supuestamente más inspirada de la cuenta en “Rebound”, del dueto de productores Arty y Mat Zo. Cuando escuchas ambas composiciones del tirón pocas dudas quedan por despejar, tan solo una: ¿realmente nuestro protagonista creía que nadie se daría cuenta? Y en el caso del miembro de Black Eyed Peas no es la primera vez que sucede: ya saqueó el “Mancry” de Adam Freeland para darle forma a su hit “Party All The Time”, reconocido por él mismo previo pago compensatorio, y tomó prestado de todo menos el nombre del remix que Deadmau5 hizo de “You & I” de Medina. Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Y también a un ladrón. Y en el caso que nos ocupa, también a un vago. Porque de “#willpower” la peor sensación que te queda es la de un artista con talento con pocas ganas de explotarlo más allá de la ecuación más simple y rentable posible para su cuenta corriente.

 

 

 

 


Hay 8 Comentarios

HOLA, SOMOS VAMPIRE Y ESPERAMOS OS GUSTE NUESTRO NUEVO VIDEOCLIP "KILLER"

Está bien el debate que abres Julio!... Xo lo q pasa en España se llama "indiferencia" Y tengo q admitir q me gustaría q se viera una noticia en ElPais (un periódico respetadísimo) de lo bien q lo han hecho nuestro representantes españoles en festivales como Ultra o Coachella...pero no, de lo poco q sale es esto... :( Mientras, la industria de la música en nuestro país está muy lejos de lo que tendría que ser. Y así parece que va a seguir Saludo a tod@s!

tio, hazme caso y JUBILATE YA, que son penosos tus posts...

Si queréis una buena dosis de música actual no dejéis de visitar el Blog " BAILANDO EN MI CASA" http://bailandoenmicasa.blogspot.com.es/

Parece q el periodista y en general en España vamos un paso atrasados de la cultura contemporánea como siempre... Y parece q cuesta abrazar nuevos sonidos. éste, el de baile, ha resultado exitoso, pero como aquí todavía no fluye tanto por las radiofórmulas pues se critica. David Broc.. porque no te atreves con el electro-latino barato barato de picha y meneo de fin de semana q es lo q se come aqui? Peroa sí seguimos.. Mientras dj's y productores como Paco Osuna y Danny Avila siguen en el máximo anonimato mientras triunfan fuera. El plagio siempre ha existido... en el dance, el pop y cualquier otro género. Así q qué lástima q un formato q triunfa, como el EDM y q en nuestro caso (España) con Ibiza como uno de los núcleos históricos del sonido (véase como SHM y otros han cimentado su sonido ahí (cosa q hasta los ingleses han visto y le han intentado sacar tajada...) no se den cuenta en los medios generalistas de Madrid.. como siempre (y por fortuna no todos los periodistas) parecen q viven de espaldas a la realidad. Que desconocimiento e incultura... Un abrazo. Espero q esto cambie algún día

Yo creo que el problema de la música actual es que todos los artistas en general están apostando por lo que se lleva en este momento, que es la electrónica y el dance. No creo que sea solo algo propio del rap, sino de la música en general. El problema de esto es que si no te gusta este estilo (como a mí) estás casi perdido. http://deletrasyotrosvicios.blogspot.com.es/

EDM=Electronic Dance Music

Como están diciendo Daft Punk en su mega operación de marketing actual, la música electrónica actual está en una comfort zone. Y este disco es un relfejo de ello: sonidos fáciles electrónicos que venden, pegan en la radio, llenos de colaboradores maisntream encantados de subirse al carro y... nada más. Está claro que Will tiene un talento empresarial y como productor increíble y que ha demostrado ser capaz de reinventar un estilo musical, pero parece que de momento no va a volver a hacerlo. La pregunta es: ¿cómo va a salir la música electrónica de este estancamiento? ¿es el dubstep lo que nos espera? ¿el rollo que nos está vendiendo Daft Punk con "el toque humano"?

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Sobre el blog

Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

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