Todas las caras de los Beatles se reflejan en el pop del siglo XXI

Por: | 12 de octubre de 2013

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Más allá de al eterna y ciertamente cansina discusión sobre si los Beatles son o no la mejor banda de la historia. Más allá de la regular celebración de su legado, que es válida cuando es didáctica (nadie nace sabiéndolo todo y cada día alguien escucha por primera vez un disco de los de Liverpool) o festiva, y ciertamente nociva cuando se exhibe como arma arrojadiza en contra de cualquier modernidad. Más allá de todo lo que usted pueda imaginar está la influencia de los Beatles en casi toda la música que han hecho los blancos desde mediados de los 60. Y también en una gran parte de la que han hecho los negros. En el mar de Corea, probablemente Britney Spears sea hoy mucho más relevante que los de Lennon y McCartney. Pero eso es ya otra historia. Lo que sí es cierto es que, a pesar de los vaivenes en el gusto del gran y pequeño público durante estas cuatro últimas décadas, es imposible abstraerse de lo que han significado los Beatles y cómo han intoxicado la narrativa de la historia del pop.

Los de Liverpool están en las propuestas más retro y nostálgicas, pero también están en algunas de las más supuestamente contemporáneas. Son el pasado, pero, en cierto modo, siguen siendo el futuro. Sirven para negar el progreso en el mudno del pop y también sirven para explicarlo. A la vez, son indisociables del fenómeno fan, de la edad dorada de la industria del disco y en la moda nadie hablaría del nuevo negro si en la música antes nadie hubiera acuñado aquello de los nuevos Beatles. Se les hace responsables de lo que inventaron y de lo que no. Así, aunque el primero en generar desmayos entre sus fans fuera Franz Lizst, es a los de Liverrpool a quienes nos remitimos cuando vemos alguien chillar enloquecido en la primera fila de un concierto. Hay gente que piensa que Tomorrow never knows inventó el hip hop, e incluso quienes sostienen que gran parte de la electrónica viene del White Album. Y la electrónica y el hip hop son acaso los únicos espacios que podemos mantener como zona de exclusión beatle. En fin, que hay gente para todo, y como los Beatles lo hicieron prácticamente todo, es hoy, cuando no existe un relato dominante en la escena musical global, cuando los de Liverpool, curiosamente, más presentes se hacen.

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Siempre ha habido un ejecutivo de un gran sello que ha llegado a casa diciéndole a su mujer que escoja casa nueva que acaba de dar con los nuevos Beatles, y siempre ha existido un grupo de cuatro imberbes en algún garaje de alguna ciudad perdida que se ha encerrado a tocar I saw her standing there hasta  sacar su propia versión del tema. La diferencia radica en que había épocas en que al éxito se accedía a través de Abbey road, otras en que se hacía mediante Rubber soul e incluso alguna en que el pedigrí de la crítica lo otorgaba una mención al White Album. Hoy, se puede ser un artista respetado y de más o menos éxito remitiendo al sonido de prácticamente cualquier época de los de Liverpool.Todo vale, nada es.

En un mundo ideal esta lista podría servirle tanto a jóvenes para descubrir temas de los Fab Four como a mayores para animarse a hurgar en el agujero de la actualidad, que, si por algo se caracteriza, es por tener siempre algún regalo guardado para la nostalgia. Pero, bueno, como decía Billy Bragg, en un mundo ideal todos cantaríamos afinados.

Allá vamos, pues, con la lista ideal para que unos confirmen que ya no se hace nada como los de Liverpool, otros digan que ya está bien de dar la brasa con los 60 y los de más allá se indignen porque ellos hubieran dado con coincidencias más afinadas. Internet, gracias por hacernos ver lo obsoleto de esto de la democracia. Y es que, claro, si en los 60 hubiese existido internet, la mitad de los que dicen preferir a los Byrds o a los Kinks tendrían pruebas de su ‘ya te lo dije’.

Please please me vs The Strypes

Probablemente, este cuarteto irlandés tiene más de Yardbirds que de los de Liverpol, pero su apuesta estética es abiertamente beatleiana, y en ellos se encuentran algunos de los tics que definieron a los primeros Beatles, o sea, versiones de clásicos y composiciones primigenias que aspiran abiertamente a ser clásicos con el desparpajo del adolescente que ya lo sabe todo. Hoy puedes parecer el último grito recordando al primer aullido. Y poco más queda por decir de un grupo cuya principal arma de venta es incidir en que ya está todo dicho.

  

A hard day’s night vs One Direction

One Direction son, probablemente, la primera boy band retro de la historia. Llevan chalecos, trajes a cuadros, borsalinos, flequillos… Provocan la misma histeria que los de Liverpool, y aunque es poco probable que después de su próxima película se encierren a escribir Rubber soul, sí es cierto que ahora mismo significan un hito en la historia de la música para adolescentes, del mismo que lo hicieron los Beatles, quienes, cuando se imaginaron con 64 años, ni se les pasó por la cabeza que un día tendrían fans con esa misma edad. La verdad, One Direction no hacen casi nada que no hicieran Hombres G hace casi 30 años.

  

Rubber soul vs Foxygen

La influencia de los de Lennon y McCartney en este dúo de San Francisco es enorme, aunque sería harto osado descartarlos como otro producto retro. El jangle pop y cierto aire rupestre les acercan a los Beatles de este disco. El hecho de que sean mucho mejores de lo que muchos piensan también les emparenta con este, uno de los más infravalorados largos de los de Liverpool. Sin Rubber soul no hay Gram Parsons, y sin Rubber soul tampoco hay Pet sounds.

  

Revolver vs Tame Impala

La psicodelia ha sido uno de los animales de compañía preferidos por la modernidad más retro (ergo, la más moderna) en los últimos años. Y de entre todos los productos contemporáneos afiliados al estilo, destaca sin duda Lonerism, de Tame Impala. Lo curioso de esta semejanza es que, en apariencia, Lonerism podría parecer un disco mucho más retro que el propio Revolver, escrito más de cuarenta años antes. Pero lo que hace al largo de Kevin Parker un álbum especial es que bajo su aspecto de ejercicio de estilo se esconde un tratado de actualidad que se maneja en los márgenes y los detalles, que es donde reside el diablo, soplando los últimos estertores de esa cosa llamada rock, para la que se prepara un funeral que ríete tú del de Ronnie Kray.

  

Sgt. Pepper's vs Arcade fire

No hace falta ser un lince ibérico para detectar que estanos haciendo trampas. Cuando no nos llega con el sonido, apelamos al comodín del contexto. Incluso cuando este falla, nos asimos al del concepto. Arcade Fire no suenan como los Beatles en casi nada, pero sí son análogos en el elemento idiosincrático, y para el caso que nos ocupa ahora (Sgt. Peppers) en el perfeccionamiento del falso álbum conceptual, en la evolución y en el consenso. Si alguna banda hoy cuenta con el potencial de definir una época a través de sus discos esa es Arcade Fire. Si existe un artista procedente de la blanca tradición del pop aún capaz de abrir un nuevo discurso ese es este combo canadiense. La diferencia es que donde Sgt. Peppers cambió la historia, un disco como Reflektor, el nuevo de los de Montreal, lo que hace es conseguir alargarla un poco más.

  

White Album vs Sufjan Stevens

Hay una escena al principio de la serie de The Office en que Ricky Gervais, haciéndose el enrollado, define al equipo que dirige como un puñado de locos. Y hace las comillas con las dos manos. La escena, aunque pueda parecer una tontada, es un ejemplo impecable de la estupidez a la que ha llegado el ser humano. Gervais detecta a la perfección esa fascinación por parecer raro siendo tremendamente normal que afecta a millones de personas (hola, Little Monsters) desde que se comprobó que la revolución se podía televisar y que incluso durante los intervalos publicitarios nadie se iba a la cocina a por cervezas, sino que se quedaba viendo los anuncios y memorizando las marcas. The White Album es uno de los primeros casos de locura oficial aprobada tanto por cuerdos como por enajenados. Lo mismo podría suceder con Surjan Stevens hoy si la industria del disco no hubiese abandonado hace años la idea de vender no solo cosas que se venden solas. La osadía de los Fab Four con este disco encaja con la falta de pudor de Sufjan, su aproximación desquiciada al conceptualismo y sus ambiciones desmedidas. La única diferencia es que los Beatles acometieron esto siendo los Beatles y hoy son muchos los que acometen lo mismo nombrando a Sufjan. Pero en el supermercado nadie conoce a Sufjan.

  

Let it be vs Rufus Wainwright

Hacerse mayor. Qué cosa. Los Beatles se hicieron oficialmente mayores con este disco, acaso el momento en que, aunque de reojo, les dio por mirar atrás y gustarse más de los deseable, mirar alrededor y adaptarse en vez de adaptar. A pesar de todos los crímenes relacionados con la mediana edad que se han cometido en nombre de Let it be, el largo tiene un valor incalculable, una leyenda magnífica y una reedición primorosa. Rufus es un poco ese Let it be en el que se han instalado muchos fans del pop de mediana edad. Él es ese tipo que hace algo familiar con aspecto de especial, que cuenta su vida, que posee un discurso y que ansía ser universal cuando ya se ha convertido en algo muy local y generacional. Y es que nadie representa la música adulta entendida como música de alguien que ya no quiere cambiar sino que aspira a que el mundo deje de hacerlo para que vuelva a parecerse a él como Rufus, y como, en su momento, Let it be. Los Beatles bajaron un peldaño aquí en su importancia y Rufus se cree mucho más importante de lo que realmente es. Ahí se encuentran. En las escaleras de la historia y la edad.

  

Bonus track

Abbey Road vs Beady Eye

Acabar esto sin nombrar de alguna manera a Oasis sería una afrenta, pues Oasis son un diccionario Collins a lo que todo lo de antes es puro Lost in translation. Como Abbey road, que es y no es el último largo de los de Liverpool, Beady Eye es y no es Oasis. A diferencia de lo que hacen Liam y sus secuaces, Abbey road es de lo más grande que grabaron los de Liverpool, amén de la portada más imitada de la historia. En cambio, aún es el momento de que Beady Eye graben algo que pueda parecerse a una cara b de los Oasis pre 1997. Que en 2013 exista una banda como esta (y tenga sus fans) no hace más que confirmarnos que estamos muy lejos de abandonar a los Beatles como arma de seducción masiva y que, cada vez más, el ideario de un pasado glorioso nos sirve para huir de un presente que aceptamos como apestoso, tanto por cobardes (preferimos lo que fue) como por ingenuos (confiamos en lo que será).

 

 

 

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Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

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