Qué (no) es jazz

Por: | 28 de enero de 2014

The Thing

 

La historia la escriben los vencedores, eso lo sabe todo el mundo. En la música, la historia la escriben quienes tienen el mejor agente. O quienes estaban en el momento adecuado en la revista o emisora adecuada. Ser bueno ayuda, pero no lo es todo. Y, con el paso de los años, tendemos a quedarnos con lo superficial y con los identificadores resonantes o recurrentes, que tampoco está uno para pasarse la mañana investigando si la primera ópera rock fue la de los Pretty Things, la de Nirvana (no "los" Nirvana, claro) o la de los Who. Para bien o para mal, "Tommy" es "Tommy", y punto. El inconsciente colectivo del pop ha hablado; los demás, dejen su currículum y ya les llamaremos.

Con el jazz, un género tan aparentemente bibliotecario y carca para muchos, pasa algo parecido. La perspectiva es muy traicionera y, equis décadas después, resulta fácil creer que en su momento el jazz era todo Miles Davis, John Coltrane, Thelonious Monk o Duke Ellington. Y claro, si juzgamos los estímulos jazzísticos que le llegan hoy en día a cualquier transeúnte cultural no especializado, lo normal es palidecer ante la comparación. Lo que antes era original, arriesgado, combativo y genial ahora es rancio, conformista, tibio y decorativo. Pero no nos engañemos: en aquellos años la pachanga también rodeaba al jazz como una manada de lobos hambrientos. Hecha con más o menos gusto, reivindicada por algunos en aras de lo vintage o la memorabilia musical, pero pachanga, al fin y al cabo (con la más vulgar de sus acepciones, nada que ver con el género cubano heredero del merengue).

Esa óptica desenfocada y mitómana viene amparada por el sacrosanto "cualquier tiempo pasado fue mejor" –¡cuánta parcialidad se ha vertido sobre el verso de Manrique!– que inunda la mayor parte de doctrinas creativas. Uno puede alabar a Jonathan Franzen, pero cuidado con atreverse a compararlo con William Faulkner o Herman Melville. Pocos dudan de las bonanzas de Quentin Tarantino, pero hay que ser muy osado para situarle a la altura de John Ford, Raoul Walsh o Billy Wilder. Con el jazz –con la música en general– es igual: hace falta tiempo para convertirse en un clásico. Las modas tienen que pasar, la marea tiene que bajar y ver qué ha quedado tras ella. Y, entretanto, el mundo de la música popular se nutre de revivales más o menos encubiertos y más o menos ingeniosos, pero inequívocamente esclavos de sus referentes.

En el jazz, que adolece de un serio problema de conservadurismo en algunas de sus alas, encontramos lo mismo: miles de músicos y grupos que recrean, con resultados más o menos afortunados, el jazz que fue moderno en su momento. Y algunos lo hacen realmente bien, de eso no hay duda. Pero si algo define al jazz, más que a ninguna otra música, es su capacidad para generar voces teorizando sobre lo que la define. Se han vertido ríos de tinta debatiendo la cuestión, señalando en una y otra dirección, dogmatizando y tratando de acotar qué demonios es el jazz y, sobre todo, qué no lo es. En pleno siglo XXI, el debate sigue abierto y supurando todo tipo de análisis, juicios y opiniones, con diferentes grados de acaloramiento. Y, ¿saben qué? Qué aún nadie ha conseguido colgarle una definición clara y consensuada al género. Como mucho, se acepta el que convivan una serie de corrientes y subgéneros, cada cual más diferente que el anterior, bajo la misma etiqueta genérica del jazz.

Todo eso, desde dentro, donde cada una de las corrientes conviven mejor o peor avenidas, pero relativamente al tanto de lo que ocurre en la puerta de la lado. Sin embargo, cuando uno lo ve desde fuera, ocurre como con cualquier género: los tópicos acaban definiéndolo vulgarmente. El jazz no puede evitar ser representado por clubes humeantes, aires de cine negro, postales de Nueva Orleans, músicos serios y trajeados y demás pamplinas por el estilo. Qué le vamos a hacer. Pero, mal que les pese a los obtusos revivalistas que pretenden establecer la muerte del jazz en algún momento a mediados de los 60 –desheredando toda la música que ha venido después– éste se regenera constantemente. Y casi siempre lo hace, como cualquier otra doctrina artística, desde el underground. Un underground al cual le resulta muy difícil llegar a un público que, además de lejano, está contaminado por estereotipos con olor a naftalina y supuestos estéticos más cercanos a la música de ascensor.

No hace falta irnos muy lejos. En la anterior entrada de este mismo blog, protagonizada por una estupenda entrevista de David Bizarro a Luis Boullosa, al hilo de la reciente publicación de su libro "El Puño y la Letra", el entrevistado afirma: "el jazz -igual que Napalm Death o John Zorn- hay que escucharlo o muy pronto o muy tarde, pero nunca en el medio. Como aficionado, me parece sintomático que precisamente el jazz, una de las músicas más vanguardistas del siglo XX, llegase a convertirse en una de las más retrógradas del XXI". Pero, como aficionado, Boullosa debería saber la cantidad de jazz vanguardista, arriesgado y original que se hace hoy en día desde las trincheras de la música improvisada a lo largo de todo el mundo. Tanta, o más que antes. Y especialmente porque es un escritor crítico y un gran conocedor del underground en el rock, resulta mucho más sintomático que alguien como Boullosa configure de un plumazo semejante instantánea del jazz en el siglo XXI. Es como si, hablando del mundo del pop, nos lamentáramos de que el género hubiera sido reducido a un conservador bluff definido artisticamente por Beyoncé, Justin Bieber o Bon Jovi. Algo que, con un adecuado grado de desconocimiento, podemos hacer sin problemas.

No trato de atacar a Boullosa, a mi compañero Bizarro o a su novia (mencionada en la pregunta como autora de la frase "el jazz es como las perlas o los abrigos de visón: debería estar prohibidos a los menores de cincuenta años"; muy ingeniosa, por cierto), pero sus comentarios sirven para ilustrar esta cuestión: ni siquiera es necesario ser ajeno al mundo de la música, sino que, quienes han tenido un acercamiento parcial –e incluso firme– al género, tambien tienden a embarrarse en los tópicos propios de quienes no profundizan más allá de lo circunstancial o lo que sus propios gustos o apetencias demandan. Tampoco es que haya que meterse dos mil grabaciones entre oreja y oreja para emitir una opinión contrastada pero, a la hora de establecer una imagen pública para un género con tantas ramificaciones, resulta prudente preguntarse si uno está al corriente de algo más que lo que se encuentra a pie de calle.

Porque si algo caracteriza al jazz, más de un siglo después de su gestación, es su capacidad para no dejarse definir. Para, a pesar de las corrientes principales, continuar incorporando nuevos elementos y reinventarse desde las escenas alternativas, aunque sea lentamente. Algo que se basa en la libertad y espontaneidad del individuo y en la interacción del mismo con los músicos que le rodean, nunca podrá ser categorizada del todo. Y, a día de hoy, seguimos sin poder definir exactamente qué es jazz. Pero sabemos qué no es: una música muerta, geriátrica y conformista.

Hay 31 Comentarios

Me quedo con esta frase: "La historia la escriben los vencedores"

y respeto sus fuentes pero son incompletas. en 1920 ya se escuchaba jazz, a los discos de Lonnie Johnson con las orquestas de Charlie Creath y Fate Marable, me remito. En 1938, como dice usted, en plena decadencia del sonido Tin Pan Alley, el jazz estaba ya en decadencia, por eso surgió el rockandroll, más que nada, como respuesta. un saludo!

comentario pueril? si yo tengo una banda de blues, un estilo que se lleva tocando desde el año 1905 o antes. He tocado en mi facultad también, en casas okupas y hasta en el Espacio Santander para 1500 personas. mi proyecto fin de carrera fue un Diseño y construcción de una planta depuradora de aguas residuales, con una viabilidad económica valorada en 950.000 euros. Esos libros de jazz que lo tachan de "high-art" no valen un duro, hombre, y dar conciertos para la jet-set frente al típico público de clase alta, el empresario que se fuma un puro mientras su mujer le hace un pajote bajo el abrigo de visón, es todo lo que odio. Y si, disculpe mis pueriles comentarios.

El jazz del siglo XXI: de retrógrado a un estúpido deporte. La próxima boutade será ya criptoapoteósica. Otro libro para usted: Findings, de Steve Lacy. Y he programado bastantes conciertos de ese deporte llamado jazz( y otros afines). El jazz se escucha desde finales de los treinta, digamos el 38(Goodman, Carnegie Hall), a la actualidad, dentro de las instituciones y en los márgenes, incluida la calle( que se lo digan a Logan y Gayle). Esa interacción in and out es una de las características mas fascinantes y revitalizadoras de este High-Art, que así es como denominaba a este arte musical el músico autor del libro que le recomiendo. El prejuicio hacia el lugar donde se celebra la música es pueril. Y no me creo más que nadie. Por eso le respondo. Y no he leído Black Music, de Leroi Jones antes que nadie( eso lo decía el Sr.Bizarro). Conozco a unas cuantas personas en la ciudad donde vivo y trabajo, Santander, y en otros lugares de España, que leyeron ese libro, como otros, a finales de los setenta y comienzos de los ochenta( y afortunadamente después).De hecho,a mí me lo recomendó un amigo. Y celebro que se reedite ahora pues creo que una de las claves de la reproducción del mundo del jazz y de la música, y la cultura en general, radica en los relevos generacionales. Por eso leo con agrado el blog de Yahvé: tiene el impulso de nuestros coetáneos y predecesores. Me despido. Heart and soul para todos los amigos del mundo del jazz, la música y el conocimiento crítico.

conciertos de jazz en facultades de medicina? no me jodas, tronco que vas a conciertos a la facultad de medicina con toda la jet-set...no te creas que por haber hecho una tesis sobre algo estúpido como es el jazz, tienes más estudios o algo que otros que escribimos aquí. Vaya pieza, tio, llegarás a ministro por esos ambientes por donde te mueves.

Y ahora texto, pretexto y contexto. Mire, me he molestado en escudriñar un poco el blog del Sr.Boullosa y otras fuentes en las que habla o escribe, pues desconocía sus andanzas textuales. El único dato que he encontrado de entre sus manifestaciones verbales o escritas relacionadas con el jazz es una declaración en la que dice que le hubiera gustado ver a Miles........por su vestuario. Tal vez he buscado mal y ha escrito cosas que desconozco o es un gran experto con una valiosa obra secreta al respecto. Estoy deseando, para cambiar la opinión que he defendido, tener datos. Por ejemplo, en su contestación del otro día, habla de listas a favor y en contra del jazz y demás cosas......Fenomenal, a ver si escribe algo consistente sobre la cuestión porque busco y busco y no encuentro nada. Teniendo en cuenta su background jazzístico, este hombre debe poseer poderes ciertamente mistéricos, para hablar del modo tan suficiente en que lo hace Y de revuelo, nada. Donde hay revuelo es en el mar.! Cómo está el Cantábrico!

Amigo Yahvé, aquí paz y después gloria. Yo tampoco veo motivo para tanto revuelo. Como ya te he dicho, me ha gustado tu texto y en ningún momento me he sentido atacado personalmente, aunque reconozco que términos como "sinrazón, vulgaridad analítica, indocumentación e impostura" me parecen injustos; pero comprensibles teniendo en cuenta que a Javier le ha fastidiado y lo ha interpretado sesgadamente. Algo que, repito, no era la intención (ni tan siquiera el tema central) de mi entrevista a Boullosa. Creo que hay que leerlo todo dentro de su contexto y entender la postura de cada cual en la medida de lo posible, sin necesidad de compartirla.


No estaría mal que nos viésemos la próxima vez que visites Madrid para compartir unas cervezas y zanjar de una vez por todas la polémica. Un abrazo.

Querido Yahvé:
El debate sobre lo que es y no es jazz ha acompañado a esta música desde sus orígenes. El propio término ha sido objeto recurrente de impugnación por muchos músicos de jazz a lo largo de la historia. Esa querella es hoy pura arqueología: en términos históricos, lo es desde el bop. Uno disfruta, aprende y siente tanto con Erroll Garner como con Vinny Golia. Es más fructífero, me parece, hablar de "mundo del jazz", tal y como lo ha hecho Howard S.Becker, un gran sociólogo de la cultura y el arte, músico de jazz también.
El desencuentro aquí manifestado es también antiguo. Deviene de la sinrazón, vulgaridad analítica, indocumentación e impostura de quienes hablan de forma conclusiva acerca de lo que no siguen/no saben- y no han investigado-, un asunto también muy viejo en nuestro país, en lo que al jazz se refiere. Como miembro activo del mundo del jazz desde hace tres décadas y media, me fastidió ver esa pregunta-respuesta, irracional y hostigadora en alto grado. We are in the future, reza el título de un clásico de Sun Ra. Un cordial saludo. Espero verte el 27 de febrero en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cantabria, para escuchar a Tim Berne, Jim Black y Nels Cline, jazz retrógrado del siglo XXI.

No quiero enrollarme, pero como esto ha traído más cola de la que esperaba, aclaro:


Siento el mayor respeto por mi compañero David Bizarro y por Luis Boullosa, cosa que ya digo, con toda sinceridad, en mi texto. Me consta que Luis es un tipo, además, con mucho que decir, e interesante además.

La cita de la entrevista no es el motivo ni el centro de mi texto, sólo la utilizo por cercanía dentro de la publicación y porque ilustra lo que quiero decir: que el jazz, un género con bastante menos exposición mediática que otros, se ve salpicado a menudo por una serie de tópicos que lo perjudican enormemente.


Entiendo a la perfección la matización de Luis desarrollada en su blog (quizá más de lo necesario), pero la cita es literal y no editada. En todo el texto no aparece ni una sola vez más la palabra “jazz”. La cita habla del “jazz”, haciendo la generalización que, más tarde, queda muy explicada y matizada en el texto del blog de Luis. Pero la cita es esa. Lo que dice es, ni más ni menos, eso. El jazz. Y punto.

Siento que, para explicar lo que yo quería explicar, me haya abstenido de leer entre líneas o de interpretar lo que Luis quería decir. Claro que al leerlo me imagino lo que quería decir (y lo comparto, de hecho), pero lo que dice la entrevista es lo que dice. No “la corriente principal del jazz” o “el jazz impulsado por las multinacionales y los grandes festivales” o “el jazz tradicionalista y anclado en los peores tópicos del género”. Dice “el jazz”. Y sé que para muchos no es para tanto, pero lo último que necesita leer el público no especializado es que el jazz es un reducto de carcamales babeantes y anacrónicos (esto tampoco es lo que dice, pero me pongo literario y me pierdo). Bastante lo dicen ya propios y extraños, incluyendo gran parte de los lamentables (y supuestos) críticos de jazz que pueblan las páginas de los diarios generalistas, como para que lo digan, sea con la intención que sea, escritores especializados y respetables.


Suena un poco feo decir esto de uno mismo, pero hay pocas firmas en la prensa general y/o especializada de los últimos años que hayan cuestionado y atacado tanto como yo ese jazz del que habla Boullosa. A las pruebas, a las decenas y decenas de páginas en las que me he ganado unos cuantos enemigos, me remito. No me pongo ninguna medalla, pero es así. He denunciado la mediatización de las corrientes más comerciales, descafeinadas y vulgarmente tradicionalistas del jazz desde que empecé a escribir sobre música. Al mismo tiempo, unas cuantas veces me he visto deslegitimando las ínfulas intelectuales de quienes quieren apoyarse en que el free jazz y la vanguardia son la única salvación del jazz. Estoy hasta el puto gorro de gente defendiendo trincheras. Todo es música. Si le pregunto a Joe McPhee si lo que hace es jazz me dirá que sí. Y, al día siguiente, quién sabe, lo mismo me dice que no. Sin embargo, es innegable que McPhee es un gran exponente de una música improvisada, moderna y con una gran porción de tradición jazzística, así que, si alguien se siente ofendido de que a eso se le llame jazz, pues muy bien. El debate continúa. Como la música, viva y coleando. Y, por lo que a mí respecta, en base lo que me dicen mis oídos (que algo de carretera tienen), es tan refrescante para el jazz el último disco de The Thing como el de Cyrus Chestnut. Eso es lo bueno de esta música (de cualquiera, en realidad), que cada músico se representa a sí mismo, y también a su propia obra. Siempre he intentado, como dice Luis en su blog, explicar al que no sabe y comunicar. Nunca he pretendido escribir desde una palestra, sino compartiendo lo que tengo la suerte (por mi trayectoria vital y profesional) de haber conocido en relación a la música, en general, y al jazz, en particular.


Por último, decir que tanto David Bizarro como Javier Díaz López son gente a la que conozco parcialmente, pero ambos me inspiran un gran respeto. Sus opiniones siempre serán de interés para mí, incluso cuando no coincida con ellas. Me entristece pensar que, por mi causa, se hayan escrito cosas con un tono que no sería así si esas conversaciones se hubiesen tenido amistosamente en un bar o un café. Los únicos sitios, sin duda alguna, en los que deberían darse este tipo de –por otro lado, enriquecedoras– discusiones.


Gracias a todos por vuestro tiempo y vuestros comentarios.

No es jazz si no tropiezas con los músicos en la barra del bar antes, después, o incluso a lo largo del concierto.

Tino ha dado el clavo sin quererlo probablemente, mentando el cabreo y la denuncia de un espectador a Larry Ochs, diciendo que lo que tocaba este señor no era jazz sino música contemporánea, lo que me lleva a pensar, entre otras cosas, que cuando el espectador medio oye música de vanguardia, no la identifica con el jazz, sino con la música contemporánea clásica de concierto, lo que dice de paso mucho del nivel "real" del jazz en el oyente medio aficionado al mismo es decir, anclado en el pasado previo a estas vanguardias

Mira que sois pijos. Sólo queréis exhibiros presumiendo de erudición. Y todo a costa del jazz. Distancia y distinción. Mucho cacarear para no decir nada más que "YO". Menudos egocéntricos.

Susana canela en rama, estoy de acuerdo contigo. He ido a varios conciertos de este artista, JONATHAN SANTIAGO, y es un magnífico artista que ha subido la copla a lo más alto del Olimpo del Arte. Su dulce voz y su fuerza interpretativa cautiva al espectador y lo atrapa. Su arte ha sido su carta de presentación, la multitud de conciertos y miles y miles de espectadores son el mayor triunfo para los organizadores de sus conciertos. Sólo necesita que el público sepa de sus conciertos y que haya un productor musical que apueste por él y en poco tiempo, tendremos un "gran artista de la Copla", llenando grandes teatros. Tampoco creyeron en Camarón y mira donde llegó...

Aprovechando el tranquilizador comentario de Susana quisiera volver a intervenir con el comentario-pregunta que, en realidad, deseaba haber hecho ayer: ¿qué pasa con los festivales de jazz? ¿no tendrán sus programadores una gran responsabilidad en este no saber de qué hablamos cuando hablamos de jazz? ¿o tal vez sean las audiencias, los responsables? ¿os acordais del escándalo de hace unos años, en un festival de la periferia de Madrid, en el que un asistente denunció a la organización porque aquello "no era jazz"?
Vamos a ver, vamos a ver... que fuera de los libros hay mucho mondongo, y de lo que se trata es de escuchar, más que de leer. Y siempre ha sido así.

El mundo mercantilista que envuelve hoy la Música está lleno de codicias y carente de amor al arte; y si, pongo Música en mayúsculas porque es como entiendo debe tratarsele, capaz de emocionar y remover las entrañas cuando la calidad artística lo merece. Pero claro es mas fácil apostar por artistas de chicle, de estribillo, que tienen un futuro asegurado en las macrofiestas juveniles, que apostar por grandes composiciones operísticas que van poco a poco cayendo en el olvido, o invertir en artistas que brillan con luz propia pero no tienen “proyección” porque han decidido ejercer su vocación a géneros menos “populares” como es el jazz o la copla. Ejemplo de esta última es un joven que está triunfando por los escenarios de Andalucía, Jonathan Santiago, que contra viento y mareo y fuera de todos los pronósticos, consiguió ganar un concurso reality en canal sur, cuyo premio estaba de antemano designado a otro con más padrino. Fue tal la revolución que formó este joven en la audiencia, que no tuvieron más remedio que dar su brazo a torcer y no dejar perder la oportunidad de exprimir la gallina de los huevos de oro. Expertos prestigiosos de este género como es el caso de Hilario López Millán vanagloriaban sus capacidades vocales e interpretativas, artistas que han mamado desde la cuna el flamenco, como es el caso de Alba Molina lo calificaban de loco mientras daban vueltas en la silla estremeciéndose con su genialidad en el escenario. Tras su éxito televisivo comienzan los conciertos, más de cien en dos años, llenando por donde va, aclamado y querido por un público agradecido de tanto arte y honestidad como regala nada más subirse al escenario. Pero esto no es suficiente por lo visto para los que tienen sus derechos, que no quieren apostar por él para que no enturbie el funcionamiento del programa y sus nuevos concursantes. Deseando estoy que se desligue de este contrato que lo ata por varios años, para que alguien con un poco más de sentido común apueste por un valor seguro, que ya cansa tanto de lo mismo y el mundo necesita de genios como el para disfrutar y emocionarse.

Y ahora un par de libros para Nacho: Paul F. Berliner, Thinking in Jazz: The Infinite Art Of Improvisation, y Derek Bailey, Improvisation(ya hay edición española, en Trea, si mal no recuerdo).En cuanto a un servidor, he escrito unas cuantas cosas sobre jazz( por ejemplo, una parte considerable de mi tesis doctoral es sobre el jazz como interacción. Tiene la cosa casi ya veinte años. Búsquela en la UCM. Su título: La estructura social del mundo de la vida cotidiana y la construcción del sentido en las artes de la EE.UU de América(1940-1964).¿Necesita ud., más información sobre mis publicaciones sobre jazz, arte y cultura de la contemporaneidad?En cualquier caso, la información es muy accesible en la época que vivimos( aunque no lo es tanto el conocimiento).

ha escrito usted algún libro sobre creación musical en el jazz?, sólo sobre la creación, que hable de como casar la instrumentación, como componer, y como tocar en modos y escalas de jazz? bueno, pues Boullosa ha escrito un libro sobre creación de letras en música rock. Sobre ese proceso de creación que puede ser educativo para muchos músicos de rock. Los libros de jazz que he leído sólo tratan de esconder el proceso de cómo hacer esa música, son muy crípticos siempre respecto a la creación, sabe por que? porque a los músicos institucionalizados-pilla-subvenciones del jazz no les interesa que nadie aprenda sus secretos, por eso procuran no hablar del método creativo, procuran no mostrarlo. Luis Boullosa intenta mostrar ese proceso creativo a los lectores, no como el 99% de los libros que he leído de jazz, que hablan de todo menos del proceso creativo, con tener técnica instrumental vale. práctica y técnica, osea, como el deporte. El jazz es un deporte.

¿ Comunicación, Sr.Bullosa, con esas valoraciones sobre el carácter reaccionario del jazz en el s.XXI ? Se nota mucho que uds. no son aficionados a esta música. Sin embargo, pontifican sobre ella, sin la menor contención. Al Sr.Bizarro le he recomendado un libro. Este otro es para ud., Blutopia, de Graham Lock. Ah!, Sr.Bullosa, soy Javier Díaz López y no un tal Javier Díaz López. Y he escrito y hecho muchas cosas en este ámbito. Pero sobre todo, he aprendido a seguir la norma de L Wittgenstein, " de lo que no se puede hablar, mejor es callarse".

Retrógrada y envisonada, usted lo ha dicho mejor que nadie. Gracias.

Jazz entre amigos... jajajajjajajajajjajaja...

Ah, Sr.Bizarro, y respeto, sobre todo, a esos maravillosos músicos de jazz contemporáneo que hacen posible que hablemos de lo que estamos hablando- a lo mejor les entra la curiosidad, se hacen aficionados y escriben un libro sobre el jazz y la música creativa improvisada en Holanda, por ejemplo, entre mediados de los sesenta y la actualidad. Y tanto que tela.........marinera.

"Adorno, Bourdieu, narcisismo y pedantería fancy." Vaya tela.

De menosprecio nada, Sr.Bizarro. Simplemente recordarles que no están solos en el mundo. Y que el respeto al conocimiento y a los conocedores es un principio básico para que la música se convierta en "la fuerza curativa del universo", que dijera Albert Ayler. El debate lo cerraron Uds., con sus atrabiliarias observaciones, que evidencian que el jazz moderno y contemporáneo no son su fuerte. Con respecto a la cosas que dice del oyente y el status, bueno, encima Adorno y Bourdieu de rebajas. Ya está bien de templar gaitas. Una cosa es la tolerancia y otra muy distinta es leer que el jazz fue una música vanguardista en el XX y que ahora, en el XXI, es un m. retrógrada y envisonada que nadie menor de cincuenta años debería escuchar. Menos narcisismo y pedantería fancy y más conocimiento y cordura e, insisto, respeto, a los que llevamos muchos años en esto(y aquí seguimos)

El propio Luis Boullosa se pronuncia al respecto: http://kaputmagazine.blogspot.com.es/2014/01/jazz-y-abrigos-de-vison.html

Javier, en ningún momento ha sido mi intención faltarle al respeto a nadie con la entrevista a Boullosa. Como el propio Yahvé señala en el texto, las declaraciones se han usado como pretexto para dar su propia opinión al respecto. Y bienvenida sea.

No es un ataque, ni mucho menos, pero me parece curioso que puntualices que has leído a Leroi Jones antes que nadie. Corrígeme si me equivoco, pero detecto un cierto menosprecio en tus palabras; un tono entre condescendiente y paternalista que ilustra -al menos a mi modo de ver- el esnobismo cultural al que Luis y yo aludimos en la entrevista. Algo, desde luego, que no es patrimonio exclusivo de la música, el cine o la literatura.


Apuntada queda la lectura que me recomiendas.

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