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08 julio, 2007 - 18:55

Puto Cine Español (2)

Tener conciencia política es algo que a uno puede complicarle mucho la vida, pero pertenecer a un partido político la simplifica bastante. Funciona como tantas y tantas filias, como las religiosas o deportivas: ¿Para qué ser fiel a un equipo, a una iglesia, a una ideología?

Para reducir el número de decisiones y observaciones que uno tiene que hacer al dia. Es como los anuncios de comida precocinada: “Gane tiempo para usted, señora, que bien que se lo merece”. Uno entra en la vida política, casi siempre, a través de un proceso puramente emocional (lo mucho que amas/odias a tus padres en el noventa por ciento de los casos). Vamos, que te haces de izquierdas o de derechas como el que se bautiza: Demasiado pronto y sin pensar demasiado. Pero esa imprudencia se compensa con una cómoda reordenación de la realidad para toda la vida en la que un esquema previo dejará bien claro quiénes somos nosotros y quiénes los otros. 

Por ejemplo: La corrupción política es un hecho demostrado y constante. Nada indica que en un pasado remoto no hubiese y nada garantiza que alguna vez se detenga. Sería terrible vivir bajo la evidencia de que nuestro modelo político tiende a esas prácticas casi por definición. Pero gracias al bipartidismo, todo se simplifica. Se divide al grupo de corruptos en dos grupos, los nuestros y los del contrario. Los nuestros se convierten en delincuentes con tramas particulares, dramas a puerta cerrada, debilidades en segunda persona del singular, y los otros son el síntoma inevitable de un ideario corrupto desde su raíz. 

De la misma manera, cuando hablamos de cine español, tiramos de similares sistemas de reestructuración de realidad. En Estados Unidos, ser cineasta español es beneficiarte de un label de calidad. Gracias a la labor de directores que han trascendido las fronteras ni más ni menos que gracias a sus películas (a veces parece que hay que aclararlo), Cine Español es un sello del que los demás directores podemos beneficiarnos. Porque, para la industria norteamericana, el panorama español se define por sus éxitos. Sin embargo, aquí, cuando nos referimos a Cine Español estamos aludiendo al negativo de esa estampa: Lo definimos por sus fracasos. Sí, existe Medem, Amenábar, Almodóvar, Buñuel, pero a esos los consideramos casos particulares, no piezas de un panorama. El cine español son los torpes, los altivos, los ingenuos y los que no saben escuchar al Pueblo. 

No es el único síntoma de que entendemos Cine Español como un grupo político enemigo: Hay más.

-En un debate entre grupos políticos un tanto por ciento significativo de reproches son retrospectivas, como si el peso de pasado fuese una carga eterna: Tú el Gal / Tú el Prestige / Tú Roldán / Tú  Irak. Como si la perspectiva histórica no fuese una herramienta para traducir acontecimientos, sino para trasladarlos al presente en crudo. La mayoría de las críticas a pie de calle hacia el cine español lo describen como un cine “de tetas, guerra civil, yonkis  y adaptaciones literarias”. En otras palabras, se traslada al tiempo presente una cartelera resumen de todos los pecados del pasado: El destape, los excesos literarios en los ochenta, el revisionismo histórico post-transición, el Jacoplotation. Nada que ver con las corrientes actuales, que, en cualquier caso, incurren en pecados bien distintos. Un desnudo que viene de Norteamérica se aplaude (ya era hora, Hale Berry), un desnudo español es, para un preocupante sector de opinión, otro ejemplo de nuestro sempiterno cine de tetas.

-Nadie discute temas políticos desde la consciencia de la propia ignorancia. Todos, con una copa en la mano y con el mazo dando en la otra, sabemos “qué le pasa a España” y “Lo que habría que hacer”. Y sólo, durante los breves ramalazos de lucidez que nos invaden desde que nos subimos los pantalones hasta que tiramos de la cisterna, somos capaces de darnos cuenta que nuestra perspectiva es tan parcial, falta de información y llena de tópicos que no sólo no sabemos “lo que habría que hacer” sino que no lo sabremos jamás. Cuántas veces habremos oído frases que resumen en un certero pis y un rotundo pas lo que tendría que pasar para que el cine español invadiese las salas. Cuántas veces hemos escuchado completa la frase “Lo que el público pide es...”. Y todos sabemos, por otro lado, que el público no pide. El público escoge. Y los designios que sigue a la hora de escoger son un misterio, aquí y en La Paramount. Ya sé que muchos ven claro, clarísimo, que el cine español ha de acercarse a fórmulas comerciales, de entretenimiento ¡Americanas! Pero ¿Saben qué? El cine español que se acerca las fórmulas hollywoodienses es el que más sufre la comparación con sus modelos. 

El cine español está marcado por la rechazo/adhesión a ciertas circustancias políticas y sociales. Y, al contrario que cinematografías como la checa o la italiana (otras que también han vivido lo suyo) nunca ha tenido épocas de brutal desvanecimiento. Cuando yo iba a EGB España acababa de salir de una dictadura y en los mapas aparecía coloreada con el amarillo que se correspondía a “país en vías de desarrollo” y sin embargo, entonces y ahora, hemos estado muy por encima de la media europea de producción anual. El cine es quizá el medio de comunicación más complejo en su relación con el país que lo acoje, por su extraña combinación de arte, lenguaje e industria. Y más aún si hablamos de un país como España, donde no hay industria pero sí. Donde el estado protege pero no. Donde generamos estrellas pero se piran.  El país no anglosajón que más gente mandó a los Oscar el año pasado, pero también el país donde el complejo de pueblo nos hace valorar al español que triunfa en el extranjero con la suspicacia que provoca un vecino al que le ha tocado la lotería.

El cine español es, o al menos funciona como un hecho político.Y eso le ha afectado a dos niveles, uno que podría ser considerado nivel superficial, lo que llamamos política de taxi: La eterna cuestión de las subvenciones, el “no a la guerra”, el cine como avanzadilla cultural del PSOE, ese bla, bla, bla, en el que no voy a entrar porque ustedes cuentan con diez millones de blogs y foros donde se da la brasa con el tema.

El otro nivel es el que me interesa, uno más profundo y, me temo, difícil de salvar:  Para una mayoría de los españoles el cine español no somos nosotros. Son los otros.    

(Continuará)

    

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Comentarios

Las películas son buenas o malas, coñazos o entretenidas, sorprendendes o imprevisibles... y eso es así sean españolas, finlandesas, indias, americanas, o grecochipriotas. Lo demas son teorías de la conspiración por un lado (las multinacionales, los despliegues publiciarios, el merchandising, etc) o ganas de dar la brasa. Lo que tiene que hacer el Estado es promocionar el cine en los institutos: ciclos, conferencias, asignaturas y subvencionar las escuelas de cine que valen una pasta. El público ya vendrá. Besos a todos

Por cierto Deckard, no será usted por casualidad mi alma gemela nº2 de filmaffinity? :)

Estoy de acuerdo con Deckard en que una mala película americana es casi siempre llevadera y entretenida mientras que una mala película española suele ser difícilmente fumable si además de querer ver y disfrutar arte quieres entretenerte.
Será esto quizás porque la típica película mala americana ya parte de una historia sin ningún "fondo social y todos esos rollos del cine español" y cuando la caga sigue siendo visionable? o será que el cine español al intentar llevar a cabo una historia "con fondo social y todos esos rollos del idem" cuando la caga en un par de cosas ya ha hundido la película?

En resumen opino que los cineastas españoles tratan unos argumentos mucho mas difíciles de llevar a buen puerto, se le puede llamar cine culto/europeo/de intelectuales o como se quiera. Seamos realistas ¿Cuántas películas como "Una Historia Verdera" o "Requiem por un Sueño" se han hecho en españa? (seguro que he descolocado a unos cuantos con esta última frase, mis disculpas)

En cualquier caso quien determina lo que es buen cine, los entendidos o el público más general? Si son los primeros el cine español no falla más ni de peor forma que el americano, si son los segundos no lo entiendo porque desde cuando el público general sabe de absolutamente nada?

... y si en españa se quisiera hacer cine de entretenimiento creo que se sabría hacer ...

Por cierto no comparto que hacer películas siempre de "lo mismo" sea un problema, yo por lo menos no me canso de ver a scorsese.

"Vete de mí" es el ejemplo perfecto. La crítica la pone bien. Le dan premios a los actores. La gente corre al cine rauda y veloz. A los 10 minutos quieres que las butacas se abran y aparezca debajo de ti un pasadizo que te lleve al mismísimo infierno porque imaginas cualquier tortura mucho más agradable. Cuando uno vive un momento así, jura, durante hora y media que nunca más volverá a ver cine español.

Esta es la sinopsis de la película que aparece en la web oficial.

"Santiago (Juan Diego) nunca ha sido protagonista de nada... ni de teatro, ni de cine, ni siquiera de su propia vida. Pero Santiago nunca pensó que alojar en su casa a su treintañero hijo Guillermo (Juan Diego Botto) durante unos días cambiaría tanto su vida... "Vete de mí" es un baile de máscaras "familiar", de encuentros y desencuentros entre dos egoístas congénitos: un mentiroso compulsivo que logra alterar el ya de por sí frágil estado mental de los familiares que le rodean y un actor de reparto venido a menos que descubre de golpe que su vida es una mentira."

Imaginen lo poco (y mal) que tiene que contar la peli, para que se pongan a explicarlo tanto.

Si odiara el cine español irracionalmente no lo vería. Pero intentaré explicarme mejor. Una película americana acaba y dices es una mierda por esto, por esto y por esto. Pero con muchas españolas esto te pasa mientras la estás viendo, ni siquiera son capaces de distraerte mientras la ves, no es que sea un mago al que se le ven las cartas en la manga es que se le caen delante de tus narices.

Ultimo ejemplo Vete de mí, sorprendentemente alabada por la crítica y no hay por donde cogerla. Por no hablar del taquillazo de Alatriste que es un vergüenza de guión. No se que toma Diaz Yanes, ¿cómo es capaz de hacer Nadie hablará... y luego marcarse Sin noticias de dios o Alatriste?

Buenas,
gran y necesario, por otra parte, escrito señor Vigalondo.
Me ha sorprendido que alguien con su reputación y un futuro actor y director mediático como lo está siendo y lo será se exprese con la sinceridad con lo que lo ha hecho.
El cine español a mi parecer aún no ha tenido la explosión que en su tiempo tuvo el cine americano, francés, italiano, alemán,etc.
El cine español es un cine que aún está por llegar a unos niveles de calidad semejantes a los mencionados antes. Está claro que ejemplos como Buñuel son un claro referente, a pesar que lo mejor de su cinematografía fue realizado en Méjico, con alguna que otra excepción. También estuvo el ejemplo de J. A. Bardem con una filmografía respetable. Aunque si partimos desde los orígenes tenemos a Segundo de Chomón y hoy en día realizadores como Victor Erice, José Luis Guerín, Ricardo Iscar, Xavi Puebla, Daniel Sánchez Arévalo (y tantos otros y otras que me dejo por lo que pido disculpas) y que se alejan de los esquemas y cánones más comerciales para realizar un cine que exprese y emocione. Los esquemas comerciales que menciono no son más que aquellos esquemas que nos llegan desde el otro lado del charco y que no hacen más que llenar salas y salas, ayudados por inmensas campañas publicitarias, que no dejan de ser productos con una vida caduca es decir: estrenarse en gran cantidad de salas, hacer negocio con el merchandising y el posterior DVD y banda sonora a la venta y alquiler en el videoclub.
Las escuelas de cine están desbordadas, a pesar de lo exageradamente caras que son, de nuevos y jóvenes cineastas que serán el futuro de la industria cinematográfica del estado español, entre tantos otros; muchos de los cuáles ven más factible realizar productos caducos que no realizar proyectos con la visión personal de aquéllo que realizan por ser los artistas que son; por lo que de tod@s depende (los realizadores que estuvieron, que están y que estarán)que sea un cine que llegue al espectador, ya que éste no demanda sino que elige de entre todas las propuestas la que más le llegue o le sepan vender.
Otra cosa a parte es que quien se encarga de ello prefiere vender productos caducos para rentabilizarlos más rápidos y así agrandar sus arcas sin tener en cuenta la calidad de aquéllo que vende, por lo que el espectador también tiene parte de culpa o quizá parte la tenga también la sociedad que educa a dicho espectador.
Que como argumenta usted, señor Vigalondo, que hay una trama política de por medio, pues seguramente que sí, igual que económica y cultural de un pais que va haciendo poco a poco, esquivando las trabas que él mismo se pone. Aunque seguramente usted sepa más que yo ya que usted se ha recorrido más kilómetros que un servidor, que tan sólo escribe sobre lo que observa, lee y sobretodo del cine que hace y sobretodo ve.
Y de mientras el maestro Woody Allen rodando por las calles de Barcelona, más que subvencionado por el ayuntamiento porque sino seguramente le faltará dinero para financiar su película y con todos los políticos queriendo salir en la foto mientraslos cineastas que pagamos tantos impuestos vamos sobreviviendo robando tomas por las calles de Barcelona.
Salud!

Hahahahahahaaaa! Tenéis tanto que aprender, you spanish morons!

Palabra de Bay.

Espero que CRONOCRIMENES, empuje el cine en España.

El comentario de Deckard es muy interesante: cierto público español, representado por Deckard, distingue entre cine malo español, al que no perdona ni la vida, y cine malo americano, del que salva, al menos, el pellejo.
Sinceramente, creo que este tipo de público simplemente odia el cine español irracionalmente. Reconciliar y recuperar a ese sector de espectadores es lo que hay que hacer. A ver quién tiene cojones, Vigalondo.

El problema del cine español son sus malas películas. Quitando excepciones un mala película americana es llevadera, soportable y muchas veces incluso entretenida. Una mala película española es dolorosa de ver, un suplicio, una agonía en la que el tiempo parece no avanzar. Cuando se encienden las luces juras no volver a pisar una sala de cine.

La gente del cine español ve cine español o solo se la chupan unos a otros diciéndose lo buenos que son y el poco criterio que tiene el público.

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