Jay-Z: de hombre de negocios a negocio

Por: | 02 de julio de 2013

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Este jueves sale al mercado Magna Carta Holy Grail, el único disco de la historia que ya había vendido un millón de copias sin tan siquiera estar acabado ni tener fecha de publicación. En una de las acciones empresariales más fascinantes que se recuerdan recientemente en el ámbito discográfico y tecnológico, Samsung ha decidido regalar un millón de copias del nuevo álbum del rapero Jay-Z al primer millón de usuarios de sus tres principales smartphones, Samsung Galaxy S III, Samsung Galaxy S4 y Samsung Galaxy Note II, que se hayan descargado la nueva aplicación creada expresamente para el lanzamiento. La compañía coreana ha pagado cinco dólares por pieza de un álbum por el que Jay-Z se embolsará un mínimo de cinco millones de ‘pavos’ sin tener una sola canción publicada. Y en esta ecuación no se tienen en cuenta los ingresos que pueda conseguir mediante la venta directa, en formato físico o digital, del propio disco una vez esté en las tiendas, tres días después de expandirse al mundo en exclusiva vía smartphone. A dos días y medio de su aparición todavía no hemos podido escuchar ninguna canción, no se ha oficializado ni presentado ningún single ni videoclip, no tenemos los datos precisos y exactos de quién participa en el listado definitivo y únicamente se ha filtrado lo que el propio artista ha querido, esto es, algunas letras del disco con palabras cuidadosamente encriptadas para no disponer de la secuencia completa. Los tiempos están cambiando, y Jay-Z se ha propuesto escribir las nuevas reglas del juego. 

Quizás algún romántico –¿ingenuo?– esté convencido de que la revolución del hip hop –¡y del pop!– pasa por el último disco de Kanye West, grabación por otra parte fascinante, retadora e importante pero de dudosa repercusión e influencia creativa y expresiva más allá del desconcierto inicial, pero es el último movimiento de Jay-Z el que verdaderamente aspira a convertirse en un punto y aparte dentro del género y en el referente del que tomarán nota los rappers del firmamento mainstream y, en general, todos aquellos músicos, grupos o cantantes con estatus y proyección para poder elegir de la mejor manera posible la difusión de sus grabaciones. Magna Carta Holy Grail ya se presenta como un disco importante y relevante sin necesidad de que hayamos escuchado un solo segundo de su contenido. Cuando lo hagamos el rapero ya habrá llegado a un millón de posibles oyentes y habrá ingresado los beneficios económicos pertinentes, todo ello sin haber despachado una sola copia del disco. Y lo que es aún más relevante: imponiendo en todo momento sus propias reglas, sus propias leyes y sus propios deseos. Muchas veces la escena underground se llena la boca hablando del concepto “do it yourself” (“hazlo tú mismo”), de la libertad de decisión y movimientos que confiere el enclave independiente, de cómo la auténtica integridad está representada por bandas que no superan las mil copias vendidas y publican en sellos minúsculos fundados por amigos, de cómo la industria, los medios y las multinacionales satanizan el arte. Pero el valor de un artista como Jay-Z es incalculable en ese sentido: maneja todos los detalles de su carrera, tiene pleno control de su propuesta musical, lleva las riendas del negocio que genera, y todo ello desde un estatus social, económico y artístico de súperestrella internacional.  

 

Jay-Z rapeó aquello de “I’m not a businessman, I’m a business, man” (“Ya no soy un hombre de negocios, soy un negocio, tío”) en Diamonds From Sierra Leona, canción de su amigo pero también rival Kanye West, y no podría haber definido mejor su evolución. El cambio de rol, esa transición de rapero con olfato empresarial a súpernegocio millonario en sí mismo, supone una de las ascensiones más abrumadoras de la historia reciente de la música popular. De vender crack en las esquinas de su barrio a firmar un contrato astronómico con una marca de telefonía móvil; de financiarse su primer disco con los ahorros del tráfico de drogas a fundar su propia agencia de representación deportiva y llevarse a Kevin Durant como primera firma de relumbrón; de fundar su propio sello discográfico a presidir y dirigir Def Jam, el sello más importante de la historia del hip hop. La trayectoria de Shawn Carter podría servir perfectamente como asignatura optativa en cualquier facultad de Económicas y Empresariales, y no por el concepto de ‘self-made man’ u ‘hombre hecho a sí mismo’ que tanto gusta en Estados Unidos, sino más bien por la inteligencia y capacidad visionaria con la que el neoyorquino ha ido guiando sus respectivos pasos empresariales en dos décadas de actividad incesante en las que ha conseguido levantar su propia marca y expandirla a numerosos campos alejados de la propia música. El último de ellos, este Magna Carta Holy Grail que viene con grandes ideas detrás, espíritu rupturista, ambición creativa, conexión total con los tiempos que corren y, sobre todo, necesidad absoluta de proponer un terremoto definitivo en la industria discográfica.

 

La importancia de este proyecto no estriba en su particular distribución. No es el primer disco que se pone al servicio del público en exclusiva vía smartphone –de hecho, Timbaland, uno de los productores involucrados en el proyecto, ya lo hizo con Shock Value en 2008– ni, por supuesto, el primero que se cede de forma gratuita a los usuarios antes de aparecer en CD. Pero sí puede ser el primero que da el paso de otorgarle abiertamente el rol de compañía discográfica a una compañía de telefonía móvil. Con las ventajas que ello conlleva: avance económico jugoso sin atender a las cifras de ventas finales, erradicación de los vestigios rancios y ya rupestres de las multinacionales discográficas –la tiranía del single, la sumisión radiofónica, los canales de promoción estáticos…–, novedosa y refrescante campaña de viralización previa y máxima inmediatez en la difusión y distribución del contenido. Este disco es una contundente bofetada a la industria discográfica, o a lo que queda de ella. Cuando el procedimiento habitual consiste en anunciar la fecha de publicación de un disco importante a unos cuantos meses vista, Jay-Z anunció por sorpresa el lanzamiento de “Magna Carta Holy Grail” hace apenas tres semanas. Y ha generado más runrún y expectación que los discos de Kanye West, Mac Miller, J Cole, Wale y French Montana juntos. Antes, y aún ahora, es habitual que se anuncie un lanzamiento mediante un single y una nota de prensa de la compañía dando detalles del álbum, fecha, productores y colaboradores; Jay-Z lo hizo mediante un spot de televisión inteligentemente emitido en el descanso del quinto partido de las finales de la NBA: ¿cuál fue el último disco importante que vimos anunciado en la tele? Si también es habitual saturar al público con información, vídeos, remixes, avances, uno de los grandes hallazgos de estas tres semanas de promoción sutil y elegante ha sido, precisamente, la falta de información, la inteligencia con la que se ha enganchado al público, suministrándole los detalles justos para alimentar el interés y las ganas. Y por último: en los tiempos de la democratización radical de la música, ahora que todos podemos acceder al mismo tiempo a un disco cuando se filtra, ahora que ya no es posible acceder a un contenido antes que el vecino, Samsung y Jay-Z plantean todo lo contrario: el concepto de exclusiva, la trampa del ‘tenerlo primero’, la sensación de privilegio por disponer de un teléfono o tableta Samsung y poder escuchar uno de los discos de la temporada antes que tu amigo, hermano o enemigo.

 

Queda por saber el beneficio real y a efectos prácticos que obtendrá Samsung por su atrevida apuesta, aunque la campaña de publicidad que ha conseguido la marca con la repercusión del proyecto es abrumadora, el sueño de cualquier departamento comercial. Queda por ver si detrás de la campaña de marketing más convincente, atractiva y estética que ha dado el hip hop recientemente hay disco y canciones que la sostengan desde un punto de vista artístico, aunque las letras filtradas y los beats que asoman en el teaser invitan al optimismo. Y queda por ver la influencia estructural que tendrá esta iniciativa en los mecanismos de funcionamiento de la industria musical en los próximos meses, aunque ya ha quedado claro que el único elemento prescindible en esta historia es, precisamente, la propia industria. Sea cual sea el resultado de estas incógnitas, la sensación es que Jay-Z ha vuelto a redimensionar su estela y legado.      

 


Hay 5 Comentarios

Sin duda es todo un emprendedor!

" una de las acciones empresariales más fascinantes que se recuerdan", fue cuando las compañias de telefonia móvil empezaron a regalar smartphones gratis a todos sus usuarios, una vez que todo dios tiene un smartphone, ahora aprovechan para venderte su mierda, como la música de este mostrenco. ¿Te parece digno de admiración? tú debes de ser de esos que te encanta que te llamen al telefono de casa vendiendote una vajilla irrompible a la hora de la siesta, por supuesto, supongo que es otra "maniobra empresarial brillante" para ti. vete a cagar.

¿Y qué me dicen de la mujer negocio?: http://xurl.es/bqq4r

Eso de la promoción en samsung tú lo denominas " una de las acciones empresariales más fascinantes que se recuerdan", yo lo llamo "VENDERSE A LA TELEFONIA MOVIL". Son diferentes formas de verlo. Vamos a ver, un teléfono sirve para llamar por teléfono, cuando se utiliza para VENDER COSAS malo. si hoy en dia llevan smartphone hasta los chachos.

Que cabrón y encima casado con una preciosidad; bueno, el tío se lo ha ganado a pulso, no como tantos inútiles chorizos que deambulan por ministerios, consejerías, autonomías, ayuntamientos y organismos miles, endogamia pura y dura: http://detapasporsevillayotrascosillas.blogspot.com.es/2013/05/si-mariano-jose-levantara-la-cabeza.html

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Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

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