Luke Haines, el hombre más airado de 1995

Por: | 21 de enero de 2014

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Hay gente que es de los Beatles y otra que es de los Rolling Stones. Y luego hay unos cuantos que son, por ejemplo, de los Kinks. Lo llaman bipartidismo, y hasta hace algunos años a algunos hasta les parecía extrapolable a cualquier aspecto de la sociedad. Simplifica las cosas, acota lo que consideramos normalidad a los confines de Barrio Sésamo y reduce las decisiones vitales a la categoría de verdadero o falso. Este bipartidismo permite, tanto a seguidores de los Beatles como a fanáticos de los Stones (y viceversa, tronista y viceversa otra vez) hacerse con la licencia de pensar que los que prefieren cualquier otra cosa lo hacen por esnobismo, infantiles necesidades de diferenciarse, o puro desconocimiento de lo que viene siendo la verdad. Los que viven en la normalidad son siempre muy de la verdad. Los que no, acostumbran a ser más de acción. En 1993, The Auteurs no ganaron el Mercury Music Prize por solo un voto. El premio fue a Suede, quienes se ganaron entonces el derecho a ser la tercera opción en un examen, el del britpop, que separa a los humanos dentro de la categoría de normales entre los que eran de Blur y los que eran de Oasis. The Auteurs quedaron fuera incluso del segundo círculo del infierno underground, y no porque su música fuera especialmente rara (estamos hablando de britpop, no de glitch house), sino porque su líder, un tal Luke Haines, no quería estar allí, no sentía ninguna afinidad con la mayoría de sus coetáneos, no estaba en sintonía ni con sus propios fans y, en realidad, menos a su novia, la bajista, odiaba al resto de los miembros de su grupo. En el mismo había un tipo que tocaba el chelo. Haines le llamaba ‘el chelista’.

 

Este fin de semana Luke Haines ha tocado en España. Ha venido a presentar Rock’n’roll animals, un largo conceptual de acid folk que narra la historia de un zorro llamado Jimmy Pursey (líder de la banda punk Sham 69), un tejón que responde al nombre de Nick Lowe y un gato conocido como Gene Vincent. Este mismo año Blur se han reunido para volver a tocar End of a century. Liam Gallagher ha sacado otro simulacro de álbum de tributo a Oasis al frente de Beady Eye. Suede han lanzado al mercado un intento de mezclar sus tres primeros y exitosos largos en uno solo, algo así como un greatest hits tocado por niños filipinos que suben los vídeos a Youtube. Jarvis Cocker ha abandonado su programa de radio. La única estrella del britpop que sigue en forma es una periodista nacida en Wolverhampton y llamada Caitlin Moran.

  

El disco es el sexto que lanza Haines en solitario. Es tal vez su referencia más floja, sobre todo, si la comparamos con su anterior obra, 9 ½ Psychedelic Meditations on British Wrestling of the 70’s and early 80’s. Ahí lanzaba un homenaje a la lucha libre británica en un disco magnífico, tal vez su mejor trabajo desde Baader Meinhof, un proyecto que acometió antes de formar Black Box Recorder, la banda que le daría un número uno y que se separó, entre otras razones, porque a John Moore –colega y co ideólogo del proyecto de convertir a Sarah Nixey en estrella pop global cantando sobre una adolescente que quiere suicidarse- prefirió dedicarse a la importación de absenta que al pop.

La historia de Haines está llena de momentos en los que el éxito estuvo a punto de llegar, pero por una u otra razón no lo hizo. O al menos, eso es lo que se entiende al leer sus dos libros. El prrimero se titula Bad vibes, y es un hilarante y airado ajuste de cuentas con sus compañeros del britpop. Aunque tramposo y ventajista –la líder de Sleeper, Louise Wener, lo despachaba de este modo, y no sin razón, en su crítica para The Guardian-, el libro sugiere, no sin sorna, que su single de 1996, Unsolved child murder, podría haber sido un éxito si no fuera porque trataba de la desaparición de un niño y fue lanzado la misma semana en que un caso similar copó las portadas de la prensa británica. También encuentra una metáfora de su mala pata en la coincidencia de la salida al mercado de Baader Meinhof, un álbum dedicado al grupo terrorista alemán del mismo nombre y operativo durante los años 70, con unas fechas de especial actividad del IRA, que aquellos meses cometió atentados en Canary Wharf y la estación de South Quay en Londres, además de volar por los aires prácticamente todo el centro de la ciudad de Manchester.

  

El segundo libro, Post Everything, es el cínico relato de un señor que llegado a los 30 entiende el éxito como una venganza y piensa que su ascenso al olimpo es una suerte de revolución, hasta que se da cuenta de que se va a ir con tanto sigilo como entró. Así es la historia de Black Box Recorder, acaso el proyecto más comercialmente relevante de Haines y antesala del que sería probablemente su más fabuloso fracaso: la huelga pop que propuso en 2001, coincidiendo con el lanzamiento de Oliver Twist Manifesto su primer álbum en solitario. Ni mi música, ni la de nadie, debió pensar. Obviamente, se informó de aquello, aunque jamás llegara realmente a suceder. Dos años después, en 2003, BBR lanzaban su último largo, Pasionoia, y se iban por una puerta bastante más pequeña de por la que entraron.

 

Hoy Haines es un tipo que trata de negar que sea un misántropo. Está casado –su esposa es la responsable de la ilustración de la portada de su último álbum-, es padre y tiene un estudio de grabación propio, lo que tal vez explica que el ritmo al que aparecen sus referencias en los últimos años se haya incrementado. Y es que confesaba Haines en 2006 que podía lanzar álbumes porque tenía amigos en algunos estudios y le dejaban colarse para grabarlos. Además, ha visto la luz un documental sobre su figura, o lo que sea, y se embarcó el año pasado en proyecto en el que también estaba el periodista Andrew Mueller, llamado The North Sea Scrolls y que narraba la historia tal como fue: tras la II Guerra Mundial, irlandeses y alemanes se reparten las Islas Británicas. Como se ve, a Haines jamás le dio miedo tratar temas que a nadie le importan. Por eso, y por mucho más, la verdad, lo suyo jamás le ha importado a demasiada gente. Pero a los pocos que lo ha hecho, les ha importado mucho. Tal vez solo será una nota a pie de página en la historia del rock, pero esta pagina algunos la sentimos como nuestra, y ese pie, ese pie es nuestro pie izquierdo.

 

Hay 1 Comentarios

Sigo a Luke Haines desde que saco "New Wave" en el 93. Tuvo mucha importancia para mi en esa época, tenia el encanto de ser el perdedor del Brit Pop, a pesar de que para mi era lo mejor, estuve en su en la sala Revólver en el 96, y he vuelto el sábado pasado a la sala Moby Dick para verle, aunque iba con las expectativas de "un tipo que toca una guitarra", pude darme cuenta de que es mucho mas, y eso fue un reencuentro muy agradable.Me ha gustado mucho tu artículo, no hay muchas oportunidades de leer algo de alguien que verdaderamente conoce su importancia y trayectoria, creo que tu frase " lo suyo jamás le ha importado a demasiada gente. Pero a los pocos que lo ha hecho, les ha importado mucho" lo resume todo.Muchas gracias!

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Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

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