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18 enero, 2010 - 00:46

¿Lo he visto o lo he soñado?

 

Hace una semana, el pasado viernes, Sálvame Deluxe tuvo como última invitada a Aída Nízar. La razón era una supuesta una terapia de grupo en la que se le ayudaría a superar su tendencia a desatar todo tipo de violencias con cada aparición televisiva. En efecto, Aída Nízar es, de todos los personajes habituales en la televisión y prensa del corazón, uno de los más extremos, un completo catálogo de características odiables, concretas y generales. Uno de los pocos famosos que, sin ser un político corrupto, consigue no recibir aplausos al entrar a un plató.


Aunque la sección se formulaba como una maniobra pacifista, era fácil prever que el resultado sería otra reacción en cadena. En efectos, pocos segundos después del “Buenas noches, Aída” de Jorge Javier Vázquez, en casi un tiempo record, se desata un denso fuego cruzado de reproches e insultos. Mila Ximenez parece a punto de emprenderla a sopapos al ser acusada de borracha, pero la detiene Lydia Lozano, al grito de “Es Aída Nizar, es Aída Nízar”, como queriendo rescatarla de una posesión en el Templo Maldito. Karmele Marchante, sin solución de continuidad alguna, canta la canción Soy un tsunami, evocando la imagen de una catástrofe dentro de otra. Jimmy Jiménez Arnau enarbola su bastón mientras pronuncia una oscurísima amenaza nunca oída antes en televisión. La invitada, los contertulios y el presentador se ponen de pie, se cambian de sitio, se van y vuelven, mandando al carajo las jerarquías espaciales del plató.

Mientras tanto, los cámaras y el realizador (disciplinas que en este programa son más complejas de lo habitual) se las ven y se las desean para seguir la acción, o al menos una de las acciones simultáneas, pero no pueden evitar contagiarse del desorden. En un momento dado, en el que Karmele está a punto de caerse al suelo desde una mesa (a la que no recuerdo para qué subió) la señal se ve interrumpida durante una fracción de segundo por las añejas barras de colores, un clásico de las emisiónes en directo que, como los apagones de luz, cada vez es menos frecuente.

Jorge Javier se tiene que llevar a Aída de la mano hasta unas sillas en un punto alejado del plató sobre las que estaban sentados unos señores con gafa y barba que no sé quiénes son y a los que vemos levantarse y correr por el rabillo del encuadre. Mientras, Karmele insiste en cantar su canción y Mila juega al Solitario en su móvil.

Hablar de Jorge Javier Vázquez parece que conlleva hablar de sus pecados o sus detractores. Pero estoy a años luz de querer entrar en esas polémicas con trasfondo moralizante. Prefiero hablar de lo indiscutible de su mérito, y lo que me gusta pensar que hizo definitiva la decisión de otorgarle el Premio Ondas: Si en su anteriores colaboraciones televisivas había demostrado su capacidad para gobernar la situación, en Sálvame ha depurado hasta extremos nunca vistos el contrapunto: la situación ingobernable. Parece haberle dado a sus colaboradores delante y detrás de la cámara el grado de autonomía suficiente para que el instante más apacible del programa pueda quebrarse de un momento a otro, ya sea por una explosión de júbilo o un ataque de furia. Viendo Sálvame a veces he entrevisto esa televisión a punto de venirse abajo que era La Edad de Oro, donde las dificultades técnicas puntuaban un caos que hoy se percibe lleno de energía y significados. O quizás la anarquía escénica que asociamos a los momentos más agradecidos que nos ha dado Dragó (y que esperábamos de su último programa). Pienso, como quizás Jorge Javier Vázquez, que si la naturaleza de un decorado se basa en el seguimiento de unas reglas, la esencia del del plató resplandece cuando se rompen.


La terapia avanza, y se ha dado paso a la llamada telefónica de la madre de Aída. No hace más que reiterar el dislocado discurso de su hija, que ahora llora a moco tendido, pero como se trata de la una madre consigue darle una pátina de gravedad a la situación. De repente, Jorge Javier toma a Aída de la mano y, en silencio ambos, atraviesan el plató. La cámara les sigue de espaldas, con un suave movimiento de grúa, y el momento adquiere una solemnidad insospechada. Ambos se sientan en las sillas iniciales, las que ocupaban antes de que la situación se disparatase. Y entonces el presentador dice a cámara (repito de memoria): “Hemos vuelto al lugar donde estábamos al principio, como si nada de esto hubiese sucedido. Como si pudiésemos empezar de nuevo”. Se gira a su invitada, aún con restos de lágrimas y le dice “Buenas noches, Aída”. El público, esta vez sí, aplaude.


Aída Nízar, sonríe y saluda, como entendiendo al instante las reglas de ese viaje en el tiempo simbólico. Y en ese mismo y exacto momento la imagen se desenfoca por completo. Y el programa termina.


Y si ese desenlace no es para quitarse el sombrero cuál lo es.


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Comentarios

Yo tambien he visto a Cantizano finalizar el programa interumpiendo a la clásica cuentapolvos -en el momento mas "relevante" de su historia y con lágrimas en los ojos-, poniendo al público en pie y anunciando TONO POLITO SONITONO AL 5567 al ritmo de la canción del verano.

Secundo la moción de Henrique.
También me gustaría un post de "Up in the air". Yo ya he conseguido verla con letras. Y no es que me haya quedado sin habla, es que no puedo dejar de hablar de ella con todo el mundo que la ha visto, y animar a todos los que no la han visto para que no tarden ni un segundo en hacerlo.
Hoy porque es la final de GH11 pero mañana sin falta veo la de "Triangle" ;-)

P.d. Lo que si es verdad es que es de esas pelis que... te congelan la sonrisa.

Supongo ya le habrán llegado noticias al señor Vigalondo pero por si acaso se lo pregunto: ¿Ha visto la pelicual "Triangle" protagonizada por Melissa George?, yo la via ayer y todavia no salgo de mi asombro con las similitudes con los Cronocrimenes...

Un saludo

Είσαι κι ο πρώτος μάγκα...
Se puede decir más alto pero más claro...
Y puestos a quedarme con un desenlace y sin sombrero, ahí va éste...
http://www.youtube.com/watch?v=6cuGWcN-fnU&feature=related

Είσαι κι ο πρώτος μάγκα...

Usted y el primer ...

Tengo la sensacion de que muchos estais hablando del contenido mientras que Viga estaba hablando de la forma. Gran analisis de la estructura narrativa del espectaculo televisivo. El hecho de que Aida Nizar os produzca grima es irrelevante, aparte de que esa es precisamente su funcion en el programa.

Aplaudo este post. Explicación práctica de porque Sálvame, aplicación enloquecida del free jazz a los esquemas del talk show chusco, es una gozada.

Mi desenlace es que me he ahorrado el bochornoso y enloquecido espectáculo que describes. Cuando la señora Nízar aparece en la tele, inmediatamente la apago o me entretengo haciendo cualquier otra cosa.

Me parece que la gracia, la elegancia y el sentido común de este análisis, es entre otras cosas, lo que falta en “Sálvame Deluxe”. Este programa se me antoja un escaparate de esperpentos lábiles con demencia donde Aída Nízar, Jorge Javier Vázquez, Mila Ximénez, Karmele Marchante, Lydia Lozano o Jimmy Jiménez Arnau en este caso, campan a sus anchas. Si la sinrazón, la agresividad y el regodeo en el desorden extremo son su seña de identidad, yo no estoy ya para semejantes sustos. Y menos de noche.

Entiendo por hacer televisión otros modos bien distintos que poco tienen que ver con las monstruosidades desquiciadas que aparecen en “Sálvame”. Lamentablemente, opino, sin terapia que les salve de sí mismos. Son conscientes de lo que hacen y les gusta cómo son. Y ante eso, no hay tratamiento que valga. Perdón, dos: no alimentarles más, ni verlos.

Un abrazo, Nacho. De nuevo, es un placer leerte.
Con afecto,
Fdo: Sucette D´Ment.

Ya que el debate gira en torno a la ética audiovisual... ¿resulta amoral poner el enlace a un cortometraje propio en un blog ajeno? ¿Es ruin aprovecharse del interés generado por un artista para la autopromoción de otro? ¿Aunque uno piense que su corto tiene cierta relación con la "Poética Vigalondiana"? Comprobémoslo. http://www.notodofilmfest.com/ediciones/09/?lg=es&corto=21452

Me fascina cómo intentas analizar casi todo con buenos ojos, y usar la retórica y el lenguaje audiovisual para explicar algo tan ordinario, en principio, como gente discutiendo a sueldo. Pero en este caso no me acabas de convencer.

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