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08 junio, 2008 - 14:08

Alamería

Almera_2

Y una composición de Álex Alonso (Don Robot) que transmite el sentimiento de intimidad que se alcanzó en mitad de la nada.

Y otro momento mágico, cortesía de Raúl Navarro:

Hoy presento El bueno, el feo y el malo. No haré ningún chiste con el título.

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Concuerdo con Sailor con que la segunda fue la mejor noche. Yo soy uno de los que llegué algo tarde y no dispuse de asiento, así que me senté en el círculo de piedra, tremendamente incómodo, pero menudos escalofríos al redescubrir el duelo final en el mismo ruedo entre Lee Van Cleef y Gian Maria Volonté mientras Eastwood asiste como árbitro/testigo impasible del enfrentamiento. Fue, a mi juicio, el momento más emocionante del fin de semana, en el que el público reunido en Los Albaricoques rompió en un sonoro aplauso.

Qué hermosa sensación descubrir que allí donde mis posaderas sufrieron durante cerca de dos horas y media, también estuvieron las del mismísimo Clint Eastwood...

No fui. Por mucho que imagine, en realidad, no se cómo fue. Sin embargo, tras ver los videos, siento que me perdí un momento mágico…Mierda.r
Pd: Ahh… y gracias por la metáfora, nacho, el final de Rebobine se convierte así en algo muy tierno.

Soy uno de los que han podido disfrutar de tan fantástica experiencia. Mi pareja y yo nos desplazamos desde Barcelona y pasamos 4 días en San José sólo para poder asistir a las proyecciones.

Ha sido una experiencia mágica. Resulta difícil describir el momento mágico que se ha generado en San José dirante esas 3 noches. Y seguro que Leone habrá soltado alguna lagrimita allí donde se encuentre.

El pistoletazo de salida en El Sotillo fue espectacular, pero la magia de la proyección en Los Albaricoques…. El cierre en el Cortijo de Los Frailes,...eso ya no tiene nombre que lo describa.

Estuvimos a punto de perdernos la última proyección. Nos habíamos acercado a Los Frailes temprano, pero volvimos para atrás para buscar unos bocadillos y al regreso nos encontramos con el camino cortado por la policía y la organización, y a otros varios espectadores a los que se les impedía seguir camino hasta el cortijo. La razón: se había acordado un límite de aforo (150 personas) con el propietario del cortijo y ya se había alcanzado, con lo que ya no podíamos tener acceso al lugar.

Tras un tira y afloja, en el que algunos asistentes de desanimaron y dieron media vuelta, decepcionados también por ver como a algún privilegiado se le permitía el acceso y a ellos no, como el propio Vigalondo (entiendo que invitado de excepción) , logramos convencer a los organizadores (ayudados por la propia policía que se puso de nuestro lado), argumentando que el grupo que nos encontrábamos allí (unas 20 personas) era lo suficientemente reducido como para que no desbordara la capacidad del cortijo.

Al final se acordó seguir camino hasta el cortijo, y todos corrimos hacia los vehículos y montamos en ellos. Fue una escena digna del western que íbamos a ver minutos después: avanzando en caravana mientras el sol se ocultaba por el horizonte, camino de la proyección. Fue una escena mágica el sentirse partícipe de aquella serpiente de faros que avanzaban en la oscuridad, entre el polvo del camino pedregoso que llevaba al cortijo de Los Frailes.

Todo estuvo de nuestro lado. Llegamos tarde, de noche, pero instantes antes de que se iniciara la proyección, con las notas de Morricone saludándonos al llegar mientras nos acomodábamos en los asientos.

La noche del 7 de junio, en los Albaricoques creo que, por diferente motivos, fue la mejor proyección de las 3 (en algunos blogs también lo afirman).

Un instante mágico: la gente del lugar, sus descendientes y aquellos que nos habíamos desplazado hasta allí, sentados unos en sillas, otros en el suelo, otros recostados contra las paredes de los portales de las casas, en el lugar donde acontecía la acción que contemplábamos en aquella pantalla gigante, con aquella fusión extraña de tiempos, de pasado y presente, de realidad y ficción fundiéndose en no se sabe qué. Con la única luz del foco de proyección y la de un cielo repleto de estrellas.

Sé que a más de uno se le debió erizar el vello.

Mágico.

Os pongo el enlace donde ver algunas imágenes y clips que tomé en esos días.

http://cinexilio.yuku.com/topic/4840?page=2

Salior

Hola. Llego el verano y como el año pasado por estas fechas le dejo un enlace de un spot sobre el taller de verano de Aventuras visuales, siento hacer publicidad pero es lo que toca, ya haré algún corto y lo vereis.

http://cinecampus.blogspot.com/

Acabo de leerlo en el diario,el martes 17 a las 20 horas en el palacio de festivales y entrada libre...
Podria explicarnos exactamente como va el tema porke sin duda me muero de ganas de ir.....

así que el martes te vemos en Santander eh?


por fin!!! podré decir que fui de las primeras (mentira) en ver tu película


hay ganas, si

Ha sido un fin de semana increíble, lleno de momentos mágicos y de escalofríos cinematográficos (la última noche, también de puro frío, en medio del desierto). Me llevo una de las mejores experiencias de mi vida y, tal como le dije en persona, me la llevo gracias a que la descubrí gracias a su blog. Uno de esos momentos inolvidables es el de haberle conocido. Lo que ya me parece estratosférico es haber compartido el momento de la pantalla hinchándose hablando con usted y encima encontrármelo grabado en vídeo y colgado en su blog!

Un grandísimo honor. Tan grande como su discurso del último día. La metáfora de Tuco haciéndose su propia arma me caló hondo...

P.D.: Con permiso, dejo mi propia crónica de este espectacular fin de semana:

http://cinelandia.blogspot.com/2008/06/crnicas-desde-el-desierto-de-almera.html

Nacho, nunca está de más que suministres páginas a frikers para que se hagan sus camisetas. Alimentando el estreno. Igual revienta, pero nunca se sabe por donde.

Mierda, nosotros no nos quedamos por la experiencia del viernes...
Arghhhh!!!!

La fiesta del Sábado era libre, no hacía falta pulserita. Nosotros como fuimos desde Madrid dimos penita y nos dejaron entrar en la del Viernes, pero la otra nada, era en el bar de Los Albaricoques. Y allí estuvimos hasta que nos echaron a las 3 de la mañana.

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