Espías como nosotros

Por: | 09 de julio de 2013

Espias como nosotros

"¡Bienvenido a Villa Sicalíptica! Me llamo Bonet, Joaquín Bonet. Pero usted puede llamarme Ximo". Mi interlocutor sale a recibirme luciendo una sonrisa lobuna y completamente vestido de blanco, como un sosias de Francisco Scaramanga, el villano que Christopher Lee encarnaba en El hombre de la pistola de oro (Guy Hamilton, 1974). Me estrecha la mano con firmeza y me invita a recorrer los jardines de su Xanadú particular: una imponente mansión de estilo colonial a orillas del Mediterráneo en la que disfruta de su retiro desde hace un par de décadas. Aunque reconoce abiertamente que el trabajo siempre le resultó ingrato, justifica su lujoso tren de vida en base a una más que dudosa prescripción facultativa. "Sufrí un amago de infarto en el 83 durante el España-Malta. El gol de Señor estuvo a punto de enviarme al otro barrio". Durante su convalecencia en el Balneario de La Toja contrajo matrimonio por tercera vez y se mudó con su multimillonaria esposa a un enclave paradisíaco, alejado de las miradas indiscretas y las responsabilidades fiscales. 

Las vistas desde su despacho son impresionantes; otra de las ventajas que tiene vivir en una isla tan diminuta que apenas figura en los mapas. Mi anfitrión echa el cerrojo y me indica amablemente que apague la grabadora. Sobre el escritorio de caoba nos espera el objeto de mi visita: una colección de incunables en vinilo cuyas portadas merecerían figurar en una pinacoteca de lo bizarro. Tomo asiento y examino cuidadosamente el repertorio: El Dúo Dinámico, el recientemente desaparecido Augusto Algueró, Pop Tops, Nino Bravo y un puñado de artistas de segunda fila. A primera vista, el material no justifica un viaje tan largo. Bonet parece leerme el pensamiento y me tiende un documento ribeteado en cuatricomía y que guarda bajo llave en un cajón.

  

Se trata de una circular de la discográfica Ariola, a la atención de prensa, radio, televisión y discotecas: "Hemos sido informados de que el productor Alberto Romolo Broccoli se halla en negociaciones con el Ministerio de Cultura, Educación y Deportes en aras de llagar a un acuerdo para la producción de un nuevo film de la saga James Bond, el agente 007". Sorprendido, reviso la fecha del matasellos del sobre -junio de 1975- y sigo leyendo. "Para tal menester el proyecto, que al parecer se halla en fase de preproducción y que se rodará en gran parte en nuestro país, necesitará también de un tema central que muestre el innato talento de nuestros compositores e intérpretes". Llegado a este punto, me vuelvo hacia Bonet sin conseguir disimular mi excitación ante tamaño descubrimiento. Es el turno de las explicaciones...

 

Descorchamos una botella de espumoso mientras Turn of a wheel gira en el plato. Massiel canta en un inglés impostado al ritmo de unas fanfarrias de parecido más que razonable con las utilizadas por John Barry. "Personalmente la prefiero cantando Él era mi amigo, por ser en castellano y por la producción del gran Pepe Nieto", apunta Bonet antes de proseguir con su relato. "Conocí a Albert Broccoli (Cubby para los amigos) veraneando en Saint Tropez en 1974", recuerda. "Nos presentaron en un guateque unos amigos comunes. Italianos, ya sabe". Otra vez esa sonrisa. Tomo nota de que los hombres de su posición suelen ocultar secretos embarazosos y, en ocasiones, algún que otro esqueleto en el armario. Por eso su relato, aunque revelador, resulta algo parco en detalles.

Según parece el magnate cinematográfico se habría reunido con Fraga Iribarne con el fin de obtener los permisos necesarios para rodar una nueva entrega del superagente secreto, con La Cartuja de Sevilla y el Valle de los Caídos como localizaciones principales. Pero, como suele ocurrir en estos casos, no era oro todo lo que relucía: "Cubby andaba falto de liquidez por unas desafortunadas inversiones inmobiliarias en la Costa Azul y pretendía involucrar a inversores españoles en la coproducción. Entre ellos Emilio Santamaría, promotor discográfico y padre de Massiel". En un principio, se contempló la posibilidad de contar con ella como chica Bond, "pero los rumores de que le pagaba al frasco decantaron la balanza en favor de Amparo Muñoz, quien acababa de alzarse con el título de Miss Universo". 

Desde Soria con amor

(Cartel de Juan Dean para "Desde Soria con amor" / Festival Fringe 2013.)

El socio de Broccoli, Harry Saltzman, le echó en cara que comerciase con la franquicia en su propio beneficio. "Sabía que tenía el ojo echado a unos terrenitos en la costa de Gerona y quería estrechar lazos con el poder a toda costa. Saltzman era de orígen judío y no le sentó nada bien que se le relacionaran con el entorno de Franco". Para ahorrarse los pleitos por los derechos del personaje, los "amigos italianos" de Broccoli le hicieron una oferta que el futuro productor de Mirando hacia atrás con ira (Tony Richardson, 1958) no osó rechazar. Pero el affaire español ya se había enfriado y La espía que me amó (Lewis Gilbert, 1977) terminó rodándose en los británicos Pinewood Studios con Roger Moore de protagonista. Finalmente el embajador de Bond en nuestro país sería Pierce Brosnan de El mundo no es suficiente (Michael Apted, 1999), paseando por Bilbao y dejándose caer por Navarra, que hizo las veces de Azebaiyán; lo mismo que Cuenca de Turquía. En Muere otro día (Lee Tamahori, 2002) La Habana tuvo exteriores en Cádiz y Gibraltar fue español en Alta Tensión (John Glen, 1987), interpretada por Timothy Dalton

 

Para "Don Sicalíptico", alias por el que Bonet es saludado entre los melómanos más selectos, "los de las discográficas fueron los únicos que se quedaron sin su parte del pastel". Habían tirado la casa por la ventana contratando a los mejores compositores, arreglistas y músicos anglosajones, en un vano intento por colar al artista de turno en la secuencia de títulos de crédito de una película que no se rodaría nunca. "Las compañías llegaron a presentar cientos de canciones", sonríe señalando los discos que se van acumulando en mi regazo. "Wanabees o hasbeens, los llaman los americanos". Para defender su tesis, elige uno al azar: Necesito, un original de Cecilia reinterpretado hasta en dos ocasiones. La primera con el vozarrón de Mary Gemma (alias de Maria José Molina Puig) y la segunda por Alfredo, "un cantante vasco ortopédico, con el swing inherente a esas tierras". No fueron los únicos que se quedaron en la cuneta. De Tito Martín, por ejemplo, Bonet salvaría de la quema su sentida interpretación de El mundo llora, de inequívoco paralelismo con Raphael. O el Catherine de Danny Roy, "una virgería que me recuerda un poco al Chain of fools".

 

La mayoría de ellos eran aspirantes a estrellas que apuraban su efímera fama en sellos minúsculos como Spiral o Euterpe. Galanes de serie Z como Jose Antonio, "un émulo oxigenado Nino Bravo" que se benefició de la rotunda Perdóname; o el tal Goyo, que adaptó el Talk It Over in the Morning de Roger Nichols con errata importante en la portada. "Cosas de la autarquía", aventura maliciosamente Bonet. Pero en el apartado de doblajes, Tú me enseñaste de Ernesto se lleva la palma. "Es el You Showed Me de The Turtles. No sé a usted pero a mí estas cosas, cantadas en castellano me ponen mucho". Personalmente me quedo con Acaba de empezar de la malograda Gloria Tomás. El tema original lo firmaban el propio Roger Nichols y Paul Williams, pero lo popularizaron The Carpenters. "La pobre Gloria nos dejó al menos un elepé soberbio antes de retirarse", se lamenta Bonet. Y un Sentada a la vera del camino que para sí hubiese querido Roberto Carlos, me permito añadir.  

 

A lo tonto, los dos nos vamos poniendo nostágicos. Algo tendrán que ver las burbujas que se nos han subido a la cabeza. O los guitarrazos con fuzz de Un día pregunté, un single infalible de la última etapa del Dúo Dinámico extraído de su álbum anglosajón. Parece el momento propicio para sacar la artillería pesada. La primera en la frente: What A Place to Live In de los Pop Tops, sensacional cara B del single Hideway, con arreglos del nunca bien ponderado Zack Lawrence y Alain Milhaud a los controles. Un preámbulo ideal para soltar las piernas al ritmo de Solo pienso en ti de Phil Trim, a la postre vocalista de éstos y un personaje fuera de serie. "La partitura es del gran Algueró, que en paz descanse. En el mismo disco -la banda sonora de Tusset Street (Luis Marquina, 1968)- existe una toma idéntica en inglés titulada This lonely heart. La verdadera incónita sigue siendo cómo una música tan espectacular acabó dando lustre a una película tan infame". 

 

En pleno aperturismo institucional de TVE se estrenaba El Irreal Madrid (1969), "una fantasía musical" de Valerio Lazarov en la estela de Historia de la frivolidad (1967) de Narciso Ibáñez Serrador. Se trataba de una sátira bastante visionaria del deporte rey, generosa en pop carpetovetónico y zoomsvanguardistas, que incluía playbacks delirantes de Karina, Marisol, Gelu, Los Bravos, Peret, Miguel Ríos y Joselito. Pero la verdadera estrella de la función volvía a ser Algueró, en plena forma con Ballet del Árbitro Malo. Siguiendo con los símiles furbolísticos, Tony Obrador hacía méritos de fichaje estrella con Hoy, una colosal pieza de blue eyed soul servida en bandeja por Pepe Nieto. Tras militar en las filas de Runaways y Los Continentales, el mallorquín se mantendría unos años más en la división de honor sin llegar a materializar otro golazo semejante. 

 

En comparación, Gino Cudsi disfrutó de más minutos en el terreno de juego, aún ocupando plaza de extranjero. De orígen griego, llegó a la península de la mano de un jovencísimo Georgie Dann; pero cansado de chupar banquillo formó pareja artística con su esposa, Lucille. Mejor le iría en Italia junto a la francesa Dorine y  su relectura del Misirlou de Dick Dale. En 1971 conseguiría rozar de nuevo el largero con La vida es un juego de azar, emulando al tunecino F.R. David en su apropiación del Can't You See de Babe Pereira. Los hubo que tuvieron más gafe, como Cristina de Los StopJuan Pablo o Dana María. "Es natural, si tenemos en cuenta que detrás de todos ellos se encontraba Juan Pardo". Sonrío al percatarme que, antes de continuar, Bonet toca madera. "El último día de amor, por ejemplo, era dramática y ampulosa, en la línea de Y comenzó a llover, que parecía predestinada a repetir el éxito de un Bruno Lomas; y sin embargo... Recuerdos era una especie de bossa nova con voz de putón de carretera, muy arrebatada. La chavala era una protegida de J.P. y, como es notorio que él no usa de estas cosas, algo debió ver en ella... pero no sé el qué".

 

Una avioneta me espera en la pista privada camuflada en la falda de una montaña. Antes de despedirnos, guardamos respetuoso silencio por El fin del mundo de Marco Antonio. "Soñaba con ser Scott Walker, pero se quedó en un Engelbert Humperdinck de la vida". Está claro que ese look de secundario de las películas de José Frade e Ignacio F. Iquino ayudó lo suyo. Momentos antes del despegue, reparo en un sobre depositado en los bajos de mi asiento con suficiente dinero en efectivo para costear mi regreso a Madrid. Le expreso mi gratitud a Bonet con un gesto a través de la ventanilla mientras cuento los billetes. Son falsos, así que cierro los ojos y me encomiendo a Nino Bravo. Despegamos. 

Espías como nosotros - Spanish Bondesque by Don Sicalíptico on Mixcloud

(EPÍLOGO: Por casualidades del destino, esta noche en Matadero de Madrid podremos disfrutar de Desde Soria con amor: una "sesión interactiva y bastarda de mash-up audiovisual" a cargo de Antonio Cabanelas, Victor Bermudo y Pablo Tresguerres, dentro del Festival Fringe¿Pueden unos violines de John Barry funcionar al unísono con el taconeo de una españolada? ¿Podrías ver en ese instante a Paco Martínez Soria tomándose un cubata con Goldfinger?. La respuesta, a partir de las 22:30 en la Terraza de la Cineteca.)

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Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

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