Roy Campbell: una guía alternativa en seis discos

Por: | 11 de febrero de 2014

Image


El mes pasado falleció Roy Campbell Jr., un soberbio trompetista que siempre se mantuvo en un inexplicable segundo plano. Tal vez por eso el eco de su muerte no se ha dejado sentir como debiera, dado su enorme talento y personalidad musical. Su hoja de servicios es larga y selecta, pero nunca llegó a estar bajo los focos, lo que no evitó que gran parte de la escena le tuviese en muy alta estima. Músico de músicos, lo llaman; o de conoisseurs, o de aficionados al jazz con el olfato bien entrenado.

Campbell, alumno de luminarias como Lee Morgan, Kenny Dorham, Yusef Lateef, Joe Newman o Howard McGhee, tuvo la capacidad de desenvolverse en numerosos vocabularios, partiendo de Booker Little y llegando hasta las fronteras del free jazz, siempre con una identidad propia e inventiva extraordinarias. Su discografía como líder es corta e impecable; como sideman la lista se alarga, pero mantiene el nivel de excelencia. Así, resulta tan difícil hacer una selección de sus álbumes más importantes como afinado decir que todos ellos lo son. Y no sólo los firmados por él, tambiém los de sus numerosos proyectos colectivos, como la Nu Band, Other Dimensions in Music y muchos otros. Con eso en mente, este texto se fija como objetivo señalar algunas de las grabaciones menos evidentes del trompetista, construyendo un retrato del mismo a partir de discos que, de otro modo, podrían ser obviados con facilidad.

Seguir leyendo »

"Madrid Zona Bruta", veinte años después

Por: | 31 de enero de 2014

Cpv

El mayor temor que provoca el reencuentro de viejos alumnos de un colegio o instituto no es únicamente el hecho de comprobar en primera persona cómo el paso del tiempo ha hecho mella en nosotros sino también cuán equivocados pudimos estar en su momento. La peor sensación que te puede quedar después de una cena de este tipo no es la idea de que aquella chica o aquel chico que te gustaba veinte años después haya perdido todo el magnetismo de entonces, sino darte cuenta de que muchas de las virtudes o factores que despertaban tu interés en ese momento se han volatilizado por completo en dos décadas. El drama no es que ahora vista mal, haya ganado o perdido unos kilos o se comporte como un auténtico o una auténtica gilipollas, sino comprobar cómo se ha convertido en una persona completamente distinta a aquella y cómo el recuerdo de entonces choca con el triste presente. Es algo que sucede con personas, pero también con películas, libros o discos. Con los discos sucede mucho, más que con cualquier otra cosa.

Hace unos días, mientras buscaba un CD entre pilas de referencias desordenadas, apareció “Madrid Zona Bruta”, el debut de CPV, de cuando se llamaban El Club De Los Poetas Violentos, y reparé en el hecho de que en 2014 se van a cumplir veinte años de su publicación. Me pareció buena idea reescucharlo de inicio a fin y plasmar aquí las sensaciones que provocan  sus canciones dos décadas después de su aparición, quizás con la esperanza de encontrarle atractivos distintos que en su época, quizás con la malévola idea de encontrarle fallos que en su momento pasaron por alto o dejamos que pasaran por alto, quizás solo para reafirmar todo lo que pensaba entonces, o quizás simplemente para acogerme a la nostalgia como medida desesperada para combatir la melancolía que me provoca una parte del hip hop español del momento. El experimento tiene más sentido, si es que tiene algún sentido, al tratarse del primer álbum de hip hop español publicado en España, entendido primero no el sentido estricto de orden cronológico sino en el sentido conceptual y poético del término: el primero con cara y ojos, el primero que podemos considerar nuestro, el primero del que nadie se avergonzó. Su carácter pionero y seminal podría llevarnos a pensar que hemos sido benevolentes con él y que, en cierto modo, su aportación a la causa le ha valido una suerte de inmunidad diplomática a prueba de críticos y vieja escuela, proteccionismo del que nada saben ni quieren saber las nuevas generaciones y del que haremos caso omiso aprovechando este vigésimo aniversario.  

Seguir leyendo »

Qué (no) es jazz

Por: | 28 de enero de 2014

The Thing

 

La historia la escriben los vencedores, eso lo sabe todo el mundo. En la música, la historia la escriben quienes tienen el mejor agente. O quienes estaban en el momento adecuado en la revista o emisora adecuada. Ser bueno ayuda, pero no lo es todo. Y, con el paso de los años, tendemos a quedarnos con lo superficial y con los identificadores resonantes o recurrentes, que tampoco está uno para pasarse la mañana investigando si la primera ópera rock fue la de los Pretty Things, la de Nirvana (no "los" Nirvana, claro) o la de los Who. Para bien o para mal, "Tommy" es "Tommy", y punto. El inconsciente colectivo del pop ha hablado; los demás, dejen su currículum y ya les llamaremos.

Con el jazz, un género tan aparentemente bibliotecario y carca para muchos, pasa algo parecido. La perspectiva es muy traicionera y, equis décadas después, resulta fácil creer que en su momento el jazz era todo Miles Davis, John Coltrane, Thelonious Monk o Duke Ellington. Y claro, si juzgamos los estímulos jazzísticos que le llegan hoy en día a cualquier transeúnte cultural no especializado, lo normal es palidecer ante la comparación. Lo que antes era original, arriesgado, combativo y genial ahora es rancio, conformista, tibio y decorativo. Pero no nos engañemos: en aquellos años la pachanga también rodeaba al jazz como una manada de lobos hambrientos. Hecha con más o menos gusto, reivindicada por algunos en aras de lo vintage o la memorabilia musical, pero pachanga, al fin y al cabo (con la más vulgar de sus acepciones, nada que ver con el género cubano heredero del merengue).

Esa óptica desenfocada y mitómana viene amparada por el sacrosanto "cualquier tiempo pasado fue mejor" –¡cuánta parcialidad se ha vertido sobre el verso de Manrique!– que inunda la mayor parte de doctrinas creativas. Uno puede alabar a Jonathan Franzen, pero cuidado con atreverse a compararlo con William Faulkner o Herman Melville. Pocos dudan de las bonanzas de Quentin Tarantino, pero hay que ser muy osado para situarle a la altura de John Ford, Raoul Walsh o Billy Wilder. Con el jazz –con la música en general– es igual: hace falta tiempo para convertirse en un clásico. Las modas tienen que pasar, la marea tiene que bajar y ver qué ha quedado tras ella. Y, entretanto, el mundo de la música popular se nutre de revivales más o menos encubiertos y más o menos ingeniosos, pero inequívocamente esclavos de sus referentes.

Seguir leyendo »

No he venido aquí a hablar de mi libro

Por: | 25 de enero de 2014

No he venido aquí a hablar de mi libro

(Fotografía: Alberto Roldán)

En la solapa de El puño y la letra (66 Rpm, 2013) puede leerse: "Luis Boullosa (Madrid, 1975) es escritor periodista y músico. Ha escrito varios poemarios no publicados y una novela, Ceniza, reiteradamente rechazada por diversos editores. Ha colaborado con medios como Ruta 66, El Confidencial, Perfect Sound Forever, La Razón o Arraianos, publicación cultural, esta última, en la que aparecieron algunos de sus poemas de juventud. Mantiene en solitario desde 2006 el blog musical KAPUT, que en algún momento lejano fue un fanzine en papel. Ha sido miembro de un número no determinado de bandas underground que incluyen nombres tan oscuros como Vodka Drunkers, Goodbye Mass, La Camada, Masters Disaster Gang, 5 Cobras o Molestones. Actualmente compone y toca el bajo en la banda Gog y Las Hienas Telepáticas y trabaja en su segunda novela".

- La última vez que nos vimos fue en la presentación de tu libro. ¿Qué tal acogida está teniendo?
No me quejo, pero seamos realistas: un primer libro solo sirve para ponerte en el mapa. Si llegas a vender mil copias ya te puedes dar con un canto en los dientes, lo que significa que te vas a llevar unos dos mil pavos. Eso me lo fundo yo en tres farras. Los de la editorial se lo están currando mucho dentro de sus posibilidades y el libro está rulando bastante, porque trabajan con una distribuidora bastante potente. Al final lo de las presentaciones es como irte de gira. Aprovecho que me voy a tocar a algún sitio con mi banda y me llevo unos cuantos ejemplares. Unas veces sale bien y otras incluso pierdes algo de pasta.

- ¿Cómo interpretas entonces el auge editorial en materia musical en un país donde cada vez se lee menos y apenas se escucha música? 
Eso tendríamos que preguntárselo a los editores, pero si se publica tanto será porque hay mercado. En cuanto a si la gente lee más o lee menos... personalmente creo que eso depende de lo que entiendas por leer. En el metro puedes ver a un montón de gente enfrascada en “Cincuenta sombras de Grey”, pero para mi no se diferencia mucho a tomarte una copa en un bar en el que suena música de fondo. Leer es una actividad que requiere una cierta profundidad y, en ese sentido, pienso que en este país se lee poco.

- Es decir, la misma diferencia que existe entre "escuchar" y "oír" música…
Efectivamente. Falta una reflexión de fondo, más allá del mero entretenimiento. No me fascina especialmente Greil Marcus, pero en Mistery Train utiliza la historia del rock como pretexto para un ensayo de tintes sociológicos, lo que como lector me parece estupendo aún a riesgo de caer en su propia trampa.

- ¿La coartada intelectual?
Tampoco quiero que me malinterpretes, pero está claro que existe un público potencial para este tipo de libros, que se ha criado con el rock’n’roll y, al llegar a cierta edad, se adocena en un cierto conformismo burgués. Dejan de comprar discos e ir a conciertos y se alejan de la línea del frente. Lo que no tiene porqué ser necesariamente malo, salvo cuando se trata de un acto de esnobismo. Entiendo que alguien de sesenta años eche la vista atrás y se siente tranquilamente a leer una biografía de Elvis Presley o los Rolling Stones. Para mi, ese señor está contemporizando. Lo que me parece terrible es escuchar a uno de treinta lamentándose porque “ya no quedan bandas como las de antes”.

 

Seguir leyendo »

Luke Haines, el hombre más airado de 1995

Por: | 21 de enero de 2014

Luke_Haines_punch_1320344028_crop_550x550

Hay gente que es de los Beatles y otra que es de los Rolling Stones. Y luego hay unos cuantos que son, por ejemplo, de los Kinks. Lo llaman bipartidismo, y hasta hace algunos años a algunos hasta les parecía extrapolable a cualquier aspecto de la sociedad. Simplifica las cosas, acota lo que consideramos normalidad a los confines de Barrio Sésamo y reduce las decisiones vitales a la categoría de verdadero o falso. Este bipartidismo permite, tanto a seguidores de los Beatles como a fanáticos de los Stones (y viceversa, tronista y viceversa otra vez) hacerse con la licencia de pensar que los que prefieren cualquier otra cosa lo hacen por esnobismo, infantiles necesidades de diferenciarse, o puro desconocimiento de lo que viene siendo la verdad. Los que viven en la normalidad son siempre muy de la verdad. Los que no, acostumbran a ser más de acción. En 1993, The Auteurs no ganaron el Mercury Music Prize por solo un voto. El premio fue a Suede, quienes se ganaron entonces el derecho a ser la tercera opción en un examen, el del britpop, que separa a los humanos dentro de la categoría de normales entre los que eran de Blur y los que eran de Oasis. The Auteurs quedaron fuera incluso del segundo círculo del infierno underground, y no porque su música fuera especialmente rara (estamos hablando de britpop, no de glitch house), sino porque su líder, un tal Luke Haines, no quería estar allí, no sentía ninguna afinidad con la mayoría de sus coetáneos, no estaba en sintonía ni con sus propios fans y, en realidad, menos a su novia, la bajista, odiaba al resto de los miembros de su grupo. En el mismo había un tipo que tocaba el chelo. Haines le llamaba ‘el chelista’.

Seguir leyendo »

Por qué los 'hipsters' se merecen un respeto

Por: | 14 de diciembre de 2013

Recortable_modernos[1]
En mayo de este año, Public Policy Polling llevó a cabo una encuesta en la que buscaba saber qué opinión tienen los estadounidenses de los hipsters. Sí, los hipsters, y sí la compañía contiene en su nombre las palabras público y política. El resultado es ciertamente complicado de interpretar, pues concluía que eran un 16% los que tenían una opinión favorable de esta gente (pregunta del editor: ¿No deberías ahora explicar qué es un hipster? Respuesta del escriba: No, pues si alguien no sabe qué es un hipster qué demonios hace leyendo esto ‘con la que está cayendo’. Si alguno siente curiosidad, que entre en Google, son solo siete letras que teclear, se puede conseguir incluso padeciendo artrosis severa). A un 42% de los encuenstados no le gustaban los modernillos y un 43% no se había formado una opinión al respecto. En fin, que si estos fueran los resultados de la consulta por la independencia catalana –un tema ridículo, si lo comparamos con la balcanización del hipsterismo-, unos no sabrían si cargar o no de gasolina los tanques y los otros dudarían entre empezar a acuñar monedas de dos pujolets o pedir el comodín del concierto económico. Desmenuzando los resultados por franja de edades, encontrábamos que, entre los mayores de 65 años, solo el 6% aprobaba su existencia. Esa es aproximadamente la edad que aparentan todos los que sistemáticamente llevan despreciando a esta gente desde 2011, cuando se pusiera terriblemente de moda odiar al moderno. Tan de moda, que, muy a su pesar, los verdaderos hipsters podemos decir que son los que los odian, pues son ellos quienes siguen de forma monolítica y acrítica una tendencia. Los modernos, simplemente, van en bici, van al Starbucks a conectar su Mac y van a la barbería a recortarse la barba. Los hipsters, un tema en constante evolución.

Seguir leyendo »

William Parker, jazzista global

Por: | 02 de diciembre de 2013

WilliamParker

No crean a quien les diga lo contrario: hace tiempo que la historia del jazz se escribe desde la periferia. Las superestrellas del género (los tuertos en un mundo de completa ceguera comercial) pueden acaparar festivales y seguir siendo rostro recurrente de la iconografía popular pero, los motores principales en el progreso de la improvisación, se encuentran siempre apartados de los focos. Un sitio, por cierto, donde se trabaja mejor.

En las últimas décadas, pocos músicos como William Parker han desarrollado un perfil tan completo en el jazz y la vanguardia afroamericana. No es el único perfil poliédrico e hiperactivo en el jazz actual, pero sí el que representa de manera más exhaustiva la tradición negra del jazz libre. Lo ha hecho todo, y lo ha hecho bien: instrumentista estimulante, acompañante de lujo, líder polifacético, compositor consumado, artista global… Su biografía abarca desde una larga militancia en la Unit del gran Cecil Taylor a la organización del Vision Festival de Nueva York, evento referencial en la vanguardia jazzística, pasando por centenares de grabaciones y proyectos que le han situado en el olimpo del jazz del siglo XXI. Y todo con un perfil discreto, de esos que hay que mirar detenidamente para reparar en su abismal envergadura.

Seguir leyendo »

La deuda pendiente de Outkast

Por: | 22 de noviembre de 2013

Music_outcast_outkast_1920x1080_28311

Que en su momento la separación de Outkast no nos generara un trauma se debe al hecho de que teníamos más o menos claro que su ruptura tenía más de hiato temporal que de despedida irrevocable. Y porque nunca hemos llegado a tener la sensación de que entre Big Boi y André 3000, los responsables del proyecto, se haya producido un cataclismo personal con influencia directa en su vertiente creativa. Los dos discos en solitario de Big Boi que han seguido a su escisión, sobre todo el primero, el espectacular "Sir Lucious Left Foot: The Son Of Chico Dusty", han relajado los ánimos de sus seguidores: ni el talento se ha diluido o evaporado ni el dúo tiene la menor intención de renunciar o renegar de su propio sonido, ejemplarmente representado y actualizado en sendas aventuras personales de su mitad más inquieta e impetuosa. Incluso así, con la calma de quienes podían intuir que tarde o temprano se volverían a encontrar, la fuerte rumorología que se ha despertado esta semana en Estados Unidos acerca de su más que posible reunión en 2014 –en principio para actuar en el festival Coachella y para orquestar una gira mundial– ha armado un revuelo considerable. Un ruido directamente proporcional a la necesidad imperiosa que tenemos todos de recibir noticias musicales importantes e imponentes en un momento de cierto bajón y aburrimiento. No hay lugar, pues, para la desconfianza, al contrario: son muchos los motivos de algarabía y jolgorío ante este reencuentro.

Seguir leyendo »

El reencuentro de Eminem y Marshall Mathers

Por: | 14 de noviembre de 2013

Eminem-2013-HD-Wallpaper

Cuando dejas pasar trece años entre un disco clave y su continuación conceptual, como sucede con las dos partes de “The Marshall Mathers LP”, se hace difícil encontrar argumentos que justifiquen o avalen el sentido o la idoneidad del proyecto. ¿Falta de ideas?¿Nostalgia de un pasado que nunca volverá?¿Recurso comercial para llamar la atención de fans desencantados?¿Excusa temática para dar salida a nuevas canciones? La verdad es que cuando escuchas “The Marshall Mathers LP 2” tienes la sensación de que es una suma de todo eso, pero que independientemente de las motivaciones que han llevado a Eminem a darle un hermano a su obra más exitosa, el disco de hip hop más vendido de todos los tiempos, también la grabación que le encumbró y moldeó su discurso para el gran público, el resultado final no solo no está a la altura del listón marcado y establecido por su predecesor, sino que ni tan siquiera es capaz de reivindicarse como un álbum a tener en cuenta en la esfera hip hop actual más allá de su impacto –magnífico y rentable– en las listas de ventas de medio mundo. Lejos quedan ya aquellos días en que el retorno de Eminem a la actualidad discográfica era noticia y motivo de expectación y excitación. Por desgracia, ese no es el único cambio que ha experimentado Eminem entre el lanzamiento de la primera y la segunda parte de su título emblema. 

Seguir leyendo »

640218_beatles-cassius-clay_01

Más allá de al eterna y ciertamente cansina discusión sobre si los Beatles son o no la mejor banda de la historia. Más allá de la regular celebración de su legado, que es válida cuando es didáctica (nadie nace sabiéndolo todo y cada día alguien escucha por primera vez un disco de los de Liverpool) o festiva, y ciertamente nociva cuando se exhibe como arma arrojadiza en contra de cualquier modernidad. Más allá de todo lo que usted pueda imaginar está la influencia de los Beatles en casi toda la música que han hecho los blancos desde mediados de los 60. Y también en una gran parte de la que han hecho los negros. En el mar de Corea, probablemente Britney Spears sea hoy mucho más relevante que los de Lennon y McCartney. Pero eso es ya otra historia. Lo que sí es cierto es que, a pesar de los vaivenes en el gusto del gran y pequeño público durante estas cuatro últimas décadas, es imposible abstraerse de lo que han significado los Beatles y cómo han intoxicado la narrativa de la historia del pop.

Los de Liverpool están en las propuestas más retro y nostálgicas, pero también están en algunas de las más supuestamente contemporáneas. Son el pasado, pero, en cierto modo, siguen siendo el futuro. Sirven para negar el progreso en el mudno del pop y también sirven para explicarlo. A la vez, son indisociables del fenómeno fan, de la edad dorada de la industria del disco y en la moda nadie hablaría del nuevo negro si en la música antes nadie hubiera acuñado aquello de los nuevos Beatles. Se les hace responsables de lo que inventaron y de lo que no. Así, aunque el primero en generar desmayos entre sus fans fuera Franz Lizst, es a los de Liverrpool a quienes nos remitimos cuando vemos alguien chillar enloquecido en la primera fila de un concierto. Hay gente que piensa que Tomorrow never knows inventó el hip hop, e incluso quienes sostienen que gran parte de la electrónica viene del White Album. Y la electrónica y el hip hop son acaso los únicos espacios que podemos mantener como zona de exclusión beatle. En fin, que hay gente para todo, y como los Beatles lo hicieron prácticamente todo, es hoy, cuando no existe un relato dominante en la escena musical global, cuando los de Liverpool, curiosamente, más presentes se hacen.

Seguir leyendo »

Muro de sonido

Sobre el blog

Conciertos, festivales y discos. Auges y caídas. Y, con suerte, sexo, drogas y alguna televisión a través de la ventana de un hotel. Casi todo sobre el pop, el rock y sus aledaños, diseccionado por los especialistas de música de EL PAÍS.

Eskup

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal